«El proyecto social más importante del Taller de Músics ha sido crearlo y crecer en tres calles del Raval»

Tras el Taller de Músics, que este año cumple 40, no hay un músico. Sino un libertario, luchador antifranquista, que aterrizado desde Andalucía convirtió tres aulas en una de las escuelas de música más prestigiosas. Lluís Cabrera defiende la mezcla, tanto en las ciudades, como en la música y en la política: "la música amansa a las fieras; con Peret baila todo el mundo"

Siscu Baiges
 
 
 
Lluís Cabrera, durant l'entrevista | Pol Rius

Lluís Cabrera, durant l'entrevista | Pol Rius

El Taller de Músics comenzó a andar hace 40 años. Fernando Hernández y Lluís Cabrera lo pusieron en marcha. Una apuesta arriesgada, inmersa en pleno barrio del Raval barcelonés que ya hace tiempo que es una institución en el ámbito de la educación musical y no sólo en Barcelona o Catalunya. 1555 estudiantes, 183 profesores, 40 artistas en catálogo, 360 conciertos contratados, 3 salas de conciertos y 2 proyectos sociales son algunos de los frutos de esta aventura que todavía lleva Lluís Cabrera, que llegó a Barcelona procedente del pueblo de Arbuniel, en Jaén, cuando tenía nueve años. Tiene muchas cosas que decir, tanto en el ámbito de la educación musical como en el de la convivencia entre personas de diversos orígenes en Catalunya. Publicó el libro Catalunya será impura o no será, En 2010 en la editorial Pórtico. Está más de actualidad que nunca.

Con Fernando Hernández tenía la distribuidora de libros Epicuro. No tiraba y en los mismos locales montaron una escuela de música en el Raval. Era 1979. Suena a locura, ¿no?

Sí que tiraba. Desde el 1975 al 1978, tiraba bastante. Distribuíamos el fondo de Castellote Editor y luego vendimos más de doscientos mil ejemplares de El pequeño libro rojo de los escolares, por toda España. Fue un bestseller pero nos persiguieron porque lo hicimos clandestino en una imprenta y lo repartíamos por todas partes. Dejábamos cien en los quioscos de la Rambla y al cabo de tres días los teníamos que reponer. Un librero de Valladolid nos denunció y nos persiguió la Conferencia Episcopal, el gobierno de la UCD, asociaciones de padres católicos … Tuvimos un juicio en Madrid. Ya no podíamos continuar distribuyendo. Llegó la transición política y transformamos el almacén de Epicuro en un despacho y tres aulas, en 1979, el año de las primeras elecciones municipales democráticas.

¿Cómo se les ocurrió hacer este cambio a un sector tan diferente como la educación musical?

Porque conocimos a un músico que estaba de paso por Barcelona, ​​Américo Belloto, primer trompeta de la big band de la Radiotelevisión danesa, la que dirigía Thad Jones. Lo hicimos a través de Petri Palou, especialista en la obra de Frederic Mompou y que fue profesora de técnica pianística de Tete Montoliu. Belloto nos propuso hacer una escuela de música, con sólo tres aulas. La hicimos condicionar con cajas de huevo clavadas en la pared para insonorizarla.

No venía del mundo de la música usted
Ni Fernando Hernández ni yo veníamos del mundo de la música, sino de la lucha antifranquista. Éramos libertarios. Proveníamos de la peña flamenca Enrique Morente, del barrio de Verdum, en Nou Barris. Esta asociación cultural nació en 1970 y la disolvimos en 1977. Un grupo de socios de la peña participamos en la lucha para reivindicar lo que ahora es el Ateneu Popular Nou Barris, ex planta asfáltica, que hicimos derribar en el 1977. Allí organizamos después las 30 horas de fiesta popular. Fernando y yo nos encargamos de conectar con los músicos y los artistas que actuaron.

