«El feminismo de masas tiene su Top en el 8M y sólo sirve para que después El Corte Inglés se luzca el día de la madre»

Magda Bandera es la directora de La Marea, que hace dos meses estrenó Por Todas, una web que recoge las historias de las 55 mujeres asesinadas en España en 2014. Hablamos con ella de cómo el feminismo de masas se mueve dentro de las fronteras del patriarcado y de la necesidad de tratar la violencia de género, no desde la pena, sino desde la empatía

Sandra Vicente
 
 
 
Magda Bandera, fotografia cedida por El Salto | Álvaro Minguito

Magda Bandera, fotografia cedida por El Salto | Álvaro Minguito

Lejos de la imagen de la vela y de las decenas de periodistas apretados ante un portal. Lejos de las preguntas típicas a los vecinos que siempre saben demasiado pero explican poco. Lejos de los ‘siempre saludaba’. Lejos de los tópicos y de la prisa es donde La Marea ha encontrado su lugar para explicar la violencia de género. El portal Por Todas vio la luz hace unos dos meses, después de un Goteo que permitió explicar la historia detrás de los 55 asesinatos por violencia de género de 2014 en todo el Estado español.

Desde el 2013 La Marea apostó fuerte por la investigación y el tratamiento de la violencia de género y del cambio climático, cuando eran temas que todavía no interesaban a nadie y no estaban en la agenda de los grandes medios. Magda Bandera, la directora de este diario digital, explica que apostar por estas historias es caro, y que por eso las grandes cabeceras no se han volcado hasta que la deriva social no lo ha hecho imprescindible.

Pero el feminismo de masas, así como el ecologismo de masas, «no sirve de nada si no pasa del postureo», afirma Bandera. Desde el lenguaje inclusivo forzado hasta el greenwashing, la periodista desgrana el mensaje que dan los medios de comunicación y analiza la responsabilidad del periodismo

Ahora estáis está apostando por contenidos especializados, con Climática y Por Todas, pero ya hace tiempo que la marca de La Marea se relaciona con el tratamiento de la violencia de género y el cambio climático, incluso cuando todavía nadie hablaba de ello

Descubrimos lo que nos importaba más y se nos daba mejor de manera espontánea. Los primeros especiales que hicimos, de hecho, los dedicamos a empresas del Ibex35, porque como tenemos un código de publicidad tan restrictivo y no aceptamos dinero de estas empresas, teníamos la libertad de elegir cuándo queríamos hablar sin que fueran ellos los que nos marcaran la agenda.

Somos los que somos y, a veces, hacemos cosas que están muy bien, pero hay otras que simplemente ordenamos toda la información que hay. Nadie se pone a hacer esto y es este trabajo el que nos hace diferentes. Creemos que para hacer este trabajo se necesita dinero y, por ello, recurrimos a financiaciones a través de Goteo. De hecho, el primer proyecto que financiamos así, #YoIbextigo, todavía tiene el récord de mecenas en Goteo. Y el segundo es Por Todas.
¿Estas financiaciones puntuales son suficientes para escapar del ritmo de la actualidad?
Sabemos perfectamente que La Marea no la necesitas para informarte y apostar por estos temas es arriesgar mucho. Estamos arriesgando más de lo que arriesgan los medios grandes, que son los que sí tienen presupuesto para hacer un buen seguimiento de las noticias. Pero no hacen investigación porque es muy caro y porque tienen un montón de intereses comprometidos. Nosotros podemos hacer Yo Ibextigo o Climática sin miedo y conservando la credibilidad porque no debemos nada a ciertas empresas. Endesa es una de las compañías más contaminantes, pero se gastan tanto dinero en publicidad y greenwashing, que a muchos medios les cuesta ser críticos.

¿Cómo se hacen estas investigaciones sin dinero?

