ENTREVISTA ABD AL MALIK | RAPER I ESCRIPTOR FRANCÈS

“Europa radicaliza a los jóvenes musulmanes”

El rapero y escritor francés de origen congoleño Abd al Malik afirma que su historia, que cuenta en su arte, podría ser la de cualquier otro. Una historia de exclusión económica, política y social de los migrantes, que a la vez reivindica la identidad diversa de Francia y Europa

Neus Molina
 
 
 
Abd al Malik

Abd al Malik

Rapero y escritor francés de origen congoleño, Abd al Malik creció en Neuhof, uno de los barrios más conflictivos de la periferia de Estrasburgo. Su música se acerca al rap más primigenio, que mezcla con jazz, chanson française y con slams de poesía. Últimamente se ha adentrado en el mundo del techno gracias a Laurent Garnier. En sus letras y en sus intervenciones públicas, Malik reivindica la identidad diversa de Francia y de Europa.

En su primer filme Qu’Allah benisse la France! (Que Alá bendiga a Francia!) Explica la exclusión económica, política y social de un niño migrante que crece en la periferia de una ciudad francesa

La película Qu’Allah bénisse la France!, Que presentaste el festival Cinemigrante de Barcelona, es una adaptación de tu primera novela de carácter autobiográfico. Te expresas en diferentes formatos: música, literatura, cine. ¿En qué espacio te sientes más cómodo?

Estoy cómodo en los tres espacios porque al final siempre digo lo mismo en formatos diferentes. El mensaje es igual.

Y ¿cuál es ese mensaje?

En el libro y en la película explico las dificultades de los hijos de la inmigración que crecen en la periferia de una ciudad francesa y europea como Estrasburgo. Y cómo en medio de la pobreza, la exclusión, la delincuencia y la convivencia entre religiones, poco a poco vamos encontrando nuestro sitio. El mensaje, al final es que todos y todas, hombres, mujeres, lo que tenemos en común es la humanidad.

Tu lugar, en el contexto de la periferia de Estrasburgo, ¿lo encontraste gracias a la música y también gracias a la religión?

Lo que hago en la película es contar mi historia que podría ser la de cualquier otro. Una historia de un niño que sufre exclusión económica, política y social. Yo crecí con mi madre y dos hermanos y como era muy buen alumno pude estudiar en una escuela privada católica, donde era el único niño negro. Pero, cuando volvía a mi barrio, robaba carteras con mis amigos, vendía hachís y me metía en líos. Vi como amigos míos iban a la cárcel, como otros morían de sobredosis. Siendo un adolescente me acerqué a la mezquita del barrio buscando consuelo. Entre la delincuencia, el rap y el islam encontré mi camino.

En esta Europa a menudo excluyente con la diversidad, la religión acaba vehiculando comunidades, pero ¿puede ser también un foco de radicalización y integrismo?

Para mí ni la multiculturalidad europea ni la laicidad nos deben apartar de la espiritualidad.

El problema del radicalismo islámico viene cuando los jóvenes hijos o nietos de migrantes no se sienten incluidos en esta Europa que se supone que debe ser plural. Así, las mezquitas son espacios donde los chicos sienten que son aceptados tal como son. El radicalismo no se produce en los países de origen sino en Europa. Es Europa quien radicaliza a esta juventud, a estos jóvenes musulmanes que no se sienten partícipes. En España o en Francia no les dices “sois españoles o sois franceses”, son ciudadanos de segunda, cuando ellos son y se quieren sentir de aquí, no del lugar de donde provienen sus familias.

¿La solución pasa por un cambio de políticas migratorias?

Para mí la clave es la educación para entender que el Islam es una religión de paz y respeto. Lo que se considera islam es una construcción hecha por Occidente. Una religión llena de odio y de resentimientos, y no es así.

¿Cómo se integran las diversidades en la educación nacional francesa?

La educación francesa, en teoría, está basada en la multiculturalidad, en la laicidad y el republicanismo. El problema es que durante estos años las administraciones no han sido conscientes de las problemáticas derivadas de la construcción de la identidad nacional en un contexto global. Hasta hace poco los flujos de migraciones hacia Francia eran desde Italia, España, Países del Este … y había una cierta homogeneidad: los migrantes eran blancos y cristianos. Ahora, los que vienen del sur, de las antiguas colonias son diversos. Habrá que ver si Francia sabe respetar o no esta multiculturalidad. Lo cierto es que hasta ahora la integración no ha sido positiva y es un problema en el ámbito europeo y la solución deberá ser europea y conjunta.

