«Hoy hay mucha más política de desgaste que cuando empecé: la agresividad y el maltrato excesivo son constantes»

Laia Ortiz dejará atrás la tenencia de alcaldía de Derechos Sociales de Barcelona, y la concejalía del distrito de Sant Andreu cuando se celebren las elecciones. Anunció que se retiraba de la primera línea política en enero, pero asegura que seguirá en las bases de Barcelona en Comú. Hablamos de estos cuatro años de gobierno a menos de una semana de las elecciones

Siscu Baiges
 
 
 
Laia Ortiz, tinenta d’alcaldia de Drets Socials de l’Ajuntament de Barcelona i regidora del districte de Sant Andreu | Pol Rius

Laia Ortiz, tinenta d’alcaldia de Drets Socials de l’Ajuntament de Barcelona i regidora del districte de Sant Andreu | Pol Rius

Laia Ortiz anunció el pasado enero que no repetiría como concejala del Ayuntamiento de Barcelona y que se retiraba de la primera línea política. Lo anunció a través de su portal de facebook diciendo que lo hacía por motivos personales y que seguiría implicada con Barcelona en Comú y apoyando a Ada Colau, la alcaldesa y candidata a la reelección. Si gobernar Barcelona con sólo 11 concejales de Barcelona en Comú ya ha sido una tarea difícil, encargarse del área de Derechos Sociales ha representado para ella todo un reto. Dice que han sido los años más bonitos de su vida. A los 26 años ya era diputada en el Parlament de Catalunya. Después lo fue en el Congreso. Toca respirar un poco y dedicarse a Abril, su hija.

¿Está agotada de la actividad política?

Agotada, no. La política me ha acompañado desde hace muchos años. Entré con 18 y desde entonces he militado de manera muy activa, en la calle, en los movimientos sociales. Ya hace 13 que estoy en las instituciones. Me voy más por convicción que por agotamiento. A la política le debemos dedicar un tiempo. No reniego de ella, pero acabo de cumplir 40 años y es el momento de hacer una vida laboral normal. Me voy contenta y continuaré haciendo política desde fuera. Es una de mis pasiones en la vida. Seguiré trabajando por la transformación social desde Barcelona en Comú igual que lo hice cuando entré con 18 años en Joves d’Esquerra Verda.

Asumir el gobierno de la ciudad con sólo 11 concejales supone cargarse mucho trabajo. Y, encima, en un área tan sensible como la de los Derechos Sociales

Es muy intenso y cualquiera que ha pasado por aquí nos reconoce que lo que hemos hecho es una heroicidad. Además, un área como la mía tiene muchísimo tejido social con el que tenemos que hablar, con sus emergencias y temas sensibles desde la educación, la salud, los servicios sociales, las personas mayores, la vivienda… requiere las 24 horas del día. También es un área muy bonita porque ves mucho el impacto de las políticas que haces. Por eso estamos convencidos de que se necesitan gobiernos más amplios, necesitamos más manos, porque una ciudad debe poder resistir a esta carrera de fondo. El objetivo es tener mayorías más amplias. Si no, nunca dejas de ser concejala las 24 horas.

A los responsables municipales los vecinos se los encuentran por la calle, lo que no ocurre con los que gobiernan la Generalitat o el Estado

He nacido y vivido siempre en el distrito de Sant Andreu. La gente, en general, es respetuosa. Nunca me he sentido violentada o tensionada por ello. Ahora vivo en el barrio de San Andreu pero nací en Congrés-Indians, que forma parte del distrito. Mis padres han trabajado toda la vida en Baró de Viver. El conocimiento que me daba haber estado toda la vida en aquellos barrios me ha ayudado mucho a gobernar.

¿Cómo vivió la ruptura con los socialistas?

Fue un proceso democrático dentro de la organización, pero no era mi posición. Yo entendía que había motivos en ambos bandos, y que había que continuar con un acuerdo para blindar Barcelona. Pero entendía las razones de los que estaban a favor de romper. Pasos página y asumes nuevamente la responsabilidad.

Los sondeos hacen pensar en acuerdos de gobierno entre fuerzas de izquierdas

Estamos donde hemos estado siempre. De hecho, hace cuatro años hicimos un llamamiento a las fuerzas de izquierdas, progresistas. Barcelona ha tenido siempre un alma de transformación social y progresista. Difícilmente habrá una mayoría absoluta. Queremos tener más fuerza, más concejales y lo perseguimos desde el realismo de saber que tenemos que llegar a acuerdos.

