Entrevista | Xavier Ginesta Portet, profesor, periodista y analista político

«Los universitarios tienen que entender que el periodismo ha de huir del maniqueísmo, de blancos o negros»

Xavier Ginesta combina la docencia en Periodismo y el análisis político. Su afición por el periodismo de viajes cuestiona la idea de que el independentismo se cura viajando: él es independentista y viajero a la vez.

Siscu Baiges
 
 
 
Xavier Ginesta Portet, profesor titular a la UVic

Xavier Ginesta Portet, profesor titular a la UVic

Xavier Ginesta (Balenyà, 1983) combina la docencia en Periodismo y el análisis político. Formado en la Universidad Autónoma de Barcelona, ​​actualmente es profesor de la de Vic desde 2010, donde ejerce de Vicedecano de Promoción y Relaciones Externas de la Facultad de Empresa y Comunicación. Su afición por el periodismo de viajes, plasmada en un blog, cuestiona la idea de que el independentismo se cura viajando porque él es independentista y viajero a la vez. Podemos leer, escuchar o ver sus opiniones en ‘El Punt Avui’, ‘Racó Català’, ‘El Punt Avui TV‘, ‘Més 324’ o ‘RAC1’, por ejemplo. Cree que los independentistas tienen que asumir que son mayoritarios pero no hegemónicos y, por lo tanto, no se pueden repetir errores del pasado cuando lleguen las nuevas ‘ventanas de oportunidad’.

Hace ocho años que es profesor en la UVic-UCC. ¿Ve a los estudiantes implicados, interesados ​​en el debate político catalán de los últimos años?

Los estudiantes, como todo el mundo, participan del debate político y lo hacen de mil maneras. Hay promociones más politizadas y otras que no tanto. En el marco de los estudios de Periodismo te encuentras estudiantes de unos cursos que están muy politizados y de otros cursos que no. Depende de la clase, de si hay algún líder al que le gusta hablar de ello, depende de muchos factores coyunturales. Cuando empecé a dar clases, primero en la UAB, en el curso 2006-2007, los estudiantes politizados hablaban de otros temas. Hoy, esta politización se centra en el eje nacional y, por tanto, el eje social queda en un segundo plano. En 2007, el eje ideológico estaba más presente. Ahora, es bastante monotema.

A los pocos años de comenzar la transición se dijo que había un cierto desencanto porque la ciudadanía esperaba más de la democracia. ¿Ha detectado desencanto, cansancio, entre los jóvenes que creían que la independencia estaba muy cerca y han visto que no era así?

En los jóvenes, no. Si he encontrado gente desencantada, quemada, ha sido en personas que están en plenitud de su vida profesional y que no son partidarias de las alteraciones políticas porque afectan al funcionamiento de la economía y a su día a día laboral. No quieren que el proceso marque permanentemente su vida. Los jóvenes viven la política con mucha pasión y vigor. No he notado desencanto en ellos porque la independencia no llegue. Los dos grupos que están más movilizados y esperanzados, creo y partiendo de la observación, son el de los jóvenes y el de los de cincuenta años para arriba.

Usted es de Balenyà, en la comarca de Osona. Trabaja en Vic, una ciudad donde el independentismo es muy mayoritario. ¿Se puede entender bien qué es y qué quiere el conjunto de Catalunya desde la capital de Osona?