No sé cómo lo hacemos. Asumimos que hay un nivel de autoexplotación importante: no nos saltamos principios editoriales pero sí debemos asumir esta contradicción. Hemos descubierto que lo que nos funciona mejor es centrarnos en temas que sabemos que podemos hacer bien y que podemos financiar.

Hace casi dos meses que Por Todas vio la luz. Ya hay cuatro historias publicadas; ¿qué futuro tiene esta web? ¿Se acabará cuándo reportéis los 55 casos o seguiréis?

Las 55 historias serán sólo la base documental de lo que queremos hacer. Porque a medida que vamos documentando los casos nos surgen preguntas que no nos habíamos hecho antes. ¿Cuáles son las historias de los agresores que mueren en la cárcel? ¿Son útiles los cursos de reeducación? ¿Qué diferencias hay entre un asesinato en una comunidad grande y una pequeña? ¿Qué pasa cuando se ha de repatriar un cadáver? Cuando juntemos las respuestas a todas estas preguntas, nos quedará la foto completa.

El tratamiento de la violencia de género siempre ha sido una asignatura pendiente del periodismo. ¿Cómo lo hacéis?

Cuando estaba en Público impulsé un decálogo de tratamiento de información sobre violencia de género. Ahora está obsoleto, pero hay principios que se mantienen: la privacidad de las víctimas es sagrada, pero como hay tantos asesinatos, los lectores o espectadores comienzan a normalizarlos, así que tenemos que buscar la manera de que no dejen de empatitztar con las historias sin caer en la morbosidad.

Nos surgen muchas preguntas. ¿Ponemos el nombre de pila a las víctimas? ¿Y a los asesinos? Hay quien dice que no es necesario proteger su identidad, pero si no lo haces también puedes exponer a los hijos o hijas, que no dejan de ser víctimas. Llevamos años repitiendo los decálogos, pero deben actualizarse. Donde vemos más problemas es en la prensa local, porque en los pueblos pequeños todo el mundo sabe la historia de aquella mujer, quié era, dónde vivía y dónde trabajaba …

Captura de pantalla de la historia de María José, de Madrid, asesinada en Fuencarral el 17 de marzo de 2014

También nos encontramos con problemas con el tratamiento audiovisual. Buscar imágenes para ilustrar la noticia de un asesinato es complicado, lo comprobamos en un taller de formación que hicimos para los centros territoriales de RTVE. Debemos inventar una nueva narrativa audiovisual, porque los recursos de la vela en el portal no llaman la atención y los espectadores no escuchan.

En Por Todas, creamos otro tipo de imagen, evocadora y respetuosa. Es verdad que nosotros tenemos una ventaja: vamos cinco años más tarde. No nos encontramos con las prisas de la actualidad ni las emociones en caliente. Hay personas que, pasado este tiempo ya tienen fuerzas para hablar, pero las hay que han tenido tan malas experiencias con la prensa que no quieren ni que nos acercamos.

Siempre intentamos preservar la intimidad y el respeto, aunque hayan pasado tantos años: vamos a los lugares donde vivían pero hacemos fotos que no permiten reconocer la dirección. O vamos a los cementerios, haciendo siempre imágenes sutiles y respetuosas. Cuidadas y bonitas. Pero en prensa diaria supongo que esto no se puede hacer.

¿Cómo valoras el tratamiento que se da, desde la actualidad, a la violencia de género?

En el mejor de los casos se hace con mucho cuidado, que llega casi a la asepsia. Y eso no es bueno, pero es que, normalmente, el tratamiento de estos temas quedan en manos de programas nefastos que hacen sensacionalismo.

Echamos de menos que estos temas se traten en las facultades de periodismo y vemos que los medios sólo se ponen las pilas para el 8 de marzo, el 25 de noviembre y el 19 de octubre. Y ya. Son los días ‘TOP’ y sólo ves mujeres, mujeres, mujeres en los periódicos aquellos días. Y ¿para qué sirve? Para que luego venga el Corte Inglés y se luzca el día de la madre. Esto plantea que muchas publicaciones sólo tienen perspectiva de género cuando se trata de noticias de mujeres, que suelen ser malas noticias en que nosotras siempre somos las víctimas.