Emplazamos a las fuerzas que se sienten progresistas a trabajar desde esta gobernanza. Los interpelados, sin embargo, están teniendo reacciones poco adecuadas. Oir a Jaume Collboni diciendo que hay que hacer lo que sea, incluso habla del PP, para echar a la alcaldesa Ada Colau, se aleja bastante de lo que las bases socialistas son. Nos conocemos. Es muy sorprendente lo que estamos oyendo de los socialistas. Y también del señor Maragall. Conocemos su alma sociovergente ya de cuando estaba en el PSC.

¿Por qué ERC no quiso entrar nunca en el Gobierno municipal?

Es una de las cosas más desesperantes que he vivido en política. Con Esquerra muchas veces coincidimos en el programa, pero Alfred Bosch practicó una política de desgaste por delante de cualquier cosa. No quiso pactar el Plan de la Vivienda, no quiso pactar el Tramvia… Hoy ya tendríamos una parte de las vías construida. Priorizó la política de bloqueo. Es bastante incomprensible porque las personas hacemos política para cambiar las cosas. Y lo puedes hacer desde el gobierno y también desde una oposición constructiva.

He estado muchos años en la oposición en el Parlament pero cuando he podido cambiar cosas y dejar mi huella lo he hecho. Vivimos unos tiempos en los que prima más un tuit gracioso, que dejar huella en lo que estás haciendo. La política está para transformar, para que sea útil. Si al final sólo es un espectáculo pero somos inútiles, la democracia se resiente.

¿Ha sido una cuestión de Alfred Bosch o de ERC?

Al principio pensé que era una cuestión de Alfred Bosch. Le había conocido en el Congreso. Con el tiempo, viendo lo que acaba de pasar en el Parlamento tengo la sensación de que ERC tiene miedo de asumir responsabilidades. Hace mucho tiempo que se ha instalado en culpabilizar a los demás y no hacerse responsable de lo que ocurre. Les ha poseído la táctica del desgaste y el partidismo. Maragall comenzó hablando de diálogo y alianzas pero cuando deben demostrar esta capacidad de diálogo y pacto se tiran un tiro en el pie.

No es una cuestión de Bosch o Rufián. Es una estrategia muy cambiante y es difícil confiar en ellos. No sabemos qué cara de ERC nos encontraremos. La que dice que habrá diálogo y quiere cambiar las cosas o la que está instalada en el bloqueo. En Barcelona son una amenaza. Ha salido diciendo que quiere que Barcelona sea líder en derechos sociales. Barcelona ya es líder en derechos sociales, mientras que Catalunya está a la cola entre todas las comunidades autónomas de España. Esquerra tiene la conselleria de Asuntos Sociales en la Generalidad.

¿Cómo han sido sus relaciones con el gobierno de la Generalitat?

Complicadas. Tengo un área de la que dependen los cuatro consorcios de la Carta Municipal: salud, vivienda, educación y servicios sociales. En el consorcio de Educación he tenido cuatro consejeros y consejeras y tengo que decir que se ha notado un cambio en positivo. Con Bargalló, por primera vez, hablábamos en el mismo idioma: ha habido mucha más sintonía.

En Asuntos Sociales he tenido muy buen diálogo con Dolors Bassa y Chakir El Homrani, pero están paralizados. No ha habido capacidad de transformación. Con la Ley de la Renta Garantizada maltratan a la gente. No impulsan ni mejoran los convenios en el ámbito de la dependencia. Nunca me habían dicho tan rotundamente que la Generalitat no tenía ninguna intención de poner un euro más en residencias para personas mayores. Dicho textualmente por la conselleria. Hace tres años que esperamos leyes del Parlament para desmercantilizar la atención a las personas, pero no llegan. En vivienda hemos insistido mucho.

Barcelona ha sufrido mucho las políticas del consejero de Interior. Los índices de inseguridad crecen el conjunto de Catalunya y el PDeCAT ha hecho de esto un arma electoral. El consejero diciendo que aquí no hacen falta más Mossos cuando no hay nuevos desde 2009. No se ha tratado bien a Barcelona y en muchos casos hemos hecho de sustitutos de la Generalitat. Más allá de los momentos complicadísimos que hemos tenido. Ha sido un mandato complicado.

¿Y las relaciones con los gobiernos de Madrid, primero del PP y ahora del PSOE?

Hay algo que tienen en común los gobiernos de la Generalitat y del Estado. Todo el mundo elogia políticas nuestras pero no hacen ninguna aportación material para apoyarlas. Te dicen que las harán cuando tengan nuevos presupuestos. Pero la Administración continúa funcionando. Nosotros también estamos con el presupuesto prorrogado y no dejamos de hacer las cosas. Josep Bargalló hace un año que dijo que pagaría las guarderías. Todavía estamos esperando.

