MINI CRÓNICAS CATALANAS

Horas bajas para Puigdemont

Los dos calendarios, el judicial y el electoral (europeo), pueden colocar a Junqueras en la posición central que Puigdemont ha ocupado desde que huyó a Bélgica pero se equivocan quienes dan por finiquitado a un hombre que ha demostrado tener recursos y arrestos, aunque lo suyo sea más la improvisación que la estrategia

Andreu Claret
 
 
 
Mans fent pinya en un castell / Albert Cortel CC flickr

Mans fent pinya en un castell / Albert Cortel CC flickr

Estoy seguro de que la visita que le hizo a Puigdemont la Colla Vella de Valls, y la oportunidad que le dieron de hacer de segundo de un pilar de cuatro le levantaron el ánimo. Lo digo sin ánimo de retintín, convencido de que el ex presidente catalán pasa por horas bajas. No sólo porque los otoños bruselenses son oscuros y aterradores. Tampoco porque el exilio suele tener más días de desazón que de gloria a medida que pasa el tiempo. Lo que ocurre es que los movimientos que se producen dentro de la galaxia independentista no le favorecen y el calendario que, hasta ahora, supo controlar con picardía se le echa encima.

Los dos calendarios, el judicial y el electoral (europeo), pueden colocar a Junqueras en la posición central que él ha ocupado desde que huyó a Bélgica. Él lo sabe, y todo cuanto está haciendo tiene por objetivo evitar este desplazamiento. Desde su propuesta de ir de número dos en la lista de las europeas, detrás del líder de ERC, que Tardà ninguneo con el pretexto de la paridad de género, hasta su aval a la iniciativa de Otegi de resucitar un Galeusca independentista con vascos, gallegos y catalanes. Es cierto que cuenta con algunas armas para resistir el envite. Su simbolismo y su carácter. Nadie expresa, como él, el desafío al Estado en el se reconoce una parte del mundo independentista y pocos políticos nacionalistas tienen un temperamento tan coriáceo como el suyo.

Se equivocan pues quienes dan por finiquitado a un hombre que ha demostrado tener recursos y arrestos, aunque lo suyo sea más la improvisación que la estrategia. Sin embargo, los artefactos políticos que ha intentado poner en pié en las últimas semanas, no acaban de arrancar. Ni el Consell per la República, ni la Crida, ni los intentos de desestabilizar el gobierno, ignorados por la dirección del PDeCat, ni las listas unitarias, ni las reuniones periódicas en Waterloo, cada vez más espaciadas y menos concurridas, ni esta Galeusca rediviva que no ha dado más de sí que un abrazo de Torra a Otegi, mientras Esquerra Republicana negocia una coalición con los abertzales. No le van bien las cosas a Puigdemont desde que hubo mudanzas en la Moncloa. Es como si hubiese perdido la brújula que le permitió navegar en tiempos de Rajoy.

Andreu Claret
Sobre Andreu Claret

Periodista i escriptor Contacto: Twitter | Más artículos

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*