Gentrificación y actividad económica: amor imposible?

La actividad económica de nuestros barrios determina su grado de gentrificación. Ciutat Vella regula la actividad económica poniendo las necesidades de los vecinos y vecinas en el centro

Gala Pin
 
 
 
La fachada de un edificio de Ciutat Vella | Josep Renalias

La fachada de un edificio de Ciutat Vella | Josep Renalias

Estuve muchos años en el movimiento vecinal de mi barrio. Si alguien se implica en la asociación de vecinos de su barrio, o en el movimiento vecinal lo hace básicamente por amor. Porque se cruza con gente por su camino que le enseña a quererse su barrio. No es un amor romántico, sino más bien un amor de cuidados colectivos, de preocuparte con otros por el barrio, por su comunidad, por aquello que cosa le pasa o le deja de pasar. Y a nosotros nos preocupaban y preocupan muchas cosas, la expulsión de vecinos y vecinas, los alquileres, los apartamentos turísticos, los planes urbanísticos especulativos… y el cambio que había en los locales comerciales de nuestro barrio.

Desaparecía el comercio de toda la vida o de esta vida, un comercio que te servía en tu día a día, y voilà: otro bar hypster (entonces no sabíamos que eran hypsters), de repente una calle se llenaba de comercios orientados a los turistas, todos iguales y tú no tenías una triste tienda en qué comprar un colchón, unas lentejas o unos pantalones: habían cerrado o se habían sustituido sus usos. Y esto, cómo se podía evitar, o al menos, reconducir? No había ninguna herramienta urbanística que regulara esto? Con el tiempo se ha asumido que la morfología comercial de un barrio es también un factor que indica su grado de gentrificación; en esa época (hace casi 10 años) no se tenía muy presente.

Hay una herramienta urbanística. Se llama Pla de Usos. Los planes de usos son planes urbanísticos que regulan los establecimientos de concurrencia pública: bares, restaurantes, discotecas, heladerías, supermercados, teatros… y los regulan en base a criterios urbanísticos: ancho de calle, radio de densidad, estado de un edificio, superficie máxima o mínima del local… Es una herramienta eminentemente restrictiva, de regulación. Dice qué condiciones tiene que cumplir un negocio para implantarse en un lugar concreto. Oju! No dice nada sobre las actividades que ya existen. Después de años en los cuales, con otras muchas compas de movimientos sociales y vecinales, habíamos organizado charlas y talleres para explicar qué era un plan de usos, hemos pasado noches sin dormir para presentar alegaciones (desestimadas) a los planes de usos propuestos por gobiernos anteriores, el pasado viernes en el pleno del Ayuntamiento de Barcelona aprobamos el nuevo plan de usos para Ciutat Vella. Y esto es motivo de noticia o alegría? Pues sí. El urbanismo no es neutral. No puede, bajo ningún concepto, ser arbitrario, pero tampoco es neutral.

Lo que pasa en las plantas bajas de nuestros barrios condiciona la vida. Ciutat Vella es un distrito altamente saturado de actividad comercial, de actividad no destinada a cubrir las necesidades de vecinos y vecinas, sino de visitantes de aquí y de allá; un distrito de calles muy estrechadas y una concentración de locales destinados al ocio nocturno muy alta, lo cual implica que el ruido, los niveles de ruido a los cuales están sometidos muchos vecinos y vecinas del distrito tiene grandes afectaciones en la salud. Es un distrito residencial, es decir, en el cual viven personas. Vecinos y vecinas que en las últimas décadas han visto cómo sus necesidades se supeditaban a intereses de lobbies y actores económicos de diversa índole.

El plan de usos anterior (2013, CiU, ahora Pdecat) se vendió públicamente como un plan de usos restrictivo, pero a la práctica aplicaba criterios que permitían el crecimiento de la restauración, los alojamientos turísticos (incluidos los hoteles) que remató la sobresaturación del distrito, y que además, tiene dos sentencias que lo declaran nulo de pleno derecho. Yo no soy jurista, pero la nulidad de pleno derecho son palabras mayores, el juez te viene a decir que tienes que hacer como si este planeamiento urbanístico no hubiera existido nunca. Así que hacía falta un plan de usos nuevo. Uno que antepusiera las necesidades de los vecinos y vecinas a cualquiera otro interés, que se hiciera en diálogo con actores económicos y asociaciones comerciales, y que pusiera en el centro la vida y la proximidad. Todo esto suena bien, pero de qué va este plan de usos?

Es un Plan de usos que divide las actividades entre aquellas que tienen impacto nocturno y las que no. Las que no tienen impacto nocturno (actividades culturales, establecimientos destinados a consumo de proximidad, a producto cotidiano no alimentario…) tienen más facilidades para abrir. Los planes de usos hablan de los nuevos negocios que se quieran abrir, no de los que ya existen. Las actividades que tienen impacto nocturno no pueden concentrarse y tienen más restricciones a la hora de implantarse. Se entiende por actividad con impacto nocturno aquellas que tienen horarios que los permiten abrir hasta tarde: restaurantes, bares, bar de comer rápido, discotecas, salas de exhibición etc. Las discotecas, salas de baile, salas de fiestas… las hemos prohibido directamente, tenemos una concentración altísima para el tipo de calles y la densidad urbana de Ciutat Vella. El mismo nos pasa con las actividades dedicadas exclusivamente al turista: venta de tiques, taquillas para dejar las maletas, alquiler de vehículos de movilidad personal…, por lo cual estas actividades también se han prohibido o restringido los lugares en los cuales se pueden situar.

Pero no todo va de prohibir o restringir (aunque un poco sí, después de décadas de desregulaciones varias), también hay que fomentar. Por un lado, si los locales ya no pueden destinarse a la restauración o el ocio nocturno, esperamos que los propietarios bajen sus expectativas y los alquilen a precios mínimamente razonables. Más allá de los desiderátums, el plan de usos viene acompañado de otra herramienta: los bajos de protección oficial. Son bajos públicos que se destinan a actividad económica. A través de un concurso público al que se tienen que presentar los proyectos, el ayuntamiento determina qué tipo de actividad quiere que haya en determinados locales comerciales, de forma que podemos contribuir al hecho que según qué tipo de actividades económicas se puedan quedar en nuestros barrios. Estos locales se adjudican a través de este concurso, cumpliendo con criterios de proximidad, sostenibilidad… y acceden a un local comercial con un precio muy por debajo del precio de mercado.

Si queremos hablar de gentrificación, tenemos que hablar de vivienda, pero no podemos hablar sólo de vivienda. El tejido comercial es crucial a la hora de generar circuitos de seguridad para vecinos y vecinas, es crucial para satisfacer necesidades cotidianas, permitir que propuestas innovadoras que no tienen grandes marcas detrás puedan salir adelante, que economías imprescindibles en la vida cotidiana, como la economía de las curas, formen parte de estos ecosistemas que son nuestros barrios. Si queremos hablar de gentrificación hay que hablar también de ruidos, de ocio nocturno; de la necesidad de una economía diversificada, que evite monocultivos turísticos y que le diga a vecinas y comerciantes: queremos que os quedáis en nuestros barrios. Para lo cual, el urbanismo tiene que poner a la gente en el centro del planeamiento.

El centro de una de las ciudades europeas más importantes acaba de regular la actividad comercial que se puede establecer y lo ha hecho poner los vecinos y vecinas por ante los intereses de los lobbies. Algunas decidimos hacer el salto a las instituciones justamente para poder poner herramientas tan potentes como estas al servicio del interés general. gentrificación y actividad económica: no era un amor imposible, era un amor cómplice, colectivo, basado en el común.

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