No debe distorsionar para nada. Cualquier persona debe ser suficientemente hábil para coger información de todas partes. Sí que es verdad que cuando vives en Vic tienes, evidentemente, un entorno propenso al independentismo; de la misma manera que una persona que vive en el área metropolitana de Barcelona puede tener una distorsión negativa hacia la independencia porque vive en un entorno que no es partidario de ella. Catalunya es plural en líneas generales. Yo vivo en Vic y tengo muchos inputs independentistas en mi día a día pero cuando estoy en Barcelona, ​​en Palma, donde tengo familia política, o en alguna zona de España recojo imputs en relación a lo que piensa otra gente que no cree en la independencia como yo. Hay un elemento importante a tener en cuenta que es la necesidad que cualquier persona tiene de informarse a través de fuentes diferentes. Además, no olvidemos que ‘Plataforma per Catalunya‘ nació en Vic. La ciudad es capaz de ser uno de los espacios más importantes de apoyo al independentismo pero, por otra parte, ha generado un personaje tan tristemente recordado como Josep Anglada. No es monolíticamente independentista. Es muy diversa, con mucha pluralidad cultural. Organizó un modelo educativo de éxito para favorecer la normalización lingüística ante la llegada de una gran masa de inmigrantes en los años noventa. Ha hecho y está haciendo un esfuerzo muy importante para crear una sociedad cosmopolita.

Pero difícilmente puede crecer más el independentismo allí.

Ha llegado a techos muy altos, ciertamente. Hay una gran cantidad de población que somos independentistas en Vic, en la comarca de Osona o en la Catalunya central. Una cosa es que sean sociedades independentistas y otra, que sean sociedades monolíticas. Son tan tolerantes como lo pueden ser otras donde no haya tanto independentismo. Vic ha dado muestras suficientemente importantes de que es una ciudad integradora, cosmopolita, donde todos tienen cabida. Se haría un mal favor a la ciudad y a la política que se ha hecho allí si se le asociara con la intolerancia. Al contrario, los intolerantes son los que crearon ‘Plataforma per Catalunya‘ o los que han visto en las opciones de extrema-derecha una forma de prevenir la mejora de la integración en determinados barrios.

Hablar de una Catalunya fragmentada, de familias peleadas, ¿es un mantra de los contrarios a la independencia o una realidad contrastada?

No lo he visto ni lo he notado en mi alrededor. Si a alguien le ha pasado queda en la zona privada de cada persona. Es verdad que la política puede llegar a dividir, pero creo que una familia que se pelee por la política es que no está bien avenida por muchos otros motivos. Me he discutido políticamente con gente de casa porque pensamos diferente en el marco del independentismo y no ha pasado nada; en el propio independentismo hay división política. La idea de familias divididas y que no se hablan es fuerte para generar un relato contra el independentismo y puede calar mucho en la población no independentista. La idea de las familias divididas más que una realidad es una idea se ha utilizado como propaganda. ¿Qué sería del debate político sin la confrontación de ideas?

Las elecciones y sondeos nos presentan a media Catalunya a favor de la independencia y a la otra media, en contra. En el campo del independentismo hay dos tendencias: optar por la vía unilateral o ampliar el apoyo a esta causa. ¿Cuál cree que es la más acertada?

Vayamos por partes. La sociedad catalana está fragmentada políticamente en relación a la independencia; el Sí y el No se pelean para superar siempre el 50% en todos los sondeos. No hay una masa hegemónica a favor de la independencia. Que sea mayoritaria no quiere decir que sea hegemónica. Es absolutamente complicado hacer una declaración unilateral de independencia y esperar que esto suponga una auctoritas ante la gente que no es independentista. Repetir la estrategia que se ha seguido hasta ahora sería un error, creo, porque se ha demostrado, al menos con los líderes políticos que hemos tenido, que no era acertada. Por otra parte, ¿la independencia llegará en el futuro después de una negociación con el Estado? Tengo mis dudas también. La cultura política castellana, de raíz mucho más autoritaria que la catalana, mediterránea, no ha sido propensa al pacto y a considerar que el territorio español sea una nación de naciones. Es complicadísimo entender que la independencia llegue estrictamente por una negociación. En un momento u otro tendrá que haber algún tipo de desobediencia. Pero no se puede hacer esta desobediencia sin haber ensanchado antes la base del independentismo. Tenemos que ser muchos, muchos más que el 50%, para aprovechar y defender la ventana de oportunidad definitiva y empezar a recibir reconocimientos internacionales. Y ahora el independentismo es mayoritario pero no hegemónico.

