El Caribe que explica lo que es Gabriel García Márquez

El espacio que envuelve una historia, puede ser el elemento protagónico de ella, o puede ser el elemento estructurador. En el trabajo del escritor colombiano, el escenario está influenciado por la costa caribeña, donde la música, la dualidad entre la celebración y la tragedia, y la familia, están presentes a lo largo y profundo de las narraciones.

Narcisa Rendon
 
 
 
Acto musical al final del evento `El poder de la narrativa Caribe en la literatura y la música´

Acto musical al final del evento `El poder de la narrativa Caribe en la literatura y la música´

“Nunca, en ninguna circunstancia, he olvidado que en la verdad de mi alma, no soy nadie más, ni seré nadie más que uno de los once hijos del telegrafista de Aracataca”. La cita pertenece a Gabriel García Márquez, y es una semblanza de la consciencia del escritor sobre sus raíces familiares y territoriales.

Acercarse a su obra, sin considerar ni comprender el espacio que lo cercó, es hacer una tarea incompleta. La teorías vigentes sobre el espacio, definen a este aspecto como el protagonista, o el elemento estructurador en una trama, ya sea esta literaria o real; en las obras de García Márquez, el espacio significa ambas cosas.

La familia, la geografía, la música, la política, inmergen al espectador en historias palpables y pintorescas, tal como lo vivió el mismo autor en sus escenarios. La prolongación de los relatos en sus obras, conjugados con el más intenso detalle al describir los elementos que lo rodean, hacen posible el realismo mágico.

“La familia Buendía está llena de cosas increíbles que de alguna manera reinterpreta los aspectos que le transmitió su propia familia”, sostenía Jaime Abello durante el conversatorio `El poder de la narrativa Caribe en la literatura y la música´, desarrollado en el marco del programa “El rastro de Gabo en Barcelona”, que culminó el pasado domingo, tres días antes de conmemorarse los cinco años del fallecimiento del escritor colombiano.

El evento permitió simbolizar al Caribe colombiano en el frío salón de Casa América, en donde se habló de música, pero también se la escuchó, y hasta se la bailó.

Jaime Abello y Alberto Salcedo – originarios de Barranquilla y amigos personales de García Márquez-, analizaron la identidad cultural del escritor nacido en Aracataca, un municipio ubicado en el llano del departamento de Magdalena, pero que no es playa y palmera, como muchos imaginan luego de saber que forma parte del Caribe. Más bien es un lugar penetrado en la región.

Se mencionó de la época cuando García Márquez vendía libros y recorría diferentes sitios que le permitían absorber toda la cultura popular de la región costeña. Fue en esa etapa de su juventud cuando compartió ideas y viajes con el músico Rafael Escalona, a quien escuchaba contar historias reales en música vallenato.

Alberto Salcedo dio énfasis al hablar de ese artista, en el contexto de la influencia de la música en la cosmovisión auténtica del escritor que fuera representada en sus textos.

A Escalona, por varias ocasiones García Márquez lo llamó genio y lo citaba en sus libros:

  • “(…) Si me ven por la calle con semejante escaparate me sacan en una canción de Rafael Escalona”, relata en la novela El coronel no tiene quien le escriba, publicada en 1961.

“Rafael Escalona era una especie de cronista de la música popular colombiana que se  enteraba de un chisme aquí y lo contaba allá. En una época donde no había un periódico que llegara a tiempo, su música eran las noticias próximas”, explicaba Salcedo.

La fascinación de García Márquez por la música, la expresaba con su propia voz y lo demostraba en sus escritos. El mismo Salcedo rememoró un extracto de una entrevista en la que García Márquez confesaba a la periodista Rita que la música “me gusta mucho más que todas las demás manifestaciones del arte. Aún más que la literatura. Cada día que pasa la necesito más y tengo la impresión de que actúa en mí como una droga. Cuando viajo siempre llevo conmigo una radio portátil con auriculares y tengo el mundo medido por los conciertos que puedo escuchar (…) En Barcelona, donde tengo la oportunidad de tener un equipo completo, me ha pasado, en días en que estaba muy deprimido, escuchar música desde las dos de la tarde hasta las cuatro de la mañana sin moverme. Mi pasión por la música es como un vicio secreto del que casi nunca hablo…

En su obra se representan boleros, guarachas, danzones cubanos, gaitas colombianas, vallenatos, como ocurre en el Caribe, donde “siempre está sonando alguna música de fondo”, asegura Salcedo. Y agrega más contenido al tema:

En `Relato de un náufrago´, Gabo describe que un personaje “ronca como un trombón”; en `El otoño del patriarca´, un hombre que sentía miedo a la muerte tenía “rostro de barítono”, a la protagonista de `Memoria de mis putas tristes´, “su sangre circulaba por las venas con la fluidez de una canción”. Su apoyo metafórico era la música.

“Todas mis obras tienen la cultura popular del Caribe”

La mixtura de la muerte con la fiesta, de la celebración y la tragedia, encierra el folclor que atrapa a cada lector de las novelas de García Márquez.

El patriarca José Arcadio Buendía, en Cien años de Soledad, asesina a su adversario diez minutos después de haber triunfado sobre él en una pelea de gallos.

La celebración termina en tragedia, en Crónica de una muerte anunciada, cuando asesinan a cuchillazos a Santiago Nasar. Y los ejemplos son muchos más.

Se trata de comparaciones que, según el criterio de Alberto Salcedo, terminan retratando una región donde lo que empieza en fiesta termina en tragedia.

Para adentrar aún más a los asistentes del evento en el escenario caribeño colombiano, sonó canciones tradicionales de Los Gaiteros de San Jacinto, agrupación que  sonoriza el mestizaje indígena, africano y español. El público, entre ellos locales y extranjeros,  también se deleitaron con `Alicia adorada´, un vallenato de tristeza y amor.

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