ENTREVISTA | MILTHON ROBLES, periodista hondureño perseguido y amenazado

Milthon Robles, periodista hondureño perseguido: «Darte al silencio es la peor traición a un pueblo»

Milthon Robles investigó el impuesto de guerra en Honduras, una extorsión que las maras cobran a cambio de protección y descubrió que políticos, líderes religiosos y altos mandos de la policía estaban involucrados en esas extorsiones. Amenazado de muerte, sobrevivió a 6 atentados. Tras el último secuestro y apaleamiento, decidió abandonar su tierra, ahora se encuentra acogido por el PEN Català

Txema Seglers
 
 
Milthon Robles, periodista hondureño perseguido | Zeyda Ordóñez

Milthon Robles, periodista hondureño perseguido | Zeyda Ordóñez

Después de indagar acerca de los oscuros negocios de la minería, la prostitución o la explotación infantil, Milthon Robles (San Pedro de Sula, 1982) investigó el impuesto de guerra, un tipo de extorsión que las maras cobran a pequeños comerciantes, taxistas y conductores de autobús. Descubrió que políticos, líderes religiosos y altos mandos de la policía estaban involucrados en esas extorsiones. Amenazado de muerte, sobrevivió a 6 atentados. Tras el último secuestro y apaleamiento, decidió abandonar su tierra. Acogido por el PEN Català (acrónimo de poetas, escritores y narradores), Milthon Robles prosigue el dictamen de su conciencia, explicando la situación de Honduras y Latinoamérica. Asombra su conocimiento sobre su país tanto como su risa. Una risa ancha que se torna en carcajada mientras conversamos.  Su experiencia simboliza la lucha entre el poder y el periodismo. No siempre la barbarie, acalla la palabra. Y mucho menos la risa. 

El 11 de diciembre de 2016 saliste de Honduras

Sí. Pero el 23 de septiembre salí de mi ciudad, San Pedro de Sula. Me trasladaron a Tegucigalpa y  me acogí al mecanismo de protección, pero no funciona. Aunque es dinero de organizaciones internacionales, está controlado por el Estado. Y por lo tanto, no estás protegido.

6 intentos de asesinato en un mes. Y te secuestraron.

El 19 de septiembre voy a un centro comercial y allí me secuestran. Me pusieron una bolsa negra en la cabeza, me golpearon y se llevaron todo lo que andaba, me anduvieron quién sabe dónde. Yo creo que nací de nuevo. Me soltaron unas 6 o 7 horas después en mi casa, ya lo sabían.

¿Qué se llevaron?

En mayo de 2016, me cancelaron mi programa. Ya llevaba 2 años con el tema. Había conseguido fotocopia de cheques y depósitos bancarios. Celosamente siempre llevaba un maletín con todos los documentos, no lo soltaba, porque la idea era hacer un documental sobre ese tema.

El tema era el impuesto de guerra que las maras exigen a la población.

Sí. Fue el último que hice y que me obligó salir del país. Porque aparecieron involucrados en el tema altos mandos de la policía, del ejército, empresarios, líderes religiosos…

¿Cómo lo descubriste?

Empecé con grabaciones clandestinas a los afectados. Después, las emitía en mi programa de radio.

¿Y cómo funciona esa extorsión?

El impuesto de guerra viene desde hace 20 años, pero en los últimos 8 años ha sido enorme. Es un tipo de extorsión que funciona más o menos como la mafia siciliana. Pero en Honduras resulta especialmente cruento porque se lo cobran a los negocios pequeños, a la gente humilde, como si tu montas una pequeña frutería y tienes que pagarles.

Milthon Robles, periodista hondureño perseguido | Zeyda Ordóñez

¿Pagarles a cambió de protección?

Eso es lo que dicen. Pero en realidad no es protección, es a cambio de tu vida y la de tu familia si no pagas.

Tú afirmas que, en realidad, los jóvenes que forman las maras son víctimas.

Son jóvenes como marionetas que desde niños los preparan para la guerra. Por ejemplo, un crío que llega a la adolescencia, una etapa dura que todos pasamos con los padres.  Y vienen las maras que persuaden a este crío: le brindan ser el jefe de la banda, le dan amistad, le invitan a una cerveza, le invitan a un puro de marihuana. En definitiva, lo trabajan, como decimos nosotros. Es psicología de calle.

Comentas que en Honduras un niño de 13 años ya carga sobre sus espaldas 10 asesinatos.

Esa es la media. Un joven de 25 años europeo tiene un grado de inocencia. Pero en el tema de las maras, un hombre de 25 años de allá es un asesino en serie.

Las maras son víctimas. Lo relevante es su vinculación con el poder. ¿Esa es la cuestión?

Claro. El mismo sistema provoca que las maras peleen entre sí por el territorio y que se maten entre ellas. Pero el dinero obtenido de la extorsión, las grandes cantidades de dinero van a las cuentas de diputados, ministros, empresarios, dueños de bancos, etc. Es decir, estamos hablando de crimen organizado como tal. Y no solo pasa en Honduras, sino que sucede prácticamente en el 80 por ciento de la región Latinoamericana.

Es una corrupción estructural.

Totalmente. La impunidad es el orden del día. En los últimos 8 años han asesinado 22.000 personas en Honduras. Y si se han resuelto un 5% de los asesinatos por la fiscalía, ya es bastante. Y  por otro lado, la corrupción terrible que hay: los empresarios hacen y deshacen con la clase obrera, los funcionarios usurpan el dinero público, etc. Una burbuja de corruptos: desde líderes religiosos y evangélicos hasta líderes sindicales y políticos. Es un estado fallido.

Fallido. Entre otras cosas, por la ausencia de de libertad de expresión.

Sí. La libertad de expresión desapareció hace años. El gobierno persigue a periodistas y defensores. Hay serias amenazas que si llego al país, me encarcelan. Argumentan difamación y calumnia. O me matan o me meten en la cárcel, que son carnicerías humanas.

¿Cómo te sientes actualmente?

Más tranquilo, más apaciguado.

¿Y el futuro? [Milthon Robles, ríe cuando escucha esta pregunta].

Sigo mientras tenga ese soplo de vida. Y sigo en lo mismo, pero no solo por Honduras, sino por Latinoamérica. Voy a defender la libertad de expresión y los derechos humanos. Darte al silencio es la peor traición a un pueblo.

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