Marina Subirats | Socióloga y presidenta del Consell Econòmic i Social de Barcelona

«Los que no habíamos enloquecido con el ‘procés’ veíamos que íbamos al desastre»

La catedrática emérita de Sociología de la UAB, ​​Marina Subirats, bautizó como 'utopía disponible' la razón que impulsó el aumento del apoyo a la causa de la independencia de Catalunya en los últimos años. Su idea era que mucha gente se había subido al ‘carro' de la independencia dada la ausencia de ningún otro proyecto ilusionante.

Siscu Baiges
 
 
 
Marina Subirats, a casa seva | Siscu Baiges

Marina Subirats, a casa seva | Siscu Baiges

La catedrática emérita de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona, ​​Marina Subirats, bautizó como ‘utopía disponible’ la razón que impulsó el aumento del apoyo a la causa de la independencia de Catalunya en los últimos años. Lo hizo en un artículo publicado en la revista ‘La Maleta de Portbou’ en el verano de 2014. Su idea era que mucha gente se había subido al ‘carro’ de la independencia dada la ausencia de ningún otro proyecto colectivo ilusionante, ante una crisis económica en la que los partidos de izquierda no supieron proponer ninguna alternativa.

¿Aun está disponible aquella utopía?

Se me ha ocurrido otra manera de explicarlo. Pareció que había una puerta por la que salir. Ante el ahogamiento, la angustia y el malestar que creó la crisis la gente buscaba una salida. Los años anteriores, hasta 2008, más o menos, las cosas habían ido a mejor, pero se empezaron a torcer, de repente, y la gente no se hacía a la idea. Cuando la gente está acostumbrada a vivir muy mal no le extraña ir un poco peor pero cuando ha ido mejorando no acepta que todo se derrumbe y busca una salida. La utopía de izquierda estaba muy destruida a raíz del desmoronamiento de la Unión Soviética. La socialdemocracia hizo un poco de relevo con respecto a la sociedad del bienestar pero la crisis se la llevó por delante. En Catalunya había otra salida que no existía en España. En España costó más tiempo. La aparición de ‘Podemos’ responde a la misma necesidad: algo que da esperanza para salir del agujero donde se ha ido a parar. En el caso catalán había una salida propiciada por el gobierno catalán, que podía tomarla o no. Y lo hizo. Era «nos vamos». Pero era una puerta pintada en la pared.

Como en los dibujos animados.

Sí. Ya tuve la impresión entonces y después se ha confirmado que era una puerta pintada en la pared, que no se podía abrir. Mientras había una distancia todo el mundo prometía que esa puerta se abriría y ya tendríamos la independencia. Cuando nos hemos ido acercando hemos visto que no era una puerta real y nos hemos dado de cabeza contra la pared. Y en estos casos lo que peligra es tu cabeza más que la pared.

Pero mucha gente sigue creyendo en esta utopía.

Esta utopía ha sido tan potente y ha generado un movimiento tan fuerte y exaltante que mucha gente no quiere bajar. Bajar es como después de beber más de la cuenta y estar muy feliz te entristeces cuando se te pasa la borrachera y la euforia. Este movimiento es excepcional dentro de Europa. Ha demostrado una capacidad de cohesión, disciplina, no violencia, sorprendente. Y sobre todo no ha caído en divisiones, como suele ocurrir en los movimientos sociales. La división ha entrado por las cúpulas de los partidos, no por el movimiento. La potencia que ha tenido ha sido excepcional, pero la realidad es más potente. Se ha construido un castillo de palabras que protegía de cualquier defección o duda. Quien ponía en duda esas palabras era considerado un traidor, un botifler, era igual que Rajoy. Se ha construido una realidad paralela que ha ido avanzando pero la pared estaba allí. Y se ha estrellado.

 

Rajoy y el PP esperaban que lo que llamaba el souflé bajara solo.

El gobierno del PP no ha querido reconocer que el movimiento tenía un componente popular muy fuerte. En un primer momento lo atribuyeron todo a una obsesión de Artur Mas. Pensaban que sacándolo de en medio, se habría acabado el problema. Era un análisis totalmente erróneo que les permitía no actuar. Como si fuera una pelea entre gallos sin querer reconocer la dimensión social y la magnitud del movimiento independentista en Catalunya. Creían que ‘ya se les pasaría’. Era otro castillo de palabras. Construyes un relato, no te mueves ni dejas que nadie se mueva de este relato y eso acaba pareciendo que es la realidad. Pero cuando se produce el choque los relatos se desmoronan y aparece la realidad. La realidad es que el Estado español tiene mucha más fuerza que el movimiento en Catalunya y las instituciones catalanas. Y así estamos.

El 27 de octubre, el Parlamento de Catalunya aprueba la declaración de independencia, pero, a continuación, el presidente de la Generalitat y un grupo de consejeros se van a Bruselas. Se declara la independencia pero todo apunta a que el gobierno catalán no estaba preparado para implementarla.

