“En América Latina el gran reto es gestionar el acceso de MSF donde quién ostenta el control del territorio es el crimen organizado”

Marc Bosch, vinculado a MSF desde el año 2000, es el responsable de Operaciones para América Latina de la organización. En el marco de la ayuda humanitaria, ha desarrollado su experiencia en el ámbito de las operaciones en contextos afectados por “Otras Situaciones de Violencia, más allá de los conflictos armados” y la asistencia a población migrante y desplazada por la violencia

Carla Benito
 
 
 
Marc Bosch, responsable de les Operacions per a Amèrica Llatina de Metges Sense Fronteres / Carla Benito

Marc Bosch, responsable de les Operacions per a Amèrica Llatina de Metges Sense Fronteres / Carla Benito

Bajo el nombre ‘Violencias fuera de contextos bélicos’, el Instituto Catalán Internacional por la Paz (ICIP) organizaba un seminario sobre la violencia múltiple, diversa y compleja que se vive en países sin aparente guerra en curso. Una de las regiones que a pesar de no tener un conflicto armado reconocido vive en situación de violencia es América Latina. Una violencia que desde el ICIP señalan que llega a determinar su agenda política, económica y a condicionar la vida de sus ciudadanos.

Una de las organizaciones que trabajan en contextos de conflicto armado pero también fuera de contextos bélicos es Médicos Sin Fronteras (MSF). Establecidos en varias regiones, una de ellas es América Latina. Marc Bosch, vinculado a MSF desde el año 2000, es el responsable de las Operaciones para América Latina de la organización. En el marco de la ayuda humanitaria, ha desarrollado su experiencia en el ámbito de las operaciones en contextos afectados por “Otras Situaciones de Violencia, más allá de los conflictos armados” y la asistencia a población migrante y desplazada por la violencia.

Bosch señala que entre los retos que viven diariamente se encuentra la coordinación con las instituciones en territorio, ya que no pueden gestionar por si sólo los centros médicos como podría pasar en zonas en guerra, la preservación de la salud mental en víctimas de violencia o el acceso a la sanidad.

¿Qué entendéis desde Médicos Sin Fronteras por ‘contextos de otras violencias’?

Entendemos los contextos de otras situaciones de violencia como contextos diferentes de los clásicos donde opera la acción humanitaria como los conflictos, los campos de refugiados, las epidemias… los entendemos como aquellos contextos donde se genera una situación de violencia que jurídicamente, internacionalmente y prácticamente no está reconocida como conflicto.

Esto no significa que las consecuencias humanitarias de esta violencia no sean similares a una situación de conflicto: encontramos homicidios, heridos, violencia sexual, desaparición forzada… El origen es diferente: no hay unas partes que están disputándose un territorio ni es un conflicto internacional. Por lo tanto, consecuencias similares pero origen y marco legal diferente.

Nosotros lo abordamos desde las perspectivas de las consecuencias: el sufrimiento que genera y el margen que tenemos nosotros para incidir en el bienestar de las personas.

La imagen rápida al asociar MSF es pensar en campos de refugiados o la imagen del hambre: una imagen que se focaliza en un lugar concreto. ¿Cómo estructuráis el trabajo?

Es la imagen que tiene que ver con más del 90% del tipo de proyectos que tenemos. En esta área desarrollamos diferentes ejes. Uno es desde la perspectiva de las consecuencias en la salud mental de la población. Toda esta violencia acaba generando un desgaste, un sufrimiento, unos cuadros de ansiedad, de depresión, de estres post traumático… que pueden ser abordados desde el ámbito de la psicología social y desde psiquiatras y psicólogos clínicos.

Hay otro eje que tiene que ver con las formas de desplazamiento o de migración forzada: gente que se ve obligada a transitar a través de México y las necesidades que puedan tener a nivel humanitario.

Hay una parte que tiene que ver con el acceso a la salud. En los territorios donde tienen lugar estas violencias hay restricciones a la movilidad, hay desplazamiento forzado, hay amenazas a personal de la salud… el acceso se ve limitado. Podemos establecer tanto clínicas móviles como ambulancias para cubrir ciertas áreas de algunas ciudades en México o El Salvador.

Hay también la atención a víctimas de violencia sexual o la atención médica o psicológica a víctimas de tortura. Además los grados de estas violencias son tan grandes que generan dinámicas de tortura, secuestros, tráfico de personas, esclavitud sexual…

En este ambiente de tensión, ¿tenéis acuerdos con centros médicos de allá?

Una cosa que nos distingue de proyectos en otras áreas de conflicto es que aquí hay cierta institucionalidad. Estamos hablando de países como México, como Colombia, El Salvador, Honduras, Nicaragua… hay institucionalidad, hay servicios de salud y no los puedes obviar.

Hay una coordinación, una inversión que hacemos en términos de capacitación como por ejemplo en asegurar ciertos protocolos en víctimas de violencia sexual donde tengan preparados los kits con los antiretrovirales para que puedan controlar el VIH o para que no se queden embarazadas. También hay un trabajo para asegurar que las instituciones trabajan para implementar estos protocolos.

Hay una parte pues de fortalecimiento de la capacitación institucional pero también hay una parte de atención directa, del día a día y otra parte de sensibilización y de llamar la atención sobre vacíos que puede haber en el país. La salud mental no está abordada de manera correcta teniendo en cuenta las grandes necesidades que hay derivadas de la violencia por ejemplo.