Ahora debe de ser un experto musical de primer nivel

No te creas. Comenzamos con un grupo de músicos que hacían de profesores y ellos, poco a poco, crearon un programa de estudios propio. Fernando y yo nos encargábamos de la gestión: cobrar a los alumnos, pagar a los profesores, buscar bolos, cobrarlos, pagar a los músicos. Yo tocaba el saxo pero a medida que iba creciendo el Taller fui arrinconándolo.

¿Por que centraron la educación en el jazz y el flamenco?

El jazz ya tenía en aquella época un sistema codificado en las diferentes escuelas, tanto en Estados Unidos como en Europa. Y el flamenco nos singularizaba. En guitarra y en danza siempre había habido academias de flamenco, pero parecía que el cante sólo se podía enseñar en la familia, escuchándolo, de oído, autodidacta. Pero esto de ser autodidacta es discutible, porque si escuchas discos e imitas las voces, los estilos, los palos, ya es como si fuera una escuela.

La música es un idioma, un lenguaje. Puedes aprender en paralelo práctica y teoría. En aquella época nacieron tres escuelas de música en Barcelona: El Aula, Zeleste y el Taller de Músics. El Aula, más tarde se integró dentro del Conservatorio del Liceu. Cuando Víctor Jou se vio obligado a cerrar Zeleste de la calle Argenteria, trasladó la sala de conciertos al Poblenou. Más tarde se convirtió en el que ahora conocemos como Razmatazz. Por lo tanto, de las tres escuelas pioneras, la que ha seguido haciendo camino por su cuenta ha sido el Taller de Músics.

Han ampliado la oferta educativa musical. Ya no es sólo flamenco y jazz

Hacemos una mezcla de estilos. Los alumnos se forman de una manera integral y conocen diferentes ritmos, armonías … A partir de ahí cada uno elige el camino que quiere. Ahora hacemos el festival ‘Talent’. Son trabajos de fin de carrera de los alumnos de la Escuela Superior que tenemos en Can Fabra, en el distrito de Sant Andreu. Ninguna es igual y todos han pasado por el mismo programa de estudios. Tiene que haber flexibilidad y pensar que la verdad no está dentro la Academia. Hemos tenido siempre la premisa de adaptarnos, de hacer trajes a medida de cada alumno. Puede haber uno que no tenga mucho talento para la música pero que sea muy ordenado, se esfuerce y trabaje mucho y que llegue a ser un profesional de primera fila y puede haber otro que es muy creativo, con muchas facultades y talento y se quede a medias porque no tiene la paciencia para estudiar las horas necesarias.

¿La calidad de una escuela de música se valora por los ‘famosos’ que han triunfado después de pasar?

Está muy bien que haya gente que ha pasado por aquí y que haya roto el techo de cristal y haya tenido éxito. Nuestro trabajo está enfocado a dar las herramientas y crear plataformas de difusión de la música para que los intérpretes contrasten lo que aprenden en el aula de la escuela con un escenario delante de público, sea grande, al aire libre, un teatro, una sala de conciertos, un pequeño club, un hotel, …

Potenciamos mucho la parte creativa y está claro que hay jóvenes que tienen más facilidad, que saben buscar su propia voz, su propia personalidad. No se dan casos como el de Rosalía con demasiada frecuencia. Además, el mercado tampoco podría asumir que cada día, cada año surgiera un fenómeno como este. Salvador Sobral tiene una línea. Alfred García, también. Silvia Pérez Cruz la suya. Judith Nedderman, Clara Peya, Andrea Motis … Hay mucha más gente. La lista es interminable.

