Iglesias quemadas y un chivo expiatorio

Este 13 de octubre se cumplen 110 años del fusilamiento en Montjuïc de Francesc Ferrer i Guàrdia, fundador de la Escuela Moderna. Hombre dogmático, agitador revolucionario, fue acusado sin pruebas de ser el autor intelectual de la revuelta popular que estalló en julio de 1909 sobretodo en Barcelona y que pasaría a la posteridad conocido como Semana Trágica

Andreu Farràs
 
 
 
Ferrer i Guàrdia surt detingut del cotxe cel·lular per assistir al judici per l'atemptat contra Alfons XIII | Fundació Ferrer i Guàrdia

Ferrer i Guàrdia surt detingut del cotxe cel·lular per assistir al judici per l'atemptat contra Alfons XIII | Fundació Ferrer i Guàrdia

El anticlericalismo y el antimilitarismo extendidos entre las clases populares barcelonesas fueron determinantes en las movilizaciones que se pusieron en marcha en el verano de 1909. La chispa fue el embarque forzoso de tropas destinadas a una guerra impopular provocada en la región norteafricana del Rif. Los hijos de los ricos se podían ahorrar ir pagando, mientras que la prole de los obreros y los campesinos sin posibles se veía obligada a jugarse la vida para defender los intereses económicos de empresarios y gobernantes españoles en unas minas cercanas a Melilla.

Fue convocada una huelga general en Barcelona y localidades de los alrededores, se produjeron enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y, al declararse estado de guerra, estalló una virulenta insurgencia que se fijó como principales objetivos la quema de iglesias y conventos. Murieron más de un centenar de personas, entre las cuales policías, y resultaron destruidos más la mitad de los edificios religiosos de la ciudad, que ya era cantada por los poetas anarquistas de todo el mundo como ‘la Rosa de Fuego’ o la ‘ciudad de las bombas’.

La revuelta fue controlada a finales del mes de julio y la represión cayó a plomo sobre el movimiento obrero y las fuerzas de izquierda, como era previsible. Ya había pasado a menudo en los últimos decenios a raíz de los constantes disturbios de la segunda mitad del siglo XIX. Mientras todavía humeaban las iglesias y los conventos, fueron procesadas casi 2.000 personas. De las numerosas sentencias de muerte dictadas fueron ejecutadas cinco. Una de ellas fue la del famoso pedagogo Francisco Ferrer Guardia, quien ya había sido encarcelado tres años antes al ser acusado de ser el inductor del atentado frustrado contra el rey Alfonso XIII.

El juicio y posterior ejecución de Ferrer no generó excesivas reacciones en España y Catalunya, entre otras razones, porque los que en principio debían defenderlo, como los anarquistas y los republicanos, no lo consideraban como un hombre suyo y porque muchos de los principales dirigentes radicales estaban encarcelados por esta y otras causas judiciales. En cambio, antes y después del fusilamiento de Ferrer, numerosos países europeos organizaron campañas para denunciar aquella nueva injusticia de la «España negra e inquisitorial».

Manifestación en París en protesta por el fusilamiento de Ferrer | Fundación Ferrer Guardia

En Francia, el mismo día de la ejecución de Ferrer, conocido como «el Dreyfus español», tuvieron lugar diversas manifestaciones y se publicaron ediciones extraordinarias del diarios de París. La movilización más importante de todas tuvo lugar el 17 de octubre y fue convocada por los socialistas franceses en la capital francesa. Asistieron cerca de 80.000 personas.

El alcalde de Roma calificó la muerte de Ferrer de ofensa contra la santidad de la vida humana y la libertad de conciencia. Se produjeron manifestaciones solidarias en Roma, Bruselas, Londres, Berlín, Ginebra, Milán, Nápoles Florencia, Pisa, Génova, Zurich y Bucarest.
Impresionado por la magnitud de la protesta en el extranjero, Alfonso XIII dejó de apoyar al conservador Antonio Maura como jefe del Gobierno, que se vio forzado a dimitir el 21 de octubre.
Dos años después de la muerte de Ferrer, en Bruselas se inauguró un monumento al pedagogo de Alella: la estatua de un atleta desnudo que eleva una llama hacia el cielo. Hoy se encuentra en la avenida de Franklin Delano Roosevelt, frente a la Universidad Libre de Bruselas. Una réplica se alza desde 1990 en Montjuïc, cerca de donde fue fusilado uno de los iconos del librepensamiento, condenado tras un consejo de guerra sin garantías, transparencia ni respeto por el derecho a la presunción de inocencia.

Como señala el historiador Juan Avilés, «la importancia histórica universal del caso Ferrer consiste en que fue el primer ejemplo de una movilización internacional por una violación de los derechos humanos cometida en un país extranjero».

1 Comentario en Iglesias quemadas y un chivo expiatorio

  1. Perque estem al segle XXI, sino, que pasaria amb els presos politics¿

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