El título de la charla hablaba sobre los retos. Mi pregunta es, ¿qué diferencia hay entre los retos en América Latina, zona que cubres, y otra región del mundo en contexto de conflicto armado?

Una sería trabajar y coordinarnos con unas instituciones que también tienen unas responsabilidades de salud. No nos tenemos que ver entonces como un actor aislado que tiene responsabilidad sobre todo un hospital como podría ser el caso del Yemen.

Como gestionar el acceso de nuestros equipos en esta zona también es un reto. No es lo mismo entrar en una área de conflicto, donde estamos amparados en el derecho internacional humanitario, donde de alguna manera las organizaciones humanitarias pueden entrar y negociar, que en unas áreas que quién ostenta el control real del territorio es el crimen organizado. Dialogar con el crimen organizado para poder entrar en ciertas zonas supone una serie de retos que normalmente no nos encontramos en áreas de conflictos tradicionales. Son mucho más imprevisibles, no tienen ninguna responsabilidad ni se erigen como representantes de la población y por lo tanto hay ciertas inseguridades a gestionar. También como lo hacemos a través de la comunidad.

Hay el tema también de la protección: aparte de asistencia médica nos encontramos con víctimas que sistemáticamente sufren violencia sexual en el entorno de una pandilla o de una mara en El Salvador. ¿Qué haces más allá de cuidarla o de asistirla médicamente? ¿Cómo la vinculas hacia otras organizaciones que se encargan de la protección, que la pueden sacar de este contexto? Hay una parte médica pero una que no podemos hacer nosotros que tiene que ver con mecanismos de protección, pues.

A nivel operacional hay el reto de como incorporar las tecnologías en nuestros proyectos. Estamos hablando de sociedades conectadas: cómo promocionamos servicios, como sensibilizamos…

En cuanto a la estructura interna, ¿tenéis personal contratado, recibís a menudo voluntarios? A menudo para la ayuda humanitaria hay hospitales que dan excedencias a su personal.

En general la mayor parte del personal es contratado porque es de los países donde estamos trabajando. En estos contextos el 90% de personal desde el médico hasta el de apoyo es del país y el 10% restante es internacional. Hay gente que se coge excedencias pero otras vienen sólo para grandes crisis.

Cómo son proyectos regulares sí que necesitamos cierta estabilidad, ya que también hay todo un trabajo de interacción con las instituciones y así necesitamos gente que se pueda quedar más tiempo que no unos meses.

Marc Bosch, responsable de les Operacions per a Amèrica Llatina de Metges Sense Fronteres / Carla Benito

¿Qué relación tenéis con otras regiones del mundo desde América Latina?

Estamos organizados por regiones. Aquí en Barcelona tenemos la sede y tenemos los países agrupados en regiones: América Latina, África subsahariana, Oriente Medio… Entre todos hay diálogo y retroalimentación porque hay situaciones que se pueden dar en otras regiones y las soluciones también serán pertinentes. Por ejemplo la ayuda médica y psicológica que aplicamos a población de Honduras o El Salvador que pasa por México no es diferente que la que se da aquí en el Mediterráneo con los rescates a la gente que transita por el mar o hacia Grecia desde el norte de África o Siria. Igual que tenemos unos protocolos por cólera o Ebola pues también tenemos unas políticas de salud mental que aplicamos a cada contexto.

En el último informe de Médicos Sin Fronteras los datos económicos muestran que habéis tenido 197 millones de gastos y 182 de ingresos. ¿Cómo explicáis este desnivel? ¿A que se debe?

Hay una voluntad de la organización de crecer porque las necesidades no paran de hacerlo. Estamos en Yemen que es la misión más grande ahora mismo pero si fuéramos capaces de tener más fondos, más personal, llegaríamos a más población con más vulnerabilidad.

El 98% de los fondos son donaciones privadas. En los últimos años el volumen de ingresos no ha crecido al mismo ritmo que el presupuesto de los gastos. Aún así, sigue siendo un presupuesto alto, tenemos capacidad de hacer muchas cosas pero ahora mismo a nivel internacional las donaciones privadas, y no hablamos ya de las públicas, no diré que están disminuyendo pero sí que se están moderando. Empezó en 2008 y así sigue.

En el mismo informe señaláis que el 60% de los gastos van encaradas a víctimas de conflictos armados. ¿Cuáles son los ámbitos que más trabajo e inversión os requieren?

El grueso va a conflictos y situaciones de emergencia por crisis. Tenemos emergencias de carácter epidémico. También hay dinámicas en otras situaciones de violencia y cada vez menos acabamos haciendo desastres naturales, terremotos, tifones… que quizás hace 15 años se nos conocía por eso. Ahora estamos más orientados en acción humanitaria en situaciones de conflicto.

Entre un 5 y un 6% del presupuesto. Es pequeño. África se lleva la mayor parte. Ahora la República Democrática del Congo tiene lo mismo que cinco países de América Latina. Entendemos que las necesidades de estas áreas de conflicto donde hay muchas menos organizaciones humanitarias, donde el papel de los estados es mucho más débil, si no estamos nosotros, probablemente no habrá nadie más. Ajustamos las prioridades a esto. Y por suerte, no dejamos de ser una organización independiente que tiene fondos propios y puede tomar este tipo de decisiones.

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