La Crida per la República: tres claves de la enésima mutación convergente

La Crida Nacional per la República se constituyó finalmente como partido político el pasado sábado 26 de enero. La mutación del espacio convergent nace empujado con una triple voluntad, no necesariamente alineada unas con otras: ampliar el espacio convergente, combatir el auge de Esquerra y la ANC y aguantar la figura Puigdemont en la primera línea política

Guillem Pujol
 
 
 
Carles Puigdemont, durant l'acte de presentació de la Crida per la República | ACN

Carles Puigdemont, durant l'acte de presentació de la Crida per la República | ACN

La Crida Nacional per la República ya es una realidad política. La Crida es la última de las mutaciones del espacio convergent después de que CiU decidiera hibernar sus siglas, castigadas por los múltiples episodios de corrupción. Recordemos que Convergència Democràtica de Catalunya no ha dejado de existir como formación política: después de que Trias perdiera la alcaldía de Barcelona en manos de Ada Colau y se dejara por el camino casi cien mil votos, CiU dejaría de presentarse como tal a las elecciones, pero sus líderes y cargos orgánicos más importantes se han ido incorporando en las nuevas formaciones políticas.

Lo que hubiera podido ser un desastre electoral para CiU se camufló en la coalición electoral con ERC bajo la fórmula de Junts per Catalunya, y la independencia se convirtió en motor único del relato político catalán. En las siguientes elecciones del 20D, los herederos de Convergència se presentaron bajo el nombre de Democràcia y Llibertat, lideradas por Francesc Homs. Meses más tarde, Convergència Democràtica de Catalunya intentaría refundar cambiando su nombre por Partit Demòcrata Europeu, que, teniendo que cambiar de nombre, se acabó llamando Partit Demòcrata Europeu Català, el actual PDeCAT.

La última fórmula elegida en las elecciones al Parlamento de Catalunya, donde post-convergentes fueron capaces contra todo pronóstico de avanzar a una ERC que todas las encuestas apuntaban a conquistar el Palau de Generalitat, fue bajo el nombre de Junts per Catalunya, ya con Puigdemont en el exilio. Lo que pasó desapercibido, es que se trataba de una coalición electoral entre el PDeCAT, Convergència Democràtica de Catalunya y Junts per Catalunya. Así pues, el nacimiento de La Crida enmarca dentro de esta estrella de mutaciones de la herencia convergente. Pero como toda mutación, tiene algunas particularidades propias que van más allá del gen originario. Analizamos bajo qué objetivos nace esta nueva formación política:

Mantener el espacio convergent

Mantener el espacio convergent es el objetivo primario de la estrategia que hay, no sólo en La Crida, sino en todas y cada una de las formaciones y marcas que acabamos de describir. Al destaparse los casos de corrupción de CiU, y al presenciar la caída de la figura central de Jordi Pujol en la historia del partido y en lo que había significado para el propio país, se hizo patente la necesidad de renovar la fachada de la casa para mantener la hegemonía. David Madí, al que muchos señalan como la mano detrás de los movimientos estratégicos del partido, lideraría este recorrido estratégico para salvar la esencia convergente.

David Madí, que ya presidió el Consejo de Endesa durante los años 2011 y 2017, fue nombrado Presidente Ejecutivo de Aguas de Barcelona el pasado 1 de Diciembre. La influencia de Madí, que ocupó altos cargos dentro del CDC durante los años 1994 y 2003, uniría a la formación política convergente con el sector económico y empresarial catalán, clave en el mantenimiento de CDC a lo largo de su vida política. Así pues, Madí y otros pesos relevantes del partido que también forman parte de la Crida, como Agustí Colomines y Ferran Mascarell, entendieron que la nueva formación, bajo la figura de Puigdemont y con la presencia de Jordi Sánchez, sería el contrapunto a un PDeCAT que no acaba de capturar el deseo de independencia.

