ENTREVISTA | Aura Roig, especialista en drogas y género

“Las mujeres que usan drogas se encuentran el estigma de pensar que este hecho las inhabilita para ser nada más”

Hablamos con Aura Roig, especialista en drogas, género y reducción de daños, para conocer 'Metzineres: Entorns d'Aixopluc' para mujeres que usan drogas, el proyecto que coordina des de hace unos años que tiene el objetivo de poner en el centro a la mujer y su empoderamiento

Maria Antònia Frau
 
 
Aura Roig, especialista en drogues i gènere

Aura Roig, especialista en drogues i gènere

La red de atención a las personas que usan drogas tiene una mirada marcada por el androcentrismo, por lo que las mujeres que usan drogas sufren más estigma que los hombres, lo que provoca el menor acceso de las mujeres a los recursos y servicios a la drogodependencia. Cuando las mujeres llegan, mayoritariamente es tarde porque sufren culpa, vergüenza y, en el caso de ser madres, miedo a la retirada de la custodia de los niños. Además, muchas veces los servicios no son adecuados para ellas porque no se las tiene en cuenta.

Para intentar cambiar esta situación nació ya hace unos años, Metzineres, un espacio exclusivo para mujeres de reducción de daños en el que lo más importante son las mujeres que acuden y sus necesidades. Para Aura Roig, especialista en drogas, género y reducción de daños de Metzineres, hace falta un cambio en las políticas y sobre todo frenar la guerra contra según qué drogas, ya que “sus consecuencias son peores, más problemáticas y han generado mucho más dolor que las mismas drogas”.

¿Por qué deciden crear Metzineres?

La idea era crear espacios propios de empoderamiento para las mujeres que usan drogas, acompañadas de una atención holística que las ponga en el centro a ellas y que no se las juzgue por ser consumidoras. No queríamos asistencialismo sino activismo. Creamos la Xarxa de Dones que Usen Drogues (XADUD) y con la Fundación Salud y Comunidad proyectamos la idea de Metzineres planteado como el primer entorno integral de reducción de daños exclusivo para mujeres en Catalunya. El International Center for Ethnobotanical Education, Research & Service (ICEERS), pioneros en el replanteamiento de las políticas de drogas, nos hacen de cobijo legal mientras nos constituimos como cooperativa, que es el proceso que tenemos en marcha ahora.

¿Cómo está organizado el proyecto Metzineres?

A partir de tres entornos. El primero es el “momento”, un espacio donde las mujeres tienen una entrada directa y donde tienen todas las necesidades básicas que se nos han ocurrido. Por ejemplo, hay literas donde pueden dormir durante el día porque sabemos que muchas mujeres por la noche están en la calle y deben mantenerse despiertas. También pueden entrar con los perros, esto no ocurre en ningún otro servicio, e incorporamos el consumo como una parte de sus necesidades porque entendemos que todo el consumo que se hace en la calle o narcopisos es de un riesgo extremo y, por tanto, intentamos acompañarlas. 

El segundo entorno es “la cubierta”: es un piso por el que han pasado 3 mujeres, dos de ellas siguen ahí. La tercera pata es “la osada” que es la parte productiva. Cada mes vamos a un mercadillo del Raval y estamos trabajando en una línea de merchandising propia. La verdad es que hemos tenido muchas alianzas con diseñadoras y queríamos hacer un material que fuera innovador y que a la vez tuviera un mensaje anti-estigma, porque las mayores barreras que se encuentran son el estigma y el prejuicio de pensar que por el hecho de utilizar drogas estás inhabilitada para ser nada más.

¿Los entornos son complementarios?

Sí, sin embargo, ahora estamos alrededor de las 150 mujeres y es muchísimo con un equipo pequeño de personas con muchas actividades continuas. Por lo tanto, cuesta. La idea es que como tenemos una heterogeneidad tan grande de los servicios y de actividades no se trata de que todas vayan a todo sino que todas tengan su lugar.

¿Hay un perfil concreto?

No tenemos un perfil concreto, sí que es verdad que la mayoría de ellas están en una situación muy grave de exclusión y están en la calle. Tenemos desde mujeres trans, trabajadoras sexuales, mujeres racializadas, un índice muy grande de mujeres que tienen trastornos de salud mental y también muchas en situaciones muy precarias o de violencia. A estas mujeres les han puesto la etiqueta de las drogas pero cuando analizamos caso por caso vemos que su problema no son las drogas. El problema es que son sin hogar, que utilizan el sexo por supervivencia, tienen trastornos de salud mental, VIH, hepatitis, maltrato de pareja y también institucional, injusticia social, pobreza … Todo esto es el entramado de problemas que ellas tienen. 

Aura Roig, especialista en drogues i gènere

Si ponemos énfasis en las políticas de reducción de daños, ¿por qué las mujeres acuden más tarde?

