Javier Pacheco: «El control horario, el freno a los falsos autónomos o reconocer enfermedades profesionales a ‘las Kellys’ muestran la utilidad del sindicalismo»

El líder de Comisiones Obreras en Cataluña, Javier Pacheco, tacha de «irresponsabilidad tacticista» la falta de acuerdo entre las fuerzas progresistas para formar gobierno, lo que lastra las expectativas de rehacer los equilibrios entre el trabajo y el capital.

Tomeu Ferrer
 
 
 
Javier Pacheco davant d’un mural regalat pels seus companys de Nissan | Foto: Tomeu Ferrer

Javier Pacheco davant d’un mural regalat pels seus companys de Nissan | Foto: Tomeu Ferrer

En un momento de impasse entre legislaturas en Madrid y después de un curso intenso el ámbito político y laboral, Javier Pacheco, Secretario General de Comisiones Obreras (CCOO) valora los meses de gobierno del PSOE, su paso por el juicio del proceso y del presente y futuro del sindicalismo en un contexto laboral precario y cambiante. Una entrevista publicada en El Diario del Trabajo.

Después de años de luchar contra las reformas laborales, ¿qué pensáis sobre que el PSOE parece querer mantener estas discutidas normas?

Primero se deberá constatar si el PSOE quiere mantener las normas que has dicho. Yo creo que este asunto está en una fase previa. Y aquí hay que destacar la irresponsabilidad con la que el tacticismo de la izquierda afronta el proceso de investidura. Una negociación en la que parece que deja a un lado los intereses más directos de sus votantes. Al respecto, creo que los votantes han hecho una apuesta por el reequilibrio de los derechos en el mundo del trabajo, lo que significa derogar los aspectos más lesivos de la reforma laboral.

¿Esto en que debería concretarse?

Sobre todo en un cambio de orientación de las políticas económicas, que deberían impulsar el gasto social y recuperar el maltrecho Estado de Bienestar como consecuencia de la gestión de la crisis. Por tanto, lo que se está produciendo ahora es un acto de irresponsabilidad tacticista en un escenario amenazado por una derecha estridente y fuera de tono.

La fuerte oposición sindical a las reformas laborales causó cientos de denuncias y en algunos casos condenas a sindicalistas. ¿Piensa que la ley de huelga debería cambiar para evitar que se repitan estos procesamientos que se acentuaron en la oposición a las reformas?

Tengo que decir que el gobierno de tráfico, nacido de la moción de censura, ya manifestó su compromiso de derogar el artículo 315.3 del Código Penal que se ha utilizado mayoritariamente para encausar los trabajadores que impulsaron las huelgas generales en este país. Por lo tanto, hay que derogar toda esta arquitectura jurídica, junto con la ley de seguridad ciudadana, conocida como ‘ley mordaza’, que recorta los derechos democráticos en el país. No creo que ningún gobierno de progreso no gire 180 grados tanto una ley como la otra. Ambas normas se deben cambiar en los primeros días de acción de gobierno, cuando las fuerzas progresistas resuelvan su irresponsabilidad tacticista.

¿Cuál es el balance que haga los primeros meses en que ha estado gobernando el PSOE?

Tengo que decir que no ha cumplido ni de lejos las expectativas sindicales que teníamos. No negamos que algunos cambios, que se han hecho en los llamados viernes sociales, han sido beneficiosos para la gente trabajadora: la modificación del subsidio para mayores de 52 años; el control del régimen de jornada, a pesar de algunas deficiencias fruto de la ausencia de diálogo social; el salario mínimo interprofesional, etc.

Creo que hay aspectos que no se pueden negar porque tienen una buena orientación en materia laboral. Pero estos cambios son totalmente tibios, tímidos e insuficientes para reequilibrar la situación en relación con el mundo del trabajo con el objetivo de poner fin a la precariedad; para eliminar situaciones de gente que no llega a fin de mes: que tiene trabajo y es pobre. Es para terminar la discriminación que sufren las mujeres; para acabar con la selva de contratos temporales establecidos en la carta sin ningún régimen de control, que condenan a jóvenes y no tan jóvenes a vivir en la precariedad. Por lo tanto, creo que las expectativas están muy lejos de lo que debería cumplir este ejecutivo.

