“Hay espacios de la ciudad donde se quiere eliminar la vida, pero si hay organización ésta siempre resiste”

Després de retratar en profundidad el movimiento del derecho a la vivienda en su primer libro, el periodista João França presenta su segunda obra, 'Retrats d'una Barcelona comunitària', en la que aborda las diversas identidades y motivaciones del movimiento asociativo de la ciudad

Sandra Vicente
 
 
 
João França, autor de 'Retrats de la Barcelona comunitària' | Sandra Vicente

João França, autor de 'Retrats de la Barcelona comunitària' | Sandra Vicente

Conocer la ciudad no es sólo conocer su historia reciente, no perderse por las calles o dominar las dinámicas políticas en las instituciones. Conocer una ciudad es saber cómo respira, cómo se mueven sus gentes y qué inquietudes los sintonizan. Saber cómo y dónde se organizan las personas, contra qué resisten, qué los une y cómo afrontan las derrotas. Y sobre todo, cómo viven las victorias. Y João Francia sabe todo esto.

Periodista de calle, de los que pisan los adoquines para encontrar, no ya la playa, sino la identidad de las calles. Conocedor de los movimientos sociales, ha plasmado las historias de Barcelona a varios medios, entre ellos Catalunya Plural, del que fue jefe de redacción hasta 2016. Ha seguido de cerca colectivos y luchas sin las cuales no se podría entender Barcelona, ​​como la lucha por la vivienda, que plasmó en su primer libro ‘Habitar la Trinchera’, de la colección Periodismo y Derechos Humanos de la Fundació Periodisme Plural y la Editorial Octaedro.

Ahora estrena su segundo libro, ‘Retrats de la Barcelona comunitària’ con el que viaja hasta los intestinos de los barrios de la ciudad retratando la resistencia vecinal y la organización como forma de vida y de supervivencia.

En el libro dices que las ciudades son un espacio para vivir y para convivir. Pero, tal como relatas en capítulos como ‘Plazas duras’, no vivimos las ciudades, sino que las consumimos.¿Cuál es el modelo de ciudad que hemos construido y qué papel tienen los movimientos sociales para hacerla un poco más habitable?

En este ejemplo de las Plazas duras, si pensamos en la Vázquez Montalbán del Raval, vemos que era un espacio con un conflicto urbanístico muy encendido. Fue una lucha política bastante encarnizada en la que ganó el poder, que no quería que fuera un espacio habitable. Ahora, es una plaza que es toda de cemento pero con una vida increíble. Un espacio en el que se ha querido eliminar la vida, pero que sigue resistiendo. Y sólo pasan estas cosas cuando hay organización.

En el libro, Dani Pardo, portavoz de la Assemblea de Barris, plantea una idea interesante. Dice que hay que organizarse para que pase algo que, teóricamente, debería pasar solo. Para que las vecinas se reúnan en las plazas, las tenemos que convocar haciendo una paella o un vermut. La vida tiende a resistir, pero requiere esfuerzo. Este esfuerzo, sin embargo, también puede tener forma de resistencia improvisada; volviendo a Montalbán, vemos que los chavales jugando al críquet conflictuaban el espacio, que no estaba preparado para ello, pero tampoco tenían ningún otro lugar donde hacerlo. Cuando se vio que tenían el derecho a practicar ese deporte, se encaminó aquella actividad hacia un espacio más propio y se creó la pista negra del Raval. Fue el conflicto con el espacio lo que permitió que el asunto avanzara: si la policía hubiera echado repetidamente aquellos chicos y ellos hubieran desistido, ahora no habría pista de criquet.

Cuando hablamos de reapropiación del espacio siempre hablamos del Raval o del centro de Barcelona, ​​pero ¿qué pasa en zonas como Nou Barris, en las que hay elementos urbanísticos como la Ronda o la Meridiana que cortan y delimitan el espacio? ¿Los movimientos sociales también tienden al centralismo?

Hacer este libro me ha dejado cosas muy potentes y esta es una. Yo conocía más el mundo vinculado a los movimientos sociales que se movía por el centro. Pero durante la investigación para el libro fui conociendo cosas que se hacían desde asociaciones de vecinos, que son espacios que no se consideran tanto de primera línea del activismo, pero que son muy potentes. Pienso en Roquetes, por ejemplo, donde la lucha no es sólo sobre el urbanismo.

