ENTREVISTA | Jaime Abello, director de la Fundación Gabriel Garcia Márquez

“La clave de la fundación García Márquez es que la magia nace del realismo”

Siempre es buen momento para hablar da Gabriel García Márquez y su legado. Más aún cuando se trata de resultados que aún están vigentes, y que se pueden contar desde la voz de quien fue su compañero de trabajo y cofundador de la Fundación para el Nuevo Periodismo, pensada en periodistas iberoamericanos.

Narcisa Rendon
 
 
 
Jaime Abello con Gabriel García Márquez. Archivo personal de Abello

Jaime Abello con Gabriel García Márquez. Archivo personal de Abello

Jaime Abello (Barranquilla, 1958) se desempeña como director de la Fundación Gabriel Garcia Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano. El premio Nobel de Literatura lo contactó en 1994 para juntos fundar una institución “para el mundo desde el Caribe”. A España llegó en 1995 junto a García Márquez, y desde entonces sus viajes a este país, y especialmente a Barcelona, han puesto de manifiesto la vitalidad del periodismo de América Latina a través de la Fundación y su Festival Gabo, en donde han participado y ganado periodistas españoles.

Abello es consciente de la evolución del periodismo y sus manifestaciones más actuales, como el periodismo de datos y la visualización, lo cual ha adaptado en la práctica que ejerce el organismo. “La tecnología ha propuesto nuevas narrativas”, sostiene.

`El amor en los tiempos del cólera´ es la novela que más le gusta de García Márquez. La cataloga como fascinante, y la favorita también para Gabo.

El proyecto de la Fundación inició con la idea de García Márquez de desarrollar talleres de periodismo ¿Cómo se dieron las actividades en su inicio y en qué ciudades comenzaron?

La ciudad donde nació la Fundación, fue Cartagena. Al mismo tiempo, Gabo andaba construyendo una casa, y escribía un libro de reportaje periodístico (Noticia de un secuestro).

Él andaba muy comprometido en hacer proyectos. Me buscó y me pidió que nos reuniéramos con la idea de hacer talleres de periodismo. Dedicamos todo el año 1994 en hacer la planeación. Hacíamos reuniones con un cronograma muy intenso. Arrancamos las actividades en 1995. La primera actividad fue un seminario sobre `Libertad de expresión en Colombia´, en Cartagena. La segunda, un encuentro de periodistas de Colombia y Venezuela, también en Cartagena, y la tercera fue un taller con Alma Guillermoprieto en la misma ciudad. Luego fuimos a Barranquilla, y al año siguiente empezamos a viajar. Estuvimos en España donde hicimos un taller en Miraflores de la Sierra… así nos abrimos al mundo. Hoy en día, estamos en distintas partes. En esta semana (la pasada) se desarrolla un taller de reportaje en Cuernavaca (México), con el tema de Investigar y contar la migración. La Fundación mantiene sus oficinas en Cartagena, pero su itinerancia es permanente.  El gran encuentro anual – el Festival Gabriel García Márquez en Medellín- es el punto culminante del premio de Periodismo, y que actualmente está abierto.

La presencia de García Márquez era el gancho para atraer al público a quien iba dirigido el proyecto…

Gabo fue el punto de partida, y esto corresponde a su visión, pero claramente la Fundación ha adquirido una dinámica propia. Se estableció una red de complicidades con maestros y con aliados institucionales, y despegó.

Hoy en día no es necesario que Gabo esté para que el interés exista. La gente sabe que la Fundación ofrece el espacio de encuentro donde se privilegia la formación, la camaradería, donde se respetan los valores del periodismo con alegría.

La Fundación es parte de su legado, y los talleres son lo central. Luego hemos evolucionado hacia el Premio, hacia el Festival; mantenemos redes y una estrategia de comunicación para estar en contacto constante con periodistas de lengua española y portuguesa.

Cuando comenzó la puesta en marcha del proyecto ¿qué retos sabían que debían enfrentar?

Una cosa que quedó claro desde el inicio, es que crear una organización sostenible no era fácil. Los retos han sido la construcción de una institución, por un lado (la Fundación tiene casi 40 personas a tiempo completo trabajando), y segundo, mantener el foco en la pertinencia, porque no se trata de solo llegar con la ilusión de promover el periodismo, si no también reconocer que el periodismo ha cambiado… entró en crisis. Así que mantener el foco y adaptarnos, ha sido clave. No podíamos quedarnos solo en la crónica, el reportaje, o la ética. La Fundación se ocupa también de la innovación.

