«Los amigos de mis amigos son mis amigos»: la conexión global

Tenemos mala memoria, pero seguro que nos suena la teoría de los 'seis grados de separación', que pretende demostrar que cualquier persona está conectada con cualquier otra a través de una cadena de no más de seis conexiones. Ahora las amistades se han convertido en una relación entre 'seguidores', con poco valor personal

Santiago Giraldo | Gisela Martínez
 
 
Xarxes Socials | iStock

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Tenemos mala memoria. Los USB o tarjetas externas llenan el universo de nuestros recuerdos. Pero seguro que nos suena la teoría de los ‘seis grados de separación’, una hipótesis planteada en 1929 por el escritor Frigyes Karinthy. El autor húngaro pretendía demostrar que cualquier persona en la Tierra está conectada con cualquier otra a través de una cadena de no más de seis grados de profundidad que se inician con nuestros conocidos -o conocidos de los conocidos, como lo demostró en su primer episodio el Mago Pop, en el que el ilusionista conoció a Stephen Hawking gracias a la puesta en práctica de la teoría-. El número de personas ‘cercanas’ crece de forma exponencial con el número de enlaces en la cadena. En el sexto grado de «los amigos de mis amigos son mis amigos», la red estaría conformada por toda la población mundial.

Las redes sociales han multiplicado las conexiones y los experimentos de Facebook han demostrado que hay sólo tres y grados y medio de separación entre unos y otros. Los tiempos cambian tan rápido como las redes. Tan rápido como el objetivo inicial con el que nos dimos de alta en nuestra primera red social. Quizás fue Facebook, Twitter o, si eres más joven, Instagram. Todas han mutado y quizás entramos a su universo porque nos daba más miedo quedarnos fuera de él. Aisladas o aislados del mundo (¿virtual o real?).

Bautizar la red social

Las primeras aproximaciones sobre las redes sociales se desarrollaron, según el profesor de la Universidad de California del Sur, Alvin W. Wolfe, gracias al trabajo de los antropólogos John A. Barnes, Elizabeth Bott y J. Clyde Mitchell. En 1954, Barnes utilizó el término «redes sociales» para describir las conexiones de amistad y de parentesco que había entre los habitantes de un pueblo de pescadores noruego. El investigador definió «red» en su artículo Class and Committees in a Norwegian Island Parish como «un conjunto de puntos que se conectan a través de líneas. Los puntos son personas y a veces grupos, y las líneas indican interacciones entre ellos».

La definición de Barnes fue ampliada por las investigadoras Ross Speck y Carolyn Attneave. En su libro Family Networks, publicado en 1973, definieron la red social como «las relaciones humanas que tienen un impacto duradero en la vida de un individuo». La finalidad de las redes sociales es conectar individuos relacionados mediante diferentes tipos de interdependencia, como la amistad, el parentesco, intereses comunes o las creencias. Pero internet como mediador dinámico modificó la misma definición de red social.

Las redes sociales digitales fueron conceptualizadas por las profesoras Danah M. Boyd y Nicole B. Ellison en 2007 como servicios basados ​​en aplicaciones web que permiten al usuario crear un perfil público o semipúblico dentro de un sistema delimitado de interacción. Las redes sociales se organizan en torno a los mismos usuarios que definen, comparten y crean la mayor parte del contenido de la plataforma, el llamado contenido generado por el usuario (CGU).

Dentro de sus sistemas operativos se permite construir un listado de usuarios, compartir la conexión y recorrer los diferentes vínculos, así como los de otros usuarios. Boyd y Ellison indican en su artículo Social Network Sites: Definition, History, and Scholarship que la columna vertebral de las redes sociales digitales es la posibilidad de mantener perfiles visibles o públicos que se exponen y se relacionan entre listados de amigos comunes.