Un barrio que nace de la autoconstrucción no plantea espacios comunes, pero sí había espacios de vida y encuentro en la calle. Sin embargo, hacia los años 2000 comenzaron a ver cómo la organización popular, que había sido enorme, se desarticulaba. Así como en el caso del Raval podemos pensar que la pérdida de cohesión puede deberse a factores como el urbanismo, hay otros espacios en que hay factores que pesan más, como el individualismo imperante y el consumismo como modelo social.

Vieron que necesitaban recuperar la red y se empezaron a organizarse para crear un plan comunitario. No necesitan equipamientos, sino espacios de encuentro y terminan pudiendo regenerar la vida en el barrio, en contra de todas las dinámicas sociales.

Performance de la PAH ante una entidad ocupada de Bankia en Barcelona | Sandra Vicente

No podemos hablar de movimientos sociales (y menos contigo) y no mencionar a la PAH, que ha sido uno de los colectivos que más comunidad ha generado en los últimos años

Hay espacios que llegan más a la gente, porque parten de necesidades más concretas, pero que, al mismo tiempo, permiten generar más espacios de encuentro. No es lo mismo un espacio como V de Vivienda, que era muy potente, con un perfil determinado de gente interesada por la política, que consigue movilizar mucho pero a unos perfiles muy concretos: jóvenes, seguramente con estudios superiores, que no consiguen generar un tejido fuerte.

Y luego tienes a la PAH, que responde a la misma necesidad, pero que genera una comunidad muy fuerte. Iñaki, de El Lokal me dijo que enseguida se ve cuando un espacio está vivo o no: si llegas y ves gente que se parece demasiado entre ella, ese espacio no está vivo. Iñaki hablaba concretamente de la ocupación de la Capilla de la Misericordia para el CAP Raval, en la que se pueden ver personas mayores, jóvenes, médicas, punky, migrantes… una diversidad tan grande es propia de un espacio en el que se pueden generar otras cosas.

Me gusta pensar que la PAH ha generado un espacio en que al final se han podido trabajar cuestiones relacionadas con el racismo o el machismo. Ha actuado como una comunidad.

Los movimientos sociales han pecado a menudo de tener un punto elitista, apelando a un perfil formado y unas condiciones laborales y de vida que les permitían militar. ¿Cómo han cambiado estos espacios?

Son las exigencias de la militancia. En el libro abordé dos casos que me parecen dos caras de la misma moneda: el Sindicato de Manteros y el Sindicato de Inquilinos. Los manteros parten de que ya existía una comunidad, muy viva y con muchos lazos, y afrontaron el reto de convertir esta comunidad en un actor político. Los inquilinos, por el contrario, cogen un problema político y lo trabajan para generar una comunidad alrededor. Estos casos nos hacen pensar que, dependiendo de dónde partimos construimos de una manera u otra.

Tampoco podemos dejar de hablar del papel que han tenido los espacios ocupados

Este tema es complejo: que un espacio sea público depende más de los usos que de la titularidad. Tienes espacios ocupados en los que no ves gente diversa y espacios que sí. Y si hay diversidad, una ocupación no es demasiado diferente a un casal de barrio. Simplemente es que el conflicto político se hace más patente con una ocupación.

Aquí también hay que tener en cuenta que los espacios que son abiertos (físicamente), como el Ágora Juan Andrés del Raval, tienden a llegar a más gente. Esto lo vi también en Sarrià, donde está el espacio Gardenyes que es un trozo de terreno frente a la Casa Orlandai, cedido por el Ayuntamiento. Ahora hay un huerto comunitario al que llega más gente que la que se acercó a la Orlandai, que siempre ha sido un referente de la gestión cívica.

¿Qué diferencias establecerías entre la organización vecinal en los barrios con menos y más poder adquisitivo?

No he entrado demasiado, pero a espacios como Sarrià ves que acabas teniendo tejido de barrio. Por mucho que la media de la renta sea la que es, también hay diversidad. El caso de Sarrià, precisamente, me parece potente porque tiene voluntad de autoorganizarse y generar vida en el barrio, para que no sea lo que se ha dicho que Sarrià debe ser. En los barrios en que se reclaman más pipi-canes y policías, al fin y al cabo, también hay organización.

Manifestación por el Raval | D.P.