¿Cómo ha influido el Procés independentista en el funcionamiento del Ayuntamiento y la acción municipal?

El 155 afectó. Coincidió en la época de más llegada de menores sin referentes familiares y, aunque ya hacía años que avisábamos de que se necesitan medidas y recursos, no los teníamos. En ese momento tuvimos que hablar con los ministerios porque la Generalitat estaba bloqueada. Claro que luego viene Florentino Pérez y es quien lleva servicios sociales, y claro que nos quejamos. Pero es que la Generalitat tiene en sus manos que esto no sea así y el Parlament lo bloquea.

En política social, los municipios tienen estrategia, pero la Generalitat no. Y han tardado cuatro años en ver la necesidad de constituir una comisión bilateral. JuntsxCat y ERC han priorizado el bloqueo y el ejemplo más claro fue el ‘no’ a los presupuestos generales del Estado. Fue un portazo a muchas políticas y recursos que hacía muchos años que estábamos esperando. Ahora que ha sido la huelga de maestros, dicen que no tienen recursos, pero es que cuando han tenido la posibilidad de conseguirlos han dicho que no.

Y esto ha sido el Procés. Sólo tienen una cosa en la cabeza y no ponen energía en las políticas y responsabilidades que les corresponden. Sabemos que es una situación muy difícil, que ha habido represión, que hay presos políticos. Hay que decirlo. Ahora bien, las instituciones deben utilizarse para hacer política.

¿Cómo se debe gestionar la llegada de los menores no acompañados?

Seguramente es el tema al que he dedicado más tiempo. Me he enfadado muchas veces. Desde junio veníamos advirtiendo que no se estaban preparando las condiciones para lo que venía, pidiendo que hubiera un centro de referencia… Tenemos chicos que se han fugado de los centros de la DGAIA, chicos que acaban de llegar y que están en la calle. Los tenemos que llevar a algún lugar y los hemos intentado defender con uñas y dientes.

Y es que no son responsabilidad única de la Generalitat: el Gobierno no ayuda a poner orden ni a darnos los recursos. Tampoco facilitan su regularización ni su inserción social. Tanto desde los gobiernos catalanes como del Estado español nos dicen que empiezan a trabajar en planes, pero de mientras no deja de crecer el número de menores sin hogar que vienen de ser tutelados por la Generalitat.

Cuando hay una emergencia debes actuar. La anterior directora general y actual secretaria de Infancia, Georgina Oliva, ha trabajado mucho, pero el consejero y el presidente de la Generalitat la han dejado sola. Una llegada de estas características no se puede asumir sólo desde una dirección. El país debería tener capacidad de resiliencia. Es un tema de derechos humanos. Debemos ser capaces de acoger pero no sólo en el momento de la emergencia sino también de dar herramientas a estos chicos. Ha habido muchos errores repartidos.

Los manteros han sido motivo de polémica durante el mandato y también ahora en la campaña electoral

No hay una solución fácil. La oposición ha jugado a una simplificación absurda, como si los manteros fueran muebles que se pueden retirar. Como si no habláramos de personas y, además, sin que nadie reconozca su responsabilidad. Las mercancías falsificadas entran por el puerto de Barcelona. ¿Quién es responsable? Nos hemos reunido con el Síndic, con el Puerto de Barcelona, ​​con los Mossos …

Es una cuestión global que tiene que ver con la migración, con personas que están en un limbo jurídico que no les permite trabajar, aunque lleven doce años aquí. Evidentemente que hay que poner orden en el espacio público, pero transformar esto en una denuncia de problemas de seguridad, sociales, migratorios y legales es muy cínico. Me enoja.

Cuando fui alcaldesa accidental en agosto, recuerdo a ERC impulsando una comisión extraordinaria con Collboni y la derecha para desgastarnos, mientras sus compañeros del gobierno de la Generalitat me decían que esto era una vergüenza y que este era un tema de derechos. Hemos dado una respuesta desde nuestras capacidades, teniendo en cuenta que veníamos de una época de constantes persecuciones y heridos en los enfrentamientos entre la policía y los manteros. Nos hemos focalizado en dispositivos con garantías y planes de empleo para facilitar la regularización de estas personas, para que puedan salir de la manta. Las cosas no tienen sólo una cara.

Manuel Valls asegura que puede resolver este tema en cuatro días

Parece que tenga una varita mágica pero en su paso por las administraciones demostró que no la tenía, ni para asuntos de seguridad ni, menos aún, de derechos humanos. Un mantero me decía hace unos días que hacía más años que vivía en Barcelona que Manuel Valls.

