El relato del ‘Procés’ da un giro: es posible salir del inmovilismo, aunque sea a rastras

Una reunión entre gobiernos, medidas sociales, inversiones, el aeropuerto Josep Tarradellas, la suspensión de la ignominiosa sentencia contra el presidente Companys... Son gestos, pero también son signos de que una nueva etapa política es posible entre Cataluña y España.

Gabriel Jaraba
 
 
 
Manifestació 'Tombem el Règim del 78' | Sandra Vicente

Manifestació 'Tombem el Règim del 78' | Sandra Vicente

Se habla ahora de “relato” para aludir, en periodismo, a que las cosas son lo que los medios hacen que parezcan y no lo que son en realidad, y que esa realidad creada y superpuesta –que no tiene porqué ser falsa—es la que acaba decidiendo los efectos de la comunicación implicada. Parece algo muy nuevo pero bienvenidos al pasado y al tiempo de los Beatles: eso ya lo consideró Marshall MacLuhan en 1964 cuando dijo aquello de “el medio es el mensaje” (aunque este dictum, tan mal interpretado, iba mucho más allá del asunto de las realidades y las apariencias).

Algunos comentaristas han insistido en el último año en que el ‘Procés’ era mera propaganda sin contenido político real, pero hay mucho de política en la notable capacidad de personalidades y grupos dirigentes de conducir a la mitad de la ciudadanía hasta darse de bruces con una pared y encima conseguir que les voten una y otra vez, tan contentos.

Hay otros que creen que el ‘Procés’ feneció cuando la dirigencia independentista aceptó los efectos –no digo consecuencias—de la aplicación del 155 soft, y, a modo de paradoja cruel, ahí estaría Joaquim Torra y su clamorosa inepcia presidiendo la Generalitat como muestra de ello. Desde entonces una duda sobrevuela los repliegues del relato procesista: la persistente inclinación hacia el “cuanto peor, mejor” de Torra, Puigdemont y sus colaboradores ha sido debida a un propósito deliberado o la simple consecuencia de la incompetencia o, en el mejor de los casos, de la inexperiencia. Pero el 21 de diciembre y la celebración del consejo de ministros en Barcelona marcará un giro sensible, si no en el ‘Procés’, sí en su “relato”.

Mientras unos califican de provocación que el Gobierno se reúna en la segunda gran capital del país, expresidentes de la Generalitat y el Parlament, con el Síndic de Greuges, reclaman públicamente en una declaración conjunta que los presos políticos preventivos abandonen su huelga de hambre, cosa que llevan a cabo al día siguiente. No está nada mal si se tiene en cuenta que el ‘Procés’ viene pivotando en torno al injusto encarcelamiento de los dirigentes independentistas, y de ello la superposición de dos sentidos connotados con los lazos amarillos: solidaridad con los represaliados, pero también apoyo a las propuestas que defienden, la superposición no permite separar uno de otro, vaya si eso es política y relato.

Un malintencionado diría que la petición de los comunicantes “ad intra” les ha salvado la cara a ellos y a quienes les apoyan, pero en cualquier caso la exhibición masiva de color amarillo ha menguado notablemente en los últimos meses. A continuación, los presidentes Torra y Sánchez se reúnen en el palacio de Pedralbes, y también lo hacen otros funcionarios adláteres respectivos, para expresar la voluntad común de hallar vías de diálogo para la resolución de problemas políticos. Nada mal. comparado con la impasibilidad muda de Rajoy –sí, aquel señor que fue presidente—que traspasó el paquete a un gobierno-de-los-jueces-wannabe; con lo que el relato se distancia del sobado “estos son iguales que los otros”.

Tal como si se quisiera señalar que nuestra vista no nos engaña, otrosí: se reúnen los dos presidentes con el del Foment del Treball –Sánchez Llibre y no Alfredo Molinas, cómo pasa el tiempo—con sus respectivos ministros y consellers ante una audiencia de empresarios. Otro malintencionado diría que esta vez Torra no ha podido escabullirse del encuentro, como en otras convocatorias anteriores, pero alguien de mejor buena fe observaría un cierto asentimiento a un nuevo giro del relato: normalizar la presencia pública de los presidentes en ámbitos sociales e institucionales muy destacados.

Cosas que se mueven

No importa si a Torra le han llevado atado a esos encuentros, lo relevante es que el relato denota que hay cosas que se mueven, aunque sólo sea ligeramente, en un panorama que, de grado o por fuerza, ha estado congelado, inmovilizado y atrancado en la mazmorra de la anti política.

Uno es consciente de que cualquier medida decidida en el consejo de ministros del día 21 será despreciada por los entusiastas de una parte, incluso el aumento del salario mínimo, y relegados gestos importantes como el nombre del aeropuerto –el de un exiliado republicano, el President Josep Tarradellas- o la restitución de la dignidad del President Companys y el rechazo de su condena por un tribunal militar franquista, pero su incidencia en el giro del relato es innegable.

Ada Colau ha estado atenta a la jugada y ha hecho visible que el diálogo entre el ayuntamiento de Barcelona y el gobierno de España puede redundar en hacer posible la contención del precio de los alquileres. Otro observador malévolo puede decir que eso se la trae al pairo a cualquier acerbo denunciante del “centralismo barcelonés”, si ya muchísimos de ellos se han sentido ofendidos en muchos años anteriores porque TV3 retransmita a todo el país el piromusical de la Mercè. Del mismo modo que ex convergentes y ERC han apoyado en el Congreso el techo de déficit propuesto por el Gobierno.

Semejante concentración de signos no se había visto en el lugar durante los pasados 14 meses largos, y es inevitable prever ciertos giros en el relato procesista cuya orientación podrá variar según la relación de fuerzas entre los maximalistas empeoradores y los posibilistas oportunizadores que actúan en el campo local. Se podría creer, en todo caso, que aun sin que se haya producido un verdadero cambio de cromos, sí hay de momento sobre la mesa algunas estampas que han mostrado que el inmovilismo no era inevitable y que incluso con la República por bandera, ningún cargo electo puede sustraerse a dar a sus hijos panes en vez de piedras, como propone el Evangelio.

Y aunque parezca raro, los disturbios y protestas en la calle no van a incidir en el nuevo curso del relato. Por la sencilla razón de que quienes son enviados a una misión pueden ser mandados de vuelta de ella, así de simple y cruel es la cosa, y más cuando muchos manifestantes se han descarado para afearles sus excesos. Lo que hay que observar hoy mismo, y sobre todo en los días sucesivos, es que de toda esa epifanía de signos que llueven sobre el relato ha estado total, absoluta y clamorosamente ausente un caballero llamado Carles Puigdemont. Que, por cierto, fue uno de los firmantes de la petición pública de cese de la huelga de hambre de los presos injustamente encarcelados. Si eso no es un cambio de relato que baje Tutatis y lo vea.

Gabriel Jaraba
Sobre Gabriel Jaraba

Gabriel Jaraba (Barcelona, 1950) és periodista, escriptor, professor i investigador. Doctor en Comunicació i Periodisme, és professor a la Universitat Autònoma de Barcelona. Autor de “Periodismo en internet”, “Twitter para periodistas”, “YouTuber” i “Hazlo con tu Smartphone”. Contacto: Twitter | Más artículos

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