Así, mientras el PDeCAT serviría para mantener la esencia más pragmática y conservadora de Convergència, La Crida daría cuerpo al discurso que mantiene la independencia y la lucha contra el Estado como punto exclusivo de su razón de ser. Tanto es así, que en el Manifiesto Fundacional del nuevo partido, se explicita el deseo de desaparecer una vez se haya logrado la independencia. Pero, claro, esto puede no llegar nunca.

Combatir el auge de Esquerra y la ANC

Si bien en el punto anterior la visión y razón de La Crida obedece a motivos estratégicos a largo plazo, el nuevo partido independentista también obedece a razones más cortoplacistas. La Crida es un intento de hacerle una opa hostil a ERC y apoderarse del relato independentista, en un momento donde la hegemonía del mundo convergente se debilita: y es que con la elección de Elisenda Paluzie al mando de la Asamblea Nacional de Cataluña, antes presidida por Jordi Sánchez, el mundo post-convergente pierde uno de los satélites más potentes para marcar la agenda política catalana.

La nueva ANC se acerca más a los postulados de Jordi Graupera, y bajo la nueva presidencia no duda en manifestarse abiertamente en contra las actuaciones «procesistas» del actual ejecutivo de Quim Torra. En cambio el otro gran satélite del independentismo, Òmnium Cultural, es más fiel a Oriol Junqueras y a la estrategia de ERC. En este sentido La Llamada y el PDeCAT forman parte de una estrategia electoral que busca hacerle la pinza a ERC; unos (La Crida) representando la rauxa, y el PDeCAT, representando el seny.

Ambas formaciones intentarán hacer presión doble en ERC con la necesidad de ir conjuntamente a las elecciones. La idea de fondo es que, conscientes de que a la formación republicana no le interesa electoralmente ir a una lista conjunta, esto les daría la oportunidad para poderlos descalificar como independentistas, ya que el poder que tiene la «Unidad» es tan fuerte que ayuda a construir el imaginario de los traidores a la causa.

La Supervivencia de Puigdemont

Al punto de vista de estrategia a largo plazo de la hegemonía convergente y de la estrategia electoralista, hay que sumar una tercera perspectiva. Porque las estrategias, al final, pasan por las personas. Puigdemont es militante de CiU desde el año 1983, y su carrera como cargo público se inició en 2006 cuando fue diputado del Parlamento de Catalunya con esta fuerza.

Puigdemont es uno de los patrimonios más importantes del actual mundo post-convergent, pero la situación personal le lleva a confrontarse con las decisiones del núcleo duro del PDeCAT. La única manera que tiene Puigdemont de mantenerse en el escenario político es demostrar que su presencia es indispensable para continuar sembrando buenos resultados electorales. Es decir, el núcleo del PDeCAT, ejemplificado en David Madí, necesita a Carles Puigdemont.

Carles Puigdemont necesita tener presencia mediática para mantenerse como un activo político, por lo que precisa de la estructura del partido. Al mismo tiempo, es consciente de que para que su apoyo sea justificado, debe mantener una posición relativamente conflictiva con el núcleo del PDeCAT. En este terreno de colaboración y competición es en el que los tres objetivos deben ponerse de acuerdo.

En el Congreso de los diputados es donde mejor se ejemplifican estas batallas: Míriam Nogueras, mujer fuerte de Puigdemont en Madrid, mantiene constantes enfrentamientos con antiguos cargos convergentes que ven en la dependencia de los intereses de Puigdemont una traba para la dirección del partido. Aprobar los presupuestos puede dar estabilidad al PDeCAT ya las relaciones con un PSOE que mantiene un talante dialogante. Pero al mismo tiempo aleja a Puigdemont del centro de mandos.

Y es que lo que podemos trazar como el conjunto de partidos y plataformas que dispone el mundo post-convergente es la misma que la que tenían antes del inicio del proceso independentista. Pero esto no quiere decir que no sean uno de los principales actores de la política catalana. De hecho, presiden la Generalitat de Catalunya.

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