Luchar contra el racismo desde la base: los manteros explican su experiencia a los jóvenes

El Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes organiza charlas en escuelas, institutos, 'caus' y esplais para luchar contra el estigma y la criminalización de los migrantes. La acción, compartida con el Espacio del Inmigrante, forma parte de la actividad de la cooperativa que los vendedores pusieron en marcha en 2016.

Yeray S. Iborra
 
 
 
Lamine ha explicado al 'cau' Terra-Nova cómo se organizan los manteros | Sònia Calvó

Lamine ha explicado al 'cau' Terra-Nova cómo se organizan los manteros | Sònia Calvó

«Estuvimos nueve días en el mar. El último día la comida y la gasolina se nos acabaron, y…». Las cabezas se alzan, los cuellos –ataviados con fulares de dos tonos enroscados, verde y amarillo chillón– se ponen erguidos. Esperan más. «Por suerte, al cabo de unas horas, nos encontraron. Sino no estaría aquí con vosotros. Eso fue diez años atrás. Aún así, hoy mismo, si salgo a la calle me pueden detener y deportarme». Las pocas personas que todavía se miraban las rodillas (todo el mundo se sienta con las piernas cruzadas, como es rutinario en las dinámicas de grupo), se enfocan a la historia. Observan con atención los brazos de Lamine Bathily, que no paran de moverse, y escuchan sus palabras, curiosos.

Bathily, que está contando lo que parece un cuento para una veintena de chavales boquiabiertos del cau (agrupamiento escolta) Terra-Nova en el barrio del Camp de l’Arpa del Clot de Barcelona, sabe bien que la realidad que han vivido él y sus compañeros del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes tiene poco de fábula y mucha verdad. Tiene fuerza suficiente para que los jóvenes se cuestionen su visión sobre la migración y la alteridad. Para que de paso desmonten mitos sobre la acción policial y la venta ambulante.

El objetivo de los vendedores también es transmitirles a los chicos los valores de solidaridad y lucha que les han permitido a ellos sobrevivir en Barcelona los últimos años. Por ello, el colectivo de manteros –junto al Espacio del Inmigrante– realiza desde hace unos meses charlas antiracistas en escuelas, institutos y esplais (el caso de éste sábado) con niños y niñas de todas las edades.

La actividad es una de las muchas que lleva a cabo la cooperativa que el propio Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes puso en marcha en octubre de 2016 y que ha auspiciado la marca del colectivo (Top Manta) y ha abierto la persiana de un local autogestionado por los manteros en el Raval.

En este caso, quien contactó al colectivo fue la misma agrupación escolta. «Fue sencillo, un mail y lo teníamos», dice Pau Valera, uno de los monitores de Terra-Nova, ante la sede del cau. Valera saluda a los últimos chicos, los más rezagados, que llegan mientras el cielo –bien gris– amenaza con romperse.

La actividad con Bathily forma parte de uno de los muchos objetivos que los caps –responsables voluntarios de los jóvenes– persiguen los sábados en sus tres horas de dinámicas y actividades con los chicos. Ya han trabajado temas de género y ahora querían hablar de migración y racismo. Según comenta Valera, los chavales conocían a los vendedores sólo por los titulares de prensa. Y los últimos días, los manteros han vuelto a estar en la picota.

Según algunos medios, los vendedores han aumentado su actividad en los intercambiadores del metro y Renfe. Algo que desde el Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes desmienten, pues los manteros ya bajaban a los andenes a vender ante la presión policial. El colectivo atribuye a una «nueva campaña de desprestigio de los vendedores» el resurgir de titulares contra su actividad en los medios.

«¿Y por qué no os podéis empadronar?»

La charla de Lamine Bathily y Jonara Caero, la miembro del Espacio del Inmigrante que ha explicado a los jóvenes la historia del hospitalucho –así lo llamaban los usuarios por las visitas que ofrecía– y su actividad actual como ágora migrante, ha demorado poco más de una hora. Un tiempo en el que los jóvenes se han mostrado sorprendidos varias veces: así lo han hecho notar en sus caras cuando Bathily ha dicho que llegó a España siendo todavía menor de edad (como todos ellos) o que él también era estudiante en Senegal.

La carcajada ha sido global cuando el portavoz ha contado que unos de los motivos por los que quiso venir a Barcelona era porqué veía con sus amigos partidos de Leo Messi en la televisión.

«Fue muy diferente a lo que esperábamos al llegar», ha compartido Bathily. Otra de las cuestiones que ha cambiado el gesto de los jóvenes ha sido conocer que en Senegal la venta no es una actividad marginal y que, bien al contrario, se trata de un «trabajo digno y noble». «Todos tenemos familia en la venta ambulante». Tras dar un repaso por los desencuentros con la policía que él y sus compañeros han tenido en los últimos años, risueño, ha lanzado: «Espero ninguno quisiera ser policía».

Los jóvenes también han vertido algunas preguntas. ¿Y si no puedes tener trabajo por no tener papeles, por qué los papeles no los relacionan con otra cosa? ¿Cómo es el proceso de empadronamiento? ¿Por qué no os podréis empadronar si vivís aquí? Ante la mayoría de las cuestiones, Bathily ha arqueado las cejas. Ya lo dicen que los niños se atreven a preguntar lo que los adultos no saben contestar. Con las intervenciones, la charla ha llegado a su fin. Momento en el que Bathily, Caero y el resto de jóvenes se han cogido de las manos para dar la bienvenida a la merienda. Yogur y galletas para todos.

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