“Ernest Lluch era un catalanista sin complejos. No necesitaba decírselo cada mañana cuando se despertaba”

Joan Esculies (premio Gaziel de biografías 2018) acaba de publicar la versión en castellano de sú ultimo libro, sobre Ernest Lluch. Quien fue ministro de Sanidad y Consumo con Felipe González "merecía una biografía, por su aportación al pensamiento económico". Personaje de una trascendencia, según Esculies, que va mucho más allá de su asesinato por parte de ETA en el 2000

Siscu Baiges
 
 
 
Joan Esculies, autor de la biografia d'Ernest Lluch, durant l'entrevista | Pol Rius

Joan Esculies, autor de la biografia d'Ernest Lluch, durant l'entrevista | Pol Rius

Si alguien quiere saber quién fue Ernest Lluch, la biografía que ha escrito Joan Esculies es lo que necesita. Los que conocimos a quien fue ministro de Sanidad y Consumo en el primer gobierno de Felipe González lo vemos perfectamente retratado en ella. A él y al período histórico en el que vivió. Esculies escribió la biografía con el apoyo de la Fundación Ernest Lluch pero lo hizo con la libertad y rigor con que ha escrito otras. Las de Josep Andreu Abelló y Enric Prat de la Riba, por ejemplo. Le dedicó 15 meses. Ha recibido el premio Gaziel de biografías y memorias 2018. Entre tantas biografías infumables y memorias descafeinadas, se agradece y mucho ésta: Ernest Lluch. Biografía de un intelectual agitador (Edición en castellano RBA y en catalán de La Magrana). Estos días aparece la edición en castellano.

¿De dónde le viene su pasión por las biografías?

Me licencié en Biología, luego en Periodismo e hice un máster en Nacionalismo y conflicto étnico, que me sirvió para enfocarme en un doctorado en Historia sobre los primeros cuarenta años de Josep Tarradellas, de quien estoy preparando una biografía. Voy eligiendo personajes que me parece que no están suficientemente tratados. En la transición se hicieron muchas biografías de gente catalanista, básicamente laudatorias, muy poco críticas. Se quería dar a conocer a estos personajes como posibles referentes. Yo intento hacer biografías más críticas.

¿Porqué hacer una de Ernest Lluch?

Me lo propuso la Fundación Ernest Lluch y a mí me interesaba el personaje. Que me la encargaran no significa que entrasen en el contenido. Si quiero hacer biografías que tengan el sello de mi independencia no me puedo permitir que la Fundación, la familia o quien sea, intervenga. La Fundación aportó contactos y el archivo documental.

En el libro encontramos un Ernest Lluch que no es perfecto aunque usted es prudente a la hora de señalar sus defectos o errores. Lo hace con mucha mano izquierda

Es mi talante, mi mirada. Explico las cosas tal y como las quiero explicar. Cuando haces la biografía de cualquier persona te encuentras, a veces, con gente muy crítica pero que no tiene pruebas de lo que dice. Tienes que tener cuidado cuando dices según qué. Necesitas pruebas fiables. Si no las tienes puedes ponerlo en voz de la persona que lo dice, pero no puedes asumirlo como tuyo. En la mirada hacia el pasado todo el mundo tiene sus intereses y te quiere condicionar. En el caso de Ernest Lluch he tenido que hacer unas setenta entrevistas para compensar parte de su correspondencia que se había dañado por una plaga en su casa de Maià de Montcal. Hacer entrevistas es diferente de reproducir cartas antiguas. En el caso de Tarradellas puedes citar cartas escritas en 1945. Cuando haces entrevistas, tienes que buscar el punto medio o más coincidente entre las personas con las que hablas.

¿Fue más fácil hacer la biografía de Enric Prat de la Riba que la de Ernest Lluch?

