“Las nuevas tecnologías han roto los muros de los museos”

Hablamos con Judit Carrera, la cuarta directora del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona en sus 25 años de vida y la primera mujer en ocupar el cargo. En este cuarto de siglo en las espaldas del CCCB, tanto la cultura como Barcelona han cambiado drásticamente, así como el papel que juegan estos espacios en las urbes

Siscu Baiges
 
 
 
Judit Carreras, directora del CCCB | Pol Rius

Judit Carreras, directora del CCCB | Pol Rius

Judit Carrera ganó el verano del año pasado el concurso convocado para elegir a la persona que debía sustituir a Vicenç Villatoro en la dirección del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). Licenciada en Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Autónoma de Barcelona, ​​conocía bien el centro porque trabaja allí desde 2002.

Ha sido responsable de Debates y Educación, cargo desde el que ha invitado a pensadores y expertos culturales de todo el mundo. El CCCB es un icono cultural de Barcelona, ​​un referente internacional de la ciudad que el pasado 25 de febrero cumplió los primeros 25 años de vida. Lo ha hecho batiendo récords de visitantes a una exposición. La de la obra del cineasta Stanley Kubrick, que al cerrarse el 31 de marzo había superado los ciento cuarenta mil.

Es la cuarta directora del CCCB, después de Josep Ramoneda, Marçal Sintes y Vicenç Villatoro. Hace seis meses que ocupa el cargo. ¿Qué marca quiere imprimir al Centro?

El CCCB es un centro cultural muy singular, con una trayectoria de éxito. No me propongo hacer ninguna ruptura radical sino adaptarlo a los nuevos tiempos. Ha sido referente en exposiciones temáticas, línea de pensamiento y literatura, programación de cine y audiovisual y lo debe seguir siendo. Asimismo pienso que debemos abrirnos a nuevos públicos, nuevos actores. Hemos cumplido 25 años y, por tanto, hay toda una generación de gente nacida con el CCCB. Me gustaría mucho ofrecer una programación atractiva para estas nuevas generaciones.

En este sentido, he propuesto, fundamentalmente, dos grandes cambios. De un lado, una nueva línea de programas educativos, entendiendo la educación en un sentido muy amplio, no sólo en lo puramente escolar sino en el de trabajar una programación para ciudadanos desde la más pequeña infancia hasta la adolescencia y el mundo adulto. Es un campo con mucho camino por recorrer, donde podemos crecer y repensarnos como institución vinculándonos con las nuevas generaciones y entender los temas que más aportarán en el futuro.

Tenemos algunas experiencias piloto de trabajo con adolescentes que han sido muy interesantes y emocionantes y queremos promover el puente entre la cultura y la educación, que son dos mundos que comparten el objetivo de formar ciudadanos críticos y autónomos. La otra línea nueva que me gustaría impulsar es la que llamo de ‘mediación’, a través de la cual quiero que el CCCB abra una forma renovada de relacionarse con las nuevas generaciones de creadores.

Las nuevas tecnologías han roto los muros de los museos. La relación entre público y programador se ha alterado en el momento en que el público tiene acceso permanente e ilimitado a la información y no necesita tanto un centro que le transmita un conocimiento sino que hay una voluntad más participativa de la ciudadanía en su relación con los museos y los centros culturales. Quisiera repensar la forma de participación de este público en nuestras programaciones.

Judit Carreras i Siscu Baiges, durant l’entrevista | Pol Rius

La exposición dedicada a la obra de Stanley Kubrick ha cerrado con más de ciento cuarenta mil espectadores. ¿El éxito de una oferta se mide por la calidad o por la cantidad de gente que la disfruta?

Esta exposición es la más visitada de la historia del CCCB. Cantidad y calidad no están reñidas. Nuestra apuesta es hacer actividades de muchísima calidad y que atraigan al máximo de gente posible. A veces es compatible y a veces no lo es tanto. Soy partidaria y estoy convencida de que se pueden hacer cosas de mucha complejidad y rigor y el reto es hacer un trabajo de traducción y mediación para que llegue a un público muy amplio.

Tenemos experiencias de conferencias de temáticas muy complejas que llevan a cuatrocientas o quinientas personas que no son del mundo académico a escuchar filosofía. La relación entre cantidad y calidad no es siempre una contradicción. Hay una tensión y nuestro reto es hacerlo compatible. Somos un equipamiento público y debemos aspirar a un acceso universal en la medida que podamos, sin estar condicionados por el número. La prioridad es el sentido y la calidad de lo que hacemos y luego veremos a cuánta gente llega. La programación tampoco la haremos para que sea fácil.

Hay quien pone la etiqueta de ‘elitista’ en la programación del CCCB. Sin embargo si te acercas siempre encuentras mucha gente asistiendo a sus actividades

El CCCB ha sido capaz de mezclar propuestas y públicos. Nos concebimos como un ágora, una esfera pública en el sentido más tradicional de la palabra. Queremos ser un espacio de encuentro y mezclar una exposición de una cierta sofisticación con propuestas más populares. Tenemos desde concursos de poetry slam o festivales de hip hop hasta exposiciones de fotografía destinadas a un público más selectivo. Rechazo la calificación de ‘elitista’.

