Helena Maleno: «Defender los derechos humanos se ha convertido en un crimen»

El caso de Helena Maleno, procesada en Marruecos por coordinar el rescate de migrantes en el Mediterráneo y velar por la garantía de sus derechos fundamentales, sigue abierto a pesar del apoyo internacional. La activista continúa su labor incansable, por la que se encuentra en el punto de mira de una causa que le ha impedido viajar a Barcelona para participar en la conferencia 'Al otro lado del muro' organizada por el CCCB

Oriol Puig
 
 
 
Helena Maleno, durant la conferència al CCCB

Helena Maleno, durant la conferència al CCCB

Helena Maleno es periodista de formación, pero ha dedicado los últimos dieciséis años a construir y consolidar la ONG Caminando Fronteras. Un proyecto dedicado básicamente a atender a aquellas personas que están en tránsito hacia Europa, en busca de un futuro que no encuentran en sus países de origen. El compromiso de Caminando Fronteras y de Helena Maleno ha salvado más de 90.000 vidas. Gente que habría muerto en medio del Mediterráneo, y que ha podido sobrevivir gracias a las alertas que hacen este grupo de activistas a Salvamento Marítimo.

Paradójicamente, alguien que ha dedicado su vida a luchar por los derechos humanos, está siendo investigada por el Tribunal de Apelación de Tánger por su supuesta vinculación con mafias dedicadas al tráfico de personas. Esta almeriense, nacida en 1970, llegó a la ciudad marroquí en 2001, acompañada de su hijo, y pronto empezó a trabajar con las comunidades de migrantes. En estos dieciséis años en el país árabe, su teléfono ha sonado en innumerables ocasiones con peticiones de auxilio desde las propias pateras que intentan llegar a las costas españolas. Es entonces cuando ella avisa a Salvamento Marítimo para que acuda al rescate.

Esas llamadas, en concreto las realizadas entre 2012 y 2014, son las que han motivado el caso. El móvil de Helena fue intervenido por la Policía española, que elaboró un informe en el que describía su actividad como «fomento de la emigración ilegal». Fuentes de la defensa de la activista aseguran que la investigación en su contra ya fue archivada a principios del 2017 por la Fiscalía de la Audiencia Nacional, al no encontrar indicios de delito en sus llamadas de socorro. La Policía española entregó entonces el expediente a las autoridades de Marruecos.

Tras dos declaraciones aplazadas, dos interrogatorios en sedes judiciales y una fuerte campaña de apoyo por parte de la sociedad civil, llegó la espera. El 30 de enero de 2018, el juez marroquí encargado de la instrucción de la causa dio por finalizada la investigación, por lo que, según creían entonces fuentes cercanas a la defensa de la activista, se pronunciaría en las próximas semanas. Y hasta ahora. Más de un año de silencio.

En paralelo, Maleno está teniendo complicaciones para la renovación de su tarjeta de residencia en Marruecos. Tener un proceso abierto afecta a otros derechos como la libertad de circulación. Helena Maleno no ha podido viajar a Barcelona para participar en la conferencia Al otro lado del muro organizada por el CCCB.

Helena Maleno, durant la conferència al CCCB

La “necropolítica” o la política de la muerte

«Defender los derechos humanos se ha convertido en un crimen», dijo Helena Maleno para empezar su videoconferencia sobre la situación de los refugiados en la frontera sur española. Según Maleno, la frontera sur española se ha convertido en un espacio desprovisto de los derechos fundamentales. En la frontera, ya sea el Mediterráneo o las vallas de Ceuta y Melilla, el derecho a la vida de quienes la creen norte allá queda suspendido y a merced de todas las contingencias posibles.

Europa ha construido más de un millar de kilómetros de vallas y muros para conectar a sus ciudadanos a una ilusión de seguridad, el reverso es la exclusión de los que quedan en el otro lado. El muro sitúa al otro fuera de nuestro campo de visión y, a menudo, nos creemos exonerados de responsabilidades para con las vidas que hay en juego. «Dejar de salvar a alguien es una forma de matar», dice Maleno, que asegura que en Europa se están haciendo políticas que provocan muertos porqué hay empresas que se benefician de esta situación. Y añade: «La industria de la guerra no trabaja sola en la frontera; lo hace con la industria de la esclavitud». La activista denuncia las “políticas de la muerte”. Así califica a las políticas migratorias globales por las que se decide “quien muere”. Maleno apunta así a “los pensadores” que han desarrollado sobre esas necropolíticas “que vienen de la época colonial”. Porque dejarles morir, dice, “forma parte de esa necropolítica”.

Según Maleno, «ya no hablamos de la defensa de los derechos humanos sino de la defensa de los privilegios, y esto es lo que hay que cambiar. Necesitamos acabar con el racismo institucional». Sin embargo, son políticas que no son exclusivas de la ultraderecha, sino que “se implementan desde partidos europeos que se dicen de izquierdas hasta la extrema derecha”. Política que hacen que estas muertes sean “asumibles” en “nuestras democracias europeas”. Dejando morir “a personas racializadas o personas que, por su origen o nacimiento, no tienen ciertos privilegios”. Unas políticas que tienen como consecuencia que “ya no quede nadie” en el Mediterráneo Central. “Lo mismo que quieren hacer” en el Mediterráneo Occidental. Helena Maleno insiste: “Salvamento Marítimo no puede ser un elemento más de control migratorio. Salvamento marítimo debe defender el derecho a la vida a todo el mundo que esté en el mar, no podemos pervertir este servicio».

«Hostigamiento» por defender la vida de los migrantes

Preguntada por su caso particular de persecución por labor humanitaria, Helena Maleno hace hincapié en la petición al gobierno de Pedro Sánchez por parte de Naciones Unidas y organizaciones internacionales de revertir la “situación de vulneración de derechos” que está sufriendo. Desde su primera declaración ante el juez marroquí, la defensora de derechos humanos ha solicitado al Gobierno español la notificación oficial del archivo de la investigación iniciada en España por la Comisaría General de Extranjería y Fronteras (UCRIF). No se ha producido.

El silencio que provoca su agonía procede del juzgado pero también, critica la activista, viene de las autoridades españolas. No en vano, “la Europa de los privilegios, no de los derechos humanos”, como llama Maleno, traspasa a países terceros sus propias responsabilidades, y mirando hacia otro lado cuando estos países son los primeros en incumplir los principios que consideramos intocables en nuestros países.

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