Cuanto más te acercas al presente, más complejo es hacer una biografía. Tienes mucha más información y la tienes que discernir. Cuanto más vas hacia el pasado menos información hay pero la tienes más fiable. Tampoco hay personas vivas que puedan contradecirte. Cuando hago presentaciones de la biografía de Ernest Lluch siempre sale alguien que puntualiza alguna parte del libro, de la que dice que tiene un recuerdo distinto.

¿Se llevará a la tumba los nombres de las personas que no se han dejado entrevistar para hacer este libro?

No. Hay dos muy claros: Felipe González y Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón. Alguien que hacía una tesis sobre Ernest Lluch había entrevistado Felipe González y no sé si lo quemó haciéndole preguntas poco acertadas o extravagantes. En el caso de Rodríguez de Miñón no sé porque no quiso. Quizás porque prepara sus memorias y no quería hacer un spoiler.

Habló con Jordi Pujol, que no se presta a entrevistas. ¿Cómo lo consiguió?

Había hablado con él por el libro de Prat de la Riba. Fui llamado a consultas, por decirlo así, y aproveché para hacerle algunas preguntas sobre Lluch y, también, sobre Tarradellas.

Joan Esculies, autor de la biografia d’Ernest Lluch, durant l’entrevista | Pol Rius

¿Qué le contestó?

Se habían conocido mucho. Lluch había trabajado en el servicio de estudios de Banca Catalana. Y luego había intentado que Pujol perdiera la presidencia de la Generalitat. Se discutieron porque la orientación que iba tomando el pensamiento de Lluch no convergía con el de Pujol. Hay un momento en que Pujol le dice a Lluch que se han acabado sus artículos en los medios de comunicación que él financia y donde criticaba su orientación política y Banca Catalana. Lo llama para hablar de ello pero en el encuentro sólo habla él y no deja hablar a Lluch.

¿Qué parte de la vida de Ernest Lluch le ha costado más reconstruir?

La del País Vasco. Me queda la sensación, la duda, de la profundidad con que era aceptado en el País Vasco. Vas a Valencia, entrevistas a gente y enseguida ves que era un personaje muy querido, que se integró mucho en el paisaje valenciano, que cuando se marchó les supo muy mal. Esto se percibe en los textos, en todo. En el País Vasco me queda esa duda.

Lluch es recordado, sobre todo, por su protagonismo en el debate sobre la LOAPA (la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico, que se aprobó tras el intento de golpe de Estado del 23F), por la etapa como ministro de Sanidad y por su asesinato. El primer caso le supuso críticas muy duras. Para muchos pasó a ser un botifler, un traidor

El tema de la LOAPA no es tan complicado como muchas veces se ha querido dar a entender. Él tenía muy claro que la alianza entre el PSC y el PSOE no se podía romper. La democracia está dando los primeros pasos, ve que el PSOE está muy implantado en todas partes, que se tiene que construir un país nuevo, y tiene la experiencia valenciana donde no ha sido posible la unión del socialismo valencianista con el PSOE. Con la LOAPA entiende que poner contra las cuerdas al PSOE perjudicará su relación con el PSC.

Felipe y Guerra no tenían ningún tipo de simpatía por el grupo parlamentario de los socialistas de Catalunya en el Congreso. Lluch cree que es más útil presentar unas enmiendas pactadas con el PSOE y que éste las introduzca en el debate con la UCD que no que las presente el PSC y todos las tumben. Acepta ser la cabeza de turco. También hay gente dentro del PSC que lo ve como él. Lo que pasa que no todo el mundo lo dice. Los socialistas en Catalunya tenían una presión importante del mundo convergente que les acusaba de sucursalistas.

Es un momento en que los socialistas catalanes, hagan lo que hagan, tenían más que perder que de ganar. A Lluch le pesará durante toda su carrera. Su posición no fue bien entendida y él tampoco quiso entrar demasiado a fondo, porque pensaba que si lo hubiera hecho quizá hubiera dejado con el culo al aire a otros dirigentes del PSC. Esto le da una pátina de ‘españolista’ que hace que, cuando un año después lo nombran ministro hay gente que dice que es el premio por no haber presentado aquellas enmiendas. Incluso, hay quien asegura que Joan Reventós lo dijo. No lo veo tan claro porque todavía quedaba mucho tiempo hasta su nombramiento como ministro y tenían que pasar muchas cosas aún.

