«Es muy irónico que para denunciar la venta de productos falsificados se utilice una noticia falsa»

La comunidad muridiyya de Barcelona ha desmontado el reportaje de El Periódico en el que se afirmaba que controlan el Top Manta, usando las ganancias de los manteros para financiar la cofradía sufí, originaria de Senegal: "Los manteros no llegan al 5% de la nuestra comunidad "

Sandra Vicente
 
 
 
El Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes se manifiesta en Barcelona / SÒNIA CALVÓ

El Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes se manifiesta en Barcelona / SÒNIA CALVÓ

El domingo 24 de febrero El Periódico llegaba a los quioscos con una portada polémica que levantaría muchas críticas. Un texto firmado por Juan José Fernández desde Madrid afirmaba que «los adeptos de una cofradía islámica se hacen con el control del ‘Top Manta’ en España». Esta cofradía a la que Fernández se refería es la comunidad muridí, fundada en Senegal y perteneciente al islam sufí. En el artículo de El Periódico los muridíes y sus asociaciones, las dahiras, son tratadas como organizaciones verticales y con carácter sectario.

Usando términos como omertà -ley del silencio característica de la mafia italiana-, Fernández las trata de organizaciones criminales y afirma que los beneficios de las dahiras, provenientes en gran mayoría de los manteros, son destinados a financiar la gran dahira, que estaría sitada a Touba, una de las ciudades más importantes en Senegal para los múridos. Son varias las personas y colectivos que se han posicionado en contra de estas afirmaciones, como los mismos manteros, que afirmaron que esta portada era una muestra más de » las consecuencias del periodismo poco crítico, que termina fundamentando el racismo institucional que rompe nuestra sociedad « .

A estas voces críticas se han sumado los protagonistas del reportaje, los mismos muridíes, que han organizado un encuentro para explicar sus costumbres, organización e idiosincrasia para desmontar el artículo publicado en El Periódico, que definen como «cúmulo de despropósitos». La intención de este encuentro no ha sido enfrentarse ni defenderse del artículo, sino simplemente desmontar algunas de las afirmaciones «simplistas que reducen a un colectivo que hace trabajo comunitario y de refuerzo espiritual a sólo prejuicios contra los negros, los musulmanes y los manteros», afirmó Ababacar Thiakh, historiador y presidente de la Federación Bidayatul Xitma, que agrupa varias de las dahiras mencionadas en El Periódico.

Thiakh ha expuesto el trabajo de las dahiras, que en Catalunya cuentan con más de treinta años de vida y que en España juntan más de 500 personas. Las ha presentado como un espacio de asesoría espiritual y moral. «Profesamos una visión del islam como religión de paz, convivencia y cultura de paz. Reforzamos la espiritualidad de las personas que se nos acercan, buscando la excelencia en el comportamiento, evitando siempre hacer el mal». Así, separándose de la idea de ‘secta’, ha abierto las puertas de las dahiras a cualquiera que se quiera acercar, porque «no hemos venido a asimilar, sino a colaborar. Nuestra intención no es trabajar y marcharnos, sino aportar a las sociedades de acogida».

En esta línea, Thiakh afirma haber contactado con el periodista de El Periódico que firma la información y haberle hecho llegar algunas correcciones al texto «que no hicieron. Y el artículo de réplica que nos han publicado no está compleeto. Es la misma historia de siempre: los grandes diarios hablan de los y las demás, pero nunca nos dan voz. Es como si fuéramos niños», se queja el murid. Y por eso, «porque no nos toca responder a estos periodistas, sino a la gente», se han propuesto corregir punto por punto el reportaje.

¿Sumisión  y obligaciones ante la cofradía?

El encargado de ‘desmontar’ el artículo de El Periódico ha sido Dídac P. Lagarriga, escritor y periodista especializado en el hecho religioso: «me parece muy irónico que para denunciar la venta de productos falsificados se use una noticia falsa», expresó Lagarriga antes de presentar su trabajo, con lo que contesta o matiza «hasta el 90% del artículo».

