Izquierda plural, programa común transformador

Desde que Aznar demonizó la transición y el consenso como método, con la finalidad de desbancar a Felipe González, la política es ciclotímica, o derecha o izquierda y vuelta a empezar

Francesc Castellana
 
 
 
Paperetes electorals per les eleccions del 28A | Sandra Vicente

Paperetes electorals per les eleccions del 28A | Sandra Vicente

Como la mayoría de los ciudadanos, observo con sorpresa y estupefacción el bloqueo político en España y la realidad de un acuerdo negativo transversal para no investir a Sánchez Castejón presidente del gobierno. Es cierto que Pedro Sánchez no ha podido o no ha sabido conseguir los apoyos suficientes, pero no es menos cierta la dificultad de construir consensos transversales positivos en la actual situación de polarización política, en la que domina la pretensión de eliminar al adversario político.

Desde que Aznar demonizó la transición y el consenso como método, con la finalidad de desbancar a Felipe González, la política es ciclotímica, o derecha o izquierda y vuelta a empezar. Hemos de agradecer, sin embargo, que la convivencia no se deteriora en España, con excepción de algunos territorios en que por su diversidad cultural y social es más necesaria la integración e inclusión.

Aznar y el aznarismo, siguiendo a la derecha americana, basaron la confrontación política en la exacerbación de las diferencias, rehuyendo cualquier consenso para construir la España común, plural e inclusiva. Es más, lo consideró una debilidad. Esta polarización le dio sus réditos y quedó como un rasgo de la derecha, lejos de lo que la había caracterizado en la recuperación democrática, cuando la búsqueda del centro político era su elemento característico. Ahí empezó el deterioro democrático; pasamos del construir en la diversidad, al “quítate tú que me pongo yo”.

En el campo de la izquierda las querellas han sido permanentes. Así, la izquierda antifranquista, mayoritariamente comunista, vio cómo emergía la izquierda socialista liderada por Felipe González y se hacía casi hegemónica durante la transición. Felipe González nunca ocultó su confrontación con el comunismo, incluido el eurocomunismo del PCE liderado por Santiago Carrillo. Eran los tiempos del “eres socialista o no salías en la foto”.

Sólo la lucha por la democracia une a la izquierda, pero cuándo se instaura el sistema democrático es difícil encontrar un espacio común en el reformismo fuerte y transformador; mientras una parte se mueve en su versión más reformista, adaptativa, otra adopta una versión más declarativa y rupturista. Y en esa dialéctica, la polarización aznarista ayudó al crecimiento de Julio Anguita frente a un debilitado Felipe González, en los tiempos de la llamada pinza.

La recuperación del gobierno por los socialistas ante la agresividad de las políticas de derecha, se hizo desde la “radicalidad democrática” y produjo serios avances en derechos civiles y democráticos. El talón de Aquiles fue que se fue más liberal que reformista en lo económico y social. Y de ahí y en medio de una naciente y profunda crisis, el 15M nació un fuerte movimiento que recogía las protestas y esperanzas de los perdedores en los cambios sociales. El movimiento transformado en partido es hoy un actor político de izquierda, junto a otros movimientos de carácter territorial con los que ha confluido.

Hay hoy un partido socialista renovado, tras sufrir una fuerte convulsión interna. En mi opinión, desde el punto de vista del programa, la izquierda se mueve en una causa común, excepto en lo que se refiere a la cuestión territorial. Mientras que el PSOE es federal, la nueva izquierda juvenil coquetea, o algo más, con el independentismo en el marco de la autodeterminación, que ya superó la Constitución española votada por todos los españoles.

Las ideas y propuestas para un programa común de la izquierda son ampliamente compartidas por la ciudadanía, tras haber sufrido en sus carnes la agresividad del liberalismo de la derecha que debilitó el naciente y aún escaso estado social, asociado siempre por la ciudadanía con el fortalecimiento de la democracia. Sin embargo, la cuestión territorial, que ha sido tensionada recientemente por el nacionalismo catalán de inspiración burgesa y que no hay que confundir con Catalunya, que es plural y sin hegemonías de ningún tipo, desestabiliza e impide un acuerdo de gobierno cohesionado y estable. Ello se debe principalmente a que una parte de la izquierda catalana que no se consolida, con guiños de sus homólogos estatales, creen que la autodeterminación via referéndum va delante de la reforma constitucional.

La izquierda es plural y seguirá siéndolo, pero en este caso las grandes diferencias hoy no se encuentran en el programa, si acaso las puede haber en los tiempos y en el compromiso responsable de su implementación, pero eso no es ningún obstáculo. La izquierda no puede condicionarse a si misma por el unilateralismo independentista, que no admite una Constitución que fue refrendada por todos los españoles, incluidos vascos y catalanes, o apostar por un programa que afronte los grandes temas de interés para la gente: poder adquisitivo de las pensiones, restaurar el equilibrio que rompió la reforma laboral del PP y debilitó a los sindicatos, igualdad de género, un salario digno y protección social que favorezca la igualdad real, con la garantía de rentas, la protección del medio ambiente favoreciendo la descarbonización del planeta y minimización de residuos.

Aunque el debate político se reduzca en apariencia al “quítate tú para ponerme yo” que nos legó Aznar, al que admira y mucho Casado, lo que se debate hoy realmente es optar por los programas de la izquierda progresista o más ultraliberalismo. El tema catalán no debe ser la ciénaga donde se empantane la izquierda, ya que éste tiene una solución solo constitucional. La Constitución dio nacimiento a un marco territorial de convivencia y fijó criterios para su reforma, de manera que cuando una amplia mayoría lo desee se modifique, desde el debate democrático y el respeto a la pluralidad y la diversidad.

El voto del 10 de noviembre nos dirá qué camino se elige: un programa común de la izquierda de carácter social y el encuentro constitucional con un Gobierno fuerte con mayoría parlamentaria suficiente o el ultraliberalismo y el antiguo cierra España.

Deciden todos los españoles y a su decisión debemos estar.

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