El déficit de enfermeras ya es un problema grave en Catalunya

La sanidad catalana necesita un 40% más de enfermeras para alcanzar la media de los países avanzados. Los Centros de Atención Primaria y los hospitales deberían incorporar 17.753 profesionales si se quiere cumplir las cifras de la OCDE. La enfermería, además, tiene planteadas desde hace años una serie de reivindicaciones para ser más útiles a la sociedad. Estas son las claves del problema

Carla Benito i Victòria Oliveres
 
 
El ratio de enfermeras en Catalunya, por encima de la media española pero lejos del top / Victòria Oliveres

El ratio de enfermeras en Catalunya, por encima de la media española pero lejos del top / Victòria Oliveres

Catalunya tiene 45.995, pero necesita muchas más para llegar a la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Incrementar el personal es una de las demandas históricas de los colegios de profesionales y de las sociedades científicas de enfermería y ahora también uno de los debates en el Foro de Diálogo Profesional que ha iniciado el Departament de Salut. Reconocer las especialidades o aplicar de una vez por todas la prescripción enfermera serán otros retos.

Tomando como marco todo el sistema sanitario catalán, enfermería representa un 30% del total de profesionales sanitarios colegiados en Catalunya en 2017 según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Aunque faltarían más. Si bien desde 2012 las graduadas han ido en aumento, los últimos tres cursos el número ha sido más o menos estable: en 2017 terminó con 1.708 tituladas. Estos datos se deben valorar cruzándolos con las franjas de edad. El 38% de las enfermeras en activo tienen más de 50 años de edad y otro 38% tienen entre 35 y 49 años. Sólo un 21% tiene menos de 35 años. Esto dibuja una profesión de mediana edad que hay que alimentar con nuevas incorporaciones si se quiere llegar a la media de ratios de la OCDE.

Los números que explican el déficit

Sentado en la sala de espera de un CAP, de pie en medio de un pasillo en urgencias de un Hospital, perdido entre paredes blancas y líneas dibujadas en el suelo que no sabes donde te llevan y, sea donde sea, finalmente una enfermera acude para ayudarte. Lo hace después de haber atendido a más pacientes de los que sus capacidades le permiten hacer en buenas condiciones pero se dedica a llenar los agujeros que otras personas deberían cubrir.

«Hace mucho tiempo que espero», «aquí no me atiende nadie», «¿por qué tengo que esperar al médico? No me lo puedes dar tú?»,»Ni recuerdan que me tienen aquí». Estas son algunas de las frases que se suelen oir entre los pacientes que se encuentran en urgencias, sean de un hospital o de un centro de atención primaria. Y quien suele tener que lidiar con estas situaciones es una enfermera.

Sería más fácil si pudieran explicar que en Catalunya hay 609 enfermeras por cada 100.000 habitantes. Que por toda la población del territorio sólo hay 45.995 enfermeras. Y que para llegar a la media de la OCDE serían necesarias 17.753 enfermeras más. ‘Son muchas pero entre siete millones y medio de personas no son tantas’, podríamos decir. Y si lo planteáramos en tanto por ciento? Para llegar a la media europea es necesario que aumentamos la cantidad actual en un 40%.

Como señaló la consellera de Salut, Alba Vergés, durante el I Foro de Diálogo Profesional, las ratios catalanas están lejos de la media de la OCDE que es de 843 enfermeras por cada 100.000 habitantes. Sin embargo, Vergés declaró que «no estamos mal si nos comparamos con otras regiones españolas de población similar», aunque «estamos lejos de aquellas que tienen capacidad de financiación propia como el País Vasco (774) o Navarra ( 868) «.

En este sentido, Montse Molas, miembro del grupo de gestión de casos de la Associació d’Infermeria Familiar i Comunitària de Catalunya (AIFICC), apunta que, en el caso de la Primaria, «así como para los médicos de familia sí está establecido que deberían tener entre 1200-1500 pacientes por cabeza, en enfermería no lo está y por eso cuesta más definir cuántas faltan en cada lugar «. Molas también introduce además la dificultad añadida existente en zonas rurales donde, además de contar con menos personal, «cuesta más hacer visitas domiciliarias porque hay muchos desplazamientos». De hecho, durante el pasado verano se tuvieron que cerrar horas de dispensarios de pueblos pequeños debido a la falta de personal.

Los datos de territorialidad apoyan lo que relata Molas: cuatro de cada cinco (79%) enfermeras colegiadas no jubiladas en Catalunya están en la provincia de Barcelona. En números absolutos, de las 45.995 enfermeras que hay en Catalunya, 36.380 se encuentran en la provincia de Barcelona, según el Instituto Nacional de Estadística. Tarragona cuenta con 4.009 enfermeras, Girona cuenta con 3.202 y Lleida con 2.404.

Estas cifras sitúan al colectivo de enfermería en estado de alerta. Las demandas que ha recogido como urgentes el Consejo de Colegios de Enfermeras y Enfermeros de Catalunya sumando los Colegios de Profesionales y las asociaciones científicas enfermeras implican por ejemplo desatascar el decreto catalán de la prescripción enfermera. Molas valora que la situación actual no tiene sentido: «viene una persona con un resfriado y el vecino le puede decir que se tome un paracetamol pero nosotros no, viene con una herida y no puedes decirle qué pomada le va bien … Hemos de esperar a que se lo diga el médico, aunque se ha demostrado que con las heridas, llagas primeros cuidados sabemos hacerlo mejor nosotras porque somos las que lo curamos «.