Crecer prematuramente a paso de gigante

La idea no se le ocurrió a Mark Zuckerberg en una clase de Harvard. La prehistoria de las redes sociales digitales se remonta a 1971, cuando el primer correo electrónico consiguió viajar a través de las redes. Uno de los primeros sitios web creados en el mundo bajo la tipología de las redes sociales digitales se llamó, curiosamente, SixDegrees.com. El experimento, lanzado en 1997, duró poco tiempo pero sentó las bases del futuro imperio. La idea siempre ha sido sencilla: establecer contactos entre personas y proponer servicios para que los usuarios permanezcan más tiempo en una plataforma.

SixDegrees moría en 2000, dos años antes de que apareciera Friendster, una red social que utilizó al juego como su modelo de negocio. SixDegrees y Friendster fueron los antecedentes de MySpace, rey de las redes desde su creación, en 2003, y hasta 2009, el año dorado de Facebook. Pero Facebook no nació en 2009. Lo hizo en 2004 y tardó algunos años en expandir su red universitaria en el mundo. Por el camino también fueron lanzados LinkedIn, en 2002, y Twitter, el 2006. Facebook se convertiría en la red social más utilizada del mundo en junio de 2009 cuando se hundió en MySpace porque, como señaló Mike Jones, antiguo directivo de MySpace el portal Business Insider, la red social creada por Zuckerberg «perfeccionó el concepto de las redes sociales, mientras que MySpace sólo permitía que la gente se uniera a la comunidad».

El resto de la historia es monótona. El CGU se convirtió en una moneda de cambio para las plataformas. Por eso YouTube, otra plataforma de CGU creada en 2005, se mantuvo en la cúspide junto con MySpace en el número de usuarios únicos por mes, también hasta 2009, cuando Facebook superó todos los límites. Compartir fotografías, intercambiar comentarios, ofrecer juegos en línea y permitir que los realizadores de aplicaciones usaran la plataforma consolidó su crecimiento. La era de la perfección de su dominio se completó con el nacimiento de Instagram, en 2010, la hija pequeña del gigante Facebook -porque sí, son de la misma familia- una respuesta a la cultura digital audiovisual de nosotros, los  millenials .

El lanzamiento en 2006 de Twitter nunca fue un problema para Facebook. Su éxito, en comparación a los grandes, ha sido relativo y Zuckerberg aprovechó el poco impacto de la puesta en escena de la red social fundada por Jack Dorsey, Noah Glass, Biz Stone y Evan Williams para catapultar sus beneficios a partir de 2008. Incluso Instagram superó a Twitter en apenas cuatro años de operaciones (2010-2014).

A pesar de que existen actualmente cientos de redes sociales y plataformas en las que los usuarios pueden interactuar y compartir sus vivencias, fotos de comidas o selfies, las redes sociales que realmente destacan son pocas. Por eso es posible hablar de un nuevo sistema de concentración mediática de los usuarios en Facebook (y en su hija menor, Instagram), Twitter y YouTube, la herramienta que tiene más parecido a una red social dentro del paquete infinito de Google. Las cifras de usuarios de las redes sociales son tan impresionantes como las visualizaciones de Despacito, la canción más reproducida en la historia de YouTube. El éxito de Luis Fonsi alcanzó 6.055 millones de visualizaciones en dos años, el equivalente al 80 por ciento de la población mundial.

Facebook puede llegar a las cifras de Despacito sin ir “pasito a pasito”. Si sus casi 2.500 millones de usuarios se conectan a la red mes a mes, el impacto del reguetón que suena en Colombia tanto como en Vietnam sería alcanzable en una décima parte del tiempo, en solo 90 días. No es una utopía. Según un estudio de Hootsuite y We are Social el uso de las redes sociales ha aumentado durante los últimos años y ha llegado, en enero de 2019, a una media de más de 3.484 millones de usuarios mensuales. El estudio también establece un ranking de las plataformas más utilizadas.

Facebook es la red social más utilizada con más de 2.167 millones de usuarios. Según Hootsuite y We are Social, la segunda red más utilizada es YouTube con 1.900 millones de usuarios. Si bien su funcionamiento es algo distinto a las demás redes sigue muy por delante de otras redes más interactivas como Instagram o Twitter. Instagram se encuentra en el puesto número 3 en cuanto a usuarios —con 1000 millones— siendo la campeona del crecimiento en los últimos años. Bastante más atrás está Twitter con 326 millones y, aunque pierde un par de millones de usuarios con respecto a la medición de 2018, sus cifras de afluencia siguen siendo tan altas que dan vértigo.