Era una evidencia. Los que no habíamos enloquecido con el tema veíamos perfectamente que íbamos al desastre. ¿A quién querían engañar? El 1 de octubre yo estaba en Catalunya Radio y empezamos a ver aquellas escenas. Personas que estaban allí y que tenían o habían tenido responsabilidades políticas se extrañaban de la respuesta policial. «Nos tenían que haber avisado de que responderían así», decían. Esto lo admito en gente que no ha vivido la dictadura. ¿Cómo puedes creer que el Estado se detendrá, será amable y dirá que si los catalanes se quieren marchar pues que se marchen? Esto se llama idealismo, confundir las ideas y las ilusiones con la realidad. Lo que pasó el 1 de octubre, de alguna manera, fue un triunfo de Catalunya porque la policía actuó del modo que lo hizo, pero a partir de entonces el gobierno catalán tuvo varias ocasiones para convocar elecciones, detener el 155 y rehacer las cosas.

No lo hizo.

Sistemáticamente fueron triturándolo todo hasta llegar al desastre que tenemos. Me indigna que Catalunya esté gobernada por el PP ahora. Me parece el disparate más grande de todos. Es como dar la llave de casa y que hagan lo que quieran. Se está jugando no sólo con el independentismo sino con el trabajo de mucha gente, de muchas generaciones, independentistas y no independentistas, que durante años han estado trabajando para que Catalunya tenga el máximo de autogobierno posible, para mantener la lengua,.. . Todo eso, de repente, se pone en riesgo para hacer una pirueta fantasiosa. ¡Sabían perfectamente que no seríamos independientes y que la república no estaba en ninguna parte por mucho que dijeran! No se cumplía ninguna de las condiciones conocidas y necesarias para conseguir la independencia.

¿No estaban contra la pared? Cuando Carles Puigdemont duda de si convocar elecciones o no, los universitarios lo tachan de ‘traidor’, en la plaza de Sant Jaume, y twitter se llena de reproches e insultos contra él.

Los movimientos deben empujar pero los dirigentes deben saber conducir. Esto es fundamental en política. Quien tiene la responsabilidad, sabe hasta dónde puede llegar y puede hacer el cálculo de las fuerzas es el dirigente, el gobernante. Ellos sabían que no podía haber independencia y república, que aquello era un ‘Viva Cartagena’ sin futuro. Tenían que haber dicho que no era posible. El movimiento los devora, los empuja y les marca el camino hasta el punto de que no pueden o no saben rectificar. Si hubieran rectificado corrían un riesgo: no habrían ganado las siguientes elecciones.

Habrían sido tratados de traidores.

¿Y qué? ¿Es mejor quedar como unos alocados y dejar la llave de casa para que entren los demás y hagan lo que quieran? Ahora no sabemos nada de lo que está pasando en la Generalitat. Es posible que el día que lo podamos mirar nos encontremos un agujero brutal. Basta con mirar cómo están amenazando las escuelas. ¿Y si quieren imponer el castellano en las escuelas? ¡Con lo que ha costado llegar hasta aquí! La cantidad de generaciones que no han podido aprender a escribir en catalán, la cantidad de gente que se la ha jugado para dar clases en catalán durante el franquismo, la cantidad de esfuerzos… y ahora llegan estos y como que no quieren quedar mal… Estoy indignada. Pagaremos las consecuencias de esto durante muchos años.

A buen seguro pensaban que tendrían algún reconocimiento internacional.

Una irresponsabilidad más. La Unión Europea no tolerará la independencia. En ella mandan los estados y ningún estado querrá desmembrarse. Si uno lo hace, seguirán muchos. En el futuro no se sabe, pero en la coyuntura actual era evidente que no apoyarían la independencia. O se dejaron engañar por su ilusión o contribuyeron a la ficción sabiendo que lo era.

Quizá no creían que algunos dirigentes podrían terminar en prisión preventiva.

Si no saben qué es un estado que no se dediquen a esto. Siempre he estado convencida de que al final entrarían los tanques, entendiéndolo como una metáfora de que nos atacarían violentamente. Pueden ser los tanques o la policía que vino. Lo que sea. Basta con conocer un poco qué es un estado y que es España. No es nada que yo me invente. No han entrado los tanques porque no les ha hecho falta. Han tenido suficiente con el artículo 155 y poner a unos cuantos en prisión. Si entonces la gente se hubiera levantado y hubiera empezado a cortar carreteras, como tenían previsto, nos habrían enviado el ejército… La gente que estaba en el gobierno tenía que saberlo.

Ahora parece que entramos en una fase más relajada, más tranquila.

Ahora es la fase más patética. Hasta la declaración de independencia podíamos pensar que estaban siguiendo el mandato del pueblo, como decían ellos. En este momento, la argumentación que utilizan para no tener gobierno no se sostiene. Si Puigdemont hubiera podido ser elegido presidente lo habría sido gracias a unas elecciones convocadas desde Madrid. No para que se restituya nada. Esto es una entelequia. Encima, esto impide la normalización del gobierno catalán. Además, cada partido defiende sus intereses, con la obscenidad que están discutiendo qué parte del presupuesto se quedará cada uno, qué consejerías o quién se quedará TV3 o Catalunya Radio. Hemos dejado que el autogobierno de Catalunya desaparezca, estamos bajo las órdenes de Soraya Sáenz de Santamaría y nosotros estamos aquí discutiendo si estos milloncitos de euros te los quedas tú o yo. ¡Indecente! No están invocando el interés de Catalunya sino sus intereses concretos. Puigdemont y Comín no quieren renunciar. Prefieren poner en riesgo un gobierno independentista a renunciar al acta de diputado.

