Más centroamericanos y menos sudamericanos en Barcelona que hace diez años: ¿qué hay detrás de los números?

Migrar, casi siempre es una decisión motivada por fenómenos que afectan a la población. Inseguridad e inestabilidad económica, son las principales razones que están detrás del incremento significativo de centroamericanos en Barcelona, y por otra parte, de la disminución de sudamericanos, según testimonios de ciudadanos hondureños, salvadoreños y ecuatorianos.

Narcisa Rendon
 
 
 

Latinoamérica es, desde 2016, la región a la que pertenece la mayor parte de la población extranjera de Barcelona, según las estadísticas del último informe del Departamento de Estadística y Difusión de Datos del Ayuntamiento de la ciudad. Además, a diferencia de otras nacionalidades del continente, los centroamericanos son quienes más han crecido en extranjeros en la capital catalana desde 2009 al 2018: un 63%.

La cifra contrasta con la realidad migratoria sudamericana, cuyas cifras disminuyeron un 37% en ese mismo período. Pese a esto, los últimos siguen siendo mayoría en Barcelona, al tratarse de 12 nacionalidades diferentes cuyo origen son países mucho más poblados que los ocho que integran América Central.

Para entender esta disyuntiva, es necesario analizar el contexto que envuelve el fenómeno migratorio en ambas subregiones, con testimonios de extranjeros que expliquen las principales razones que han motivado su movilidad.

En Centroamérica la gente se siente insegura

Las situaciones de inseguridad e inestabilidad económica son los principales motivos que impulsan a las personas a dejar sus hogares, sobre todo en Honduras, El Salvador y Nicaragua, países donde se extienden las pandillas más peligrosas del continente americano. De hecho, los hondureños son la nacionalidad americana que más ha crecido en estos 10 años –un 161% más– y llegó a ser en 2018 la segunda nacionalidad americana (la primera es Colombia) con más habitantes en Barcelona: fueron contabilizados 9.542, casi tres veces más que en el 2009, cuando habían 3.649 hondureños, según el informe del Ayuntamiento.

Pero los números no explican la crisis personal de los inmigrantes, que en muchos casos se trata de historias dispuestas a ser contadas entre el quebranto emocional.

Mirna prefiere ser llamada así y no por su nombre real. Ella abandonó Honduras en 2015 y viajó a Barcelona en donde vive actualmente. Lo hizo por sugerencia de una compatriota radicada Barcelona quien ofreció ayudarla. La universidad hondureña donde Mirna estudiaba estaba en huelga, no encontraba empleo, y además tenía una hija de un año.

En algún momento consideró que esperar a que la situación mejore en su país, sería una buena opción. Sin embargo, pasaba el tiempo y no hubo cambios que satisficieran sus necesidades ni las de miles de hondureños que buscaban estabilidad y no la conseguían. “Una familia en mi país puede tener casa, coche, un negocio, pero no tiene seguridad. Las pandillas exigen impuestos de guerra cuando ven un negocio grande y se contactan con el dueño para extorsionarlo. Le piden una cuota semana, que si no la reciben, empiezan a amenazar”, comenta Mirna, aún un poco indignada por la realidad de su país.

En este contexto aceptó migrar sola para encontrar un empleo que le permitiera ahorrar y luego reencontrarse con su familia.

La joven recuerda que durante el trayecto en bus hacia el aeropuerto, antes de emprender el viaje, tres sujetos le robaron sus pertenencias. Aunque la situación tenía un carácter trágico, eso la motivó aún más a dejar su país. Cuando llegó a Barcelona encontró personas que la ayudaron a conseguir un empleo. Posteriormente retomó sus estudios de odontología, y alquiló un piso para ella y su familia, a la cual trajo a los 22 meses de instalarse en esta ciudad. “Me siento agradecida porque cada puerta que toqué, se me abrió”, expresa Mirna, esta vez con un tono de alivio.
Pese a que la migración de hondureños ha crecido en Barcelona, la mayoría intenta llegar a Estados Unidos. Sin embargo, las cifras del Observatorio Consular y Migratorio de Honduras (Conmigoh), demuestran que alrededor del 60% de ellos son deportados a su país.

Una situación similar ocurre en El Salvador, un país que aumentó un 69% su población en Barcelona entre 2009 a 2018.

Santiago tampoco revela su nombre real con el objetivo de precautelar su seguridad. Llegó desde El Salvador a Barcelona hace cuatro años y aún no ha podido reencontrarse con su familia. Comenta que migrar a España fue su “última opción”, luego de ser secuestrado por las maras salvatruchas, la peligrosa organización criminal de la que pudo huir cuando una sirena policial distrajo a sus captores en un pueblo salvadoreño.