Son mujeres que sobreviven a situaciones de múltiples violencias y la mayoría de recursos para mujeres que usan drogas piden que abandonen su consumo. Por un lado, cuando los servicios de reducción de daños se encuentran que son poblaciones completamente masculinizadas y no lo sienten como espacios seguros. Además, ven que no se abordan sus violencias como sexistas aunque tienen un componente de género muy importante. El tipo de intrusismo familiar, la amenaza y retirada de custodia, por ejemplo. Los servicios de acogida nocturna siguen siendo espacios masculinizados donde el abordaje desde perspectivas de género falta. Y cuando encontramos que son espacios sólo para mujeres nos encontramos que son espacios que vienen de lógicas igual de machistas porque están pensados ​​desde la lógica culpabilizadora de la mujer que consume drogas.

¿No se incluye la perspectiva de género en las políticas de drogas?

Las pocas veces que se habla de mujeres que usan drogas a menudo es en relación a su maternidad y muchas veces poniendo por encima la salud del menor. Nosotros lo que vemos es que hay una interacción, no puedes contraponer la salud de la madre con la del menor. Son mujeres que cuando se visibilizan sólo es en relación a otra persona, no por ellas mismas. Además, como comentábamos, son mujeres con más problemas y los servicios no están conectados. Por ejemplo, van a un recurso de reducción de daños y su trabajadora social les dice algo que al final se contradice con la trabajadora social que lleva el servicio de la vivienda. No hay ningún servicio que las mire a ellas en su totalidad y ponga sus necesidades en el centro.

¿Hay algún tipo de interés por parte de las instituciones para seguir el modelo de Metzineres?

Desde el departamento de Bienestar y Familia, desde la Subdirección de drogodependencias de la Generalitat nos han dado muchísimo de apoyo pero no a nivel económico. Además, desde el Ayuntamiento y la Agencia de Salud Pública de Barcelona les interesa como modelo porque ven que estamos llenando un vacío que ha estado aquí históricamente. Si miramos los planes de drogas hace años, todos están proyectando la necesidad de más estudios y nosotros tenemos una rama que es la parte de observatorio, donde investigamos sobre qué mujeres estamos atendiendo, como las estamos atendiendo y si funciona o no funciona. Hemos generado todo un sistema propio de intranet que nos permite tener todos estos datos actualizadas continuamente y hoy por hoy, creo que podríamos decir que tenemos la base de datos más grande sobre mujeres que usan drogas a nivel internacional, nadie los ha recogido de manera específica.

¿Valora de manera positiva haber puesto en marcha este proyecto?

Estamos consiguiendo muchos más resultados de los que nunca hubiéramos imaginado. Cuando empezamos pensábamos que venderían unas 40 mujeres en total y tenemos 40 mujeres al día. Ellas mismas te dicen que cuanto más tiempo están en el espacio menos consumen. Tenemos muchas mujeres que han conseguido dejar sus relaciones con compañeros que los ejercían violencia porque ahora tienen un espacio y sobre todo tienen un grupo de amigas. Hemos puesto el énfasis en la voluntad de empoderamiento, de apoyo mutuo, de solidaridad y de activismo. Tener este espacio donde se ven entre ellas ha hecho que de repente muchas de ellas tengan un círculo social y muchas te dicen que al final son familia en Metzineres.

Nosotros ofrecemos el espacio y vemos cómo ellas crean la magia. Partimos de un mundo donde todas usamos drogas y quien diga lo contrario está mintiendo. La diferencia es donde tú accedes a las drogas, si lo puedes hacer en una farmacia, si te las da el médico o si te ves obligada a acudir a un camello que te dará una droga que no sabes ni qué es. Por lo tanto, de alguna manera no podemos diferenciarnos sino que es una situación muy compleja de injusticia social. Vemos que es tan complejo que lo tenemos que hacer todas juntas, sin distinción entre profesionales y mujeres que acuden a Metzineres. Ellas son las expertas.

¿Las mujeres que usan drogas sufren más desventajas a la hora de acceder a los recursos de drogas que los hombres?

El simple hecho de que para acceder a los recursos y servicios se ponga en duda la custodia de aquellas que son madres ya es una barrera y por tanto, tardan más en acceder. Además, las mujeres sufren más estigma que los hombres, por lo tanto, suelen optar por recursos que no son específicos de drogas, como por ejemplo, la atención primaria. Y cuando llegan a los recursos específicos, llegan tarde ya menudo se encuentran que estos servicios no están adaptados a sus necesidades. Esto provoca que tengan menos posibilidades de terminar los tratamientos y de vincularse a los servicios a la larga.

Aura Roig, especialista en drogues i gènere

¿Faltan profesionales formados en perspectiva de género?

Falta formación profesional, falta voluntad política, falta voluntad por parte de los y las responsables de los servicios y falta posibilidad de formarse académicamente. Debemos tener en cuenta que actualmente los másters y las formaciones específicas en drogodependencias tienen un abordaje bastante obsoleto de lo que es la reducción de daños. No debemos hablar sólo de drogas sino de vivienda, de ocio, salud, de trabajo, de entornos de confianza, de espacios seguros… Yo no tengo legitimidad para poder quitarles la única herramienta que tienen y que ellas controlan para copar con su trauma. La característica principal de Metzineres es que precisamente somos un servicio de reducción de daños pero no ponemos el centro en las drogas, lo ponemos en el trauma.

