Las injusticias en la atención sanitaria a las mujeres enfermas

El déficit de conocimiento no explica porque no se nos cree cuando tenemos dolor ni cuando tenemos determinados síntomas. Se entiende porque los sistemas sanitarios, igual que la sociedad en su conjunto, nos cuida menos y peor que a los hombres

Maria José Fernández de Sanmamed
 
 
 
Passadís d'un centre sanitari

Passadís d'un centre sanitari

Las mujeres vivimos más años que los hombres pero sufrimos más enfermedades crónicas y vivimos con peor salud y calidad de vida. Según la Encuesta de Salud de Catalunya de 2016 cuatro de cada diez mujeres sufren enfermedades crónicas y el 19% perciben su salud como regular o mala (enfrente 3 de cada 10 y el 13,5% de los hombres). Las mujeres también tenemos más sufrimiento emocional, más problemas de salud mental y consumen más psicofàrmacs que los hombres.

No es fácil ser mujer en este mundo. Nuestra vida no es color de rosa. Está ampliamente demostrado que las condiciones de vida repercuten en la salud física y emocional de las personas. También se sabe que en el sistema patriarcal las mujeres sufrimos unas condiciones de vida más duras: trabajos más precarios, menor salario, mayor pobreza, doble jornada, la carga de los cuidados de los otros y las responsabilidades familiares, y la violencia machista, son sólo algunas de las causas.

Los condicionantes sociales impactan más en nuestros cuerpos y en nuestra mente generando una desigualdad en la salud respecto de los hombres que va más allá de las diferencias biológicas. Se conoce por ejemplo que el 8% de los problemas de salud que sufrimos las mujeres de 18 a 44 años son atribuibles a la violencia machista de la pareja, hecho que representa un riesgo para la salud superior a la hipertensión, el tabaquismo y la obesidad. Se sabe también que en las mujeres de 18 a 25 años del estado español atendidas en atención primaria el 28% han sufrido violencia sexual (43% de ellas por parte de su pareja), y que estas tienen tres veces más problemas de salud que las que no han sufrido violencia.

Y que pasa cuando enfermamos? Cómo nos cuida el sistema sanitario cuando estamos enfermas? En el artículo anterior de esta serie sobre Violencias del sistema sanitario hacia las mujeres en el Diari de la Sanitat, Francesca Zapater habla de como el sistema sanitario nos trata en exceso y no nos deja tranquilas cuando estamos sanas. Cómo nos vigila, medicalitza nuestra vida y nos quiere continuamente en el médico haciéndonos pruebas y pruebas que demuestren que estamos sanas. Esto se contradice con lo que pasa cuando estamos enfermas.

Cuando estamos enfermas nos diagnostican más tarde y nos tratan menos y peor que a los hombres. Parece poco creíble pero es cierto. Autoras como Mª Teresa Ruiz Cantero, Lucero Herrera, Carme Valls y otras, hace tiempo que están investigando sobre las iniquidades que se producen en la atención sanitaria en las mujeres con enfermedades.

De ejemplos hay muchos, el más conocido y estudiado es el de los infartos de miocardio que se diagnostican menos en las mujeres, y a este hecho se atribuye en parte que la mortalidad por esta enfermedad sea más alta en las mujeres que en los hombres. Las mujeres sufrimos infartos de miocardio con síntomas diferentes que los hombres y los profesionales sanitarios a menudo no los reconocen. Además, con el mismo síntoma (dolor en el pecho) en los hombres se atribuye más a problema del corazón y en la mujer a ansiedad. Las iniquidades están presentes también en el abordaje (se hacen menos tratamientos quirúrgicos en mujeres que en hombres) y en la rehabilitación después de un infarto (se hace rehabilitación al 87% de los hombres y sólo al 35% de las mujeres afectadas). Sin embargo, un reciente estudio realizado en nuestro país indica mejoras en el tratamiento de las mujeres con infarto, hasta el punto de afirmar que “en nuestro pais el machismo diagnóstico ha terminado“.

Hay otros ejemplos de desigualdades en los tratamientos. Así los trabajadores sanitarios toman menos seriamente el dolor en las mujeres y las trata con menos celeridad. Los estudios sobre tratamientos quirúrgicos muestran que en general se opera más a los hombres, incluso en patologías eminentemente quirúrgicas como la apendicitis aguda y complicada. Y además la estancia hospitalaria postquirúrgica es dos días superior en hombres que en mujeres. Y este menor esfuerzo terapéutico hacia las mujeres enfermas se inicia ya en la niñez, donde por el mismo nivel de enfermedad el ingreso hospitalario es más largo en niños que en niñas.