Una pata importante del Taller de Músics son sus proyectos sociales

El proyecto social más importante que el Taller ha sacado adelante, de manera natural y sin haber sido pensado, fue convertir Distribuciones Epicuro en una escuela de música y crecer en tres calles (Requesens, Príncep de Viana, Cendra) del barrio del Raval. En aquella época, la década de los ochenta, esta zona era durísima. Los locales que ahora ocupamos estaban dedicados al juego ilegal, prostitución, distribución de heroína … Vimos transformarlos en lugares donde la gente aprendía música, cultura y educación, que daban trabajo …

Del proyecto social para la inclusión ‘Cabal musical’ hicimos 120 bolos del año pasado. Hace cinco años que lo hacemos. Participan chicos y chicas de familias vulnerables o con fracaso escolar en la ESO de Barcelona, ​​Montcada, Santa Coloma, Badalona y Sant Adrià, las poblaciones que riega el Besòs. A partir de la música se enganchan de nuevo a tener una vida con ilusión y esperanza. Desarrollamos también el ‘Taller Abierto’, donde participan personas sin techo, otros que van a dormir a la cárcel o drogodependientes en vías de curación que nos envían desde los Servicios Sociales.

El Raval ha cambiado mucho

Cambió pero ahora llevamos dos años muy duros de nuevo. La mafia ha vuelto de manera más agresiva, más escondida. En los años ochenta, podías hablar con los camellos. El negocio se hacía a pie de calle o en los bares donde sabías quién era quién. Ahora es más complicado y aún quedan pisos y locales donde se hacen trapis, hay peleas entre clanes …

¿Tiene el Taller la misma diversidad étnica que el Raval?

No exactamente. No somos una escuela de barrio. Viene gente de todo el mundo a estudiar, los beneficiarios de nuestra propuesta son de toda Catalunya, España, EEUU, Latinoamérica, centro Europa, Francia, Italia … Buena parte son catalanes.

Ha compaginado el trabajo del Taller de Músics con la preocupación por la relación entre personas de diferentes orígenes en nuestro país. Escribió ‘Los otros andaluces. La cuestión nacional de Catalunya‘ con otros autores en 2005. Y se habló mucho de este libro

Como fui uno de los fundadores de la peña flamenca Enrique Morente en Nou Barris me ha preocupado mucho la confusión enorme que hay con el flamenco en Catalunya. Todavía hay sectores aquí que piensan que fue una imposición que hizo la dictadura a partir de ‘cargar’ personas andaluzas en El Sevillano y llevarlas a Catalunya para diluir su cultura. El flamenco está presente en Catalunya desde 1860 y entonces se cantaba en catalán. Es la misma época en que estalla el flamenco en Andalucía, Extremadura, Murcia, Valladolid o Pamplona.

En el Mediterráneo todos los giros vocales y los melismas que se hacen son ‘aflamencados’. Por lo tanto este arte no es ajeno a Catalunya. La dictadura franquista lo distorsionó todo, intentando homogeneizar la cultura española aprovechando una parte del folclore andaluz. Desde entonces el flamenco está pagando esta manipulación. Los nacionalismos tienden a crear culturas nacionales.

En Barcelona se crea la rumba catalana, que es prima hermana de la rumba flamenca, y en Lleida se cantan garrotins. En la región mediterránea convivieron cuatro culturas: la gitana, la musulmana, la judía y la cristiana. Con más o menos armonía. Durante siglos. Catalunya no es ajena a ninguna de estas culturas.

‘Los otros andaluces’ no era sólo un libro. También fue una asociación. ¿Qué fue?

Hicimos tres libros. Primero Los otros andaluces. La cuestión nacional de Catalunya, en el año 2005. Después Fabricar el inmigrante. Aprovechamientos políticos de la inmigración, Catalunya 1977-2007, en el año 2009, un estudio académico sobre la manipulación de la nostalgia por parte de la clase política catalana con entrevistas a líderes políticos y búsqueda en las hemerotecas de prensa. En Los otros andaluces no queríamos que se interlocutara con los partidos y las instituciones políticas catalanas en nombre de un supuesto colectivo andaluz homogéneo. Esto lo hacía la FECAC, la Federación de Entidades Culturales Andaluzas en Catalunya, con su escaparate de la Feria de Abril.