Tomando el hilo de los policías. Hay un capítulo en el libro, ‘Caminar sobre el peligro’, que aborda la cuestión de la seguridad ciudadana

El debate de la seguridad humana, que le llaman, me lo encontré haciendo seguimiento del proyecto de las Marchas Exploratorias de La Verneda, en la que hacían una revisión feminista del urbanismo. Creo que es un debate muy potente y pendiente para la izquierda, sobre todo con el auge actual de la extrema derecha. Son debates en los que nos ganan: en Brasil Bolsonaro gana con este discurso, porque la gente vive la inseguridad en su día a día. En Barcelona, ​​la seguridad parece una herramienta muy potente en campañas contra el gobierno actual y es normal, porque si te sientes inseguro, escuchas a quien propone soluciones.

Pero por mucho que pongas más policía no se solucionará el tema. Yo, personalmente, me he sentido más seguro en el Raval que en cualquier otro barrio donde he vivido, porque hay vida en la calle. Vas por el Eixample de noche y allí no hay nada. La vida genera seguridad.

Dices que es un debate pendiente de la izquierda, porque genera contradicciones. ¿Cómo valoras el debate entre poner más policía o abordar los motivos de la inseguridad, pero no dar respuestas rápidas?

Tendemos a mirar la cuestión de fondo y es fundamental, pero si no das respuesta a la persona a la que se está robando, es normal que se enfade. Debemos intentar entender qué causa la inseguridad pero sin dar la espalda a quien la padece. Volviendo a La Verneda, las mujeres pedían más policía y más cámaras. Y es una demanda que se repite en cada consejo de barrio. Como no estamos ofreciendo otra alternativa, la gente quiere la respuesta que conoce, que es esta. O pensamos en soluciones o la gente seguirá pidiéndolo y, creo, que no resolveremos nada.

Tenemos un Ayuntamiento que viene de los movimientos sociales y que ha tenido que asumir estas contradicciones que surgen de las restricciones de ser a la administración

Estás en el poder pero, ¿qué poder tienes? ¿Qué control tienes sobre la policía, por ejemplo? Yo no me quisiera ver en esta situación; puedes venir de una trayectoria en la que para ti la policía es el enemigo pero de golpe tienes que gestionar una ciudad en la que, si entran a robar, la gente tiene que tener respuestas. Una ciudad en la que, no lo olvidemos, hubo un atentado. ¿Qué haces?

Volviendo a la pregunta del principio. ¿Qué tipo de ciudad es Barcelona, ​​o hacia dónde nos gustaría que fuese?

Es una ciudad muy viva y por eso sigo aquí. Yo no he nacido aqí, vine a parar y, cuando mi familia se fue, podría haberme ido con ellos, pero decidí quedarme. Hablando con personas que no viven aquí, muchos te dicen que Barcelona es una ciudad en la que la gente cree que se pueden cambiar las cosas y creo que es muy potente. Hay mucha gente que cree que vale la pena organizarse.

Por las victorias logradas

Esta fue la reflexión que hice cuando escribí ‘Habitar la Trinchera’: pensar en las victorias. Escribiendo sobre 20 años de organización por el derecho a la vivienda vi un montón de derrotas pero, mirándolo todo junto, pensabas ‘¡qué bien!’. Tenemos muchas derrotas pero siempre hay una parte de victoria. Siempre aprendes. ¿Hemos conseguido regular los precios del alquiler en Barcelona? No, pero tenemos medidas como la del 30%, que al final son pequeñas victorias que dan aire.

Y la PAH siempre valora cada victoria. ¿Detener un desahucio es una victoria? Mirándolo a nivel macro no. No has hecho nada para cambiar la ley. ¿Has solucionado la situación en la familia? No, pero le has dado tiempo. Y para una persona que está a punto de quedarse en la calle es una victoria enorme. Dar importancia a estos hechos permite seguir.

Los movimientos sociales son inestables. La instucionalitat puede permanecer en el tiempo, pero pierde vida. Si estás ocupando, quizás te echan. La gente se desmotiva. Pero la historia reciente de Barcelona tiene muchos momentos de reencuentro potentes. El 15M, la lucha anti Bolonia, el movimiento antiglobalización, las protestas contra la guerra … nos aglutinamos y nos separamos, volviéndonos a juntar, haciendo círculos. Y al final, ves que todo tiene un sentido.

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