Formar ciudadanos para el mercado laboral y con valores tradicionales: la política educativa de Bolsonaro

El 2 de enero el nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, le robó un titular al ministro de Educación que acababa de nombrar: la Secretaría de Educación, Alfabetización, Diversidad e Inclusión cambia de nombre, un primer paso para "formar ciudadanos para el mercado laboral "y no" mentes esclavas de dominación socialista ".

Víctor Saura
 
 
 
Jair Bolsonaro felicita a Ricardo Vélez el dia del nomenament | Foto: twitter @ricardovelez

Jair Bolsonaro felicita a Ricardo Vélez el dia del nomenament | Foto: twitter @ricardovelez

La política educativa que emprenderá en los próximos años Brasil parte de una idea que está completamente arraigada entre los nuevos gobernantes, y muy especialmente en el presidente Bolsonaro y su ministro de Educación, Ricardo Vélez Rodríguez. Según lo que uno y otro han declarado reiteradamente, durante los últimos 15 años (los de los gobiernos del Partido de los Trabajadores) la escuela brasileña ha ido adoctrinando a los niños con ideología marxista, y por tanto su prioridad ahora es extirpar o depurar el marxismo del sistema educativo.

Ambos son afines al movimiento Escuela sem partido (escuela sin partido), impulsado en 2004 por el abogado Miguel Nagib para denunciar el supuesto adoctrinamiento que los maestros ejercían sobre sus hijos, y que propone erradicar las ideologías de la escuela. El movimiento ha ido cogiendo fuerza a lo largo de los años, pero también opositores, hasta el punto de que existe la asociación Profesor contra la Escuela Sin Partido, creada para denunciar que lo que defiende esta entidad atenta contra la libertad de expresión en el aula.

En el caso de Bolsonaro, su aversión al comunismo es manifiesta. En un tuit publicado el 31 de diciembre, pocas horas antes de ser investido presidente, escribía que «una de nuestras metas para sacar a Brasil de las peores posiciones en las clasificaciones de educación del mundo es combatir la basura marxista que se ha instalado en las instituciones educativas». Ya durante la campaña electoral, Bolsonaro había declarado su intención «de entrar con un lanzallamas al Ministerio de Educación» para acabar con el legado de Paulo Freire.

¿Quién es el nuevo ministro?

Vélez Rodríguez es un profesor de filosofía colombiano de 75 años que se instaló en Brasil en 1979. Hasta entonces había sido profesor de la Universidad de Medellín, donde varios colegas murieron por atentados de las FARC, con lo cual le propuso a su esposa, brasileña, que se instalaran temporalmente en Río de Janeiro. Pero la violencia continuó en Colombia y Vélez terminó adquiriendo la nacionalidad brasileña.

Los años 80 y 90, Vélez impartió clases en la Universidad del Estado de Río de Janeiro y en la Universidad Federal de Juiz de Fora, en esta última continuaba ejerciendo como profesor asociado. A Bolsonaro, que es capitán en la reserva, lo conoció hace diez años, como profesor de la Escuela del Estado Mayor del Ejército brasileño, si bien la prensa del país atribuye su nombramiento a la influencia de Olavo de Carvalho, un escritor brasileño que reside en Estados Unidos y al que se le considera el ideólogo de cabecera de Bolsonaro y la nueva derecha brasileña. Carvalho lleva años atribuyendo la decadencia de Occidente a la «ideología de género» y el «marxismo cultural».

También en su discurso de investidura Ricardo Vélez reiteró que su principal objetivo es poner fin al «marxismo cultural» en las escuelas. «La ideología globalista pasó a destruir uno a uno los valores culturales que rigen el país: familia, iglesia, Estado, patria y escuela», afirmó el nuevo ministro. Según dijo, uno de los éxitos de su cabeza ha sido escuchar la voz de padres y madres que estaban hartos de esta educación.

Clovis Rossi, un conocido periodista brasileño que escribe en Folha de Sao Paulo, definía hace algunas semanas Vélez como «un ayatollahs». «Un ayatollahs asume la educación en Brasil», titulaba Rossi un artículo en el que recordaba que Vélez defendió en su blog (ahora borrado) el golpe militar brasileño de 1964, definiendo como héroes a los golpistas porque habían impedido que el marxismo se apoderara del país. Al periodista le parecía increíble que se fuera a nombrar ministro de Educación alguien que había despreciado de esta manera a las decenas de miles de muertos, torturados y exiliados a causa de aquel golpe de estado. «Tiene todo el olor de la policía moral adoptada en Irán, entre otros países musulmanes como Arabia Saudí», escribía Rossi sobre el futuro ministro.

Eliminar el ‘buenismo’ y rescatar la autoridad del profesor

La primera de las decisiones en política educativa del nuevo ministro no ha tenido ni tiempo de anunciarla porque Bolsonaro se le adelantó. Según cuentan los medios brasileños, el equipo de prensa de Vélez había anunciado que no haría ninguna declaración ni concedería entrevistas hasta el día 7, ya que quería conocer antes el ministerio, pero tuvo que dar marcha atrás y aceptar preguntas de la prensa porque el mismo día 2 Bolsonaro anunció a través de Twitter que su ministro le cambiaba el nombre a la Secretaría de Educación Continuada, Alfabetización, Diversidad e Inclusión (Secadi).

La Secadi ya no se llamará así, sino que será, simplemente, la Secretaría de Alfabetización. «Hay que formar ciudadanos para el mercado laboral, el enfoque opuesto a los gobiernos anteriores, que intencionalmente invirtieron en la formación de mentes esclavas de las ideas de dominación socialista», rezaba el tuit del presidente brasileño.

A Vélez no le quedó más remedio que confirmar la noticia, pero no aclaró a qué obedece el cambio de nombre, aunque los analistas han interpretado que el objetivo es eliminar toda temática relativa a los derechos humanos o las minorías étnicas o de cualquier otro tipo. Capaz de afirmar que preferiría ver a su hijo muerto antes que gay, Bolsonaro también se refirió en campaña a lo que calificó de coitadismo (que se podría traducir como buenismo, ya que «coitado» equivale a «pobrecito») como uno de los grandes males de la escuela. «Todo es coitadismo. Pobrecillo el negro, pobrecita la mujer, pobrecito el gay, pobrecitos los del noroeste… acabaremos con esto», declaró. En esta misma entrevista ofreció su solución a «toda esta historia del bullying». Cuando él era alumno, dijo, «el gordito golpeaba como todo el mundo, hoy el gordito llora».

Vélez es un poco más cuidadoso con sus palabras, especialmente desde que supo que iba a ser ministro. Los tuits que ha publicado desde noviembre han sido en general asépticos, e incluso en uno de los últimos aseguraba que «estamos atentos a los derechos, las necesidades y la individualidad de las personas con discapacidad. A fin de proponer acciones eficaces, estamos trabajando en asociación con el Ministerio de Derechos Humanos y la Secretaría Especial de las personas con discapacidad «. En otro tuit sí hablaba de dignificar los salarios de los docentes y de «rescatar su autoridad», otra idea repetida insistentemente por su cabeza. 

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