Siempre hemos tenido una política de apertura muy grande a la ciudad. Somos un equipamiento público y nuestros espacios pertenecen a todos. Los cedemos a quien no tiene capacidad de tener uno para hacer sus actividades. Tenemos una relación con el barrio, las escuelas, las asociaciones de inmigrantes que los utilizan como si fueran propios. Tenemos diferentes registros y es esta variedad de registros, que es la pluralidad de la sociedad que nos rodea, la que justifica nuestra misión.

Hay muchas entidades que quieren organizar actos en el CCCB. ¿Qué criterios deben satisfacer para utilizar sus instalaciones?

Marcamos unas líneas estratégicas con una programación con un perfil relativamente claro y siempre buscamos socios con los que hacerla. Nunca trabajamos solos. Siempre buscamos socios. Trabajamos con las universidades locales, científicos, expertos, escritores, gente de nuestro entorno que nos ayuda a alimentar la programación propia. El trabajo en red forma parte del ADN del CCCB y me propongo impulsarlo y reforzarlo en los próximos años. Asimismo cedemos y alquilamos espacios en diferentes grados. Para los que quieran venir a hacer actividades, hay unas tarifas objetivas en función de la naturaleza jurídica de cada cual.

Judit Carreras, directora del CCCB | Pol Rius

¿Siempre pasan cosas en el CCCB o hay ratos vacíos de contenido?

Siempre tenemos una exposición en marcha y prácticamente cada día hay actividad, ya sea audiovisual, presentación de libros, debates, conferencias, talleres de todo tipo…

¿Existe el riesgo de que venga gente importante y que pase relativamente desapercibida?

No nos pasa mucho eso. Se ha multiplicado la oferta en la ciudad. Hay mucha información y a todos nos cuesta a veces discernir. Estamos sobreinformados y eso, a veces, desinforma. Hacemos un esfuerzo grande de difusión de nuestras actividades. Nunca dejamos de preguntarnos para quien trabajamos. Cuando programamos algo es porque pensamos que hay un interés detrás o porque habrá interés en el futuro. Tenemos la doble vertiente de ser un espejo, un reflejo de cosas que sabemos que a preocupan, y a la vez ser un faro de temáticas que vendrán.

¿En qué público piensan cuando diseñan la programación?

Buscamos siempre un equilibrio. Tras la exposición sobre Kubrick haremos una sobre ‘Cuántica’

Probablemente no irán 140.000 personas a verla, como a la de Kubrick

Ya veremos. La cuántica genera mucho interés. Es un terreno filosófico y científico de máxima actualidad donde se están haciendo descubrimientos que rompen la forma como conocemos y nos aproximamos a la realidad. Es uno de los grandes terrenos de desarrollo tecnológico y económico del futuro. Hacemos el trabajo de precursores, de poner sobre la mesa temas de interés público que tengan diferentes enfoques e interesen a personas diferentes.

Tenemos un público muy local. El 70% es del área metropolitana de Barcelona. El resto es del resto de Catalunya, del Estado y del mundo. Somos una institución muy arraigada localmente. Tenemos una proporción importante de gente de fuera. Programamos pensando tanto en la gente de fuera como en la de aquí. La exposición sobre Kubrick podía interesar a todos.

La ventaja de dirigir un centro como este es que usted puede invitar a quien quiera, a los creadores culturales que considera más interesantes de cualquier rincón del mundo

Es interesante que no haya una agenda personal sino tener mucha conciencia de que somos un equipamiento público de Barcelona, ​​de Catalunya, y que representamos una sociedad amplia. Tenemos que ver qué temas preocupan a nuestra sociedad, tener la antena bien conectada, escuchar mucho, estar muy abiertos y pensar cuáles son los mejores referentes para debatir y discutir estas cuestiones.

Judit Carreras, directora del CCCB | Pol Rius

¿Cómo se hace eso?

Conociendo las redes de intelectuales, académicos, escritores, editoriales… Aparte de estar muy bien conectados internacionalmente, estamos muy insertados en la red cultural local. Trabajamos con todas las editoriales en lengua catalana y castellana, con las universitarios catalanes…

También nos alimentamos de la gente de aquí que nos dice en qué tema de futuro están trabajando. Nos movemos en un espacio entre disciplinas. No pertenecemos a ningún gremio en concreto. No somos ni del gremio de los arquitectos, ni de los escritores, ni de los científicos,… estamos en un espacio intermedio de la sociedad civil, trabajando para la ciudadanía en general. Con los años, acumulas una serie de contactos, sabes donde están pasando cosas interesantes en el mundo, cuáles son los núcleos de creatividad, las revistas de referencia, las editoriales fiables… Y lo vamos siguiendo.

Hace veinte años que se mueve en el mundo de la cultura. Ha viajado bastante. Ha estudiado en Sciences Po de París, trabajado en la UNESCO, dado conferencias en numerosos espacios como la Bienal de Venecia. ¿Se entiende igual la cultura en todas partes? ¿Hay un lenguaje cultural común en Barcelona, ​​Nueva York, Roma o París?