¿Cuál sería el reto que debería superar un futuro gobierno progresista en España?

Tiene un reto elemental, en sus inicios: debe volver a recuperar los equilibrios rotos que había en materia laboral antes de la crisis. Y sobre todo lo que debería emitir es un signo claro de recuperación de los derechos laborales. Debería cumplir dos objetivos. Uno, la justicia social, y el segundo, construir una estructura económica, haciendo que el aumento del consumo interno genere un modelo económico más robusto que no dependa de los vientos que soplen desde la economía internacional.

El secretari general en el seu despatx de l’edici de Via Laietana | Foto: Tomeu Ferrer

Declaró en Madrid en el juicio a los miembros del anterior gobierno de la Generalitat. Independientemente del contenido de lo que quisiera decir, ¿qué le pareció no poder expresarse debido a las interrupciones del magistrado?

Me pareció una falta de cultura democrática en el contexto del proceso judicial. Creo que se debe poder declarar independiente de que el testigo tenga alguna orientación valorativa, que inevitablemente se plantea cuando se describen hechos, cuando tienes que responder sobre tus decisiones. Hay que decir que es muy difícil que en una decisión no haya una valoración.

Creo que efectivamente fue una limitación real de mi capacidad de expresar mi testimonio de los hechos que se produjeron. Fue, efectivamente, una salida de tono innecesario en ese momento, que causó una situación de tensión con los abogados de la defensa.

Si me permite, visto desde fuera pareció también una falta de respeto a una entidad social que tiene 150.000 afiliados y una historia democrática indiscutible en Catalunya y en España.

Puede que probablemente este sea un motivo que los alterara los nervios: que la primera organización social del país se expresara en los términos en que lo estaba haciendo: coherente con los planteamientos de lo que había sucedido. No sé si fue eso o no, pero creo que quedó clara la falta de tolerancia democrática para garantizar la comunicación de un testigo, como el que representaba la posición de Comisiones Obreras.

¿Cree que su testigo era clave?

No, no creo que en este proceso haya un testigo clave. En este proceso se han producido más de 500 declaraciones de testigos. No hay un testigo que pueda tumbar el juicio hacia un lado o hacia el otro.
Ahora bien, lo que es denunciable en todo caso es la vulneración de un derecho fundamental como es el de la libertad, manteniendo la utilización de la prisión preventiva, desde mi opinión, totalmente desproporcionada y abusiva, que ha limitado la capacidad de defensa a los procesados. Por lo tanto, pienso que se debería hacer una revisión de nuestro ordenamiento judicial.

Hace un tiempo se hacía público que CCOO ha recuperado el crecimiento de la afiliación, pero también se decía que esto no repercutía en los ingresos por cotizaciones, ¿es así?

Esta no es nuestra realidad. En nuestro caso la parte más importante del incremento de los ingresos se produce por la vía de dicha cuota general. Tenemos varias cuotas que responden a la realidad laboral del país. Tenemos una cuota cero, que es la que se aplica a las personas en situación de vulnerabilidad. También tenemos la cuota superreducida para las personas que ingresan menos de la renta mínima. La cuota reducida, para aquellas personas que cobran alrededor del Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Y luego hay dos cuotas generales, que responden a ingresos más elevados. Dicho esto, aclaró que la parte más alta de los ingresos se producen fruto de las dos cuotas de la franja más alta. Por lo tanto, crece la afiliación y crecen los ingresos.

Hace muy poco se hizo público el balance económico de la temporada anterior. Como siempre hemos hecho, con transparencia. Creo recordar que el ejercicio ha sido positivo en 267.132 euros, y la cuota efectiva ha llegado a 142.900 afiliados, creo recordar. Todo ello demuestra que recuperamos la velocidad de afiliación que teníamos antes de la crisis.

Los ingresos propios del sindicato llegan al 87% de la totalidad. Esto supone que con sólo una aportación en forma de subvenciones del 13% se garantiza la negociación colectiva del 85% de los poco más de 3,5 millones de trabajadores de este país. Podemos decir bien alto que esta es una de las organizaciones más generosas y solidarias con la sociedad catalana.