Amigos vs seguidores

Aunque Facebook es la red dominante en el universo de la socialización de CGU desde el 2009, la irrupción con fuerza de Instagram asegura también el propio crecimiento de la familia al proponer nuevos valores de interacción y de atención. El cambio en el comportamiento social de las redes introducido por el equipo de Zuckerberg determina una evolución psicológica y sociológica compleja y angustiante. Mientras el “alma” de Facebook se encuentra en añadir amigos para interactuar y compartir experiencias y vivencias, el “sentido” de Instagram está en la obtención de “seguidores”. Los mismos términos pueden asociarse a la búsqueda de la atención del usuario en cada red social.

La evolución cualitativa, desde Facebook hacia Instagram, ha concentrado en la plataforma más joven un escaparate de vidas envidiables, de rostros perfectos y de modelos a seguir, los influencers. El contacto ahora es cuantitativo, numérico y lo que importa son los “me gusta” que recibimos de seguidores o las visitas que registramos en las historias (mínimas, reducidas). La transformación relega aún más la calidad. No es de extrañar que los más jóvenes se vean atraídos por el nuevo tipo de red y se decanten por el uso de Instagram, una plataforma que puede otorgar popularidad y visibilidad de forma sencilla e inmediata, así quede reducida a un simple telón. Un telón de clics de ratón.

Aunque Facebook tampoco ha ayudado a construir mejores comunidades y a facilitar la comunicación empática, como lo señalaba el psicólogo de la Universidad de Stanford, Clifford Nass, su interfaz permitía mayores episodios de interacción y daba “demasiadas” opciones a los jóvenes ávidos de simplicidad de interfaz (el estilo Tinder: me gusta-no me gusta). El analista de eMarketer, Bill Fisher, indicaba que, desde la aparición de Instagram, Facebook “tiene problemas con los adolescentes”.

Una de las causas de la migración de jóvenes hacia Instagram se explica porque la red de moda entre los menores de 25 años antepone el contenido audiovisual a lo textual. Además, los jóvenes prefieren estar en un espacio virtual en el que no estén comprometidos por la posible presencia de sus familiares. Facebook parece acaparar a un público cada vez más adulto, alejado de la adicción de los “me gusta”, las notificaciones constantes y las fotografías efímeras de influencers, y más centrado en compartir vivencias y construir un perfil más estable en el que se puedan “explotar más las experiencias sociales que ya tienen, recuerdos”, tal y como apuntaba el sociólogo Javier de Rivera en su artículo Facebook, una red de mayores, publicado en septiembre de 2017.

El cambio en el sistema de relaciones humanas —mediatizado por las relaciones de amistad convertidas en seguidores, desvalorizadas— ha sido brusco y desorientado. Sin rumbo. La definición de red social aparece desdibujada en su evolución misma como redes sociales digitalizadas. Des-individualizadas. Inmediatas y efímeras. El impacto de un like o de un follower no es permanente. ¿Cuál es la duración de un Trending Topic? La misma transformación de las plataformas hacia repositorios de datos de usuarios y de vigilancia del comportamiento en la red aleja el concepto sociológico de lo humano y lo transforma en un plano económico y monetario. Un mercado de 3.500 millones de personas. Multimillonario. Por eso son importantes las redes sociales y por eso hablaremos de ello en la próxima entrega de nuestro especial.

El mercado de los datos, así como las preferencias comunicativas cambiantes de los usuarios, determinará la evolución de las redes. ¿Seguirá siendo Instagram la red de los jóvenes-seguidores? Ante la intrusión tecnológica activa lo paradójico es que somos conscientes de que cada día nos centramos más en construir nuestras vidas a partir de las imágenes, virtuales, de las redes sociales. Y no queremos cambiarlo.

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