De las primeras correcciones ha sido referente a la terminología empleada. El periodista usa palabras como jebelu o ndiguel . El artículo traduce del wolof el primero como «sumisión, aunque no esclavitud» y el segundo como «un código interno de la cofradía que obliga». Lagarriga está de acuerdo con el autor del texto en que estos términos son característicos de los muridíes, pero discrepa en la definición. «El jebelu es un vínculo de confianza totalmente voluntario que se establece entre el líder espiritual y el discípulo, en el que se intercambian consejos y dudas, pero nunca órdenes. Así, el ndiguel es la aprobación moral que recibe el discípulo cuando transmite una decisión vital a su referente», ha matizado Lagarriga.

Las afirmaciones del periodista, para Lagarriga son «desinformación y falta de contraste», ya que además de informaciones que consideran incorrectas, también se han encontrado afirmaciones «contradictorias, como decir que la Muridiyya es una rama del islam sufí integrista y moderada. Juntar estos dos conceptos es imposible y bebe sólo de un eurocentrismo preocupante».

Pocos manteros y donaciones voluntarias

El texto de El Periodico repite varias veces que los beneficios obtenidos de las dahiras son traspasados, a través de una cuenta bancaria española, a «la gran dahira de Touba», con la que hay «una gran relación espiritual y económica». Respecto estos beneficios, Fernández, afirma que se obtienen «de aportaciones de los miembros y los manteros, a través de los pagos por una tarjeta de adhesión y una donación obligatoria anual».

Al respecto, Thiakh afirmó que «no hay ninguna gran dahira en Touba. Ni tampoco es la única ciudad importante para los muridíes, por lo que no todas las donaciones se destinan a Touba». Así, según los ponentes, los ingresos de las dahiras provienen de aportaciones voluntarias de los miembros «que fluctúan según su situación económica. No echaremos nunca a nadie si no paga, porque el dinero es para financiar las actividades de los espacios, que se caracterizan por ser autogestionados».

Y, sobre todo, han desmentido vehementemente que los beneficios vengan de la manta. Es más, según Thiakh, sólo el 5% de muridíes de Barcelona son manteros. «La migración senegalesa empezó en los años ’80. Contamos con una segunda generación de senegaleses en Barcelona que tienen infinidad de trabajos, mientras que dedicarse a la manta es circunstancial». Y es que las relaciones entre los manteros y las dahiras son la base del artículo de El Periódico, en que se afirma que se blanquean capitales a través de donaciones a mezquitas. Así, los vínculos entre dahiras y manteros -a que se califica de «organización criminal» – se presentan en términos relacionados con la mafia como «blanqueo» o «Omertà«, que responden a una «intención acusatoria», según Lagarriga.

«Es más, no sólo no hay Omertà , sino que colaboramos con la policía siempre que nos lo pide», afirmó Thiakh, buscando la complicidad de un agente de paisano de los Mossos que había asistido a la jornada . «Yo soy mantero y murid y estoy aquí libremente. Aporto lo que puedo libremente, porque las donaciones forman parte de nuestra manera de sobrevivir, ya que la comunidad es nuestra vida», expuso uno de los asistentes. «Rezar no es delito, y ganarse la vida tampoco debería serlo. El que nos persigue es el capitalismo, que dicta las normas sobre cómo se pueden usar las marcas. Pues yo uso las marcas de manera libre y las vendo donde quiero, sin que nadie me diga qué debo hacer con ese dinero».

«Sobrevivimos sin robar. Tenemos derecho a vivir. Nuestra manera de vivir sólo es incorrecta desde el punto de vista capitalista. Yo no tengo papeles, pero compro aquí, participo de la comunidad aquí y la hago más fuerte. ¿Por qué pues existe una ley de extranjería que me quiere echar? Y ¿por qué hay periodistas como estos que hacen que nuestros vecinos no nos quieran? Nosotros no vamos a dejar de existir por muchos artículos como este que se escriban. Porque si nadie en la cofradía nos obliga a nada, ¡mucho menos nos obligarán los que no nos quieren en sus ciudades!», exclamó una mujer, ganándose los aplausos de la cincuentena de personas senegalesas que han asistido al encuentro.

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