Las publicaciones que tienen una conciencia de género más transversal suelen ser publicaciones pequeñas que llegan a un público que ya está concienciado. ¿Cómo se rompe este autoconsumo?

No lo sé. Nosotros lo hacemos muy mal, porque producimos muy bien, pero no vendemos. Y el que vende es la publicación grande, que de vez en cuando hace cosas ‘sólo para mujeres’, que suelen ser trampas para vender cosas ‘para mujeres’. No dejan de ser herramientas para captar publicidad de lo que a las mujeres, según los estándares del patriarcado, nos interesa.

Hay quien nos dice que en La Marea somos ‘muy’ feministas. No se puede ser muy feminista; o lo eres o no lo eres. Y por eso hago una prueba, que es quitarle la voz a la tele. Puedes explicar muy bien el mensaje, pero si las imágenes contradicen lo que dices, no sirve de nada. Lo vimos con el caso Neymar, en el que ponían las fotos del chat. Cuando nos hablan de prostitución, las imágenes son de mujeres sexualizadas y cosificadas. O me pones al lado un anuncio que me cuenta cómo debo hacer para adelgazar.

El feminismo de los medios de masas parte de un mensaje de empoderamiento de la mujer, pero siempre desde los límites que marca el patriarcado. Como poniendo al alcance de todas, sin asumir contradicciones, el ser feminista

Lo notamos mucho con ciertas cosas, como el lenguaje inclusivo. Somos muy partidarias de usarlo, pero sin forzar. Los inclusivos forzados suelen quedarse en un simple postureo. Debemos aceptar que es difícil ser feminista, se ha de aprender, porque venimos de muchos años de machismo asumido. De joven no me gustaba oir que había desigualdad, porque venía de una escuela que me había dicho que era igual, y no quería reconocer que la sociedad era machista. Pero después bien que quería ser como la cenicienta y me quería casar con el príncipe Felipe, que se casó con otra periodista.

Con esto quiero decir que nuestra generación se lo ha tenido que trabajar para entender la necesidad del feminismo y hacer cosas por postureo feminista no sirve para nada. Debemos plantear cosas más serias. Pero también hay que relajarse (sin dejar de ir al grano). Si antes teníamos que ser superwoman, ahora resulta que también debemos ser feministas perfectas. No, ¡perdona! Debemos ser feministas. Ni mucho ni poco. Feministas.

Debemos asumir las contradicciones, porque todas avanzamos a ritmos diferentes y ningún ritmo es malo si va hacia la conciencia de género. Y tenemos que empezar a discernir los mensajes trampa: no me sirve de nada que me digan que me empodere, pero que me lo explique una mujer delgadísima y presuntamente súper femenina.

Por Todas acabará siendo un portal con 55 historias de mujeres asesinadas. ¿No os asusta victimizarlas?

Son historias muy diferentes. En algunas hemos tenido muy poca información y en otras hemos tenido, incluso, demasiada. No hablo de detalles morbosos, sino simplemente detalles de la vida de la persona que no necesitamos saber. Sabemos que cuando estén los 55 casos impondrá, pero evitaremos caer en la trampa de generar el sentimiento de ‘pobrecitas’.

Por eso es muy importante tener cuidado cuando calificamos las víctimas. Debemos deshacernos de los adjetivos típicos y tópicos como ‘mujer valiente’. Hay que visibilizar que una mujer asesinada puede haber sido una cabrona. Me da igual. Y puede haber llevado al hombre a la desesperación, que las hay. Me da igual. Y puede haber puesto, incluso, una denuncia falsa. ¡Que me da igual! Pero no la matas. Esta es la diferencia entre la empatía y la pena.

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