Feminismo en los CRAE: una asignatura olvidada pero necesaria para erradicar violencias

El proyecto Alternative Future, coordinado en Cataluña por la Fundación Surt, recoge una serie de buenas prácticas con jóvenes tutelados en CRAE que tienen como base una perspectiva de género para abolir violencias que muchos jóvenes han asumido en el seno familiar y que reproducirían y normalizarían en la vida adulta

Sandra Vicente
 
 
 
Tratar el feminismo como una cuestión transversal a la educación emocional en los CRAE es esencial para desnormalizar violencias | archivo

Tratar el feminismo como una cuestión transversal a la educación emocional en los CRAE es esencial para desnormalizar violencias | archivo

En Barcelona hay una casa donde viven 12 jóvenes, seis chicos y seis chicas. Es un espacio pequeño, con sólo tres habitaciones, todas las chicas están juntas en la planta de arriba, mientras que ellos están distribuidos. Todos son menores acogidos en un CRAE (Centro Residencial de Acción Educativa), una medida de protección a la infancia que les da un hogar de manera temporal, como alternativa a una residencia familiar inexistente, dañada o perjudicial. En este CRAE tanto los residentes como el personal que trabaja allí es mixto: psicólogas y pedagogos. Cocineras y señores de mantenimiento.

Hace 26 años que existe este centro y «pensábamos que tratábamos a chicos y chicas por igual. Que la discriminación de género no tenía cabida en nuestra casa, pero de repente nos dimos cuenta de que no. Que quedaba mucho trabajo por hacer», reconoce Guadalupe Navas, directora del CRAE Las Palmeras, de Barcelona. La revelación les hizo plantearse ¿por qué eran las chicas las que tenían que dormir todas juntas? ¿Por qué siempre ha habido más mujeres que hombres en el sector de la educación social? O ¿por qué siempre habían tenido mujeres en la cocina y hombres cambiando bombillas? «Desde el CRAE somos responsables de la educación de estos jóvenes y somos el espacio en que deben empezar a normalizar a un hombre en la cocina y a una mujer haciendo mantenimiento», exclama Navas.

En este CRAE, uno de los 101 que hay en Cataluña, en los que hay acogidos casi 1.900 menores (según datos de la Generalitat) comenzaron a deconstruir las relaciones que establecían con los menores en función del género y «no veas de lo que nos dimos cuenta», apunta Navas. «Las chicas están guapas y los chicos están grandes y fuertes, apunta, en referencia al lenguaje y a las valoraciones físicas. «Muchos de estos jóvenes vienen de situaciones familiares donde prima el modelo de mujer sumisa, otros vienen de hogares donde han vivido violencia de género y, poco a poco, podemos ver cómo estos comportamientos se reproducen en las relaciones de pareja cuando llegan a la adolescencia», observa la directora del CRAE barcelonés, que destaca la gran responsabilidad de los profesionales de los centros para evitar esta prevalencia.

Pero, ¿qué motivó la revelación en cuestiones de género dentro del CRAE Las Palmeras? Durante el 2017, el centro formó parte del estudio Europeo Alternative Future, que en Cataluña contó con la coordinación de la Fundación Surt. Se trata de un proyecto que trabaja para minimizar el riesgo de exclusión de colectivos vulnerables, como pueden ser los jóvenes tutelados, que el año pasado publicó un catálogo de buenas prácticas a través de experiencias de diferentes CRAE para empoderar y fortalecer la autoestima de los menores.

La participación en el estudio venía acompañada de una formación a los profesionales que les fue «muy bien para entender las carencias que teníamos en coeducación y conseguir romper los parámetros relacionales que, debido a posibles experiencias traumáticas, tienen asumidas los jóvenes y que se retroalimentan» , apunta Navas. Y es que uno de los objetivos de la Alternative Future es la detección de las necesidades tanto de los profesionales como de los jóvenes para que «no normalicen las violencias del día a día, siempre poniendo a los chicos y chicas en el centro del debate y partiendo de la base de la perspectiva de género», explica Alba Elvira, miembro de la Fundación Surt y una de las coordinadoras del proyecto.

Elvira también considera que los CRAE son fundamentales en la vida de los jóvenes y por eso se propusieron dotar de herramientas a sus profesionales para abordar temas como la autoestima, la seguridad y la violencia. Así, propusieron a los profesionales que generaran dinámicas para trabajar estas temáticas que fueron recogidas en el catálogo de buenas prácticas. «Una de las intenciones era conseguir que los jóvenes se abrieran: las situaciones de violencia a menudo no se expresan fácilmente y a veces no se sienten seguros del todo en el centro. Por eso trabajamos la relación con los compañeros y les convencemos de su derecho a opinar para fomentar su autonomía», opina Elvira.

Formación personalizada a través de cuestiones del cotidiano

El CRAE Las Palmeras, después de la formación que recibió por parte de la Fundación Surt, decidió realizar un taller de relaciones afectivo-sexuales. Justo en el periodo en que estaban haciendo las sesiones estalló el caso de La Manada. «Nuestra idea ya era basarnos en cosas del cotidiano, con noticias, pero cuando sale a la luz el caso de violación quisimos generar un debate escuchando qué tenían que decir los jóvenes», recuerda Navas. «Un año antes, seguramente muchos chicos no lo hubieran condenado, pero ahora lo denunciaban como un caso de violación y entendían la vulneración y el abuso que suponía», recuerda.

Estos talleres, realizados cada 15 días, de manera grupal con todo los jóvenes, o bien separando chicos y chicas, son algunos de los ejemplos que se pueden encontrar en el catálogo. Actividades que trabajan desde la coeducación hasta la seguridad en las redes, pasando por la violencia física, el racismo o la homofobia, recogen el trabajo de CRAEs de cinco países diferentes con el objetivo de erradicar la normalización de la violencia que se genera en el seno familiar, se empieza a manifestar en la adolescencia y se perpetúa una vez salen del centro.

«¿Qué creemos? Que cuando salen del CRAE a los 18 años ya son autónomos? Al contrario, es un proceso duro en que se enfrentan a una serie de decisiones que la mayoría de jóvenes de su edad no deben tomar. La autonomía se tiene que ir entrenando», considera Elvira. Es por ello que el proyecto Alternative Future se centra en jóvenes de 15 a 18 años, momento en que hay que empezar a trabajar la autoestima y la empatía, «habilidades que les servirán tanto en el centro como cuando salgan hacia la vida adulta», añade.

«Muchas veces los cambios de actitud no los vemos en el centro, sino cuando se van y ya son adultos. Nosotros plantamos la semilla, que a veces no florece ante nosotros, pero saldrá», apunta Navas, que admite que la formación emocional los CRAE «no es milagrosa», sino que muchos de los jóvenes tendrán relaciones complicadas o abusivas en puntos de su vida, «pero en un momento se dan cuenta», apunta.

Es por todo lo aprendido durante la experiencia que profesionales como Guadalupe Navas o Alba Elvira reiteran que la formación en feminismo es «indispensable para los profesionales, para desnudarnos y reconocer las propias limitaciones. Se lo merecen los chicos», apunta la directora del CRAE Las Palmeras. Así, la perspectiva de género «debería ser transversal, porque no es sólo una aptitud profesional, sino una mirada que se debe tener en el día a día», añade Elvira. «No hay que tener víctimas delante para ser feminista», sentencia Navas.

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