Hay que preguntarse por qué pasa esto y las respuestas no dejan dudas que nuestro sistema sanitario refleja y practica las desigualdades hacia las mujeres que imperan en la sociedad patriarcal. La subordinación que el género femenino sufre a la sociedad se reproduce en los sistemas sanitarios que han sido diseñados y creados con valores masculinos y mayoritariamente por hombres.

Los cuadros clínicos y las enfermedades se describieron estudiando los síntomas en hombres, y, sin conocer qué pasaba en las mujeres, se les aplicaron los mismos estándares. Hoy se sabe que una misma enfermedad puede presentarse con quejas y manifestaciones diferenciadas entre los sexos. Por este motivo se conoce parcialmente e inadecuadamente como enfermamos las mujeres.

Un hecho pareciendo se observa también en los tratamientos, puesto que las pruebas con medicamentos se hacen habitualmente en hombres y los resultados se aplican a las mujeres desconociendo las posibles diferencias entre unos y otras en la respuesta a un determinado tratamiento. Un reciente y paradigmático ejemplo es la evaluación de la interacción entre el controvertido fármaco para potenciar el deseo sexual de las mujeres (flibanserina) y el consumo de alcohol que se realizó en 23 hombres y ¡2 mujeres! De hecho, las mujeres en edad reproductiva fueron excluidas de los estudios de los fármacos por la FDA (Food and Drug Administration de Estados Unidos) hasta el 1993 con el argumento de proteger a las poblaciones vulnerables y los posibles daños en el feto en caso de embarazo. Hasta esta fecha no se vio la necesidad de incluir las mujeres en los ensayos clínicos y tener en cuenta las diferencias de género en la evaluación de los fármacos.

Sin embargo, la carencia de conocimiento sobre las enfermedades en las mujeres y los efectos de los tratamientos no explican todas las iniquidades de los sistemas sanitarios hacia nosotras. El déficit de conocimiento no explica porque no se nos cree cuando tenemos dolor ni cuando tenemos determinados síntomas, ni porque las enfermedades que nos afectan más, como por ejemplo la artrosi, las varius, la anemia y la migraña se menystenen, o porque se hace menos esfuerzo terapéutico en situaciones que lo requieren. Sólo se puede interpretar entendiendo que los sistemas sanitarios, igual que la sociedad en su conjunto, nos cuida menos y peor que a los hombres cuando están enfermos.

Los sistemas sanitarios y nuestra profesión es una profesión de cuidados y en el momento actual predominamos las mujeres como trabajadoras sanitarias, aunque no en lugares de decisión y gestión. A pesar de que ser una profesión de cuidados y con muchas mujeres trabajadoras no es condición suficiente para revertir las desigualdades hacia las mujeres, es una oportunidad para poner una mirada de género y feminista al estudio de las enfermedades, a los saberes, la investigación y las prácticas que consigan superar las iniquidades de género en la asistencia sanitaria. Somos muchas, podemos hacerlo. Podemos hacer que los sistemas sanitarios se transformen en sistemas igualitarios, respetuosos con la diversidad, armoniosos y pacíficos que recuerden los sistemas de las sociedades prepatriarcals en las que el símbolo era el cáliz, “el cáliz que representa una sociedad pacífica de poderes generadores, alimentadores y creativos que se contrapone a una sociedad que adora el poder letal de la espada”.

Maria José Fernández de Sanmamed
Sobre Maria José Fernández de Sanmamed

Mª José Fernández de Sanmamed Santos és llicenciada en Medicina i Cirurgia per la Universitat de Santiago de Compostela. Metgessa de família actualment jubilada. Ha treballat com a metgessa d’atenció primària durant 36 anys a Santa Perpètua de Mogoda i a Barcelona. Ha estat directora de l’equip d’atenció primària de Santa Perpètua. Ha format part del grup de Salut Mental de la CAMFiC. És membre del Fòrum Català d’Atenció Primària (FoCAP https://focap.wordpress.com/). Participa en moviments socials que lluiten contra l’exclusió sanitària (Pasucat http://lapasucat.blogspot.com.es/, i Jo Si Sanitat Universal http://josisanitatuniversal.cat/). Contacto: Twitter | Más artículos

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