La reivindicación del modelo Trànsit: la transexualidad sin evaluación psiquiátrica

La OMS no excluyó hasta el año pasado la transexualidad de la lista de trastornos mentales, pero antes ya existían proyectos pioneros, como el modelo Trànsit de la Generalitat, con el cual, en Catalunya, desde 2016, no es necesaria una evaluación psiquiátrica para iniciar los tratamientos hormonales y/o procedimientos quirúrgicos, en caso de desearlos

Marta Pérez
 
 
cropped shot of young transgender man with pill and glass of water sitting on couch

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Disforia de género. Este era el término médico que se utilizaba para llamar la voluntad de cambio de género. Las personas transexuales eran consideradas enfermas y la transexualidad, un trastorno que requería de atención y evaluación psiquiátrica para volver a la “normalidad” correspondiente al género asignado. No fue hasta 2018 que la Organización Mundial de la Salud (OMS) excluyó la transexualidad de la lista de trastornos mentales, pero no será hasta 2022 que la nueva definición será adoptada por todos los estados miembros. Entonces dejará de ser una “incongruencia”, una “disforia de género” y pasará a definirse como una expresión de la diversidad humana.

En Catalunya existe un servicio, creado en 2012, que dejaba de lado aquello que estaba catalogado como una enfermedad por la OMS. Ahora establecido en el CAP Numancia, en el distrito de Sants-Montjuic, se reconoce que Trànsit, este servicio de acompañamiento a las personas Trans* de Catalunya, ha desarrollado un modelo de atención pionero en el mundo. Trànsit se ha convertido en “la puerta de entrada a la salud de las personas trans en el sistema público”. De hecho, acuden el 90% de las personas de Catalunya que tienen alguna duda de identidad de género.

Marc visitó Trànsit en 2015 y asegura que “en ningún momento sentí que quisieran extraer un diagnóstico sobre lo que sentía”. Asistió a sesiones psicológicas, por petición suya, y también a terapias de grupo, pero no para evaluarlo sino para acompañarlo durante su proceso de transición.

En un primer momento, como explica la ginecóloga Rosa Almirall, este servicio estaba ideado como una asistencia a la salud sexual y reproductiva de personas con cuerpos y orientaciones sexuales diversas. Pero quienes asistían a la consulta eran personas transexuales en procesos de transición muy avanzados. De esas primeras consultas afloraron los problemas a los que se habían visto sometidas por parte de una sanidad que requería un diagnóstico psiquiátrico para determinar si realmente se sufría de la llamada “disforia de género”.

Afortunadamente, en Catalunya, desde 2016, ya no es necesario un diagnóstico clínico para poder acceder a las cirugías de cambio de sexo. El modelo Trànsit se ha convertido en la referencia. Almirall explica que el único requerimiento para acceder al servicio es tener la tarjeta sanitaria del Servicio Catalán de la Salud. Normalmente, las personas contactan vía correo electrónico para concertar la primera visita. Tienen una lista de espera de entre 15 días y 3 semanas, aunque, si reciben el caso de alguien que necesita ayuda urgente, lo pueden atender en 24 horas.

Actualmente, Trànsit está formado por un equipo de 9 profesionales que comprenden una trabajadora social, un médico de familia, comadronas, psicólogas, una ginecóloga y dos agentes de salud. La primera visita dura unas dos horas, tanto para adultos como para menores, en la que se habla del proceso vital respecto al género. “Cuestiones como si tienen claro el cambio, disponen de apoyo del entorno, conocen el mundo trans, o si están al corriente de los tratamientos hormonales” afirma la precursora, Rosa Almirall.

Desde Trànsit se informa sobre las posibilidades de tratamiento, de los cambios reversibles e irreversibles en el cuerpo y de los posibles efectos secundarios de la medicación. Esta información es imprescindible, ya que el 80% de las personas mayores de 13 años que acuden a la consulta, ya en la primera visita, tienen acceso a los preparados hormonales. Almirall reivindica, sin embargo, que Trànsit es un servicio de acompañamiento a las personas, más allá de un grupo de profesionales que recetan hormonas.

Es por ello que se ha convertido en un servicio pionero a nivel mundial por su atención “trans positiva” y porque se ofrece en un centro de atención primaria, con reconocimiento institucional y dotado de un presupuesto. Marc valora su experiencia en Trànsit de forma “casi perfecta”. Y es que también se generan debates sobre el modelo de Trànsit. Se dio una situación con una psicóloga que, en una terapia de grupo, afirmó que las cirugías de reasignación de sexo no eran necesarias, sino que constituían una “imposición social”. En ese momento, Marc, que es partidario de modificar su cuerpo mediante la cirugía para, según declara, sentirse bien consigo mismo, se sintió juzgado, aunque entiende que haya personas que no la deseen.

La Unidad de Identidad de Género: una mirada controvertida al proceso de transición

En Barcelona, existe la Unidad de Identidad de Género (UIG) del Hospital Clínic, que ha recibido numerosas críticas por parte de pacientes por el trato recibido y, también, por la discriminación a la que se han visto sometidos. Las experiencias de personas que han pasado por esta unidad están recogidas en un video documental que presenta la plataforma Trans*forma la Salud, donde se explican los procesos por los que han de pasar para poder acceder a la hormonación y a las listas de espera para las cirugías de reasignación.