La sustitución de Mariano Rajoy por Pedro Sánchez ¿cambia mucho el panorama? ¿Cómo influirá en la evolución de este contencioso?

Pedro Sánchez no deja de ser ‘el mismo perro con distinto collar’ en relación a lo que habíamos visto hasta ahora. Al llegar al gobierno, sin embargo, hizo determinadas manifestaciones, tuvo pequeños detalles, abrió la comisión bilateral… Hay algunos aspectos que demuestran que tiene una sensibilidad algo distinta en la problemática catalana. El gran problema, sin embargo, no es quien tengas delante a la Moncloa sino que el Estado, que no son exclusivamente los políticos que gobiernan desde la Moncloa o desde los ministerios, tiene una cultura política unitaria, en la que no hay la voluntad de pactar una solución para una parte como Catalunya que se reivindica como nación. Nunca concebirá que Catalunya se considere nación. Los independentistas consideramos que Catalunya es una nación y, por ello, tiene derecho a la autodeterminación reconocido por tratados internacionales que España ha firmado. El Estado, los políticos que lo dirigen, el sottogoverno, el deep state, entiende que en España sólo puede haber la nación española. En este debate se parte de bases diferentes (legalidad contra legitimidad) y es muy difícil llegar a una solución a corto plazo.

Jordi Pujol llegó a la presidencia de la Generalitat al frente de CDC, que nació más como movimiento que como partido. Carles Puigdemont impulsa, ahora, la Crida Nacional, que se plantea como un nuevo movimiento. ¿Se pueden comparar los dos procesos?

Se me hace difícil. Es cierto que Convergencia fue un movimiento político al principio pero se transformó en un partido político clásico. La Crida Nacional de Puigdemont es un movimiento hecho desde un punto de vista muy táctico. Veo mucha más estrategia a largo plazo en la forma en que Pujol creó Convergencia Democrática que en como Puigdemont ha creado la Crida Nacional. Ha sido una jugada magistral, aprovechando la debilidad del PDeCAT y la división de opiniones en el marco del independentismo para avanzar hacia la idea de un Scottish National Party (SNP) a la catalana. Puigdemont sabe que no puede tener fuerza si no tiene un movimiento detrás mientras está en el exilio, donde no debería estar nunca. Necesita una plataforma política para poder continuar marcando la agenda. A diferencia de cuando nació Convergencia, el catalanismo político está mucho más musculado hoy. Hay muchas más opciones. Ha pasado por una historia turbulenta en los últimos tiempos que la ha puesto frente al espejo y ha hecho aflorar sus fortalezas y carencias. La Crida es muy difícil que pueda ser un movimiento aglutinador del independentismo porque, hoy, ERC, pese a que está decapitada, tiene la fortaleza política, la necesidad y la voluntad lógica como partido de marcar su propia agenda. Se me hace difícil compararlo pero creo que Puigdemont está aprovechando el momentum y está haciendo un movimiento mucho más táctico que el que hizo Pujol en su momento.

Ginesta es periodista y analista político

ERC se ha quedado ya dos veces a las puertas de presidir la Generalitat cuando las encuestas le eran favorables. ¿Puede volver a pasarle lo mismo ante la Crida Nacional en unas próximas elecciones que algunos ven cercanas?