El Consejo de la Profesión Enfermera plantea una serie de reivindicaciones para mejorar la profesión y, a la vez, el servicio que da a la sociedad. La primera es reconocer las categorías especialistas, ya que hoy por hoy, un 92,15% de las enfermeras no tienen ninguna especialidad. La segunda, poner fin a la situación discriminatoria que sufren las enfermeras a la hora de acreditarse para optar a la docencia universitaria en la Agencia para la calidad del sistema universitario de Catalunya (AQU). En tercer lugar, la enfermería reclama reformular la dirección estratégica enfermera en el Departament de Salut, incorporar una dirección estratégica enfermera al CatSalut, recuperar la co-dirección enfermera ael estrategos nacional de la atención primaria y salud comunitaria (ENAPISC). Y, finalmente, reactivar inmediatamente el Consejo de la Profesión Enfermera o reforzar la participación enfermera  en el Consell Assessor de Salut.

Sólo un 1,12% de las enfermeras familiares y comunitarias tienen la especialización

El reconocimiento de la especialidad comienza a tomar importancia y es uno de los aspectos que la profesión quiere tener en cuenta a lo largo del proceso del foro para el diálogo profesional. La voluntad del Departament de Salut es revertir esta situación. Alba Brugués, presidenta de la AIFICC, lo celebra porque «hablar de la especialización enfermera es un paso para normalizar que necesitan enfermeras especializadas en muchos ámbitos». Añade, además, como presidenta de una asociación científica enfermera, que «si queremos calidad en la primaria, la especialidad es muy importante».

Existen dos maneras de conseguir una especialidad: a través del examen de acceso a la residencia (IR: Enfermera Residente) o a través de un examen de competencia. En el primer caso , donde hay seis posibilidades de formación específica, vemos que sólo hay un 7,85%. El 92,15% de las enfermeras no tienen ninguna especialidad. Entre las que sí: un 2,93% son comadronas, un 1,25% están especializadas en salud mental, un 1,12% son enfermeras de Familia y Comunitaria y otro 1,12% lo son en geriatría. Por último, un 0,84% son enfermeras del trabajo y un 0,59% pediátricas.

La segunda vía (el examen de competencia) aun está por convalidar y es la posibilidad de hacer una prueba para equipararse a la especialidad. Brugués explica que suenan voces que el examen se celebre durante 2019 y la previsión es que se presenten más de 3.000 personas sólo para enfermería familiar y comunitaria en Catalunya .

No seguir excluidas de las decisiones políticas: demanda esencial para diseñar un modelo sanitario «público, universal y justo»

Los colegios profesionales y las sociedades científicas valoran que la visión enfermera, que es «capaz de entender lo que la persona atendida necesita en todos sus ámbitos personal, familiar y social», debe estar presente a la hora de planificar políticas de salud. «Se trata también de que nadie argumente ni decida por nosotras, no podemos seguir excluidas de los lugares donde se toman las decisiones políticas, desde donde se planifica y se avalua. Es un error «. Exigen también que se cumplan «los compromisos contraídos por el Departament de Salut sin los cuales no es posible diseñar un modelo sanitario público, universal y justo».

Señalan, en este sentido, la precariedad de los contratos, así como la inestabilidad de estos. Como ya trató este Diari, el estudio «Salud, estilos de vida y condiciones detrabajo de las enfermeras y enfermeros de Catalunya «realizado por la Fundación Galatea (2016) mostraba que, estando esta cifra muy por encima de otros profesionales de la salud (18-20%) y de la población general (9,7%). Condiciones como la precariedad laboral, que afecta a un 27% de las enfermeras y enfermeros de Catalunya, o la «bajada de sueldos generalizada» en un 83%, aumentan los riesgos psicosociales.

A menos enfermeras, más población desvinculada del sistema de salud

La falta de enfermeras hace que ciertas carencias se hagan más evidentes y las condiciones laborales se degraden. Molas recuerda que «la continuidad asistencial es necesaria para conocer los servicios, la población, sus activos, que te tengan de referencia para poder establecer unas pautas». Que los profesionales no sean estables y el personal se nutra de sustitutos o interinos que van cambiando, para Molas, provoca una «pérdida muy importante».

Montse Molas señala que cuanto más estable sea la plantilla más alcance se podrá dar, por ejemplo, a las actividades comunitarias que son las que crean vínculos con las personas mayores y los jóvenes. «Es necesario hacer alianzas con centros de ancianos o asociaciones de juventud para ver qué problemas tienen, como trabajamos el tema drogas, el acoso sexual … antes las enfermeras hacían consultas unas horas a la semana en las escuelas para que los adolescentes las vieran como referentes. Nos tenemos que acercar a la media europea para recuperarlo «, concluye Molas. Brugués es del mismo parecer: hay que subir la ratio porque las enfermeras son el primer contacto con el paciente y las que trabajan por la educación en salud, la prevención y la promoción.

 

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