Y luego yo a título personal escribí Catalunya será impura o no será en el año 2010. Me encontré con un cierto rechazo. A veces presentas el libro y el público quiere escuchar lo que él piensa, como si fueras un mono de feria. Cuando íbamos a zonas pobres explicábamos lo que nosotros creíamos. Los asistentes que no estaban politizados entendían algo pero teníamos problemas con los que lo estaban en el sentido de luchar por la soberanía plena de Catalunya. Estos se trasladaban a estas zonas desde el centro de las ciudades. Se generaron conflictos, incluso algún intento de agresión. Sobre todo en el tema de la lengua. Cuando tocas el tema de la lengua catalana es muy, muy complicado.

‘Cataluña será impura o no será’. ¿Cómo lo ve ahora?

Será impura porque la pureza no existe y es inviable. Si queremos crecer económicamente necesitamos mano de obra que venga de otros lugares, de países más pobres. Estos países son más pobres porque sus materias primas están en manos del capitalismo global y por eso las personas tienen que emigrar. El dinero tiene libertad para moverse por todas partes sin problemas, pero sí los hay para que las personas se muevan. Si no cambiamos que el desarrollo de los países capitalistas dependa de los países pobres, la gente se jugará la vida, por tierra, mar y aire, para llegar a lugares donde pueda tener una perspectiva de mejorar. Es lo que hicimos los andaluces, los extremeños, los murcianos …

Pasabas de trabajar para un señor feudal cuando ya el feudalismo había desaparecido, en zonas menos desarrolladas donde te trataban como un esclavo, a trabajar en una fábrica, cobrando cada semana un sueldo que te permitía prosperar, llevar a tus hijos al cole, y tirar adelante. Lo que llaman ‘ascensor social’, que ahora se ha detenido.

¿Ahora habría que hablar de ‘Los otros africanos’, ‘Los otros latinoamericanos’, ‘Los otros paquistaníes’…?

‘Los otros andaluces’ desaparecimos porque ya habíamos dicho lo que teníamos que decir. No sé cuáles han sido los resultados pero dimos voz a los que consideran que catalán es todo aquel que está empadronado en Catalunya. Otra cosa es el sentimiento, la emoción y de donde te sientes. Si votas aquí, todos los votos valen igual. Luego está el tema de la integración, que parte de una base supremacista. ¿Tú te integras a qué? Hablamos de tu a tu y nos entendemos. ¿A qué me he de integrar? En todo caso, identificarme y estimar el país en el que vivo, donde han nacido mis hijos, me he podido desarrollar y sacar adelante iniciativas que quizás en otros lugares no habrían encontrado este germen de emprendimiento. Contento y satisfecho. Pero integrarme sería caer en la trampa de la homogeneización cultural. La defensa de la cultura como herramienta de desarrollo individual y colectivo es básica.

En música hay una cierta división. Algunos son de Serrat y otros de Llach

A mí me gustan Estopa, Serrat y Llach, pero cuando iba a dar conferencias y lo decía la gente no se lo creía. El lío está en la lengua. Hasta que aquí los dirigentes políticos, los intelectuales, no digan con la boca ancha que el castellano también es de Catalunya tendremos un lío muy gordo. Lo he vivido con ‘Los otros andaluces’, con los libros, participando en debates, … Pagamos las consecuencias de una dictadura que machacar todos, pero sobre todo a aquellos que se enfrentaban al aparato represor franquista.

Personalmente ¿cómo lleva el debate actual en Catalunya sobre estas cuestiones?

Estoy muy cansado. Cuando el 31 de marzo de 2016 el grupo Lengua y República hizo público un manifiesto llamado Koiné, en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona, ​​quedé bloqueado, desencantado y con una desilusión y tristeza muy grandes. Sobre todo porque lo firmaron personas con las que tenía relación y cierta amistad. Tuvimos que cortar porque aquel manifiesto era insoportable. Era muy reaccionario. Bajo la defensa de la lengua catalana se escondía un intento de homogeneizar la cultura, la vida, la forma de pensar. Preconizaba una única dirección. Por otro lado estoy muy deprimido porque tengo amigos míos que están en la cárcel por cuestiones que se deberían haber resuelto por vía política.

