«Hablamos de derechos humanos pero la única medida que garantiza libertad, justicia y dignidad es la renta básica universal»

Daniel Raventós Y Julie Wark defienden la instauración de la renta básica como única manera de distribuir la riqueza de manera universal y evitando las relaciones de poder desiguales que se establecen con la caridad

Marta Curull
 
 
 

El economista Daniel Raventós y la politóloga y antropóloga Julie Wark son los coautores del libro ‘Contra la caridad’ (Arcadia e Icaria, 2019). Se trata de un estudio sobre las trampas de la caridad y la filantropía y proponen la renta básica universal (e incondicional) como propuesta mínima y «absolutamente necesaria» para poder conquistar libertades, derechos humanos y salud.

Desde una concepción republicana de la ‘libertad’, aseguran que los derechos no pueden ser si no se tienen las condiciones materiales cubiertas y garantizadas. Por lo tanto, proponen una redistribución fiscal que permita que todo el mundo tenga su supervivencia garantizada, para no tener que depender de trabajos miserables para sufragar condiciones de vida, a su vez, también miserables.

¿Por qué estáis en contra de la caridad?

Julie Wark (JW): Para responder a esta pregunta, empezaría hablando de los 26 billonarios que controlan la riqueza del mundo y que no pagan los impuestos que, creemos, les corresponderían. Esto se traduce en menos servicios públicos y, por tanto, en mucha gente que muere antes de tiempo. Incluso en ciudades como Barcelona hay una diferencia abismal entre ricos y pobres y las tasas de mortalidad.

La caridad funciona como una manera de tapar la falta y pérdida de servicios públicos. Los ricos van a su aire, participan del poder y hacen política unilateralmente, pero lo tapan con la caridad. Y la relación que se establece a través de la caridad es muy desigual: hay una persona que da, pero da lo que quiere dar, cuando quiere dar y donde quiere dar. Y la persona que recibe, no decide nada. Es una relación terrible de poder y humillación para la persona que necesita recibir.

¿Podríamos considerar que la caridad es una manera de blanquear el capitalismo? ¿De pasar funciones, que deberían ser públicas, a personas particulares?
JW: Este es otro tema. Sobre todo si hablamos de filantropía, donde se dan muchas concesiones de impuestos. Pero la caridad también genera un caldo de cultivo ideal para la corrupción, sobre todo en ámbito humanitario. En los lugares con las peores condiciones del mundo, como Haití, tras el terremoto de 2010, la corrupción es galopante.
Cuando decís, ‘en lugar de caridad, justicia’, proponéis como alternativa la renta básica universal

Daniel Raventós (DR): La renta básica universal es una asignación monetaria pública para toda la población. Esta es la gran diferencia con todos los subsidios que conocemos, que están sujetos siempre a algún tipo de condicionalidad. Ya sea el paro, el riesgo de exclusión, la viudedad… Pero la renta básica universal es para todos, sin excepciones. Fue el gran revolucionario Thomas Paine, quien puso las bases de la renta básica, dejando claro que no era caridad, sino justicia.

De lograrse, atribuiríamos derechos a la vida, y no al trabajo o las condiciones

DR: Partimos de esta base, sí. Tomamos la filosofía republicana y su concepción de libertad, según la cual no se puede ser libre si no tienes las condiciones materiales de existencia garantizadas. Entonces, fijémonos en la diferencia entre la caridad, una relación entre desiguales, y la renta básica, que es un derecho de ciudadanía.

Muchos dirían que si damos dinero por el simple hecho de vivir, nadie trabajará

JW: Es el tópico de siempre, pero no es verdad. Daniel y su equipo han hecho estudios al respecto y determinan que cerca del 70% de personas trabajarían igual si recibieran la renta básica. Pero esto nos plantea un debate interesante, que es el del trabajo de cuidados. Con una renta básica, el trabajo de casa, de cuidados, por fin estaría reconocido como trabajo. Es, políticamente, muy importante.

DR: Si algo constatan los experimentos pilotos que se están haciendo en todo el mundo, justamente es que la gente no deja de trabajar. Esta es la gran preocupación de mucha gente cuando se habla acerca de que los pobres recibirán una asignación. Pero pensemos: a nadie le preocupa qué harán los ricos.

JW: Al contrario de lo que se piensa, la renta básica da a la gente la posibilidad de ser ciudadanos y formar parte de la ciudadanía. Normalmente, cuando no tienes trabajo, no puedes pagar el alquiler, estás deprimido, en casa. Pero una asignación da la tranquilidad para poder buscar trabajo, ser más sociales. Y es que los humanos, normalmente, necesitamos trabajar.

Quizás, incluso, si no tienes que trabajar para sobrevivir, podrías tener un trabajo más creativo, aprovechando el tiempo para dedicarlo a tareas más útiles

DR: Efectivamente. Una de las cosas que constata el experimento hecho en Namibia es que cuando la gente no tiene la angustia permanente de encontrar un trabajo, que además normalmente será de mierda, libera un espíritu de tranquilidad que les permite realizar actividades que antes no podían hacer. No las podían hacer porque se pasaban el día buscando trabajo o bien, estaban 12 horas diarias en trabajos miserables. Todos los experimentos coinciden en que la salud mental incrementa de forma impresionante.

Hablas de experimentos. ¿Todos los ensayos que se han hecho son meros experimentos o hay algún lugar en que se aplique plenamente la renta básica?