Los testimonios explican que, para acceder al tratamiento, se tenía que conseguir el visto bueno de los profesionales médicos mediante un diagnóstico psiquiátrico previo, además, se tenía que asistir a un asesoramiento psicoterapéutico durante unos seis meses. Pasado este tiempo, se valoraba si la “disforia de género” persistía. Una parte de las personas atendidas fueron excluidas del proceso por considerarlas travestis. Más tarde, se proponía llevar a cabo lo que llamaban “experiencia de vida real” durante la cual la persona se tenía que “disfrazar” de hombre o mujer, según la identidad sentida, y se tenía que comportar como tal durante todo el día. A los tres meses se convocaba a dos testimonios del entorno, los cuales acreditaban que aquella persona había vivido de acuerdo con el nuevo género. Hasta que no se llegaba al tratamiento hormonal, podía transcurrir 1 año y medio, aproximadamente.

A lo largo del tiempo, no obstante, la unidad del Hospital Clínic ha evolucionado en sus prácticas, por ejemplo, la llamada “experiencia de vida real” ya no se aplica. “Nuestro modelo fue cuestionado por muchos profesionales, pero muchas personas que no querían ser diagnosticadas acudieron a Trànsit, y de esta manera fuimos creciendo” explica la ginecóloga Rosa Almirall. Marc también fue paciente de esta unidad del Hospital Clínic. Para acceder, esperó casi un año. “Cuando visité a la psicóloga, sí que sentí que estaba sacando un diagnóstico, pero, en general, no tuve ningún problema con el trato recibido”.

Trànsit, el camino hacia la autodeterminación de género

Trànsit solo ofrece asesoramiento psicológico a personas que lo soliciten expresamente o en el caso que los profesionales que realizan el acompañamiento vean que la persona presenta dificultades en el proceso de autoidentificación y/o visibilización en su identidad sentida. “Consideramos el género como un proceso de construcción permanente. Las personas trans forman parte de la diversidad humana y tienen un sentimiento de no pertinencia a una categoría que se les ha adjudicado al nacer. En Trànsit partimos de un modelo de salud muy diferente del que hay actualmente”.

Los medicamentos que recetan en Trànsit no son exclusivos para la comunidad transexual, de hecho, son estrógenos y testosterona, también consumidos por las personas cisgénero. Estos medicamentos están financiados por el sistema de sanidad publica. Por ejemplo, el fármaco que toma Marc, de forma inyectada, solo cuesta 34 céntimos. Rosa Almirall denuncia que existe un problema de desabastecimiento y señala que, cada año, hay algún fármaco que pasa por una temporada de falta de distribución en las farmacias. Marc da fe de esta situación, ya que hubo una temporada que notó que había una falta de suministro. Sim embargo, él no tuvo ningún problema para conseguir los fármacos que necesitaba, pero sí que conoce otras personas que se vieron afectadas.

En el proceso de transición, hay un hecho controvertido como es el cambio de nombre y género en el documento de identidad. La ley estatal exigía la cirugía de los genitales para poder hacer el trámite, esto suponía que la persona tenía que visitar un médico forense para que lo acreditara. Pero en 2007 se aprobó una nueva ley en que se exigía un informe psiquiátrico que expresara la condición de disforia de género y un informe de un endocrino que asegurara que la persona llevaba dos años en tratamiento hormonal, además de la condición de ser mayor de 18 años y tener la nacionalidad española.

“Esta es la ley que está en vigor actualmente. Hace dos años que se está trabajando para cambiarla e ir hacia un camino de autodeterminación de género, es decir, que cualquier persona pueda ir al registro civil y cambiar su nombre y género sin ningún requisito, pero en estos momentos el proceso está parado” sentencia Almirall. En octubre de 2018, y gracias a Chrysallis, la asociación de familias de menores transexuales, se ha conseguido que se permita cambiar el nombre en el DNI sin ningún requerimiento, aunque no el género. Marc pudo hacer el cambio de nombre en el documento de identidad de forma rápida, a los 9 meses de empezar el tratamiento hormonal. “Me pidieron un informe psicológico y otro del endocrino alegando que había pasado el tratamiento, todo fue muy rápido”.

Referente a las cirugías de reasignación de género, en Catalunya están financiadas desde el año 2006 y en aquel momento se realizaban 30 intervenciones al año: 15 masculinizaciones de pectoral y 15 vaginoplastias. En 2012, por la crisis económica, se redujeron a 15 operaciones. Ahora se llevan a cabo 70 intervenciones al año y no sólo en el Hospital Clínic, sino también en Can Ruti y Bellvitge.

Almirall cree que, en los últimos años, la lucha trans está cogiendo mucha fuerza, pero reconoce que es una lucha compleja ya que se trata de acabar con la estructura sexo/género tan rígida que existe y que nos encasilla en un perfil determinado. “Nuestro deseo es que la sociedad tenga una mirada más amplia sobre el género. Esta es una revolución pendiente que nos hará a todos mucho más libres”.

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