La Crida Nacional, si quiere cumplir con el mandato con el que se fundó, tendrá que hacer muchos esfuerzos para ser un movimiento aglutinador. Esquerra nunca se lo permitirá porque quiere mantener su identidad como partido y lo ha demostrado en el debate sobre cómo debe crecer el independentismo. Puigdemont le ha ganado la partida una vez y lo puede volver a hacer pero, básicamente, porque él está en el exilio y Junqueras está en prisión. Ambos deberían hacer política desde aquí, en la calle o en el Palau de la Generalitat, pero hacer política desde el exilio es muy diferente que hacerlo desde la cárcel. La capacidad de marcar la agenda cambia. Esquerra tiene un handicap más importante que el que tiene la Crida Nacional. Además, Puigdemont, después de que se le retirara la euroorden, tiene libertad de movimientos por todo el territorio europeo. Hay otro elemento fundamental favorable a Puigdemont y es que él se beneficia de la espiral del silencio: la voluntad de todos de subir al carro ganador. Es decir, el independentismo de base reclama unidad y él se la ofrece. Si la gente lo acaba entendiendo como la solución al nuevo rumbo del independentismo puede tener éxito. El independentismo de base está dividido en cómo proceder. Habrá un independentismo que querrá seguir la estrategia de ampliación de la base y de contención que plantea ERC y otro que querrá avanzar en una estrategia de confrontación y de aglutinamiento de todas las fuerzas en una plataforma como la Crida. La Crida puede tener recorrido como movimiento político aglutinando el centro derecha que ha quedado huérfano y el PDeCAT que se ha incorporado a ella. Pero más allá de ERC, tampoco puede contar con la CUP, que no se sumará nunca, por ideario y esencia política.

La división de opciones independentistas ¿hace más posible que se forme una alternativa de gobierno que reúna a ERC, PSC y los comunes, un nuevo tripartito de izquierdas?

En política no hay que descartar nada pero la gente no lo entendería. Como el independentismo de base es menos racional que las personas que lo lideran y su voluntad es avanzar permanentemente hacia el horizonte de plenitud nacional, se hace muy difícil que entienda la repetición del tripartito. Para muchos poderes fácticos de Catalunya y España la idea de un tercer tripartito podría ser interesante para estabilizar la sociedad catalana y hacerla más mansa a ojos del deep state español. Tengo muy claro que el independentismo de base difícilmente le perdonaría a Esquerra que fuera a un nuevo tripartito y, además, habiendo políticos en prisión. Las redes sociales son un arma de destrucción masiva y una herramienta de movilización magnífica para la política. Dos caras de la misma moneda. Las imágenes de Miquel Iceta y Inés Arrimadas riendo detrás de la cara pensativa de Jordi Turull correrían como la espuma y recordarían que hay una serie de personas en prisión por culpa de los que han judicializado la política catalana en lugar de proponer una respuesta política. No me puedo imaginar a un partido político que tiene gente en prisión, incluido su líder, que, en pro de una estrategia a muy largo plazo, decida abrazar directamente el autonomismo a través de un nuevo tripartito.

A las redes sociales se las responsabiliza de la renuncia a última hora de Carles Puigdemont a disolver el Parlament y convocar elecciones adelantadas

Yo no sería taxativo. No diría que las redes sociales tuvieron la culpa, como dice Santi Vila en su libro, lo que me parece maximalista. Las redes sociales son capaces de lo mejor y de lo peor. Ayudan a crear estados de opinión y los políticos deben saber jugar bien con ellas. Puigdemont fue de los primeros políticos en usarlas y tener una de las herramientas más importantes de promoción personal: tiene un nickname -@ KRLS- que es un icono del independentismo. Las redes sociales nunca deben sustituir a la política y al diálogo cara a cara, porque simplemente son el reflejo de una parte de la sociedad. No son el espacio donde opina el conjunto de la sociedad. Además, al elegir a aquellos que te interesa seguir entras en una burbuja ‘de los tuyos’ y difícilmente, a veces, se va a buscar opiniones externas. No creo que las redes sociales hicieran cambiar de idea a Puigdemont –hubo encuentros a muy alto nivel en los momentos importantes- pero contribuyeron a crear un clima especial aquel 27 de octubre de desenfreno absoluto.

Sin los dirigentes políticos y sociales independentistas en prisión ¿los planteamientos de los partidos, el diálogo entre ellos, el clima en la calle sería muy diferente?

