Escuelas Rainbow: una mirada LGTBI en la escuela

Dos centros de Barcelona desarrollan el Programa Educatiu Escoles Rainbow (PEER), impulsado por la Asociación FLG, un proyecto para la prevención de conductas homófobas y la prevención de la marginación social de las familias y personas LGTB (y sus entornos familiares).

Victòria Oliveres
 
 
 
Dos centres de Barcelona desenvolupen el Programa Educatiu Escoles Rainbow (PEER), impulsat per l'Associació FLG, un projecte per a la prevenció de conductes homòfobes i la prevenció de la marginació social de les famílies i persones LGTB (i els seus entorns familiars).

Dos centres de Barcelona desenvolupen el Programa Educatiu Escoles Rainbow (PEER), impulsat per l'Associació FLG, un projecte per a la prevenció de conductes homòfobes i la prevenció de la marginació social de les famílies i persones LGTB (i els seus entorns familiars).

En la escuela San Felipe Neri, en el corazón del barrio Gòtic, hace cuatro años quisieron mejorar la atención del alumnado. La diversidad en el ámbito escolar «no se puede limitar al aspecto académico, ya que la tarea de la escuela es educativa y se enfoca para acompañar al alumno en su crecimiento personal de manera integral», explican Anna Regàs, directora del centro, y Olga Sánchez, coordinadora de Educación Infantil.

Esta inquietud por trabajar una necesidad existente, junto con la presencia en la escuela de familias que pertenecen a la Associació de Famílies Lesbianes i Gais (FLG), los llevó a convertirse en «escuela rainbow».

Este es el nombre con que se conocen los centros que desarrollan el Programa Educatiu Escoles Rainbow (PEER), impulsado por la Associació FLG, un proyecto para la prevención de conductas homófobas y la prevención de la marginación social de las familias y personas LGTB (y sus entornos familiares).

«Veíamos un vacío de contenido y queremos que el entorno educativo de nuestros niños sea respetuoso con la diversidad de género», explica la presidenta de la asociación, Katy Pallàs. Por ello, decidieron impulsar el PEER, un proyecto que quiere «hacer ver a los profesionales educativos recursos que ya tienen a su alcance dentro del currículum», añade Pallàs.

Actualmente hay dos centros en Barcelona que la están desarrollando. La escuela San Felip Neri, que ya lo tira adelante sin el apoyo de la Associació FLG, y la escuela Turó Blau, centro público del barrio de Sant Andreu, donde la asociación está haciendo el segundo año de formación.

Cómo convertirse en ‘escola rainbow’

El primer paso en la escuela San Felipe Neri fue la constitución de una comisión formada por familias y maestros para introducirse en este programa y realizar una formación inicial de todo el claustro llevada a cabo por la asociación.

A partir de ahí, siguieron varios cursos que les daban ejemplos prácticos de unidades didácticas que pueden replicar a las diferentes clases. «En las formaciones, ven muchos beneficios sobre de donde pueden sacar información y recursos», explica la presidenta.

Además, también les proporcionan cobijo legal «por si las familias se plantan», dice Pallàs. Y es que la Ley 11/2014, contra la Homofobia, la Bifobia y la Transfobia, recoge tener en cuenta la diversidad de orientación sexual y de identidad o expresión de género y velar por la prevención de violencias contra las personas LGBTI en el medio escolar.

«Ahora en la escuela somos mucho más cuidadosas con el vocabulario que utilizamos», explican Anna Regàs, directora del centro, y Olga Sánchez, coordinadora de Educación Infantil. «Los cambios se han producido hacia la ampliación de la mirada de los docentes y personal de la escuela hacia la diversidad», añaden.

En este centro revisaron toda la documentación de la escuela para que fuera respetuosa y tuviera en cuenta la diversidad de familias que tenemos y del alumnado. También elaboran cada curso un código igualitario y se ha creado en la ESO la Comisión de Igualdad formada por alumnado y dos maestros que funciona como un observatorio de conductas homófobas y machistas, y hace propuestas de formaciones al alumnado.

Un cambio positivo, pero no suficiente

«El proyecto ha generado reflexión en toda la comunidad educativa y normalización en la expresión de la diversidad de nuestro alumnado», explican desde San Felipe Neri. Ven como, en poco tiempo, los alumnos se muestran «mucho más abiertos y abiertas en su expresión de género y el respeto que muestra la comunidad».

«Nos hace sentir muy contentas de la labor realizada y las familias también expresan esta aceptación y la satisfacción que sea así», dicen Regàs y Sánchez. Aunque reconocen que no todo el mundo ha mostrado el mismo grado de comprensión. Esto se ha visto en un 5% del claustro, que ha «mostrado con menos implicación pero nunca con rechazo y negación», añaden.

Lo que sí mencionan desde el centro es la falta de recursos para financiar este proyecto. «Los recursos que nos faltan los invertiríamos a aumentar la formación del claustro y, sobre todo, a realizar actividades con expertos/as y charlas donde pudieran escuchar personas que han vivido experiencias diversas vinculadas al hecho de sentirse diferente de la mayoría», dicen la directora y la coordinadora de infantil de la escuela San Felip Neri.

Implicación de la administración

La intención de la Associació de Famílies Lesbianes i Gais  es que la administración lo asuma como proyecto propio y forme a formadores que puedan atender a los diferentes centros, ya que consideran que no están cumpliendo con lo que dice la legislación.

«Tres escuelas que querían hacer el proyecto, pero fuera de Barcelona, ​​y no podemos aplicarlo porque no tenemos suficientes recursos», dice Katy Pallàs. La presidenta explica que a finales del curso pasado, desde el Departamento de Educación mostraron interés. Por el momento, no han recibido ninguna otra respuesta, pero están elaborando un curso en línea por el profesorado.

Desde la Escuela San Felip Neri consideran que el PEER no debería existir como proyecto específico sino que debería formar parte de un eje transversal. «Los niños y niñas deberían vivir en un entorno confortable y seguro que les permitiera sentir y ser en libertad para tener una autoimagen positiva que les diera seguridad para enfrentarse al mundo. Mientras exista el PEER, pero, todas las escuelas si deberían adherirse», concluyen Regàs y Sánchez.

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