Hay dos aspectos que en las políticas de reducción de daños muchas veces se olvidan. Por un lado, es muy importante que las personas que usan drogas deben estar en el diseño, implementación y evaluación del proyecto. Por otra parte, hay que tener presente que tenemos que ir donde ellas están, no podemos esperar que ellas vendan. Nuestras mujeres utilizan meta-anfetamina inyectada o fumada, utilizan heroína, cocaína … y son las sustancias más estigmatizadas que hay. Aunque sabemos que las hay más perjudiciales que se han logrado regularizar como es el tabaco o alcohol. Cuando dices utilizo heroína venden todos los fantasmas y el estigma de los años 80, persona que usa drogas y por eso se dedica a robar. Sabemos que ni con la heroína ni cocaína ni con ninguna de las sustancias todos estos monstruos son reales: tienen más que ver con la situación social, económica, familiar, de salud mental que no con la misma substancia. 

¿La guerra que muchos países han jugado en contra de las drogas ha sido perjudicial?

Las mismas Naciones Unidas reconocen que la guerra contra las drogas tiene una serie de consecuencias imprevisibles. Pero diría que las políticas de drogas son peores: han generado mucho más dolor que las mismas drogas. Las drogas en sí siempre han sido herramientas que la sociedad ha tenido para copar con su día a día, sea para aumentar el placer o para disminuir el sufrimiento. La guerra contra las drogas empieza hacia poblaciones que son consideradas problemáticas y estas son la excusa para controlar poblaciones enteras, para controlar fronteras, mercancías y personas. Son una excusa perfecta que lo que hacen es estigmatizar las poblaciones que ya eran estigmatizadas.

Además, la política de drogas actual sigue siendo muy perjudicial para los tratamientos, encontramos mujeres mayores que usan el cannabis para tratar el cáncer o la fibromialgia y que son perseguidas por tener cultivos propios y cultivarse su propia medicina, cuando es lo que les ha funcionado. Al final lo que se hace es dejar unas sustancias que evidentemente tienen mucho de riesgos, en manos de unas personas que quieren hacer negocio. Por lo tanto, un tipo de regulación que tenga en cuenta la perspectiva social y no sólo la perspectiva económica es necesaria. Por ejemplo, necesitamos hacer accesibles servicios donde pueden analizar las drogas que compramos, las personas que están en la calle difícilmente llegan a estos servicios. Hay que ampliar los servicios de reducción de riesgos y hacerlos accesibles también en estas poblaciones que están en situaciones de mayor vulnerabilidad.

Al final, ¿la guerra contra las drogas ha tenido peores consecuencias para las mujeres?

En todos los sentidos. Debemos tener en cuenta que la mayoría de mujeres que están encarceladas lo están por delitos relacionados con drogas, son las que tienen un índice más alto de muertes por sobredosis, de VIH, de Hepatitis, son las que cuando están en situaciones de exclusión, viven más situaciones de exclusión interrelacionadas. Por ejemplo, sufren tres veces más que el resto de mujeres las violencias por parte de su pareja.

¿Cuáles serían los retos de futuro en cuanto a la cuestión de políticas de drogas?

Si comparamos Cataluña con el ámbito internacional, vemos como en su momento se apostó por una política de drogas basada en la salud para que la gente moría. Se habían de implementar programas de intercambio de jeringuillas, hacer fácil y accesible la metadona o abrir salas de consumo con condiciones de higiene favorables. En su momento Cataluña innovar y fue pionera pero ahora creemos que este modelo queda corto. Después de 20 años encontramos que la gente no muere pero no tenemos una sociedad que las acepte para continuar vivas. Son personas que llevan años sin salir del bucle porque si bien se han desarrollado medidas para mantenerse vivas, la parte de cómo desarrollan estas vidas, creando proyecciones que sean realistas, no se han conseguido. Debemos hacer un salto más allá y hacer hincapié en los derechos de estas personas.

Desde Metzineres pensamos que las políticas de drogas deben estar basadas en los derechos humanos, basadas en la transversalidad de género y en la reducción de daños. No para crear opciones para sobrevivir sino para dar un paso más allá para poder crear vidas dignas y felices. Al final lo que nos interesa no es tanto si usan o no usan drogas sino que si la gente obtiene el bienestar que quiere. Y si no lo hace, poder minimizar las barreras estructurales de acceso a este bienestar.

2 Comments en “Las mujeres que usan drogas se encuentran el estigma de pensar que este hecho las inhabilita para ser nada más”

  1. Ramona Peguero // 11/01/2019 en 16:42 // Responder

    Me gustó conocer de este proyecto innovador. Me interesa mucho la perspetiva de género y la reducción de daño relacionado al consumo de drogas. Mi país no se
    escapa de la problamatica y la
    vulnerabilidad producto de la exclusion sociofamiliar que
    viven las mujeres que
    consumen drogas.
    Rp.
    Gracias.
    Rp.

  2. Liliana Vides // 30/01/2019 en 15:16 // Responder

    Interesante el artículo y ni hablar del Proyecto Metzineres, lo compartiré con el Equipo de Salud al cual pertenezco. Trabajo en un Centro de Salud de la patagonia argentina. Gracias, cariños. LV

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