¿No tiene remedio la problemática de los sin techo? Hace muchos años que los hay y parece que siempre habrá

Sí que tiene, si hay voluntad política y una estrategia de país. El único país que lo ha abordado de cara, que es Finlandia, ha erradicado el sinhogarismo. Nosotros impulsamos el primer plan de Barcelona contra el sinhogarismo. Preguntémonos por qué existen estas situaciones de pobreza severa. Hemos incrementado un 30% las plazas para atender a personas sin hogar. Las hemos dignificado. Hemos hecho un centro específico para personas que estaban en la calle y que tenían problemas de trastornos mentales.

Pero cabe preguntarse ¿qué falla? ¿Por qué no funciona el sistema sanitario de atención ? Cada vez tenemos más jóvenes que están en situación de sin hogar. ¿De dónde vienen? Del sistema de tutela de la Generalitat. Hay una institución que es la responsable de que se queden en la calle. Nos han llamado educadores de Girona o Viladecans diciendo que nos enviaban un chico porque se quedaba en la calle con 18 años. Cada ciudad debería tener su responsabilidad. Barcelona no puede resolver el sinhogarismo de toda Catalunya.

También hay que fijarse en la reforma laboral, que algo tiene que ver. Si el 18% de las personas que viven en la calle están trabajando, es que la pobreza laboral es un fenómeno que crece. He visto un empresario que se ha endeudado con la crisis, una persona que se ha separado, una chica que había encadenado trabajos precarios que ya no podía pagar una habitación… He visto muchísimas historias que harían que mucha gente cambiara la visión estigmatizadora que tiene de la gente que vive en la calle.

¿Con qué espina clavada se va del Ayuntamiento?

Esta es una. Hemos hecho un esfuerzo titánico, pero he de reconocer que solas no lo podemos resolver. En global estoy muy satisfecha. No sólo hemos podido abordar emergencias, sino que hemos hecho innovación social como nunca. Hay muchos proyectos que están encarrilados y espero que Barcelona en Comú gobierne, porque sólo una fuerza como la nuestra puede priorizar los derechos sociales como lo hemos hecho.

Me hubiera gustado encontrar más complicidad en los grupos. Hay demasiada política de desgaste, mucha más de la que había cuando empecé. La agresividad, el maltrato excesivo, son constantes. Siempre me ha molestado mucho que la gente mienta y no ponga rigor en lo que dice y destaco el populismo, en el sentido negativo de la palabra, que exhibe especialmente Elsa Artadi. Miente constantemente, no se hace responsable de nada, se hace pasar por quien no es. He vivido estas situaciones y me hace pensar que la política no está en su mejor momento.

¿A quién le gustaría pasar el testigo de su trabajo?

Hay muchas personas que vienen de los movimientos de lucha contra las desigualdades. Está en el ADN de Barcelona en Comú. Pienso en Gemma Tarafa, que ha trabajado de forma magnífica; Laura Pérez la concejala de Feminismos; Lucía Martín, que ha sido una gran luchadora en el Congreso en temas de vivienda; Carolina Recio, que ha sido consejera de Nou Barris, de la que he aprendido en temas de cuidados y atención domiciliaria … Y sobre todo contamos con una alcaldesa que se lo cree. He bebido de Ricard Gomà, que fue un gran concejal. Pero nunca ningún alcalde se creyó que los derechos sociales eran la prioridad de la ciudad.

¿Teme que la tarea que ha llevado adelante estos cuatro años pueda ser desmontada por un gobierno municipal de un color político diferente?

Sí. Uno de los momentos políticos más duros que he vivido fue la vuelta de Artur Mas al gobierno de la Generalitat. En seis meses, con las leyes omnibus, desmontó el trabajo de siete años. Desde la ley del derecho a la vivienda a temas fiscales urbanísticos… Fue una escabechina y parece que todo el mundo se ha olvidado. Y son los mismos que hoy se llaman Junts per Catalunya.

Claro que da miedo pero tenemos la ventaja de que hemos hecho política con la complicidad de las entidades. Hemos hecho una estrategia de inclusión y reducción de las desigualdades que es de ciudad, no municipal. Los proyectos son compartidos entre el Ayuntamiento y ellas. Desmantelar algo que tiene estos fundamentos, tan articulado y trabado no es fácil. Barcelona se sabe defender más allá de los colores políticos.

Cuando entramos hace cuatro años decían que veníamos a hundir económicamente la ciudad, que regular el turismo era un desastre, que nuestras propuestas en vivienda eran imposibles de aplicar … y ahora son ideas hegemónicas. Difícilmente alguien puede decir que desmontará según qué. El gran legado de Barcelona en Comú es que algunos derechos fundamentales son una demanda mayoritaria y la gente se los ha hecho suyos.

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