La perla de un arquitecto de Sants

La casa Jaume Estada es una rara avis en la singladura de su autor, determinada por su prolijidad por su adscripción a la Lliga Regionalista, como también se dio con otros compañeros de profesión más célebres, como Puig i Cadafalch o Domènech i Montaner, quienes no dudaron en aprovechar su afiliación política para obtener cuantiosos encargos

Jordi Corominas i Julián
 
 
 
Foto: Jordi Corominas

Foto: Jordi Corominas

Cuando estudié en la universidad tuve dos muy buenos amigos siempre en plena discusión por sus orígenes geográficos. Uno decía ser de Hostafrancs y el otro de Sants. Para mi eran lo mismo, y sólo más tarde entendí la diferencia entre los dos actuales barrios, antaño poblaciones diferenciadas con un tercer hombre más lejano, la Bordeta. Per Pinxos a la Bordeta, gitanos a Hostafrancs i noies maques a Sants.

La frontera entre Hostafrancs y Sants debió situarse en el carrer de Joanot Martorell. Su sinuosidad apunta a la existencia previa de un torrente, el de Magòria, fácilmente intuido por la forma del asfalto justo al lado del emblemático restaurante La parra, justo en el inicio del carrer del Sant Crist, viejo camino real desplazado de su centralidad en 1790, cuando se construyó la carretera de Sants, más útil al poder ser ampliada, y así fue como progresivamente devino el meollo, como demuestra, si nos ceñimos a la cronológico, la presencia del monumental y excesivo Ayuntamiento del antiguo pueblo, obra de 1895, dos años antes de las agregaciones barcelonesas.

Hoy en día el carrer de Sants necesita una profunda reforma. Durante décadas nos divertimos con el anuncio radiofónico sobre sus virtudes comerciales, el que no trobis aquí enlloc ho trobaràs, pero su densidad automovilística es desastrosa. Desde mi punto de vista una hipotética solución sería crear una nueva y ambiciosa línea de tranvía para enlazar la ya existente de la Villa Olímpica hasta llevarla al Paralelo y de ahí a nuestro protagonista. Algunos lectores lo juzgarán una barbaridad sin meditar sobre lo absurdo de tener una avenida repleta de tiendas, transitadísima por peatones y con malos humos, no muy agradables.

Foto: Jordi Corominas

Por lo demás esto impide apreciar su vastísimo patrimonio. Uno de sus grandes artífices fue Modest Feu i Estrada, quien centró casi toda su trayectoria en su población natal, al tomar el relevo de su padre, maestro de obras, y adaptarse con buen tino a las distintos estilos arquitectónicos del momento entre el Modernismo y el Novecentismo.

Cuando circulo por el carrer de Sants siempre deseo llegar a la casa Jaume Estrada. Pueden creerme si les digo haber buscado documentación sobre el propietario, con toda probabilidad un pariente de Feu i Estrada con varias posesiones en la barriada, entre ellas una casa en el carrer, las coincidencias son pasmosas, del Sant Crist.

El bloque en la esquina del carrer Salou debió causar sensación en 1908. En ese instante el esplendor del Modernismo languidecía y sus creadores debieron inventarse evoluciones muy difíciles para continuar con el estilo, y cuando eso acaece la decadencia asoma vertiginosa, si bien toda caída puede ser el preludio de otra elevación hacia otros parámetros.

Foto: Jordi Corominas

Aquí lo clásico se vislumbra por la habitual culminación inspirada en los castillos medievales y lo revolucionario desde la colocación de la tribuna principal en una ubicación lateral, como si sin saberlo se anticipara a una tendencia predominante desde finales de la década de 1910, cuando muchos edificios de Barcelona adoptaron esta premisa, con o sin ese mirador de nuevo rico.

Este cuerpo redondeado sirve para catapultar un balcón de hierro forjado a partir de su misma base y la verticalidad sugerida por dos columnas salomónicas coronada con dos testas femeninas con motivos vegetales enrollados en las mismas.

La elección de un ángulo tan curioso determina el resto del conjunto, con un último piso destacable al insertar paneles de cerámica esmaltada con mujeres policromas con aire clásico, y esto no deja de ser sorprendente, pues en mi imaginación siempre habían sido adalides de una modernidad muy a lo Muerte a Venecia.

Foto: Jordi Corominas

Esta vivienda está repleta de detalles. Si vamos a su planta baja, justo encima del toldo de un negocio, distinguimos una placa de la aseguradora contra incendios Northern, fundada en 1836.

La casa Jaume Estrada es un rara avis en la singladura de su autor, determinada en su prolijidad por su adscripción a la Lliga Regionalista, como asimismo ocurrió con otros compañeros de profesión más ilustres, sobre todo Puig i Cadafalch o Domènech i Montaner, quienes no dudaron en aprovechar su filiación política para conseguir cuantiosos encargos. Féu fue, como su nombre indica, mucho más modesto incluso en su relevancia dentro del Catalanismo pese a ser uno de los socios fundadores de la formación en el distrito VI de Barcelona. En muchos de sus diseños figura la bandera catalana.

Murió en 1933, cuando la Lliga cambió su nombre por Catalanista al haber mutado la situación española con la Segunda República. Dada la acotación de sus méritos a Sants, donde vivió toda su existencia, debió ser de los primeros en enterarse de la fundación de Esquerra Republicana de Catalunya a pocos metros de su finca más emblemática y quizá sólo lamentó no haber firmado ese inmueble, perteneciente al corpus de Enric Figueras y Ribas, vinculado con la familia Cros, una de las más importantes de Sants desde el siglo XIX, cuando hasta su miembro más celebrado sufrió un famoso y surrealista secuestro ignorando, no tenía una bola de cristal, la trascendencia de su apellido para la Historia del Principado a través de una anécdota destinada a marcar toda una etapa.

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*