ENTREVISTA | JOSEP MARIA CASANOVAS GORDÓ, PEDIATRA DE FAMILIA

“Estar 34 años en un mismo CAP es excepcional: es muy satisfactorio trabajar con gente humilde y con dificultades”

Para Josep Maria Casanovas Gordó, pediatra de familia recién jubilado, "la pediatría es una gran especialidad, es la medicina interna de la infancia y, por tanto, es una especialidad muy bonita". Trabajar desde su creación en el CAP Roquetes-Canteres hasta el día de su jubilación ha hecho que la Asociación de Vecinos la haya querido reconocer. Ser pediatra de familia en un barrio humilde conlleva muchos aprendizajes que Casanovas ahora describe como un privilegio

Carla Benito
 
 
 
Josep Maria Casanovas Gordó acaba de rebre una placa de reconeixement a la feina feta com a pediatre al CAP Roquetes-Canteres / Carla Benito

Josep Maria Casanovas Gordó acaba de rebre una placa de reconeixement a la feina feta com a pediatre al CAP Roquetes-Canteres / Carla Benito

Cada uno elige su profesión y su trabajo por aptitudes, habilidades, gustos o necesidades. Que el trabajo elegido te devuelva satisfacción quizás no es uno de los requisitos principales a la hora de escoger a que dedicar los principales años de tu vida. Sin embargo, que cuando te jubiles tu entorno te lo agradezca y que termines para describir 34 años de tu vida como una satisfacción es todo un privilegio.

Este es el caso de Josep Maria Casanovas Gordó, médico pediatra que justo se ha jubilado ahora después de trabajar durante 34 años y medio en el Centro de Atención Primaria Roquetes-Canteres. La Associació de Veïns i Veïnes de Les Roquetes le ha entregado una placa de reconocimiento en nombre de todo el barrio por su labor desarrollada con los niños y niñas de la comunidad.

Hablamos con él sobre las bondades y las trabas de trabajar como pediatra en la Atención Primaria, sobre qué cambios ha vivido y sobre las virtudes de trabajar en un barrio que él mismo describe como “un barrio humilde, con dificultades económicas con índice de paro muy altos, que ha sufrido mucho estos años de crisis”.

¿ Y a las nuevas generaciones después de estos días de huelga? Les dice que “la pediatría es una gran especialidad, es la medicina interna de la infancia y, por tanto, es una especialidad muy bonita” y añade además que ahora faltan muchos pediatras, ya que está habiendo muchas jubilaciones: ” habrá trabajo para todos”.

¿Cómo te adentras en el mundo de la Atención Primaria cuando siquiera ni existía como tal?

Termino la carrera en 1977 en el Hospital Clínic. Quería hacer pediatría y me voy a Vall d’Hebron, con la Universidad Autónoma. Entonces me recomiendan que es el mejor lugar para poder hacer la especialidad en la escuela profesional, algo que ahora ya no existe. Mientras me presento al examen MIR que apenas aparece. Del 78 al 82 hago la especialidad pero en aquella época podías simultanear la escuela profesional con el MIR y hacer pediatría por las dos vías.

Al finalizar el MIR, las plazas de los ambulatorios eran trabajos que ocupaban dos horas y luego hacías domicilios y es entonces cuando en el año 83-84 hay unas oposiciones para obtener plazas de pediatría, ya que se está reformulando la Atención Primaria. Quien las hacemos, nos convertimos en médico adjunto de pediatría y te destinaban a la Mina de Sant Adrià, a Canteres en Roquetes o a Vila Roja en Girona. La reforma comienza, los Centros de Atención Primaria se abren de 8 a 20 horas y nosotros trabajamos 6 o 7 horas por la mañana o por la tarde. A Canteres formamos un equipo con 5 pediatras porque en ese momento había unos 5.000 niños. No se previó que la natalidad bajaría y tras llegar al máximo con el nacimiento de 115.000 niños, 10 años después, en 1995 nos quedamos con la mitad de pacientes.

¿Qué te encuentras al entrar en el centro Canteres y cómo lo encaras?

