«El retorno de Tarradellas demuestra que hay una salida incluso para conflictos que parecen irresolubles»

Pere Portabella es el hombre tras el retorno de Tarradellas, quien orquestó el escenario de aquel mítico 'Ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí'. Hablamos con el exdiputado y presidente de la Assemblea de Catalunya sobre aquella maniobra clave de la Transición

Siscu Baiges
 
 
 
Josep Portabella, durant l'entrevista | Pol Rius

Josep Portabella, durant l'entrevista | Pol Rius

Nadie diría que tiene 90 años. Habla bajito, tiene la cabeza clara y una inmensa trayectoria de acción cultural y política. Hay dos momentos determinantes en su vida. Cuando produjo la película ‘Viridiana’, dirigida por Luis Buñuel, que ganó la Palma de Oro de Cannes, en 1961. Y cuando asumió el encargo de organizar el retorno del presidente Josep Tarradellas al Palau de la Generalitat, en 1977. Un regreso que, de hecho, planteó como una película: iluminación especial de la plaça Sant Jaume, incluida. El Ayuntamiento de Barcelona le ha concedido, el 13 de marzo, la medalla de oro al mérito cultural.

El premio destaca su «trayectoria profesional, compromiso cívico, político y cultural». ¿Qué cree que pesa más en su trayectoria: la vertiente cultural, de cineasta o la de político?

La cultural. Entiendo por cultura la capacidad de observar las cosas, interrelacionarse y, a partir de ahí, viene un proceso de interpretación. Nos reconocemos a nosotros y debemos reconocer a los otros. Sin los demás no somos nadie. La ‘polis’ lo impregna todo. Es el hecho cultural más importante y complejo. La cultura nos instituye en personas, según Michel de Montaigne.

La etapa de diputado en el Parlamento de Catalunya y senador, ¿cómo la vivió?

Fue una experiencia muy bonita, apasionante y compleja. No he militado en ningún partido. El PSUC me propuso como independiente en el Senado. Fue una situación de mucha responsabilidad porque nos encontrábamos haciendo el paso de una dictadura a un estado de derecho. La Transición fue una transacción de una dimensión importante. Adolfo Suárez se dio cuenta del peligro de que saliera un gobierno de izquierdas en Catalunya y se le ocurrió la idea de repescar a una persona desconocida por todos como era Josep Tarradellas, que había sido nombrado presidente de la Generalitat en México hacía unos treinta años.

Yo era el moderador -aunque me llamaban Presidente- de la Assemblea de Catalunya y me encargaron organizar su regreso. En la Assemblea nunca había aparecido el nombre de Tarradellas. Sólo hablaban de él los representantes de ERC, que estaban muy enfadados con él. Para la gente era un perfecto desconocido. Pero Tarradellas sí que nos conocía a todos. Había pocas ganas de hacer una ‘fiesta’ demasiado grande. Jordi Pujol quería ser el presidente; el PSUC no estaba en contra pero pensaba que no era la persona adecuada. Sólo los socialistas y personas como Josep Maria Bricall, por ejemplo, que tenía relación con Tarradellas, lo veían bien

Josep Portabella, durant l’entrevista | Pol Rius

Como presidente, o moderador, de la Assemblea de Catalunya, estaba bien conectado con el mundo opositor

Disponía de todos los contactos clandestinos de las personas repartidas por todo el territorio. En 24 horas podía tener llena la Plaza Sant Jaume. Pedí una reunión urgente con la Asamblea de Parlamentarios, les pedí que espabilaran y fui a conocer a Tarradellas en París. Tuvimos una conversación larga, con la que me cogió confianza y mutua simpatia.

Le dije que tenía que llegar de una forma determinada, nada de coche negro, corriendo y encerrarse en el Palau de la plaça Sant Jaume. Tenía que ir en un coche descapotable para romper la imagen de las autoridades protegidas del franquismo. Primero pasaría por Madrid y había el rumor de que vendría acompañado de ministros como Rodolfo Martín Villa o Fernando Abril Martorell. Le dije que esto se tenía que evitar. Y lo evitó con una llamada a Martín Villa. «Si alguien del gobierno me tiene que acompañar, no hay retorno»

¿Le hizo caso?

Se levantó y volvió al cabo de cinco o seis minutos. «Ya está. Ya se lo he dicho». Cuando fui senador, Martín Villa siempre me recordaba que esta llamada les enojó bastante porque él, que era ministro del Interior, quería viajar con Tarradellas. Cuando llegó de Madrid me abrazó y le dije: «Presidente, el pueblo de Catalunya le está esperando». Había preparado 25 coches para los parlamentarios y el coche K (de control, de la policía, camuflado). En el coche donde iba Tarradellas estábamos él, yo, su mujer, Antonieta Macià, un Mosso d’Esquadra, Josep Montalvo, y el chófer.

En este trayecto se temía que pudiera haber algún atentado

Pedí una cita con todas las fuerzas de seguridad para explicarles el recorrido y paradas que había previsto. Se quedaron escandalizados cuando les dije que, a partir de Montjuïc, iríamos en un coche descapotable y que Tarradellas bajaría en la plaza de Sant Jaume y entraría a pie en el Palau. Se hizo un silencio y el jefe superior de seguridad, un guardia civil, me dijo que era imposible, que ya tenían un plan, con francotiradores y cordón de seguridad que impediría que la gente se acercara al presidente tanto en Gran Vía como en la Via Laietana.