¿La comunidad musulmana en Francia está teniendo problemas para encontrar su identidad?

No sólo la comunidad musulmana. Son todas las comunidades que no son francoeuropeas. Este conflicto se manifiesta en el exterior, pero en realidad radica en el interior de cada individuo. Si uno no tiene una idea clara de quién es o dónde se encuentra, tampoco puede tener claro qué es verdaderamente el Islam, o Francia, o las cuestiones políticas que le interesan. Todos los conflictos, incluso terrorismo, tienen que ver con desajustes internos.

Tu película, has dicho en más de una ocasión que es una continuidad de la Haine, filmada en 1995, ¿han cambiado algunas de las problemáticas que mostraba el film de Kassovitz?

El filme podría continuar a La Haine añadiendo nuevas complejidades como la convivencia interreligiosa en las ciudades. El problema no ha cambiado y ha ido a peor. La solución la tenemos que buscar en la educación y la paz.

Creo que en Francia o fuera de ella, con la globalización hay una cuestión ligada a la identidad. Y la cuestión de los migrantes atraviesa la cuestión de la identidad. ¿Qué es ser francés en 2018? Las reflexiones filosóficas sobre la vida en comunidad, sobre la cultura, sobre la identidad, hoy son vitales… Desde el momento en que una sociedad cree que hay ciudadanos de primera y de segunda, que algunos tienen menos legitimidad, ya hay un problema. Es un problema de identidad, porque si uno cree que la identidad francesa no se basa en el color de piel, en el género, sino en una filosofía común, entonces podemos considerar que los ciudadanos son todos iguales. Pero el color de piel, el género o la posición socioeconómica, afectan a nuestra manera de ver las cosas.

Y esto puede agravarse aún más.

En tu caso a partir de la música y el arte has ido formulando una identidad donde mezclas referentes francófonos como Jacques Brel con música congoleña y africana.

Cuando pienso en mi identidad pienso en un árbol: las raíces son congoleñas, pero mi tronco, mis ramas y mis frutos son franceses, son europeos.

Esto no quiere decir que yo sea mitad esto, mitad aquello: mi identidad es global pero está nutrida por mis raíces. La identidad uno la construye con lo que hace y es, y también por sus ancestros. Pero no hay oposición, no hay separación.

En 2008, fue condecorado con la Orden de las Artes y las Letras de Francia, un reconocimiento que tienen artistas como David Bowie, Daft Punk o Jorge Luis Borges. Con el disco El arte o la revuelta , te has erigido como un símbolo de la Francia de la diversidad. ¿Crees que la institución te quiere convertir en un producto mainstream para retratar la multiculturalidad?

Yo soy un rebelde que hace la revuelta y mi revolución ahora mismo es decir “te quiero”. Yo amo a mi país, amo Francia y amo Europa. Como artista trabajo con el imaginario y cuando en el futuro alguien le pida a un niño que dibuje un europeo y me dibuje mí lo habré conseguido. Ser europeo no tiene nada que ver con el color de la piel o la religión. Es estar en cohesión con una serie de valores democráticos.

¿Las películas sobre barrios marginales tienen un componente pedagógico o son una aproximación para que las clases medias-altas conozcan otras realidades, pero desde lejos?

Yo soy un artista y celebro el individuo. Hasta ahora eran los otros que explicaban nuestra historia y hablaban de nosotros como una tribu. Mi idea es recuperar mi historia. Recuperar la narración de su historia desde dentro, explicarnos, decir la verdad y sacar la marginalidad, el efecto tribu. Decidí llevar la historia a la pantalla por su capacidad de humanizar las problemáticas sociales.

Y como La Haine lo haces en blanco y negro.

Sí, fue Mathieu Kassovitz, el director de La Haine quien me sugirió el blanco y negro. Además yo soy un enamorado del neorrealismo italiano y pienso que el blanco y negro subraya las emociones y pone un filtro atemporal a la historia.

Como en los filmes de Pasolini tus actores también son gente de la calle.

Sí, solamente los protagonistas principales, interpretados por Marc Zinga, Sabrina Ouazani y Mireille Perrier, son actores profesionales. Quería mostrar los barrios marginales desde dentro, sin los prejuicios con que a menudo están salpicadas las ficciones sobre la vida en los márgenes.

¿Eres un altavoz para la denuncia?

Mi función como artista es dar voz a los que no la tienen.

 ¿El arte es político?

Arte y política es un pleonasmo

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