Follándonos a una entre los 5′ era ‘violando a una mujer entre los 5’

Tenemos que empezar a asumir que muchos agresores sexuales encuentran el placer no en la sexualidad, sino en la dominación a través del sexo. Es por eso que tenemos que hacer hincapié en la violencia que es siempre el núcleo central de las violencias sexuales

Carla Vall i Duran
 
 
 
Miles de personas se concentran frente al Ministerio de Justicia en Madrid contra la sentencia de 'la manada' OLMO CALVO / MADRID (eldiario.es)

Miles de personas se concentran frente al Ministerio de Justicia en Madrid contra la sentencia de 'la manada' OLMO CALVO / MADRID (eldiario.es)

«-Follándonos a una entre los 5.

-Todo lo que cuente es poco.

-Puta pasada de viaje.

-Hay vídeo.»

El grupo de WhatsApp de ‘la Manada’ eran 21. Y los otros responden la hazaña de los líderes: «Cabrones, os envidio. Esos son los viajes guapos».

‘Follándonos a una entre los 5’ era ‘violando una mujer entre los 5’. No era la primera vez. Sabemos que en Pozoblanco otra víctima fue agredida por algunos de los mismos integrantes de la Manada. Y sabemos que la víctima decidió no denunciar porque su entorno cercano no la creía, tampoco un agente de policía local a quien le explicó. Y es que necesitamos creer que estas cosas no pasan. Necesitamos creer que esto no les pasa a las mujeres que nos rodean porque nos han enseñado que esto pasa a ciertas mujeres. A las mujeres que han hecho algo mal, que no se han protegido, que han bebido, que han estado con desconocidos. Como si esto fuera un factor que permite entrar en esta esfera de riesgo.

Seguramente antes de ‘Follándonos a una entre los 5’ había mensajes deseando buena noche o diciendo te quiero a sus parejas. Y es que aquellos buenos chicos son también unos depredadores sexuales que, según una testigo de esa misma noche ‘eran muy guapos y no tenían necesidad de violar’. Estamos de acuerdo, no tenían necesidad de violar para tener sexo y, precisamente eso, es lo que los hace especialmente peligrosos. Por eso mismo sabemos que lo que buscaban no era sólo sexo. Lo que buscaban era dominación, inflingir dolor, ejercer misoginia. ¿Y cuál es la fórmula concreta que los hombres escogen para dominar a las mujeres? El sexo.

No es ninguna novedad que el corporativismo machista, la hermandad entre hombres sella un pacto sagrado que los hace superar sus miedos y limitaciones individuales para hacerse fuertes en grupo buscando una víctima para hacerla servir de chivo expiatorio. En ella depositan sus carencias y debilidades: en grupo son fuertes, en grupo atacan. Pero no son una manada, son unos depredadores comunes. Muestran la cara B que muchos hombres ‘normales’ tienen. Esto nos conecta con una idea que nos da miedo: no conocer completamente las personas que nos rodean y saber que no somos completamente buenos, ni completamente malos. Que la capacidad de inflingir dolor acompaña a hombres que desean de buenas noches a sus novias y, a continuación, salen de cacería buscando una presa.

Pero, no sé si alguien puso el foco en cómo estaría ella ayer. Como estamos las mujeres que, en algún momento de nuestras vidas hemos sufrido violencia sexual y hemos visto juzgado nuestro dolor; que a veces, ha sido tachado de demasiado, a veces, demasiado poco. Ella que ha sido tan valiente que ha vencido el miedo y ha seguido adelante en un juicio público que la ha puesto en el centro del huracán y que continuamente ha puesto en duda su relato.

Diría que no pensamos en cómo las mujeres que puedan sufrir violencias similares pueden decidir no atravesar este palacio de hielo que es el sistema judicial. Porque ahora ya sabemos que un Magistrado tiene dificultades en percibir la violencia sexual y que interpreta que un episodio de terror como » … Que en ese momento los otros dos la sujetaron y la introdujeron en el portal. Que la declarante iba hablando normal y le dijeron que se callara y no gritara. (…) Que la rodearon entre todos y uno de ellos la cogió de la cara y le obliga en ese momento a hacerle una felación», puede ser entendido como: ‘Lo que me sugieren los gestos, expresiones y los sonidos que emite es excitación sexual.’

Y es que pasar por un proceso judicial hace que las personas que inflingen sufrimiento se multipliquen, ya no limitándose a los agresores. Ya no sólo es la obtención de una sentencia favorable que reconozca la verdad y la violencia sufrida, sino también la reparación que toda víctima merece. Porque la reparación completa sólo puede pasar por la recopilación de un relato que reconoce el dolor en toda su dimensión. Que nunca más ningún Magistrado pueda leer ‘ follándonos a una entre los 5′ sin entender que el consentimiento bajo estas circunstancias, sencillamente, no puede existir.

Carla Vall i Duran
Sobre Carla Vall i Duran

Advocada penalista, drets humans. Especialista en l'abordatge i prevenció de violències masclistes; assessora en polítiques públiques i plans de seguretat des d'una mirada interseccional. Contacto: Twitter | Más artículos

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