La resaca del #MeQueer: la lucha LGTBI por crear espacios de seguridad fuera de las redes sociales

El colectivo valora positivamente la campaña, que ha visibilizado historias de agresiones y acoso contra personas LGTBI en las redes sociales, pero reclama más lugares sin LGTBIfobia (más allá del 'hashtag'). Espacios informales, asociativos o activistas actúan como las redes de apoyo más comunes.

Yeray S. Iborra
 
 
 
Imagen de archivo manifestación pro LGTBI | Álvaro Minguito (eldiario.es)

Imagen de archivo manifestación pro LGTBI | Álvaro Minguito (eldiario.es)

Como pasó con el movimiento contra el acoso sexual a mujeres, bajo la etiqueta #MeToo, unos días atrás las redes sociales se convirtieron de nuevo en escenario de visibilización y lucha. En este caso del colectivo LGTBI. La etiqueta #MeQueer, lanzada por el escritor alemán Hartmut Schrewe y que el periodista de Playground, Rubén Serrano, recogió en un artículo que acabó de hacerla despegar, sirvió para denunciar la LGTBIfobia y llenó Twitter de historias sobre acoso y discriminación.

Miles de mensajes con vivencias cotidianas para el colectivo LGTBI que muchas veces no pueden ser compartidas en otros lugares: las redes sociales actuaron como un gran espacio de seguridad (a falta de muchos más de este perfil fuera del mundo hashtag).

Por ese motivo, personas como Pau Canals, investigador psicosocial y miembro de espacios como Crida LGBTI o Atzagaia, valoran positivamente la experiencia. “#MeQueer ha sido una buena iniciativa, se puede incorporar al aprendizaje del ciberfeminismo”. Coincide en el análisis favorable Elena Longares, miembro de LesbiCat. “Ha sido un evento importante, revelador. No es casualidad que el hashtag nazca además haciendo una variación del #MeToo: las campañas feministas de los últimos meses han ayudado a que se pueda generar”, destaca Longares.

Ambos coinciden en que el #MeQueer ha permitido explicar muchas realidades “aparentemente desconocidas, minimizafas, invisibilizadas y silenciadas”. “El #MeQueer ha mostrado que en una sociedad como la nuestra el reconocimiento y la garantía de derechos de las personas LGTBI son una asignatura pendiente”, cita Longares.

Por otro lado, el oasis en el que se han convertido las redes sociales al amparo de una etiqueta preocupa al colectivo. “El hashtag ha servido para visibilizar violencias LGTBIfóbicas que sufrimos, para mostrar el carácter sistemático y estructural de éstas pero sobretodo para proporcionar una vía de expresión para aquellas personas LGTBI con menos red de apoyo”, dice Canals.

“El #MeQueer demuestra que no hay suficientes espacios seguros para personas LGTBI, sólo aquellos entornos personales que creamos y que acaban funcionando como red de apoyo. Y eso en el mejor de los casos”, lamenta Longares.

Más allá de los espacios informales que cita la miembro de Lesbicat, las estructuras asociativas o los entornos activistas LGTBI actúan como las redes de apoyo más comunes. “Las entidades, los grupos, los colectivos intentan generar esos espacios de seguridad donde compartir, pero ni siquiera es garantía siempre debido a la LGTBIfobia estructural que vivimos. El colectivo LGTBI es muy diverso y también vive bajo las presiones de un sistema que dificulta revisar los privilegios. Por ello, muchas veces acabamos buscando apoyo en ámbitos informales y personales, que son los que acaban haciendo posible vivir nuestras vidas”, explica Longares.

Pau Canals  alaba la magnitud del hashtag como acción política pero también alerta que con #MeQueer, como con el resto de ciberactivismo, se corre el riesgo de generar una sensación de “falsa revolución” y que la brevedad de las redes sociales muchas veces “simplifica en exceso la complejidad de situaciones de discriminación”. “La audiencia puede recibir una comprensión muy parcial de dichas situaciones”.

Si bien Barcelona es un espacio con múltiples luchas LGTBI, y donde también existen lugares como Espai Trans, los expertos señalan que hay mucho por hacer. Aunque los problemas realmente preocupantes, van, seguramente, más allá de la capital catalana. “Dado que no todas tenemos personas cercanas con las que generar estos espacios y que en muchos casos la familia no es un lugar de seguridad, Internet y las redes sociales han ayudado, especialmente en personas que no viven en grandes ciudades como Barcelona”, concluye Longares.

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