UPEC 2018 | Crónica

El fútbol más allá de ‘opio del pueblo’: una oportunidad para combatir las hegemonías

El fútbol tendrá los valores de quien los organice. Esa fue una de las principales conclusiones de la mesa 'Fútbol, ¿opio del pueblo de la democracia?', en la primera jornada de la Universitat Progressista d'Estiu de Catalunya. Un análisis –y también alternativas– a nuestro futbol: de mercado, individualista y patriarcal. Vamos perdiendo.

Yeray S. Iborra
 
 
 
La mesa sobre 'Futbol, ¿opio del pueblo en democracia?' en la UPEC | Cedida

La mesa sobre 'Futbol, ¿opio del pueblo en democracia?' en la UPEC | Cedida

Ella y su gemela tenían un sueño. En casa nunca se entendió, no se lo podían contar a nadie. Y eso que el sueño no era tan fantasioso; no hablaba de viajar a la Luna, tener un elefante por mascota o vivir en una casa de gominola. Su sueño, de hecho, era una realidad para muchos. Para el 50% de la otra parte del binomio: los hombres. Ella y su gemela tenían que ser niños para jugar fútbol.

Niños altos, fuertes, morenos. Así las entrenaría Van Gaal. Saldrían por la tele. Y podrían lucir nombre en la zamarra: Riva, por ejemplo. Diminutivo mancillado al ídolo de la época, Rivaldo. Pero no, al contrario, con 11 años no eran niños, y en vez de calza corta, michetas y botas de clavo, llevaban tutú. Las apuntaron a ballet. Alena Arregui es una de esas gemelas. Ahora se emplea como periodista y ha colaborado con revistas como Panenka. Se retiró un año atrás, pero llegó a jugar en Primera División, con el Levante Las Planas. No tuvo que pasar por pocas riñas, pataletas y machismo en su entorno hasta que eso fue así.

La historia de Arregui, contada en primera persona ante el auditorio de la UGT, lleno en la primera jornada de la Universitat Progressista d’Estiu de Catalunya (UPEC) y en una mesa que se titulaba Fútbol, ¿el opio del pueblo de la democracia?, demuestra hasta qué punto el considerado deporte rey puede ser fuente de discriminación. Pero la propia Arregui se encargó de demostrar hasta qué punto también puede serlo de oportunidad.

“La sociedad te dice: ‘Eh, si juegas a fútbol, seguramente, un poco machorra eres, igual lesbiana también’. Pues bien, la homosexualidad en equipos femeninos existe y se trata de forma casi pedagógica; se vive con mucha normalidad en vestuarios de mujeres. Dudo que pase en otros ambientes profesionales”, contó Arregui. En pocos minutos, nacerían de los ponentes muchos más ejemplos como este.

La mesa en la que estaba sentada la periodista, y que también contó con la moderación de Marga Lluch, de RNE, del ex futbolista Oleguer Presas, y del historiador Carles Santacana, se vació en muestras de cómo otro deporte es posible. Santacana puso contexto antes de la intervención de Arregui: “El deporte es una actividad social. El fútbol tendrá los valores de quien lo organiza. En este caso, el mercado. Pero también hay quien utiliza el fútbol para promover valores diferentes, como el formativo. Con recompensas más allá de los goles. No vale responsabilizar a los Estados de las derivas del fútbol. Porque tendremos el fútbol de quien tenga la hegemonía política”.

¿Podría existir un futbol feminista? ¿Mixto? ¿No heteronormativo? ¿Anticapitalista? ¿Popular? Las respuestas parecen hablar de nuevo de viajar a la Luna, tener un elefante por mascota o vivir en una casa de gominola. Aún así, los miembros de la mesa de la UPEC mantuvieron la apuesta.

“El fútbol es un espacio más de lucha por imponer un discurso, por la hegemonía. Y lo estamos perdiendo. El mundo del fútbol profesional vende el discurso hegemónico del individualismo, de las estrellas por encima del equipo, es machista y que exalta virilidades. Por mis cojones“. Empezar por la formación, por educar en valores con perspectiva social, de género, racial. Para luego atacar al hueso: el modelo empresarial. Esa fue otra de las recetas que planteó Presas. Él lo ha vivido desde dentro. “Pensar en un fútbol diferente debe pasar como planteo, más allá de los valores, en pensar en las estructuras de los clubes, ahora sociedades. Hay que recuperar los clubes. El fútbol de proximidad”, destacó Presas.

Sin vacilar, y reflexionando –así lo expuso él mismo, en todo desenfadado, “en voz alta”–, el ex de la primera plantilla del FC Barcelona y del Ajax de Ámsterdam, zanjó: “Yo físicamente no tengo nada que ver con Messi, somos opuestos. ¿Por qué Alena y yo no podemos compartir un equipo? Ella tiene sus cualidades y yo las mías. Eso es una incoherencia…”.

“¿Por qué no podemos hacer fútbol mixto? Yo juego con mis compañeros de trabajo… Todos estamos retirados [ríe]. Y al mismo nivel. ¿Por qué antes no podía?”, remató Arregui. El tutú para quien lo quiera.

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