Joan Esculies, autor de la biografia d’Ernest Lluch, durant l’entrevista | Pol Rius

Él se consideraba catalanista

Era un catalanista sin complejos. No necesitaba levantarse cada mañana y decirse que lo era e ir por el mundo con una barretina. Era catalanista. Decía que él y Narcís Serra eran ministros del gobierno de España y se debían a esa lealtad pero que no tenía porque renunciar a su catalanismo. Con muchos personajes de nuestra historia, como Lluch o Tarradellas, ha cuajado más en la sociedad el discurso que ha hecho la oposición sobre ellos que la realidad de cómo eran.

Le habría gustado ser ministro de Economía pero Felipe González tenía reservado el cargo para Miguel Boyer. Lo nombraron ministro de Sanidad y Consumo

También le hubiera gustado quizás ser ministro de Industria o de Transportes y Comunicaciones pero le tocó lo que le tocó. Creo que González lo elige más por el ánimo reformista de Lluch que por nada que tenga que ver con la LOAPA. Es un personaje que puede llevar a cabo la reforma de la Ley Sanitaria. Hay que enfrentarse durante cuatro años con todos los sectores. Desde el propio partido que quería una sanidad mucho más pública de lo que acaba siendo hasta el sector contrario de Convergencia y el PNV que la quería más liberal, pasando por las farmacéuticas, médicos,… Lluch y su equipo del ministerio, donde había un buen número de catalanes, llevan adelante la reforma de la Ley contra muchos sectores y eso hace que no pueda repetir como ministro de Sanidad.

¿De dónde sale su interés por el País Vasco?

A raíz del atentado en Hipercor, en 1987, empieza a investigar el terrorismo. Se pregunta a qué se debe que haya una serie de jóvenes que terminen a las filas de ETA. Mira en Euskadi cuáles son las zonas donde hay más jóvenes que han ido a parar a ETA, cuáles son los factores socioeconómicos que pueden empujarles a hacerlo. En 1989 es nombrado rector de la Universidad Menéndez y Pelayo, un nombramiento que él busca, y la sede de verano de la universidad está en Santander, cerca de Donosti. Ya de joven le había dicho a su madre que Donosti era la ciudad más bonita de España y que quería tener una casa allí. Se compra un pequeño apartamento y va constantemente, entrando en relación con los políticos y el entorno vasco.

Hay tres personas condenadas por su asesinato. Pone sus nombres en un pie de página. No en el cuerpo central del libro. ¿Porqué?

Porque no quería dar ninguna importancia a las personas que ejecutan el asesinato. La biografía ni empieza hablando de él. Si ahora estuviera vivo tendría ochenta años y dentro de treinta años quizá alguien le haría una biografía. Es un personaje que merece una biografía, que trasciende a su asesinato. Es importante por su aportación a la historia del pensamiento económico, por su etapa de diputado y ministro. Te ayuda a explicar muchas fases de la evolución del país, más allá de que un día lo mataran.

Era consciente de que era un objetivo de ETA e incluso habló de la posibilidad de sufrir un atentado poco antes de que lo mataran

No tenía escolta. Cuando iba al País Vasco había un servicio de contravigilancia de la Ertzaintza, que observaba si alguien le seguía. Desde el Ayuntamiento de Donosti, Odón Elorza le facilitaba su coche, a veces. Lluch decía que en el País Vasco todos se conocían y que, al contrario de lo que muchos pensaban, el peligro estaba en Barcelona. Es consciente de que el asesinato si le tiene que llegar será o en la Facultad a partir de cierta hora, cuando no queda nadie, o en el garaje de su casa, como así fue. Cuando era ministro, no le fascinaba llevar escolta. No se sentía cómodo llevándola. Le habían encontrado solo yendo en autobús a un museo o paseando por Barcelona el día de Sant Jordi.

