Menos tiempo, más impacto: ¿por qué el turismo en Barcelona deja una gran huella de carbono?

Cada año, Barcelona recibe alrededor de 30 millones de personas que provienen de diferentes lugares del mundo. Casi el 90% de la huella de carbono se genera en la llegada y salida de turistas por avión, que permanecen en la ciudad solo unos días.

Carmen Contreras
 
 
 
shvviadfv | iStock

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La tendencia del turismo urbano ha influenciado la manera en la que los visitantes llegan a Barcelona, que ya se ha convertido en una de las ciudades más turísticas del mundo: en 2016, fue la 12ª más visitada en el mundo y la 4ª en toda Europa. A pesar de ser uno de los generadores de economía más importantes, el turismo y la concentración de visitantes causa considerables deterioros ambientales, demandas de energía y agua, y generación de toda clase de residuos.

Un grupo de investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB) estudió el impacto del sector en la ciudad y publicó los resultados en el reporte “Huella de carbono del turismo en Barcelona”, enmarcado en el Plan estratégico de turismo. Según comentó Jordi Oliver i Solà, quien formó parte de la investigación, “lo que hace es resaltar dónde están las actividades que contribuyen de mayor forma al calentamiento global; ser conscientes de estos datos ayuda a tomar decisiones”.

Lo que significa hacer turismo en Barcelona

Según la información que recogen los investigadores, la huella de carbono global generada por el turismo entre 2009 y 2013 incrementó de 3,9 a 4,5 gigatoneladas de carbono. Si comparamos esta cifra con las emisiones que se generan en cada país, el turismo -por sí solo- sería el quinto país más contaminado del mundo.

En Barcelona, las emisiones asociadas al turismo en 2015 fueron más de 9,5 millones de toneladas de CO2, originados directa o indirectamente. Una de esas fuentes es el transporte utilizado para llegar a la ciudad desde distintas partes del globo. Los viajes en avión son la principal fuente de emisiones (de las 8 millones de toneladas de CO2 que se generan al año, el 89% del total corresponde a esta vía).

“Barcelona es una ciudad turística de corta estancia, entonces no se amortiza la huella del avión. Si (las personas) fueran de vacaciones al caribe por quince días, a pesar de que el avión tendría una emisión de valor absoluto muy relevante, se podrían repercutir en esos quince días en el destino”, señala Oliver.

Como una alternativa, comenta que existen aerolíneas que ofrecen la posibilidad de compensar las emisiones que se generan. Actualmente solo 6 de las 15 aerolíneas principales con vuelos desde el Aeropuerto de Barcelona ofrecen esta posibilidad, al apoyar proyectos de conservación. El estudio remarca que si el 20% de pasajeros escogieran esta opción, se compensarían 736,701 toneladas de CO2 equivalente anualmente.

Aunque este medio es reconocido como la principal fuente de emisiones, existen otras que contribuyen significativamente debido a su alta intensidad energética. El alojamiento utilizado por los turistas, por ejemplo, genera 297 mil toneladas de emisiones de CO2; de este total, el 77.5% corresponde al consumo de electricidad.

En esa misma línea, el investigador apunta que “toda actividad que hacemos tiene un impacto y el turismo es una de ellas. La idea de este estudio es hacer este diagnóstico, nos ayuda después a tomar decisiones, tanto desde la gestión como desde decisiones individuales”.

Infografía: Catalunya Plural.

La clave está en la ciudad

El cambio impredecible y extremo del clima alrededor del planeta ha impulsado a las autoridades a transformar las ciudades en lugares resilientes. En ese sentido, Oliver explica que debido a que más de la mitad de la población mundial ya vive en ciudades, su rol en la sostenibilidad es “fundamental”.

“Una característica de la ciudad es que consume más de lo que produce en términos de alimentos, de energía, de materiales de construcción. Entonces la forma en cómo diseñemos estas ciudades van a condicionar a la forma en cómo consumimos recursos”, añade.

El Ayuntamiento de Barcelona se ha propuesto ofrecer una nueva gestión dentro de este ámbito en su nuevo Plan estratégico de turismo 2020, que se propone dentro de sus líneas de trabajo estudiar y evaluar el impacto económico y ambiental que tiene esta actividad en la ciudad.

“El plan estratégico tiene en cuenta varios factores y uno de ellos es la huella de carbono, no va a guiar toda la estrategia de la ciudad, pero como mínimo, estamos en un punto en el que cuando hacemos un plan en cualquier ámbito, no nos podemos olvidar el tema de la sostenibilidad, es un parámetro más que debemos tener medido y tenerlo en consideración”, afirma.

Cabe destacar que esta investigación es pionera en los estudios del impacto del turismo al centrarse en una destinación concreta. Por lo tanto, los resultados permiten facilitar la toma de decisiones de las autoridades para la elaboración de una estrategia que ayuden los factores que contribuyen al cambio climático.

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