Los tres vectores que marcarán la política del 2019

El conflicto entre Catalunya y España tendrá un momento culminante con el juicio a los líderes presos. En la sala del Supremo se escribirá una parte importante del relato independentista. A la espera de las elecciones locales, autonómicas y europeas del 26 de Mayo. Fecha donde sabremos hasta dónde llega el poder de la extrema derecha en España. Y en Europa.

Guillem Pujol
 
 
 
Parlament de Catalunya / Wikimedia Commons

Parlament de Catalunya / Wikimedia Commons

El debate sobre los presos políticos ha vinculado la identidad personal con la Justicia; las opiniones ya no se limitan al ámbito del individuo, sino que trascienden más allá, en las consideraciones éticas de lo que es o no es justo, siendo capaz de sacar de miles de personas en la calle una y otra vez. Algunas de ellas, muy probablemente, era la primera vez que lo hacían. 

Este 2018 también se ha producido la primera y única moción de censura de la historia democrática de España, síntoma de estos tiempos tan extraños que vivimos. Ha nacido una fuerza de extrema derecha, y ya no podemos reivindicar que al menos en esto, ventajas a nuestros vecinos y vecinas europeos. Por último, la llegada de un Presidente de España en Catalunya nunca había sido acogida con un despliegue policial tan elevado para detener la oposición, rechazo y enojo de una parte importante de la población catalana. 

Hace poco más de diez años, si nos dijéramos que hoy estaríamos donde estamos ahora, no nos lo creeríamos. Se puede decir, pues que hemos pasado de una concepción política pasiva-consensual a una activa-conflictiva. 

La futurología política es la ciencia menos exacta dentro de las ciencias sociales; lo es, precisamente, porque la política apela a la parte menos racional de los seres humanos. Por ello, y para que todo análisis del futuro parte de un análisis del presente y no puede considerar lo que aún no existe, las previsiones deben tomarse con la precaución con la que deberían tomar las encuestas electorales. Aun así, podemos imaginar que el próximo año estará condicionado por tres vectores, entrelazados unos con otros. Veamoslos: 

Conflicto Catalunya – España

Sí, por octavo año consecutivo (marcamos el inicio del proceso del año 2012) las relaciones entre Catalunya y España serán un punto determinante que marquen el advenimiento de la política Catalana en primer lugar, y de la política española en segundo. Curiosamente, es posible que se den dos fenómenos simultáneos y aparentemente contradictorios. Por un lado, tras la reunión del 21D en Barcelona, ​​donde se impuso la voluntad de diálogo por delante de los agoreros del conflicto, parece que el Ejecutivo Quim Torra deja de lado el estéril discurso identitario que reivindica vivir en una República (estéril en cuanto a resultados) para acercarse a la visión realista de sus compañeros de Gobierno de ERC. Algo tendrá que ver que unos suban y otros bajen en las encuestas. Este hecho acerca más el Referéndum,

Por otra parte, un segundo elemento puede hacer tirar atrás tres pasos el acercamiento que ha habido entre Sánchez y Torra y es que la judicialización de la política, el error garrafal y el principal escollo existente para solución del conflicto, cogerá una nueva dimensión. Hasta hoy, los presos políticos que han pasado la Navidad en la cárcel de Lledoners están en libertad provisional. Pero para al mes de enero, los juicios comenzarán. Dependiendo de cómo vayan, y sobre todo, de si se sostiene el sin-sentido de las acusaciones de rebelión y sedición, el conflicto enquistará aún más. Y eso serán malas noticias: los presos, por Catalunya, y por España. 

El ciclo electoral 

El 2019 será uno de esos años donde los asesores de campaña no tendrán tiempo para respirar y los políticos gastarán todas las sonrisas ante las cámaras. El Domingo 26 de Mayo tendremos una jornada electoral muy apretada; elecciones municipales, elecciones autonómicas (en Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Castilla La-Mancha, Castilla-y-León, Comunidad Valenciana, Extremadura, Comunidad de Madrid, Murcia, Navarra y La Rioja) y elecciones europeas.

Especialmente interesantes serán las elecciones en Barcelona y Madrid, donde dos fuerzas nuevas (BComú y Ahora Madrid) irrumpieron en la escena política abanderando el que se ha establecido como nueva política. Ahora ya no son tan nueva (si entendemos por ello el tiempo que llevan en política) aunque mantienen gran parte de la frescura que las caracterizó durante la campaña. 

Asimismo, las elecciones en Barcelona serán otro test para valorar la fuerza del independentismo, más fracturado que nunca. Hasta cuatro candidaturas se pueden presentar con vocación de hacer de Barcelona la capital de la independencia: ERC, la Llamada, CUP, y la plataforma de Jordi Graupera, hoy por hoy sin nombre. Queda por ver, también, qué hará el PDCAT. 

Las elecciones europeas, siempre marginadas, serán interesantes por dos motivos: el primero, ver si el independentismo concurre en la forma de una lista unitaria. Es sabido que a estas alturas, ERC no tiene ningún incentivo y los postconvergents los tienen todos. De hecho, los últimos ya han empezado a acusar de antipatriotas a ERC para no querer ir juntos. La historia se repite, y veremos si acaban o no cediendo. 

El segundo motivo tiene que ver con VOX. Tras los resultados de las elecciones andaluzas, un buen resultado de la formación de extrema-derecha configurarían un bloque europeo que cada vez tiene más fuerza y ​​presencia en el Parlamento Europeo, amenazando en condicionar la política de todo un continente. 

El auge de la extrema derecha 

Como mencionábamos, los tres vectores que determinarán la política en 2019 están relacionados unos con otros. Habiendo nacido VOX, y con Pablo Casado frente al Partido Popular, la política estatal tomará una nueva dimensión y provocará un efecto dominó en el re alineamiento de los pactos electorales: la aritmética cambia, y si al parecer el PP no tiene demasiados problemas en pactar con la formación liderada por Santiago Abascal, Ciudadanos se verá obligada a decantarse finalmente por un lado u otro. O bien se acercan al PSOE, o bien al Partido Popular. Lo que significa que, indirectamente, o bien se acercan a Podemos o a VOX; juzgando los primeros pasos en Andalucía, parece que se decantan por la segunda. 

La extrema derecha también condicionará el discurso hacia Cataluña. No sólo quieren la aplicación del artículo 155 de forma inmediata, sino que quieren acabar con el Estado de las autonomías. Un discurso beligerante que obligará al Partido Socialista a resolver el debate interno sobre su concepción de España. O se apoya la diversidad nacional del Estado, o se da un paso atrás que puede tener terribles consecuencias.

Con todo, nos espera un 2019 muy intenso a nivel político. El seguiremos atentamente.

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*