Cuando entro en Roquetes tenía 30 años, mucha ilusión, un equipo muy bonito que teníamos un trabajo nuevo, un proyecto nuevo, con toda la libertad del mundo para hacer lo que queríamos, ya que ni ellos mismos tenían claro que teníamos que hacer. Ya éramos entonces médicos del Institut Català de la Salut para que las competencias ya estaban traspasadas. Desde 1984 hasta el 2000 estamos en el CAP Canteres y allí dábamos toda la vertiente asistencial pero también podemos hacer investigación, lo que ahora es cada vez más habitual pero entonces era muy innovador, podemos hacer docencia para que la UAB crea unas plazas de profesores asociados que hacemos con los alumnos de sexto de medicina. Estos empiezan a pasar un par de meses por el CAP y rotan para medicina de familia y para pediatría para ver el día a día de un ambulatorio. Esto, un estudiante de medicina que tiene la cabeza sólo en el hospital no lo conoce y es muy interesante. Además, nos llena de orgullo ver que alumnos que han pasado por allí luego se han hecho pediatra de familia. También publicamos algún trabajo, ya que entonces había poca literatura sobre el cambio de modelo: nadie había explicado qué pasaba con el cambio en la Atención Primaria. Aparte de docencia y asistencia hemos publicado y hemos investigado pues. Un ejemplo lo encontramos en torno a la vacunación infantil. Hasta principios de los 90 había un calendario vacunal determinado que era muy justito y a partir de entonces hay una explosión de nuevas vacunas y nosotros desde un centro y desde un barrio tan pequeño pudimos participar en hacer ensayos clínicos y por tanto en la búsqueda. Cumplimos así las tres patas que fundamentales del médico: la asistencia, la docencia y la investigación.

Cambiais entonces de centro.

El CAP Canteres, el edificio era muy antiguo, una planta baja con sólo una entrada y una salida. Era muy grande pero poco adecuado y llegamos así a una segunda etapa, a partir del año 2000, donde nos mudamos a un nuevo centro mucho más adecuado, mucho más moderno, como los que conocemos ahora. El barrio tiene entre 18.000 y 20.000 habitantes y es como un pueblo y el nuevo CAP lo sitúan en el centro del pueblo.

Allí comienza una nueva etapa que introduce la informatización del centro por ejemplo. Dejamos de utilizar la historia clínica, una novedad de los años 80 que entonces se guardaban en sobres y en cajones, y pasamos poco a poco a informatizar todo. Otro aspecto que nos encontramos es que en los años 2000 llegan muchos inmigrantes de todas partes a toda Barcelona pero aún más en la zona donde nos encontramos. Vienen de Asia, de África, del este de Europ,a de Sur América… y esto nos da un conocimiento al que no estábamos acostumbrados. Vemos otros tipos de patologías y para nosotros esta época es muy interesante. Hasta el 2008 llega mucha gente a Roquetes. Roquetes es un barrio humilde, con dificultades económicas con índice de paro muy altos, que ha sufrido mucho estos años de crisis. Vamos tirando durante estos años y mucha gente también vuelve a sus países de origen.

A parte de los componentes del equipo que éramos médicos de familia, pediatras y enfermeras, se añade odontología, psiquiatría, ginecología y matronas por el control de las embarazadas… El CAP se amplía muchísimo. Comienza así también a darse mucha más formación continuada. Tenemos la suerte de encontrarnos muy cerca del Vall d’Hebron y el contacto es muy fluido. Gracias a poder hacer pues, como he dicho antes, asistencia, docencia e investigación, hemos participado de muchos proyectos. Ahora, por ejemplo, Roquetes participa en un estudio para determinar in situ si aquel paciente con un cuadro febril tiene una gripe A o B. Esto nos permite dar un diagnóstico fiable a los padres y esto conlleva que estos pacientes recibirán menos tratamientos antibióticos y también harán menos visitas. Mucha gente en el tercer día de fiebre se pone nerviosa y va al hospital pero al dar el diagnóstico cerrado, los padres saben que el niño seguirá teniendo fiebre pero porque tiene una gripe que le han podido determinar. Hemos avanzado muchísimo.