Hay una serie de lenguajes, problemáticas, preocupaciones que son comunes: el cambio climático, el género, el capitalismo, la libertad de expresión que es un tema que está preocupando al mundo de la literatura, cultural, creativo de forma creciente. Asimismo hay maneras de hacer, lenguajes e identidades que son puramente locales. Tenemos ese doble arraigo. Debemos ser conscientes de que el mundo es uno, con problemáticas compartidas, y también de que tenemos nuestra idiosincrasia y particularidades.

La exposición de Kubrick, por ejemplo, se va ahora a Londres. Coproducimos prácticamente todas las exposiciones. ‘Cuántica’ la hemos hecho con el CERC de Suiza y tres museos más, de Liverpool, Bruselas y Nantes. Trabajar en red antes era una opción. Ahora es una obligación. El proyecto es un poco diferente en cada sede. Aquí el comisario ha sido un catedrático de Física de la Universidad de Barcelona: José Ignacio Latorre. Hacemos una adaptación pensada para físicos y científicos locales y al mismo tiempo compartimos un proyecto que refuerza Europa por debajo, a través de sus vínculos culturales. Más allá de la cuestión práctica que nos permite hacer proyectos más ambiciosos compartidos tienemos la función de reforzar Europa pase lo que pase políticamente.

Cuando nació el CCCB, Barcelona era una ciudad no tan cosmopolita como ahora. ¿Con una Barcelona menos cosmopolita el CCCB perdería empuje?

El CCCB nació en 1994, después de los Juegos Olímpicos, y Barcelona ya se había puesto en el mapa mundial. No sabría decir si Barcelona es ahora más o menos cosmopolita que entonces. Nosotros no entendemos nuestra presencia aquí sin estar abiertos al mundo y sin tener vínculos internacionales. Hay que ver el carácter de este cosmopolitismo de Barcelona. Si sólo es una apertura a través del turismo o es a través de vínculos universitarios, redes de conocimiento, de tecnología… Barcelona tiene un entramado cultural y educativo muy fuerte que irradia internacionalmente y nos beneficiamos del conocimiento que genera.

Judit Carreras, directora del CCCB | Pol Rius

¿Cómo se traslada a actividades concretas la preocupación que comentaba sobre el género, el cambio climático, el capitalismo o la libertad de expresión?

Nos proponemos releer el legado ilustrado, el humanismo clásico e incorporar las revoluciones, los cambios que han transformado radicalmente nuestra posición en el mundo. Esta mirada de género, del postcolonialismo, la revolución tecnológica, el cambio climático, los progresos científicos que crean robots que pueden hacer que el hombre acabe siendo prescindible en muchas esferas…

Todo esto tiene implicaciones morales y culturales enormes. El Centro se propone reflexionar sobre todas estas cuestiones, que generan mucha inquietud e incógnitas en relación al futuro, y hacerlo a través de diferentes formatos. Somos multidisciplinares, hacemos grandes exposiciones, festivales de cine, encuentros literarios o de filosofía y queremos mezclar todos estos formatos. A partir del gran paraguas del CCCB destilarlos en propuestas concretas, con nombres y apellidos concretos.

¿Qué papel ha tenido el CCCB en representar preocupaciones como las del Procés, que además de ser omnipresentes, son polémicas?

Nos sentimos concernidos por todos los conflictos de nuestra sociedad. No puede ser de otra manera. Hemos hecho alguna actividad relevante sobre el procés. Hemos trabajado mucho sobre la libertad de expresión. Cada año hacemos actividades vinculadas a esta libertad. Programamos una exposición de Santiago Sierra sobre los presos políticos. Hemos intervenido en este debate pero nuestra función no es sustituir u ocupar el lugar de los medios de comunicación.

Tampoco tenemos la capacidad ni la velocidad para entrar en la coyuntura de los debates políticos diarios. Las exposiciones son a dos años vistas. Las conferencias y debates son a medio año vistos. Tenemos muy poca capacidad de reacción rápida sobre algunas cuestiones y no debemos sustituir el papel que ya hacen los debates de las televisiones o los periódicos. Nuestro trabajo es dar una cierta perspectiva filosófica y de categorías sin decir a nadie qué debe pensar.

Dicen que la cultura es transformadora. ¿Lo es?

La cultura es potencialmente transformadora. No quiere decir que toda la cultura lo sea pero tiene una cierta capacidad de cambiar la sociedad, potenciar la imaginación, de dar herramientas para entender, interpretar e intervenir en el mundo que nos rodea. Hay muchas experiencias que utilizan la cultura como instrumento de inclusión social. En el barrio del Raval hay muchas en este sentido. Muchos chicos quedan unidos o integrados a través de la música. La cultura tiene un potencial transformador muy grande.

El Raval vive el enfrentamiento entre el Macba y los vecinos que quieren que se amplíe su CAP saturado en la Capilla de la Misericordia que el Ayuntamiento cedió al museo. ¿Cómo ve este conflicto?

Por un lado, pienso que los equipamientos culturales hemos de ser sensibles y permeables a los barrios donde estemos ubicados y, por otro, que siempre debería ser posible conjugar cultura y salud

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