DR: El único lugar del mundo que lleva más de 30 años, no con un experimento, sino con una realidad que se parece mucho a la renta básica, es Alaska. Pero con una gran diferencia: nosotros proponemos que se logre mediante una gran reforma fiscal que redistribuya la riqueza, de tal manera que, aunque todo el mundo reciba la renta, los ricos no ganen, sino que pierdan. En cambio, en Alaska, lo hacen mediante una fundación privada. Todos los beneficios que recibe al cabo del año se reparten entre toda la población y suelen rondar los 2.500 dólares anuales. Con ello, han conseguido ser el estado de EEUU más igualitario.

La renta básica que proponéis vosotros sí garantiza vivir: cubre las necesidades, aunque sean las más básicas

DR: Bueno, nosotros no hablamos de necesidades básicas, sino de existencia material garantizada. Es un concepto republicano. Para concretarlo en una cantidad económica para nuestras sociedades monetarizadas, usamos el indicador del umbral de la pobreza. Se trata de un indicador oficial, muy difícil de manipular, porque depende del PIB. En el caso de Catalunya, hablaríamos de una cantidad que actualmente oscilaría entre los 700 y los 750 € mensuales para todas las personas adultas y una cantidad inferior para los menores de edad. Normalmente se trata del 60% de la renta media.

El otro gran cuestionamiento que planea sobre la renta básica es que no sería posible porque dejaría las arcas públicas sin dinero. Este es otro tópico? Defendéis que es financiable

DR: No sólo eso, sino que dedicamos una parte importante del libro a mostrar, con números, cómo es posible dar una renta básica igual al umbral de pobreza a toda la población, mediante una reforma fiscal. Y lo hacemos sin tocar ni un duro del dinero que ya está presupuestado e, incluso, sin tocar lo que está destinado a la Casa Real y a Ejército, cantidades que podrían perfectamente ser recortadas por higiene pública. Es más, tampoco tenemos en cuenta el increíble fraude y evasión fiscal que esconde el IRPF.

Si tomáramos todo ese dinero, financiar la renta básica sería aún más fácil. Y si el reino de España tuviera el mismo fraude fiscal que la media de la UE -no decimos ni siquiera que desaparezca- financiar la renta básica sería cosa de niños pequeños.

La segunda parte del libro se llama ‘Solución parcial’. ¿Por qué no es una solución total?

DR: Porque sería parte de una solución que constaría de muchas medidas. La renta básica no acabaría con la discriminación ancestral de las mujeres. Tampoco con el control de las multinacionales ni regularía la política monetaria. La renta básica sería una política económica que no podría resolver un montón de problemas para los que no está diseñada.

¿Es solución parcial porque toca sólo cosas concretas o también porque en el fondo no nos hace cambiar de sistema?

DR: Por supuesto. Es una medida que mejoraría la sociedad de hacerse mediante una reforma fiscal, porque de otro modo no ayudaría a combatir la desigualdad. Con una renta garantizada pasaríamos de tener uno de los peores índices de desigualdad de la UE a uno de los mejores, al nivel de Dinamarca, Suecia o Finlandia. Pero, efectivamente, no acabaríamos con el capitalismo. Para ello necesitamos muchas cosas y la renta garantizada sería sólo una medida de resistencia.

JW: Pero ayudaría a allanar el camino, porque sería la única medida que sería universal. Y la universalidad comienza con la concepción de igualdad y justicia.

Nos igualaría a todas las personas de la sociedad

DR: La concepción de libertad que se ha impuesto es la del liberalismo; una concepción que no sólo habla de libertad sino de la propiedad, exclusiva y excluyente, que ha conseguido separar la libertad de las condiciones materiales de existencia: es igual dónde vivas, lo que sea de tu vida, tienes formalmente reconocidas una serie de libertades. Este ha sido el éxito histórico del liberalismo, ya que hasta hace poco, la teoría republicana decía que no podías ser libre si no tenías las garantías materiales garantizadas. Y por eso sólo podían ser libres los ricos y el resto hacía lo que quisiera el dueño, que es quien manda en las condiciones de existencia.

JW: Es lo mismo que cuando hablamos de derechos humanos. Son sólo papel mojado: todo el mundo habla de ellos, incluso las personas de derechas, pero si queremos tener derechos humanos de verdad, debemos pensar en garantizar tres cosas: la libertad, la justicia y la dignidad. Y la única medida en el mundo que tiene la universalidad para garantizar estos tres grandes retos es la renta básica.

¿Qué necesitamos para aplicarla?

JW: Voluntad.

DR: Que la población quiera. Pero para mí es muy esperanzador que la gente, cuanto más conoce la propuesta, más partidaria es. Si no conoces los detalles, es fácil hacer demagogia: que si no se puede financiar, que si la gente no trabajará, mantendremos a los vagos, los migrantes vendrán y las mujeres volverán a los hogares. Pero las objeciones o supuestas objeciones demagógicas son muy fáciles de vencer.

JW: Para hablar de este tema necesitamos, primero, ética. Preocuparnos por el hecho de que mucha gente no tenga para comer o que estén encerrados en campos de refugiados. Para poder hablar de la renta garantizada, primero se requiere una educación para valorarla y preocuparnos por nosotros, los seres humanos, como si fuéramos todos de la misma familia.

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