¿Quién?

Jordi Sánchez y Jordi Cuixart. Había hecho conferencias con Carmen Forcadell. Conocía bastante del Ayuntamiento a Joaquim Forn. Conocía Jordi Turull, Josep Rull y Lluís Puig, que había sido consejero de Cultura. No puede ser. Cada cosa en su sitio. No puedo ser optimista porque los bloques están congelados.

¿La música no debería servir para acercarlos? Dicen que la música amansa a las fieras

La música y la cultura son balsámicas. La música y la cultura mediterránea comunes pueden establecer puentes entre los dos bloques enfrentados políticamente hoy en Catalunya A ‘Catalunya será impura o no será’ doy algunas vías. La rumba catalana puede unir diferentes sensibilidades.

Pones Peret y bailan todos

Esperamos que la cultura sea una herramienta de acercamiento y que no nos tiremos los trastos a la cabeza en Catalunya, que todos puedan hablar. Vengo de la parte ácrata y libertaria pero siempre he tenido claro que, ante todo, debemos ser demócratas. Y a partir de aquí se debaten las disidencias, pero lo que pasa es que predominan las posturas más radicales.

¿Sobran banderas y faltan pentagramas?

Es una forma poética de decirlo. Los pentagramas pueden ser imaginarios, pueden estar en la mente de cada uno.

¿Qué le hace más ilusión los proyectos que tiene entre manos el Taller de Músics?

Me gustaría que el Raval, donde hay muchos lugares con la persiana bajada, hubiera vida. Nosotros necesitamos más espacios porque tenemos demanda para admitir más alumnos. Nos gustaría que las administraciones, después de cuarenta años, llegaran a un acuerdo con el Taller de Músics para reavivar la zona. ¿Cómo? Posibilidades de compra, alquileres baratos reformando estos locales vacíos, … Podríamos crecer perfectamente, pero no tenemos recursos para invertir más. Hemos invertido mucho. Persianas bajadas, mala cosa. Oscuridad nocturna y diurna. Esto es carne de mafia.

Tiene hoy la misma ilusión que hace 40 años?

Tenía 24 años. Ahora tengo 64 años. Las ilusiones las tengo más amortiguadas. No soy tanto impulsivo ni tengo tantas fuerzas. Nos han puesto muchos obstáculos. No lo hemos tenido fácil. Hay épocas que sí. Para unir cuatro locales de la calle Requesens tuvimos ayudas del Ayuntamiento, la Diputación y la Generalitat. Por parte de la consejería de Educación no sé qué ha pasado que han ayudado a otros centros privados ya nosotros, no. Estamos moralmente heridos. En 2013 el superamos yendo a los bancos y comprando dinero.

Jubilarse nunca? Los Rollings, Bruce Springteen o Serrat no quieren

Hay temporadas que voy a Arbuniel y Sierra Mágina a descansar. Podría estar tres meses allí y tres meses aquí. Hacer la ida y vuelta. Es el lugar natural donde me encuentro en paz. Es un pueblo muy especial, tiene un nacimiento de agua, está a 900 metros de altitud, 800 habitantes. No hay ayuntamiento y dependemos de uno que está a ocho kilómetros.

Cómo se define? Catalán? Andaluz? Español? Europeo? Nada?

‘Andalunyo’. Me considero ‘andalunyo’. En principio cayó en gracia. Me considero porque no reniego de mi pasado porque tuvimos que salir del pueblo ya que mi familia fue perdedora de la guerra civil y he vivido prácticamente toda la vida en Cataluña. Estoy satisfecho de haber sido formado por ramas andaluzas y catalanas.

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