Dada la importancia creciente de la presencia de la mujer en el sindicalismo, la pregunta es: ¿quién lo suceda como secretario general de CCOO, será una mujer?

Sobre el último punto, la respuesta no la diré yo, la dirá la afiliación. Lo cierto es que ya hay un itinerario donde las mujeres ocupan los principales espacios del sindicato. La presencia de la mujer para CCOO ya no es un objetivo: es una realidad. La comisión ejecutiva, ya tiene más mujeres que hombres, y en el núcleo duro, la líder de la acción sindical, y la portavoz del sindicato están ocupados por mujeres.

¿Y eso pasa también en las bases?

Si vamos a las bases, el incremento neto de afiliación es femenino. Esto ocurre poco a poco, e impregna toda la realidad sindical. Mientras la afiliación de hombres crece poco, la de la mujer lo hace de manera exponencial. Por lo tanto, por arriba o por abajo, nuestra organización está llamada a ser dirigida por mujeres.

Cree que sería necesario que hubiera la posibilidad de que los sindicatos de clase pudieran defender ‘de oficio aquellos colectivos que no tienen afiliación?

Las relaciones laborales en este país tenían, antes de la crisis, una carencia que era la capacidad real de representación de los trabajadores en las empresas. Esto se evidenciaba en la anomalía democrática que implica que las empresas con menos de 6 trabajadores no podían elegir a sus representantes. Es decir que el 93% del tejido productivo lo forman microempresas y no tiene representación y en personas esto se sitúa en el 57% de los trabajadores del país.

Otra realidad es el derecho a la representación social, que hace posible que las empresas funcionen no de manera unilateral. Nosotros lo llamamos el derecho a la negociación, el diálogo social. La reforma laboral no corrigió esta situación: profundizó la desprotección de los trabajadores incorporando figuras representativas expuestas a los vaivenes de la marcha de las empresas, como es la representación ad-hoc por encima de la representatividad sindical, lo que promueve la desindicalitzación y debilita la negociación colectiva. Esto llama a hacer un giro radical de 180 grados. Nosotros pensamos que hay que derogar la reforma laboral y promover un reequilibrio de base para evitar situaciones lesivas para la representación de los trabajadores. Y luego hay que habilitar nuevos marcos para la participación llegue a la totalidad de la clase trabajadora.

Pacheco davant d’una litografia de Joan Miró sobre l’1 de maig | Foto: Tomeu Ferrer

La imagen que se tenía de los sindicatos era la de organizaciones que trabajaban con los operarios, por ejemplo de la industria, para mejorar las condiciones de vida. Ahora, en ámbitos grandes de la sociedad parece que lo que deben hacer los sindicatos es lograr que colectivos como la gente de Deliveroo o Glovo tengan la condición de trabajadores. ¿Esto no lo ve como un retroceso?

El crecimiento de los derechos sociales y laborales que se produjo durante los primeros 30 años de nuestra democracia ha sufrido un proceso disruptivo con la crisis de 2008. Entonces se produjo una rotura de la consecución de derechos reales para la gente, en muchos casos insuficientes. Y de lo que se produjo un retroceso hacia una rotura de los equilibrios entre capital y trabajo y por otro lado, un recorte de los derechos sociales amenazando el Estado de Bienestar.

Esto que decimos es hoy una realidad a la que el sindicato debe dar respuesta. Debe gastar muchas energías para regularizar un trabajo fragmentado que se está produciendo debido a la mercantilización de las relaciones laborales, que no tienen los mismos efectos de rentabilidad para los trabajadores que cuando las reglas nos daban unas condiciones básicas para actuar. Ahora, para generar un estado de derechos a trabajadores como los ‘riders’ de la economía de plataforma, lo que se debe garantizar de entrada es que tengan un marco de derechos, lo que implica una inversión de muchas energías para sacar los de la precariedad más absoluta.