Mientras estaba secuestrado, lo golpearon hasta dejarlo inconsciente. “Cuando recobré el conocimiento, escuché que le decían a un chico de unos 14 años que matarme sería su prueba; pensé que era mi fin”, recuerda.

Centroamérica es una región golpeada fuertemente por las pandillas originadas en los años 80s en ciudades del oeste estadounidense con alto índice de inmigrantes centroamericanos, que posteriormente fueron deportados. Las maras, como conocen a estas pandillas, extorsionan, secuestran, asesinan, trafican armas, drogas, y además exigen a los jóvenes a sumarse en sus filas.

En la actualidad, la presencia de estas mafias en el centro de América es la principal causa del éxodo llamado “caravana de migrantes” con rumbo a Estados Unidos.

De hecho, inmediatamente después del secuestro, Santiago y su familia intentaron llegar a ese país, pero en la frontera entre México y EEUU se separaron en medio de un rastreo policial. Santiago permaneció detenido por el departamento de Migración estadounidense durante siete meses, en los cuales pasaron algunos interrogatorios hasta que finalmente lo deportaron. Hubo un segundo y tercer intento de llegar al mismo país, sin lograrlo, hasta que reunió nuevos requisitos para viajar; esta vez el destino era España.

Radicarse en Europa no fue fácil, y logró hacerlo con la ayuda económica que recibía de sus familiares que sí lograron entrar al país norteamericano. Ahora vive en Barcelona, trabaja, y asiste a un taller de escritura creativa donde comparte entre compañeros su riesgosa experiencia. Santiago sabe que reunirse con su madre y hermanos será posible algún día, aunque la estrategia para hacerlo no la tiene clara.

El retorno de sudamericanos por la depresión económica española

Los sudamericanos, en cambio, son los que han perdido más población residente en Barcelona desde 2009, cuando había 105.381 extranjeros. Solo Ecuador y Bolivia representaban al 38% de esa cifra, pero actualmente son las dos nacionalidades que más han descendido su población extranjera.

En 2009 vivían 22.210 ecuatorianos en esta ciudad y a partir de entonces, el declive fue cada vez más apresurado hasta reducirse un 65% en 2018 – la primera nacionalidad americana que registró esta caída.

Elcira Roque llegó a Barcelona desde Ecuador en 2002, cuando el país sudamericano aún sufría estragos por el cambio drástico de la moneda nacional y del congelamiento de los depósitos bancarios ocurrido en 1999. Aquella situación obligó a miles de ecuatorianos a migrar a países económicamente estables, entre ellos España.

En Barcelona, Elcira y su pareja se establecieron y criaron durante 11 años a sus dos hijos. Pero en el 2013 debieron renunciar a sus empleos cuando la crisis española que inició en 2008, les repercutió su economía así como la de otros sudamericanos que empezaron a retornar a sus países (para entonces, Ecuador ya se había recuperado del problema de finales de los 90s).

De la misma región, el segundo país en bajar su población en Barcelona, es Bolivia- se redujo a la mitad entre 2009 y 2018-.

Cuando aconteció la crisis española que motivó el retorno de los migrantes, los gobiernos de Ecuador y Bolivia reaccionaron. Cada uno crearon planes de retorno voluntario que consistían en la exoneración de impuestos para el traslado del menaje del hogar, y ciertos tipos de vehículos. Bolivia, por ejemplo, ofrecía a sus migrantes el acceso a créditos y a viviendas sociales una vez que regresen. Esto incentivó el retorno progresivo de ecuatorianos y bolivianos, frente a las pérdidas de sus empleos y ahorros, esto último como producto de las hipotecas que
obligadamente debían pagar a los bancos españoles.

El resto de países sudamericanos también han contribuido a que la región haya reducido su porcentaje de población en Barcelona. Los argentinos, por ejemplo, pasaron de ser 9.763 en 2009 a 6.706 en 2018- un tercio menos-; mientras que los colombianos, otro importante grupo de inmigrantes, disminuyeron un 25% en el mismo período.

Sin embargo, el informe del Ayuntamiento también demuestra que en los dos últimos años hubo un incremento de 6,6% en la tasa de crecimiento de sudamericanos en Barcelona. Lejos de que las cifras vuelvan a ser las de 2009, lo cierto es que el número de población extranjera puede variar considerablemente cada año, producto de los fenómenos sociales que no distinguen banderas ni nacionalidades.

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