El año en que Junqueras ha liderado desde la cárcel el viraje de ERC hacia el realismo

Oriol Junqueras cumple hoy un año en la cárcel. Ha sido clave para que ERC admita ahora que no hay una correlación de fuerzas suficiente para implementar la independencia de forma unilateral. Estas son las claves de un cambio de estrategia avalado por las encuestas electorales

Guillem Pujol
 
 
 
Oriol Junqueras, clar guanyador de les generals el 28A |

Oriol Junqueras, clar guanyador de les generals el 28A |

Hoy hace un año que Oriol Junqueras (así como ocho consejeros más) entró en una prisión preventiva a la espera de un juicio que aún no llega. El líder de Esquerra Republicana de Catalunya eligió quedarse y afrontar la alta posibilidad de ir a la cárcel en lugar de marchar al exilio. Hoy, desde Lledoners lidera un partido político que según las recientes encuestas se postula como ganador de unas hipotéticas elecciones autonómicas. A nivel municipal, Ernest Maragall, también de ERC, es un claro candidato a ganar la alcaldía de Barcelona.

En ERC les ilusiona y temen las encuestas a partes iguales después de lo que pasó en las últimas elecciones: todas las encuestas les daban por delante de su rival directo, Junts per Catalunya. Pero al final fue Puigdemont quien le dio la vuelta al partido. Si en fútbol, ​​durante los Mundiales, existe la sensación de que es un deporte donde juegan once contra once y siempre gana Alemania, en política catalana pasa un poco lo mismo: al final siempre gana Convergència. Independientemente o no de que se cumpla esta simple profecía, hay elementos que nos permiten comprender que esta posibilidad sea real, y es que la evolución positiva en las encuestas va de la mano del cambio estratégico y discursivo de ERC de los últimos meses.

Durante los cuatro años de Procés, las fuerzas políticas independentistas ERC, CUP, y el PDeCAT en sus diferentes mutaciones, compitieron con la intención de captar el deseo de independencia. La premisa era sencilla: si había una bolsa importante de votos a favor de la independencia aquella formación política que prometiera la realización del deseo con más intensidad se llevaría el gato al agua. La política catalana había quedado completamente tomada por la hendidura independencia / no independencia. Antes de la hecatombe que vendría, cargos públicos de la Generalidad celebraban conferencias por todo el país explicando qué pasaría cuando fuéramos independientes, omitiendo las dificultades que se debería superar por el camino. Durante unos años se mintió, bien de forma deliberada o por ignorancia, sobre el inminente advenimiento de la República.

ERC competía en este tablero de juego de forma desacomplejada, haciendo de Ítaca casi el punto único de su programa electoral. En el principio del Procés, posiblemente sólo la CUP aportaba una dosis de realismo político en el debate político. Pero hace un año cambió todo. El PP pinchó de la peores formas posibles que tenía a su disposición la burbuja mágica de la independencia, que no del independentismo, que se niega a renunciar a sus postulados. Mantener el discurso que la independencia surgirá con el amanecer hoy en día es un chiste de mal gusto. Ante esta perspectiva, los partidos independentistas han tenido que redireccionar su discurso. Al parecer, (y siempre según las encuestas) a ERC le está funcionando. La estrategia pasa por dos lados.

Concepción maniquea de la realidad

El maniqueísmo fue una religión universalista fundada por el aristócrata persa Mani en el siglo III, que, resumidamente, promovía una concepción dualista del mundo y su funcionamiento. Hoy en día se mantiene la herencia del término para definir aquellos argumentos que se constituyen obviando lo que queda entre medio de dos espectros. ERC en general, pero sobre todo Oriol Junqueras en particular, recurren constantemente a análisis maniqueos sobre la realidad. Así, la lucha de los presos políticos encarna el Bien, mientras que cualquier otra cosa que se oponga representa el Mal.

El uso de comparaciones con personajes históricos como Gandhi o Martin Luther King sirve para reforzar esta idea. De la demonización del enemigo se construye una visión romántica de la causa; la causa, entonces, ya no es una opción política concreta sino un deber ético. Cabe decir que este posicionamiento no sirve para engrosar el número de votantes republicanos. Pero cava trincheras y reafirma posiciones. Junqueras no es Ghandi; es un político astuto que mira por sus intereses y los de su partido. Últimamente el uso de esta retórica maniquea está sirviendo para justificar una posición controvertida: ERC pide como condición de la aprobación de los presupuestos del Estado la libertad de los presos políticos. Saben que no es una condición posible, pero en eso consiste la negocación política: sacar el máximo rédito posible.

Será muy complicado para una formación política que se dice de izquierdas mantener la negativa a unos presupuestos que, entre otras cosas, contiene un aumento del 22% del salario mínimo interprofesional. Pero tener el Bien de su lado les sirve para olvidarse de toda aquella gente que, hoy en día, vive con salario de 751 euros al mes.

Ensanchar la base

La segunda característica del discurso de ERC es el viraje que ha realizado respecto a su posicionamiento de cara la independencia. Si antes de la aplicación del artículo 155 y la judicialización de la política eran los portaestandarte de este deseo de independencia, el encarcelamiento de Junqueras les ha llevado a un giro radical para con su discurso. ERC ya no promete la independencia, y admite que no hay una correlación de fuerzas suficiente para implementarla de forma unilateral. Mientras en Bruselas se constituyen estructuras republicanas simbólicas (bienvenidos a la Casa por la República), el discurso de ERC gira 180 grados hacia el realismo político en un giro que, todo sea dicho, requiere de cierta valentía.

Tantos años de promesas han generado que una parte de la población independentista (que ha hecho todo lo que los políticos han pedido, y aún más) no acepte que ahora, de repente, se les diga que todo era mentira. Que la República tendrá que esperar, quizás de manera indefinida. Pero ensanchar la base es precisamente eso: intentar convencer posibles votantes sin que sean necesariamente independentistas. Esto pasa por recuperar un discurso social (casi inexistente en los últimos años) a la vez que vincular la libertad de los presos no sólo con la lucha independentista, sino con la lucha con los derechos y libertades en general. En este sentido, la evolución del discurso de ERC parece ir de la mano del de Òmnium Cultural.

En este cambio de discurso se miran de reojo con los Comunes y con sus compañeros del PDeCAT. Lo que está en juego ahora mismo es una lucha sobre lo que significa el republicanismo.

Si los Comunes reivindican el republicanismo de toda la vida, aquel que bebe de la tricolor y la herencia democrática anterior al golpe de Estado, el equipo de Puigdemont lo asocia casi exclusivamente con el hipotético Estado catalán. ERC, en cambio, lo articula por los dos lados. Herencia histórica y deseo de futuro. Y aquí, en la equidistancia, es donde ganan.

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