Una capacidad de convocatoria también es clave, y tiene que ver con el prestigio. Estamos todo el tiempo trabajando elementos simbólicos, con la memoria de García Márquez, y aquellas son cosas que hay que cuidar. Gabo nos ayudó a enfocarnos para lograr lo que hemos obtenido.

Muchas cosas han cambiado desde su instauración, y se ha ampliado el concepto de la Fundación. Pero ¿qué ha cambiado en el ambiente del proyecto desde que García Márquez no está?

Creo que no ha cambiado mucho porque nos hemos dedicado a, entre otras cosas, investigar, contar y mantenerlo vivo. Tenemos un proyecto que se llama Centro Gabo, que es la decisión institucional de activar su legado. Para eso estamos retomando sus ideas. Por ejemplo, hemos estado recopilando sus entrevistas, catalogándolas y generando contenidos. Entonces su espíritu está más vivo que nunca.  Mi papel como cofundador es mantener el estilo de Caribe, de cheveridad. Personalmente me preocupo de que no nos apartemos de ese camino, de ser una fundación auténticamente Caribe en un área en la cual la seriedad con la informalidad, es lo ideal. Es mejor que el periodista sea abierto, pero al mismo tiempo cuidadoso. Gabo, así como era un hombre alegre y carismático, era extremadamente disciplinado, trabajador, y cuidadoso.

Hablando de estilo ¿Qué espacio tiene el realismo mágico dentro de la fundación?

Mucha, sobre todo por el lado del realismo. La clave de la Fundación es que la magia nace del realismo. Es decir, que primero está el rigor, el apego a la realidad, la investigación. Cuando tenemos eso dominado, es mucho más fácil permitir que fluya la magia. En ese sentido, Gabo no solo era realista, si no pragmático. A través del proyecto Centro Gabo, estamos muy en contacto con la literatura que es el aspecto que lo hace más conocido, pero que no es el único.

Parecería un tanto difícil de entender que la organización que fundó García Márquez se centre en el periodismo, cuando al escritor se lo conoce sobre todo por sus obras literarias. Entonces ¿el oficio del periodismo jamás pasó a segundo plano en su vida?

Él se definía como un periodista que hacía literatura. En un momento se atrevió a decir que prefería que se le recuerde por el periódico que quería hacer, que por el Premio Nobel. De hecho, no creó una fundación para escritores, sino para periodistas, y también para cineastas. Yo diría que el periodismo le dio el oficio, la literatura era su vocación, y el cine era una ilusión a la que se dedicó. Y él exploró todo, desde el oficio, la creatividad literaria, y sus ganas de promover el cine en América Latina. Fue un ciudadano con una vida política intensa: educador y fundador de instituciones como la nuestra, y la del Nuevo Cine Latinoamericano, y la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba.

Uno de los objetivos de la FNPI es orientar la práctica profesional hacia la responsabilidad, transparencia e independencia, en el marco de la libertad de expresión. ¿Qué lectura tiene del oficio en la actualidad cuando se habla tanto de la libertad de expresión sin que al mismo tiempo se reflexione cuáles son sus límites?

Somos conscientes de que la ética es la otra cara de la libertad. Es decir, de que la libertad debe ejercerse con cuidado. Esto lo promovemos constantemente: de que los periodistas deben darse cuenta de los límites que le impone la realidad. Yo diría que es un tema muy vigente. La gente está esperando que los periodistas actúen de la manera más honesta posible. Eso tiene que ver con la transparencia con la que muestren los nexos o conflictos de interés que puedan tener.

Al ser Barcelona el lugar donde vivió Gabriel García Márquez durante ocho años. ¿Siente el compromiso de apoyar y propiciar su memoria en esta ciudad?

Sí, es una oportunidad magnífica para que Barcelona vivifique la memoria de Gabo, y, a su vez, que se creen oportunidades para tender puentes y generar nuevos espacios para un periodismo del futuro que a García Márquez le hubiera interesado muchísimo.

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