Sí. Para generar diálogo no puede haber ni presos políticos, ni exiliados políticos. Con los consejeros y el vicepresidente en prisión, y el presidente Puigdemont y el resto de consejeros en el exilio es imposible que se plantee una negociación de tú a tú entre las dos partes del conflicto. Ambas partes deben jugar con las cartas descubiertas y el Estado tiene el as en la manga de negociar usando los presos y los exiliados. Son rehenes. El deep state español sabe perfectamente que hay rehenes, que están en prisión en contra de gran parte de los tribunales internacionales. Esto es así hasta que no nos diga algo diferente el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. La retirada de las euro-órdenes es una capitulación en toda regla del sistema judicial español en relación a si había o no presos políticos. Los hay.

Pedro Sánchez apuesta por una reforma de la Constitución y del Estatuto de Autonomía. ¿El independentismo aceptará esta propuesta?

Creo que ahora no. El nuevo Estatuto de Autonomía fue refrendado por el pueblo de Catalunya y el PP decidió romper el acuerdo al que se había llegado y que, posiblemente, conllevaría un periodo de estabilidad muy largo para Catalunya. El PP empezó a judicializar la vida política catalana, defendió que Catalunya no era una nación (a pesar de estar en el preámbulo), atacó el modelo de inmersión lingüística y la escuela catalana y el modelo de financiación. Ante esta agresión cultural y económica, el independentismo no tiene ningún interés en negociar algo que sabe que no se podrá aplicar porque alguien acabará llevando el acuerdo al Tribunal Constitucional y que éste no actuará de forma neutral. El independentismo sabe contra quien juega y difícilmente comulgará con ruedas de molino. Y no quiere hacerlo, además, porque hay rehenes políticos. Una vez resuelto el problema de los presos y los exiliados si alguien plantea una nueva agenda habría que ver qué pasaría.

¿Se atreve a prever qué pasará este otoño?

Auguro un otoño muy complicado sobre todo porque el gobierno de la Generalitat deberá hacer frente a la elaboración de los presupuestos con las tensiones que hay entre Junts per Catalunya ‘y ERC y que ya se han puesto de manifiesto con el bloqueo del Parlament por una discusión en la Mesa entre los grupos independentistas sobre la suspensión de los diputados presos y exiliados. Cuando hay presos políticos y exiliados las relaciones dentro del país no son normales. El país funciona pero la sensación de anormalidad está en todas partes. Me preocupa la tensión permanente dentro del independentismo porque dificulta tejer una estrategia conjunta y una unidad de acción ante las próximas elecciones municipales y europeas. Estas elecciones deben suponer una nueva demostración de fuerza que ha hacer el independentismo ante España y la comunidad internacional, no sé si yendo los diferentes partidos independentistas juntos o separados pero sí con unidad de acción.

Volviendo al profesor de la UVic-UCC: le oí dirigirse a los estudiantes que participaban en la Semana del Parlamento Universitario (SPUNI) diciéndoles que «el objetivo del periodismo es construir un mundo mejor». ¿Lo decía para motivarles o porque está convencido?

Absolutamente convencido. El periodismo debe ser una herramienta para hacer un mundo mejor, más justo, donde se denuncien las desigualdades, donde se planteen los grises de la sociedad y para ayudar a la gente a tener una opinión fundada de la realidad. Si no, el periodismo pierde su función. Debe servir para buscar el porqué de las cosas y explicar el contexto donde suceden los acontecimientos desde la subjetividad honesta: el contraste de las fuentes. El qué, el quién, el cuándo y el dónde lo tenemos resuelto con las redes sociales. Los estudiantes deben entender que el periodismo debe servir para dar a la gente elementos de contraste, espacios de reflexión y aportar información relevante para la formación de la opinión pública. Me preocupa que los periodistas trabajen a golpe de titular, como si estuvieran haciendo tuits todo el día. Me interesa que los estudiantes salgan preparados de la Universidad, con una cultura general suficiente que les permita entender el porqué de las cosas y aportar una interpretación de los hechos que no sea maniquea, de blancos y negros, donde predomine la gama de grises. Esto sólo lo puede hacer un periodista bien preparado.

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