Por todo ello, cuando hablamos de la derogación de la reforma laboral no es sólo un lema. Hablamos de las cosas que hacen sufrir a la gente, porque, si queremos un país con justicia, tenemos que empezar a recomponer los marcos mínimos de participación. Hay mucha gente que dice que el trabajo no es el marco fundamental de emancipación personal. Para que se quiere normalizar el hecho de que la precariedad ha venido para quedarse. Pero, nosotros decimos que la precariedad no es una maldición bíblica, sino que es fruto de la voluntad política y económica de una parte de la sociedad poderosa y elitista. Y este fenómeno se puede combatir organizándose.

Ha hablado de la precariedad como un elemento crítico de la vida laboral. ¿Cómo llega el sindicato a luchar contra este fenómeno?

Cuando hay un debate sobre si el sindicato es anacrónico para dar respuesta a las nuevas realidades del trabajo hay argumentos en favor de nuestra actividad difícilmente discutibles. Así, conseguir una sentencia sobre el control del régimen horario, que ha sacado a la superficie más de 1.400 millones de euros en Catalunya y 32.000 puestos de trabajo, es fruto de la acción de CCOO. Quien ha iniciado una campaña sin pausa para regularizar los puestos de trabajo de un sector entero, como es el cárnico, que ha obtenido derechos y protección social a quien no tenía, es CCOO. Y quien ha conseguido el reconocimiento de la enfermedad profesional para las trabajadoras de hotel, conocidas como las ‘kellys’ ha sido también el sindicato.

¿Y ahora está en algún sector emergente?

Es importante la lucha que mantenemos en Catalunya junto con los trabajadores de investigación, para lograr un convenio, con un emplazamiento a la Generalidad a que abra el debate con las fundaciones y entidades que representan la búsqueda para acabar con la precarización de este sector estratégico para Catalunya. Y sobre eso no hay conciencia, porque se piensa que un investigador tiene buenas condiciones de trabajo. En todos estos ámbitos el sindicato está llegando para organizar los trabajadores y para conseguir mejoras para todos.

Hablemos un poco de la Generalidad. ¿Usted coincide con la opinión según la cual la Generalitat no está gobernando? ¿En este sentido, los grandes acuerdos como el firmado en materia industrial o el Acuerdo Interconfederal de Catalunya (AIC), los ve como papel mojado?

Afortunadamente la participación de la sociedad civil en el ámbito económico y laboral corrige en parte la ausencia de actividad institucional del Gobierno de la Generalitat, de su nula capacidad legislativa.

Por lo tanto, suerte del AIC o del pacto nacional por la industria, que otorgan elementos de participación directa a los agentes protagonistas del trabajo, de la economía: sindicatos, patronales, que están corrigiendo en parte esta nulidad propositiva del gobierno. Suerte de los escenarios de participación que permiten acceder a la gente a la Renta Garantizada de Ciudadanía. Tenemos suerte de que podamos llegar a escenarios como son el tercer sector en el que buscamos soluciones a la falta de políticas presupuestarias que permitan afrontar cosas tan sencillas como el aumento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI). O, suerte de las recomendaciones salariales que se han hecho llegar a los convenios colectivos que han hecho que en Catalunya haya pasado del 1,37% de subida de sueldos de 2017 al 2,23% con un aumento de más de un punto por encima del IPC.

Suerte de todo esto, porque el Gobierno peca de parálisis con irresponsabilidad hacia las necesidades prioritarias de las personas, usando unos presupuestos de 2017 porque no ve la actualización como prioridad absoluta para adaptar el gasto social allí donde hay más desigualdades.

¿Cree que la patronal catalana ha recuperado una cierta autonomía de funcionamiento respecto a otros momentos donde parecía una sucursal de la CEOE?

Creo que ha habido un cambio de dinamismo a la patronal catalana. Primero porque la renovación en la dirección de Fomento la ha impregnado de actividad. El segundo y fundamental, porque después de 12 años de litigio se ha resuelto el conflicto de la representatividad en la patronal. Esto facilita articular espacios de participación con los sindicatos.

El AIC ha sido el prolegómeno y ahora la posibilidad de llevar al Parlamento y al Gobierno una propuesta conjunta de la ley para la participación institucional será el primer reto que tendremos que afrontar, para que se reconozca el derecho subjetivo al diálogo social que recoge el Estatuto de Autonomía. Estos pueden ser unos primeros resultados del cambio de talante de la patronal catalana.

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