En 2000, cuando lo asesinaron, ya hacía muchos años que no era ministro. También le preocupaban los efectos del asesinato de un político en los escoltas y sus familias. Se reunió, el día antes de su asesinato, con la delegada del Gobierno en Catalunya, Julia García-Valdecasas, que le reprochaba que había sido muy duro con su padre, Francisco García-Valdecasas, cuando era rector de la Universidad de Barcelona. A la salida explicó que habían tratado el tema de la escolta pero que ella no le había dado ninguna relevancia. Nunca sabremos si Lluch sólo lo dijo para reconfortar a los suyos porque Julia García-Valdecasas ya está muerta.

Joan Esculies, autor de la biografia d’Ernest Lluch, durant l’entrevista | Pol Rius

Se ha especulado con que la intervención de Lluch en un mitin en Donosti diciendo a unos radicales que le gritaban “Gritad, gritad, que mientras gritáis, no matáis” pudiera influir en la decisión de ETA de matarlo

Era un mitin de la campaña de Odón Elorza a la alcaldía de Donosti, en la primavera de 1999. Había tregua en ese momento. Llevaba un discurso filosófico pensado pero se lo guarda en el bolsillo ante un grupo de radicales abertzales que, desde el final de la plaza, están gritando contra ellos mucho rato y les dice aquella frase. Este hecho distorsiona un poco su imagen porque él no era así. Era una persona mucho más tranquila. Esta imagen que recuerda tanto la gente yo la interpreto como una forma de sacar fuera toda la tensión que llevaba acumulada.

Aquellos días habían entrado en su piso de Donosti, no para robar. Era ETA y le querían demostrar que entraban allí cuando querían, para provocarle miedo. Se habían encontrado las llaves en la esterilla de la puerta. Hay gente que te dirá que ETA lo mató por esos gritos. Otros te dirán que lo hicieron porque era un puente entre el PSE y el PNV, porque hablaba demasiado o por otro motivo. La única persona que sabe porque lo mataron es la que ordenó que lo hicieran. No es ninguna de las que lo ejecutaron. Si un día esa persona sale y dice que ordenó el asesinato lo sabremos. De momento, no ha salido y todo son especulaciones. A veces, la razón de estos asesinatos era la facilidad con que se podían cometer y matar a Lluch era muy fácil en comparación con otros.

La pregunta que le debe hacer todo el mundo: ¿Dónde se situaría Ernest Lluch en el debate actual sobre la independencia de Catalunya?

En las presentaciones del libro siempre hay alguien que levanta la mano y me pregunta qué diría Lluch en la actualidad. Yo contesto que bastante trabajo he tenido para saber qué hizo durante su vida como para saber qué diría ahora, dieciocho años después. Digo que no lo sé. Y la persona que me lo ha preguntado afirma que sí lo sabe y, de acuerdo con su ideología, dice que sería independentista, federalista o no sé qué.

Lo que haría, seguramente, sería estar en las tertulias, en las columnas y grupos de opinión reflexionando desde el sentido común. Promoviendo que la gente hablara y que estuviera dispuesta, de algún modo, a cambiar su propia opinión. Tras la manifestación por su asesinato le ha quedado el sello del diálogo. No cambiaba fácilmente de opinión pero estaba dispuesto a hacerlo o a rehacerla si el interlocutor le convencía.

Si Ernest Lluch leyera este libro, ¿que diría al acabarlo?

No lo he pensado. Seguro que encontraría muchas cosas por corregir o matizar. Supongo que como todo el mundo si nos hicieran nuestra biografía. Todos estamos reescribiendo nuestro pasado.

Y la biografía de Josep Tarradellas ¿cuándo la leeremos?

Dentro de un año y pico.

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