La casa Antonia Serra i Mas, el Flatiron de Pere IV

La casa Antonia Serra i Mas es de 1926 y es fácil observar su pertenencia al Noucentisme. La delata sus balcones centrales en la intersección de Pere IV y Pallars, una práctica de la época que aupaba la verticalidad y creaba un efecto visual imponente

Jordi Corominas i Julián
 
 
 

Hace algunos domingos decidí aventurarme a caminar todo el carrer de Pere IV, abierto en 1763 por el inefable Próspero de Verboom a partir del antiguo camí ral para propiciar el enlace de Barcelona con Mataró, Girona y Francia. Sus tres quilómetros son un resumen de las muchas Barcelonas enroscadas en su propia cuadrícula.

Bajé en el Metro de Besós. Nunca había recorrido la calle de principio a fin, por lo que pregunté a una vecina cómo llegar. Ve por detrás y la encontrarás. Seguí sus órdenes, me perdí hasta llegar a la frontera con Sant Adrià, pensé en Pérez Andújar y al cabo de poco, tras cruzar la rambla Prim, llegué al primer tramo de mi trayecto, una zona fantasma a lo spaghetti western, una parcela urbana olvidada pese a su pasado esplendoroso. La reforma, positiva y enmarcada en un conjunto destinado a dignificar las avenidas de los barrios, la convertirá en visitable, despojándola de ese tono baldío entremezclado con solares, caminos de arena, fábricas abandonadas y restaurantes centenarios clausurados hasta nuevo aviso.

Este primer ramal habla de un mundo perdido, visible en la pletórica fachada de Colores Hispania, la villita adyacente construida en 1954 por José y Marcela, la Masía Ca l’Agustí de 1945 o la superviviente Semillas Fitó, última mohicana del glorioso pasado, en donde aún es posible atisbar una larga dejadez por las placas del nomenclátor en castellano o lo tétrico de la iglesia del Sagrat Cor, del omnipresente Enric Sagnier. Justo al lado empieza la parte final del sector, con almacenes pintados con estrambóticos colores y los bloques obreros de la Escocesa. Esas pinturas modernas deberían conservarse y hasta restaurarse porque confieren alegría a un entorno seco, tanto que hasta me sorprendía cruzarme con otros transeúntes.

A lo lejos se intuía el segundo cuerpo de Pere IV mediante las alturas del Hotel Habitat Sky, verticalidad ensalzada en 2007 por el francés Perrault. Al abandonar el complejo fabril entre truenos e intermitentes lluvias tuve la sensación de haber transitado por la cara B del Fórum de les Cultures. En 2004 la gran operación especulativa omitió su reverso hasta el punto de hacerlo desaparecer de la foto, como si no existiera. Ahora resurgirá poco a poco hasta completar una extraña línea recta que tiene un brillante paréntesis en el Parc Central del Poblenou, donde la antigua Oliva i Artés acogerá el Museu d’Arquitectura.

Tras el verde llegué al segmento que media entre la Diagonal y la Súper Illa, interpretable como un viejo paseo central del barrio donde destaca, en el número 193, el Gurugú, un bloque de pisos inaugurado en 1909 tras la Semana Trágica, de ahí su nombre en recuerdo del homónimo monte marroquí, y lo mismo podría decirse, nada es casual, del negocio de sus bajos, la centenaria tienda Mobles l’Africana. La referencia a esa guerra urdida en interés de algunos empresarios situaba el inmueble como el más alto del Poblenou en aquellas fechas.

A pocos metros los muros de una cooperativa hospedan la Sala Beckett. Más allá unos bárbaros han destrozado paneles explicativos del itinerario, como si la pedagogía urbana fuera prescindible para los que aún no entienden cada centímetro como una suma de historias tejidas en distintas épocas, algo corroborado por las casas, empresas y establecimientos que me acompañaban hasta llegar al número 102, mi objetivo.

La casa Antonia Serra i Mas es de 1926 y es fácil observar su pertenencia al Noucentisme. La delata sus balcones centrales en la intersección de Pere IV y Pallars, una práctica de la época que aupaba la verticalidad y creaba un efecto visual imponente repetido por muchos arquitectos en varios puntos de Barcelona, de Vallcarca a Sants, donde aún hoy en día un edificio de estas características dialoga con la iglesia de l’Àngel Custodi .

Antonia Serra i Mas, viuda Aguilera según la Gaceta Municipal de 1956, era la propietaria de los terrenos. Encargó la construcción del Flatiron condal a Ramon Puig i Gairalt, más conocido por ser el arquitecto municipal de l’Hospital de Llobregat, donde dejó para la posteridad el rascacielos de Collblanc. La casa que nos concierne se degradó con el tiempo. Quizá no encajaba en ese amasijo industrial. Su presencia aún aturde, como si una belleza se hubiera infiltrado en la monotonía para poder ser valorada sin rivales. Durante el Franquismo se depauperó. En una imagen de 1960 ha desaparecido su mirador, nada anormal si nos novemos un poco y vemos como, por ejemplo, en la esquina de València con Roger de Llúria la casa Josefa Villanueva perdió al completo una de sus dos tribunas laterales.

El inmueble se reviste en la fachada de la típica decoración simple y floral Noucentista, blanca para contrastar con el marrón grisáceo del muro. En 2011 los vecinos y el Ayuntamiento decidieron restaurarla, recuperándose su integridad inicial con el decisivo mirador para aprehender su singularidad. Desde entonces ha lucido en la Open Night y tampoco debe desdeñarse la presencia en su planta baja de la Ferretería Bonet, un negocio clásico asociado con esas alturas catapultadas por cenefas.

Dos semanas después de mi primer reconocimiento pasee por el enclave con alumnos. Al principio no se mostraron admirados y se rieron de la comparación con la plancha neoyorquina. Unos metros más tarde, cuando la distancia reforzaba la impresión sincronizándola con el Habitat Sky, me dieron la razón. Quien no se conforme con la Antonia Serra i Mas puede adentrarse por el passatge del Camp y continuar la ruta hasta el metro de Bogatell, a una nada de Can Picó, reconvertido en un futuro Hub de la bicicleta.

Pere IV no necesita tiendas lujosas ni reclamos turísticos para sobrevivir. En sus tres quilómetros se forjó Barcelona con manos provenientes de toda Catalunya y España. Quizá Quim Torra debería acercarse un día. 

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*