La otra cara de ‘La Marató’

A pesar de todos los aspectos buenos que tiene La Marató, nos muestra una imagen sesgada de la realidad. Parece que existe una excelencia como país pero se necesita una inversión seria por parte de los gobiernos en investigación sobre los retos en salud que afectan y preocupan a la sociedad, sin conflictos de interés con la industria

Redacció
 
 
 
Marcador de la Marató 2018 | CCMA

Marcador de la Marató 2018 | CCMA

El 16 de diciembre vivimos otra jornada de solidaridad en mayúsculas. La integración de «La Marató de TV3» en el calendario de festividades del país es algo indiscutible. Solidaridad y altruismo recogidos en forma de donativos tanto individuales como colectivos para la investigación médica. Este año, por ejemplo, ya eran más de 3.500 las actividades programadas en Catalunya promovidas por la ciudadanía para recaudar fondos para esta edición. Todavía no están cerradas las donaciones, pero la cantidad obtenida durante el programa ya ha batido el récord, con 10,7 millones de euros y ha superado los 10 millones que se recogieron en la edición del 2012, también dedicada al cáncer.

La Marató es un fenómeno social que, como dice el eslogan: «dice mucho de ti», dice mucho de nosotros. La cara más visible es la de la ilusión y el orgullo que supone formar parte activa de una sociedad que se mueve por una causa noble. Profesionales del sector salud y artistas diversos participan en numerosas actividades de forma desinteresada e, incluso, políticos de todos colores dedican un tiempo a contestar llamadas para replegarse donaciones.

Pero ¿qué hay en la otra cara de La Marató?

La sociedad debe saber que la investigación científico-médica no puede financiarse gracias a la solidaridad de la ciudadanía. Una sociedad madura es aquella que cuida de sus personas, en especial de las más vulnerables, como lo son las enfermas y sus familias; lo preveen los presupuestos de las administraciones y destinan parte importante en gasto sanitario, social y en I + D (investigación y desarrollo). A este último campo, en 2016  Catalunya  destinó 3.100 millones de euros, el 1,46% de su PIB, muy por debajo de la media europea que fue del 2,03.

Es responsabilidad del sistema dotar a esta área de conocimiento de la inversión adecuada para satisfacer las necesidades y que no hagan falta iniciativas que suplan lo que los gobiernos no hacen. Uno de los mensajes implícitos que llega a la población es que la investigación depende de la implicación de la ciudadanía más que de las esferas públicas. Esta idea está en sintonía con otras nociones equivocadas: que la salud depende más de la persona que de las condiciones en que vive, o que la obtención de la asistencia sanitaria es responsabilidad de los individuos, no del sistema sanitario público. Conceptos, todos ellos, en la línea del pensamiento imperante de carácter neoliberal.

Otra realidad es que las profesionales de la salud y del mundo científico que desarrollan su tarea, exclusiva o básicamente en investigación, sufren de forma estructural una importante precariedad laboral. Esta situación, en lugar de mejorar, se ha agravado en los últimos años provocando que muchas profesionales tengan que compaginar este trabajo con otros para poder subsistir, o están destinadas a un exilio científico como muchos jóvenes talentos (y no tan jóvenes ya) en otras áreas de conocimiento. 

A menudo, los medios (especialmente la televisión) crean la ilusión de que las personas que se dedican a la ciencia viven una carrera de éxitos profesionales meteórica y, desgraciadamente, no es así. Se entrevista siempre a los mismos científicos «mediáticos» y, mientras un grupo reducido acapara los focos, son muchas las que luchan por salir adelante en el día a día.

En cuanto al destino de los fondos de La Marató, hay que decir que se dedican casi exclusivamente a la investigación biomédica, en los campos de la genética, biología molecular, proteínas, principios farmacológicos y otros. Evidentemente que estas áreas de conocimiento son primordiales, pero existen otras de igual o mayor interés para las mejoras en salud. Son ejemplos las que tienen que ver con el medio ambiente, las condiciones de vida y de trabajo, la prevención de la enfermedad, la promoción de la salud, o la salud pública.

De las 33 ayudas concedidas por la Fundación La Marató de TV3 en 2017 sólo 5 se destinaron a estos temas, cuando está demostrado que las condiciones de vida y los hábitos derivados tienen un mayor peso en la capacidad de enfermar que las causas genéticas y biológicas. La investigación biomédica está mediatizada por intereses privados y corporativos que, demasiado a menudo, buscan el beneficio económico personal o empresarial más que el interés común o el impacto en la salud poblacional. La decisión sobre los temas y las líneas de investigación deberían estar en manos de entes públicos y contar con control ciudadano como garantía de su beneficio general.

En cada edición podemos ver algunos personajes políticos que aprovechan el día de La Marató por darse visibilidad y exponer su cara «solidaria» aportando algunas horas de trabajo que son recogidas puntualmente por las cámaras. La mayoría de estos políticos, incluso con altas responsabilidades de gobierno, han sido callados e invisibles durante la reciente huelga que ha paralizado un servicio esencial para la salud como es el de la atención primaria.

A pesar de todos los aspectos buenos que contiene La Marató, nos muestra una imagen sesgada de la realidad. Parece que existe una excelencia como país cuando actualmente estamos muy lejos de alcanzarla. Se necesita una inversión seria por parte de los gobiernos en investigación sobre los retos en salud que afectan y preocupan a la sociedad, sin conflictos de interés con la industria. Se necesitan políticas que permitan desarrollar líneas sólidas de investigación a medio y largo plazo, eliminando la precariedad y la inestabilidad de nuestras científicas y que puedan acercarnos al verdadero objetivo: avanzar en investigación para mejorar la salud de la ciudadanía.

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