MINI CRÓNICAS CATALANAS

El fantasma de Bobby Sands

Sands no pedía la luna, sino un reconocimiento como preso político que Londres no estaba dispuesto a reconocerle. El independentismo catalán exhibe un ideario pacifista alejado del que tenia el IRA y hay un mundo entre Pedro Sánchez y una Margaret Thatcher que no modificó su posición, pero el paralelismo es inevitable

Andreu Claret
 
 
 
Mural en memòria de Bobby Sands, pres polític de l'IRA que va morir a causa d'una vaga de fam a la presó de Maze el 1981

Mural en memòria de Bobby Sands, pres polític de l'IRA que va morir a causa d'una vaga de fam a la presó de Maze el 1981

La mayoría de medios catalanes han desempolvado a Lluís Maria Xirinacs con motivo de la huelga de hambre de Jordi Sánchez y Jordi Turull. A mi me ha recordado mucho más a la peripecia de Bobby Sands, el miembro del IRA irlandés que murió en prisión, en 1981, tras 66 días de huelga de hambre. Dios me libre de insinuar que esta huelga terminará como aquella. Los tiempos son otros, en muchos aspectos.

El independentismo catalán exhibe un ideario pacifista alejado del que tenia el IRA y hay un mundo entre Pedro Sánchez y una Margaret Thatcher que no modificó su posición, ni con la muerte de Sands, ni con la de los otros nueve republicanos que le siguieron en el martirio. Sin embargo, el paralelismo es inevitable. Sands no pedía la luna. Buscaba un reconocimiento como preso político que Londres no estaba dispuesto a reconocerle. Ni siquiera cuando fue elegido para un escaño vacante de Westminster durante su huelga.

Las primeras dos semanas, su acción sólo suscitó solidaridad en el mundo anglosajón, pero con el tic tac y el peligro de un desenlace fatídico, surgieron muestras de apoyo en los cuatro continentes. Su muerte fue un aldabonazo mundial. No cambió la política británica, ni el futuro de Irlanda. Políticamente, fue un fracaso, pero dio a los republicanos un mártir que ocupó las tapias de Belfast junto a Mandela.

Una huelga de hambre es una cosa muy seria. Comprendo la solidaridad que suscita, pero no comparto los aspavientos de quienes les animan a seguir adelante como una forma de salvar una causa embarrancada ¿Qué va a pasar? Lluís Maria Xirinacs nunca contó con el apoyo que obtendrán previsiblemente Turull y Sánchez en la sociedad catalana. Apoyos avivados por un impacto emocional difícil de calibrar.

Hay quienes predicen que la huelga durará cuatro días porque no es cosa de todos los presos. Ya veremos. Conozco a Jordi Sánchez y le veo capaz de sostener su acción. Lo suficiente como para crear una situación difícil de manejar. Hablando con Xirinacs entendí que una huelga de hambre es un hecho personal intransferible, que empieza como una acción política colectiva y deriva hacia un reto íntimo. Con consecuencias que nadie puede prever.

Andreu Claret
Sobre Andreu Claret

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