La socióloga habla sobre la independencia de Catalunya | Siscu Baiges

Tenemos una sociedad dividida con manifestaciones de un bando y el otro con mucha gente en la calle. Frente a las banderas esteladas en los balcones han aparecido un buen número de banderas españolas. ¿Esta situación durará mucho tiempo?

Si no se encuentra la manera de recoserla creo que sí. Y no veo que tengan ninguna intención de hacerlo. Se había conseguido que en Catalunya, a pesar de que hay una gran cantidad de población procedente de la inmigración española, no se hubiera producido un lerrouxismo. Ahora la fractura se ha producido. El peligro se ha consumado. ¿Hasta dónde llegará? No lo sabemos. Dependerá de la capacidad de ‘Ciudadanos’ de consolidarse como el instrumento político de la parte de origen inmigrante. Nos podemos encontrar con un gobierno de ‘Ciudadanos’ en Catalunya. Cuando caiga en picado la ilusión por la independencia y mucha gente deje de votar opciones independentistas quizás se creará una mayoría del otro bando. Hay una fractura interna y otra con España. Ambas son graves pero la interna es la que me preocupa más porque puede consolidar durante generaciones un enfrentamiento, un odio, que se había evitado.

¿Ha sufrido personalmente esta fractura en su vida personal?

Claro que sí. Como todo el mundo. En mi familia y con gente amiga mía de muchos años que habíamos compartido muchas cosas tenemos opiniones diferentes. Evitamos el enfrentamiento pero se ha enfriado la relación.

¿Es reversible esta situación?

Si hubiera un gobierno capaz de volver a la centralidad y trabajar contra la pobreza, la desigualdad,… quizás sí, pero no veo por ninguna parte esa voluntad. La gente de Puigdemont no sale del debate limitado a la independencia. Esquerra Republicana parece algo más capaz de recomponer esta situación pero no tiene suficiente fuerza. Ha quedado como segunda fuerza dentro del independentismo. La CUP ha dicho que o República o independencia o nada. Ha ido radicalizando todo el tiempo. No hay nadie que esté dispuesto a buscar la centralidad por miedo a ser tratado de traidor o a perder votos. Nadie tiene vocación de volver a unificar. Al revés, han roto los puentes. Tuvieron una mayoría de diputados por la ley electoral pero nunca han tenido mayoría en votos. Aún así se han echado al monte. Su voluntad democrática es muy dudosa porque no han respetado la mayoría.

Usted ha afirmado que en el futuro cree que Europa se organizará de forma federal en unidades territoriales más pequeñas que los actuales estados, pero que lo ve muy lejano.

No sé qué pasará dentro de veinte años pero tengo la impresión de que habrá muchos movimientos en Europa que irán en ese sentido. Soy incapaz de poner ninguna fecha, pero no es algo al alcance de la mano como decían los que ya veían Catalunya independiente en 2014. No digo que haya que renunciar a la independencia. Digo que el camino no es éste. El camino es mucho más largo y el criterio no debería ser o la independencia o nada. Debería ser mejorar el autogobierno de Catalunya y cada paso que se dé debe ser en ese sentido y no al revés como se ha hecho hasta ahora.

¿Qué futuro inmediato ve para Catalunya?

Depende de si hay algo de inteligencia o no. Si el gobierno se empeña en mantener la ficción de la independencia posible, iremos de fracaso en fracaso. Los últimos datos del CEO indican un descenso del independentismo. Si no hay gobierno y hay que ir a nuevas elecciones, es posible que baje. Habría que aprovechar la efervescencia que hay ahora en Catalunya para hacerla avanzar. Que no somos independientes, que tenemos obstáculos, de acuerdo, pero no todo depende de Madrid. Hay muchas cuestiones que dependen de nosotros. Dejemos de momento el tema del encaje, que ahora está inflamado, intentemos mejorar nuestro país y redirijamos el movimiento hacia un esfuerzo interno. Si no es así, me da miedo que se pierda toda esa ilusión y energía de la gente, que haya un desánimo total e, incluso, tentaciones violentas.

¿Hay algún resquicio para intuir una salida serena, eficaz, progresista, a este contencioso? ¿Hay otra utopía disponible?

Hace falta otra utopía, pero no soy capaz de inventármela, de mentir a la gente. Si viera una puerta abierta lo diría. De momento las veo cerradas. No me puedo inventar un cuento de hadas pero hay muchas cosas que hacer. Se debe trabajar para mejorarlas. La enseñanza está en un momento dulce, muy interesante. Ha comenzado una revolución desde abajo que deberíamos mimar. El mundo de las mujeres, también. Por primera vez tenemos una huelga casi mundial, con temas sobre la mesa que se quieren resolver. Trabajemos en todo esto y mejoremos la sociedad.

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