Roquetes es uno de los barrios con las rentas más bajas. ¿Crees que por tener la necesidad de la sanidad pública reconocen más la parte más humana y al médico y el pediatra de familia? ¿Viene de aquí el reconocimiento de la Asociación de Vecinos y Vecinas?

A mí me ilusionó mucho porque no me lo esperaba. Pero un pediatra que está 34 años y medio en un mismo lugar es excepcional y esto debe haber sido lo que ha hecho que la Asociación de Vecinos me haya querido agradecer. En un pueblo quizá sí pero dentro de la ciudad de Barcelona no es habitual que un médico aguante tantos años en un mismo lugar. Además, en 2008 se jubilan dos pediatras y me quedo yo solo un par de años. De pasar de cinco pediatras, en un momento determinado me quedo solo hasta que llega otro pediatra. Durante algunos años hemos sufrido momentos muy difíciles. Yo como pediatra me sentía muy cómodo con la población. Es muy satisfactorio para un pediatra poder trabajar con gente humilde, gente con dificultades.

Muchas veces nos dicen que sólo vemos problemas banales pero esto no es cierto: por las puertas de la Atención Primaria puede pasar cualquier tipo de patología. Podemos estar más o menos preparado pero vemos de todo y por ello la importancia de la formación continuada. Siempre podemos derivarlos al hospital pero inicialmente han pasado por nuestras manos y nosotros sólo con el fonendo, la camilla y los conocimientos de cada uno hemos intentado diagnosticar.

Una de las reivindicaciones de la Atención Primaria es reconocer esta puerta de entrada.

En Barcelona es muy fácil recorrer a los hospitales y siendo de tercer nivel es normal que ciertos los encuentren banales pero hay que ver que la base somos los médicos de la Atención Primaria. El 90% de los pacientes pasan por nosotros.

A nivel comunitario y en prevención en salud, ¿cómo lo trabajabais?

Siempre en Roquetes se ha hecho mucha. Cuando empecé había un programa dirigido a aquellas madres recientes para acompañarlas que se llamaba ‘Ja tenim un fill’. Ahora esto ya se ha instaurado en todas partes pero antes no era común y Roquetes ya íbamos a las guarderías del barrio para resolver dudas a los padres. Eran interesantes los encuentros donde cada uno exponía sus dificultades tanto en guarderías como escuelas de primaria.

Se habla de que cada vez los niños están más hiperdiagnosticats.

La generación actual de padres a pesar de estar mejor preparados, más educados y mejor informados, también tienen más miedo y cuesta que apliquen sentido común. También que los padres que trabajan, si tienen el niño enfermo, esto les supone un problema. En Roquetes los abuelos han sido un muro de contención muy importante, ya que son ellos los que cuidaban a los niños cuando no podían ir a la escuela. Y es cierto que los padres a veces se saturan y no tienen sentido común pero también es culpa del estrés que les supone la vida actual que hace que quieran siempre que los niños estén bien y sanos.

Que haya hiperdiagnóstico está relacionado con otros factores tales como los medioambientales. Ahora vemos muchas infecciones respiratorias, luego viene la época de la gripe y eso cada año y toda la vida ha sido igual. Se diagnostica más porque se conoce más y entonces también preocupa más.

La población está envejeciendo y se está cronificando, ¿en los niños también ha cambiado el marco?

En pediatría utilizamos muy pocos fármacos. Además, incorporando el diagnóstico rápido, con lo que puedes detectar si tienes una gripe, una bronquiolitis o si tiene un virus o no, podemos ahorrar antibióticos. Hemos ganado muchísimo con estas pruebas de detección rápida: si puedes afinar tanto puedes decir a los padres que tal cosa no requiere ningún tratamiento y que simplemente tendrán que esperar que pase con ciertas indicaciones. Los pediatras actuales utilizamos pocos fármacos y hemos conseguido que los padres, aunque todo el mundo busca soluciones y entienden a menudo que un fármaco es una solución, han aprendido que hay patologías que se curan solas. 

