ANÀLISIS

La huelga de hambre de los presos: entre el valor personal y la estrategia política

Inmediatamente después de anunciar la huelga de hambre, se iniciaba el juego político de fondo y, es que, en política los tiempos y los contextos son esenciales. Teniendo también en cuenta, por encima de cualquier cinismo, que es la vida de dos personas lo está en juego

Guillem Pujol
 
 
 
Jordi Sànchez, Oriol Junqueras, Jordi Turull, Joaquim Forn, Jordi Cuixart, Josep Rull i Raül Romeva, en la primera foto difosa des que són empresonats a Lledoners | ÒMNIUM CULTURAL

Jordi Sànchez, Oriol Junqueras, Jordi Turull, Joaquim Forn, Jordi Cuixart, Josep Rull i Raül Romeva, en la primera foto difosa des que són empresonats a Lledoners | ÒMNIUM CULTURAL

El ex-presidente de la ANC, Jordi Sànchez, y el que fue candidato a la presidencia de la Generalitat, Jordi Turull, ambos en la lista de Junts per Catalunya, anunciaban el sábado emprender el camino de la huelga de hambre desde su reclusión en Lledoners para alzar la voz contra lo que está siendo un proceso judicial injusto. Josep Rull y Joaquim Forn se añadieron el lunes, mientras que Carles Puigdemont lo habría declinado. La huelga de hambre es un método de presión no-violenta que ataca al corazón de lo que se supone que es una de las funciones del Estado por antonomasia: la protección de la vida de sus ciudadanos.

Como es sabido, una huelga de hambre consiste básicamente en la decisión voluntaria y unilateral de dejar de ingerir alimentos por parte de la persona que la lleva a cabo. Por mucho que Jordi Sánchez afirmara en una conversación con El Nacional que no pretenden “poner en riesgo nuestras vidas, no nos hemos vuelto locos” y que se filtrara que la duración de ésta serie de quince días, una huelga de hambre es algo muy serio que lleva al organismo a los límites de sus funciones.

En caso de que la vida de los presos peligrara, el Estado podría forzarlos a alimentarse a fin de mantenerlos con vida, como ya anunciaba la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo. El inicio de esta huelga de hambre (1 de diciembre) coincidía con el inicio, hace cuarenta y cinco años, de la que inició Lluís Maria Xirinacs en la prisión de la Modelo en reivindicación de la libertad por los 113 detenidos en la iglesia de Santa María Mediadora durante una reunión de la Assemblea de Catalunya en 1973. Desde presos del IRA, pasando por Mahatma Gandhi o la activista marroquí Aminatiu Haidar, la huelga de hambre tiene la intención de despertar una conciencia política que afecta a un problema determinado.

¿Cuáles son los motivos de la huelga?

La decisión de dos de los presos independentistas de realizar esta huelga tiene el objetivo de mostrar las prácticas y comportamiento de los Tribunales que llevan sus casos. Concretamente, la queja de los abogados se focaliza en que el Tribunal Constitucional está aceptando sistemáticamente todos los recursos presentados por los presos políticos; esto, a priori, parecería una buena noticia, pero el problema es que los estarían aceptando para guardarlos en un cajón y así mantenerlos bloqueados.

Los abogados defensores han presentado hasta la fecha una docena de recursos de amparo, bien en la Audiencia Nacional o al Tribunal Supremo. Recordemos que un recurso de amparo es una una de las principales competencias atribuidas por la Constitución al Tribunal Constitucional y que tiene por objeto la protección ante las vulneraciones de los derechos y libertades. La concesión de este reconocimiento implicaría, por tanto, el restablecimiento o preservación de los derechos o libertades por razón de los cuales se promueve el recurso. Pues bien, normalmente el Tribunal Constitucional suele tumbar la gran mayoría de Recursos de amparo que recibe, pero, curiosamente, ha aceptado todos los presentados. ¿Cuál sería el motivo detrás de esto?

Habría dos: el primero pasaría por una estrategia de dilatar lo máximo posible la resolución de los procesados ​​y mantenerlos así en prisión provisional. El segundo sería postergar que los acusados ​​puedan acudir al Tribunal Europeo de los Derechos Humanos (Tribunal de Estrasburgo), que es precisamente donde se cree que se puede obtener la justa defensa que no están obteniendo en España.

Pero, ¿por qué ahora?

Como hemos comentado, el motivo principal de realizar una huelga de hambre es dar a conocer una injusticia para que se consiga situar en el centro de la agenda política. En la primera noche del inicio de la huelga de hambre de Turull y Sànchez, la ANC convocaba una manifestación alrededor de la prisión de Lledoners con velas y linternas para apoyarlos. No hay que perder la visión global que hay detrás, necesaria para entender los movimientos individuales en una escala más amplia: inmediatamente después de que se anunciara la decisión de iniciar este proceso de desobediencia no-violenta, se iniciaba en redes un juego político de fondo.

Por un lado, Oriol Junqueres decía que él no la haría; por el otro, varios miembros de la antigua Convergència apuntaban a la necesidad, ahora más que nunca, de unir fuerzas con ERC para ir conjuntamente a unas elecciones europeas. Otra vez, el conflicto entre dos fuerzas políticas para hegemonizar el deseo de la independencia debe encontrarse detrás.

¿Es casual que esta decisión llegue cuando ERC parece que se desmarcaba de su aliado-rival en las encuestas? ¿Es casual, también, que llegue cuando, por primera vez en mucho tiempo, el tema central en la prensa catalana eran las reivindicaciones de los colectivos sanitarios y educativos? El contexto y los tiempos en política, son esenciales. Y no hay nada más político que poner el Estado y sus instituciones contra las cuerdas.

Sea o no con intencionalidad, sea o no casual el momento, el hecho es que los presos políticos en la cárcel, sin sentencia, desde hace más de un año. Están acusados ​​de unos crímenes que no se corresponden ni con sus acciones ni con sus pensamientos ni con las consecuencias provocadas por sus actos. Sólo se les puede dar apoyo en un momento donde no cabe el cinismo: es la vida de dos personas lo que está en juego.

El contexto político y el auge de la extrema derecha

Parece que la calma (tensa) que había traído el espejismo de la moción de censura entre PSOE y partidos independentistas se está convirtiendo en polvo. La decisión tomada por dos de los presos políticos en Lledoners dobla la presión bajo el gobierno de Sánchez, que queda impasivo, temeroso de que cualquier decisión que pueda tomar reste apoyos a uno u otro lado del arco parlamentario.

Pero el terremoto que sucedió Andalucía durante la noche electoral puede tener unas consecuencias que no están claras: lo que está claro es que Pedro Sánchez, el PSOE y la izquierda en general salen perjudicadas. No son, tampoco, buenas noticias para Sánchez y Turull, que verán disminuida la atención mediática recibida en un principio. Ni son buenas noticias para los presos políticos: hacer de Catalunya y del Procés independentista el tema principal de la política estatal pone presión en el proceso judicial.

De ahí, hay una lectura que una parte del independentismo reivindica que se puede resumir en una frase popularmente conocida: “en cuanto peor, mejor”. En efecto, según esta teoría, el auge de la extrema derecha en España sería la prueba infalible de la necesidad de constituir un nuevo estado catalán. Pero desengañémonos: el auge de la extrema derecha es un problema de todos y todas que hay que afrontar. Y desgraciadamente, lo que se ha denominado “Comunidad Internacional” no es más que un conjunto de estados que también afrontan los mismos peligros que aterrizan hoy en España.

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