Yo les dije que el servicio de seguridad que ofrecía más garantías para el presidente era ‘la gente’. Se quedaron mudos y perplejos. Para ellos, era un disparate monumental. Me preguntaron si yo asumiría la responsabilidad de lo que pudiera pasar. Dije que sí. La situación era límite. Tarradellas volvía aquí sin domicilio ni sueldo. Pero tenía algo muy bueno: estaba imbuido, como De Gaulle o los personajes de Shakespeare, en su papel, así que decidí teatralizar toda la secuencia, ya que disponía de un gran actor.

Pedí a los de Comisiones Obreras que iluminaran la plaza de Sant Jaume. Y lo hicieron, ¡iluminaron todos los rincones!. Llamé al alcalde Josep Maria Socias Humbert, que se puso a mi disposición absolutamente. Él asumiría los gastos de la adecuación de la plaza de sant Jaume para el evento. Ante la alternativa que yo disponía de los motoristas, me ofreció la mucho mejor de la guardia de gala a caballo, que era una réplica de la guardia de gala francesa.

La tarde antes de su llegada me di cuenta de que habían adornado con banderas catalanas y españolas las farolas de la plaza. Dije que había que quitar las españolas porque alguien podía quemarlas o arrancarlas y generar un problema que podía distorsionar el éxito de un retorno tan importante como el del presidente de la Generalitat

Josep Portabella, durant l’entrevista | Pol Rius

 ¿Tarradellas se fiaba de los policías?

Cuando íbamos en el coche desde el aeropuerto vio que, de vez en cuando, un oficial de la policía lo saludaba. Cuando lo vio me estrechó la mano y me sonrió, como diciendo «¡Ahora vamos bien!». En la Via Laietana la gente se desbordó. Montalvo me dijo en voz baja que hacía rato que tiraban ramos de flores en el coche y que los iba palpando para ver si había algún explosivo. «Mi obligación es que si detecto uno, se lo tengo que decir y usted decide», me dijo. Yo contesté: «usted cumpla con su deber y yo asumiré mi responsabilidad». Esto significaba decidir si tirar o no el ramo. En una dictadura eso no se hubiera discutido. Prima la autoridad. Que mates cuatro niños, es igual …

El discurso que dio en la plaza Sant Jaume, ha quedado grabado en la memoria, con la frase «Ciudadanos de Catalunya, ¡ya estoy aquí!»

Dijo que saldría al balcón cuando yo se lo pidiera. La plaza estaba llena a rebosar, en silencio e iluminada, tal como habíamos quedado. Lo había soñado obsesivamente y tuvo una especie de shock muy fuerte. Salió tres veces. En la tercera me pidió «¿Puedo decir ‘Viva España’?». Le dije que no, que utilizara el lema de la Assemblea de Catalunya: «Viva los pueblos de España». Me hizo caso, afortunadamente.

¿Cómo volvió a casa esa noche? Tenía la sensación del ‘deber bien hecho’

Acompañé a Tarradellas y Antonieta hasta la puerta de la Casa de los Canonges. Ella no paró de llorar de emoción todo el tiempo. Pero al día siguiente a las ocho de la mañana sonó el teléfono: Tarradellas iba a ver al capitán general Francisco Coloma Gallegos. Era un franquista de los bestias, que no había querido asistir al acto pero lo invitó a Capitanía. Yo le había sugerido a Tarradellas que no fuera y le pedí a la persona de protocolo que me llamó que le dijera que no me había encontrado. Creo que Tarradellas entendió que no debía ir, pero fue. No fue fácil para el President.

Cuando llegó la hora de que Tarradellas tuviera que abandonar el Palau para dejarlo en manos de Jordi Pujol, se resistió

Lo fui a ver para decirle que Jordi Pujol estaba inquieto porque no se iba y me dijo que era un mal educado.

Josep Portabella, durant l’entrevista | Pol Rius

El retorno de Tarradellas como presidente de la Generalitat parecía casi imposible

Quizás demuestra que incluso las situaciones más aparentemente irresolubles tienen una salida. Es un precedente muy importante. Un mes o dos antes, su regreso era imposible. Pero siempre hay una salida: impugnar, buscar una alternativa positiva para salir de la situación y ver con quién lo haces.

Ahora mismo no estamos ante un problema de Catalunya, sino de un estado de la Unión Europea que tiene una crisis sistémica y territorial. La única manera de resolverlo es a través de los mecanismos de la Constitución actual. Ahora hay esta confluencia. Los ciudadanos han preferido que se derrumbe el PP y que gobierne el centro izquierda. Siempre debes tener los brazos abiertos a lo imprevisto, al azar. Hubo una moción de censura que hizo caer un partido que parecía inamovible: ¡hubo una moción de censura!.

¿Es optimista, pues, ante esta situación?

No soy ni optimista ni pesimista. Soy partidario de una mirada global

¿Tiene solución?

Depende de nosotros, la gent. En la democracia, la solución pasa siempre por el sufragio universal. El tacticismo es letal si no tienes una estrategia detrás. La afirmación positiva de una propuesta alternativa.

¿Tarradellas qué habría hecho?

Recordarlo ya va bien. En 1974 hice una película sobre los presos políticos – «La cena» – y he añadido unas adendas ahora. Las adendas funcionan. Me apunto a que la solución venga de un proceso democrático abierto y serio, superando las manipulaciones. La primera cuestión es ganar una hegemonía capaz de generar mayorías que puedan hacer reformas constitucionales que abran un progreso moral bajo el principio de igualdad

La sentencia del juicio marcará mucho por dónde puede ir esta posible solución

El juicio es inaceptable para nosotros y es insostenible para los que nos han traído hasta aquí. Se están juzgando intenciones y condenando sin sentencias

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