En los últimos 30 años hemos ganado una barbaridad: han desaparecido los antibióticos que se ponían mediante inyección. Ahora sólo les ponen vacunas y porque la mayoría son vía intramuscular que el día que se puedan dar vía oral ni siquiera se les pinchará. Se ha hecho muy buen trabajo estos últimos años pero claro la gente está muy cansada y vista la última huelga … Yo he tenido el privilegio de poder vivir la atención primaria desde el inicio con la reforma y ha sido muy interesante.

¿Qué mensaje dejarías a las nuevas generaciones, a las que han elegido la especialidad y a las que dudan sobre qué elegir?

La pediatría es una gran especialidad, es la medicina interna de la infancia y, por tanto, es una especialidad muy bonita. Faltan muchos pediatras, ahora está habiendo muchas jubilaciones y habrá trabajo para todos. El problema es que la administración no reconoce el esfuerzo que hace toda la profesionalidad. Esto se ha visto y por eso se ha hecho una huelga de cuatro días, pero no sé si servirá para mucho. Parecía que ahora la administración era más sensible pero va a la suya. 

Al final se pudo cortar la huelga pero la administración es poco sensible a los profesionales y la sanidad ha tirado gracias a la buena voluntad de médicos y enfermeras. El esfuerzo se reconoce pero: que lo haga la Asociación de Vecinos hace que veas que ha valido la pena pero la Administración no se comporta muy bien y eso lo sabe todo el mundo. Lo ha reconocido la misma población que no ha dicho ni mu. La gente te dice: ‘ver que los profesionales sanitarios, que no se quejan nunca, que han aguantado todo el sistema, que ahora hacen una huelga, es porque la situación es caótica’. Una cosa es tener apoyo y la otra como tienes que trabajar que puedas ir tirando el día a día. No siempre tienes suerte de vivir en un equipo donde la gente se entiende bien. La otra ventaja de la pediatría es el privilegio de poder tener una profesión que disfrutas, que aunque lleves 40 años trabajando, cuando la dejas pases un cierto duelo. Yo esto no me lo imaginaba. Hace un mes y medio que no trabajo en la medicina pública y aún tengo ganas. No deseamos jubilarnos. 

Aunque dentro de una rutina, cada día vive cosas diferentes.

Claro. Cosas nuevas que te obligan a formarte para aquel enfermo. Es un privilegio. Esto la Administración lo sabe y por eso se aprovecha. Sabe que normalmente toda la gente que trabaja dentro del mundo sanitario está contenta y quiere hacerlo. 

Sigues ejerciendo por las tardes pero.

Hace muchos años que tengo una consulta y por las tardes ahora sigo trabajando un poco con la población de Catalunya que tiene una mutua. Quien la tiene ha ido disminuyendo porque tenemos la suerte de que la sanidad pública es muy buena, los profesionales son muy buenos y están muy bien preparados. La parte privada es una comodidad de las familias pero no tiene demasiado sentido. Yo hace 37 años que empecé la consulta al terminar la residencia y me planteé dejarla en algún momento pero hubiera sido un error porque al final la medicina que haces tú en tu casa también te da mucha satisfacción.

¿Y a la inversa? ¿Dejar la pública llegaste a planteártelo nunca?

No. Hay el aspecto económico y la gente relaciona la medicina privada con los especialistas que ganan tanto dinero pero en el caso de la pediatría es insignificante esto. Aunque nunca hemos estado bien pagados nunca me he llegado a plantear dejar la medicina pública. Primero fueron muchos años de ilusión, luego vino una época de más dificultades, sobre todo cuando me quedé solo, después retornó la ilusión con nuevos profesionales y con el equipo que conformábamos con enfermería… Cuando trabajas con buen rollo, que ves que hay tan buena relación, que puedes aprender y enseñar, también la relación con los estudiantes de sexto de medicina… Ellos cambiaban cada dos meses y ver lo que aprendían y cómo vivían la relación que existía entre el pediatra y las familias que seguirás desde los 0 a los 15 años de su hijo… Se establece siempre un vínculo que ahora a mí, por cómo lo he vivido, me ha comportado este reconocimiento. A pesar de las dificultades, hacer de pediatra es un privilegio.

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