“El apoyo social hacia la discapacidad se ha diluido con la crisis”

Conversamos con Antonio Guillén, presidente del Cocarmi, la confederación que reúne a la mayoría de entidades de personas con discapacidad y que este año celebra su vigésimo aniversario. Pide a la administración que desencalle reformas legales hoy empantanadas y a las empresas que su RSC sea auténtica y no marketing.

Víctor Saura
 
 
 
Antonio Guillén | Fotos: Víctor Saura

Antonio Guillén | Fotos: Víctor Saura

El 2 de noviembre de 1977 un grupo de 45 jóvenes con discapacidad física ocupó las oficinas de Barcelona de lo que entonces se denominaba SEREM (Servicio de Recuperación y Rehabilitación de Minusválidos), creado durante el franquismo y que dependía aún del Ministerio de Trabajo. En este vetusto inmueble de la calle de Grassot, que hoy ocupan unas dependencias del departamento de Benestar i Família, se atrincheraron durante 35 días, hasta que el 7 de diciembre la policía les tuvo que sacar a pulso, uno a uno, porque se habían deshecho de sus sillas de ruedas e inutilizado el ascensor. Les llevaron ante un juez, que les tomó declaración y les dejó en libertad, pero aún así optaron para no moverse hasta que atendieran sus reivindicaciones. La más importante: que las personas con discapacidad tuvieran presencia, voz y voto en cualquier órgano donde se tomaran decisiones sobre su futuro. Que pudieran, en resumen, ser los amos de sus vidas.

La movilización aún duró más tiempo y tuvo un gran impacto mediático, y al final una buena parte de sus peticiones fueron atendidas. Uno de aquellos jóvenes, Antonio Guillén, tiene hoy 60 años y preside el Cocarmi, principal referente de la discapacidad en Cataluña que este año celebra su vigésimo aniversario. Cocarmi responde a Comité Catalán de Representantes de Personas con Discapacidad (si bien se adivina que el «mí» final equivale al obsoleto vocablo minusválido, todavía vigente cuando en 1998 se crea la entidad). Bajo este paraguas se encuentran las principales federaciones de personas con discapacidad física, intelectual, sensorial y de enfermedad mental: la ONCE (ciegos), Cocemfe (físicos), Federación Ecom (físicos, también la preside Guillén), Dincat (intelectual), Federación de Salud Mental (enfermedades mentales), ACCAPS (sordos oralistas), Fesoca (sordos signantes), FEPCCAT (parálisis cerebral), Down Catalunya (síndrome de Down) y FECETC (federación de centros especiales de empleo).

«La transición fue una etapa muy creativa, todo el mundo deseaba grandes cambios sociales, y nosotros no quisimos quedarnos fuera, pero nos encontramos con que las entidades existentes eran muy paternalistas, eran asociaciones de familiares o de carácter religioso en las que se planificaban soluciones sin tener en cuenta nuestra opinión, y por eso pasamos a la confrontación», recuerda Guillén. De aquí nacieron los Grupos de Base de Disminuidos Físicos de Cataluña. «Nosotros no íbamos a mendigar, no teníamos ninguna intención de ser complacientes porque nos estábamos jugando cómo sería nuestra vida en el futuro», añade.

Aquella acción sirvió para que a partir de entonces ni en el SEREM ni en ningún otro organismo público donde se trataran las políticas de apoyo a las personas con discapacidad se actuara sin conocer antes la opinión de sus protagonistas. Pero hubo más reivindicaciones, como el hecho que todos los niños con discapacidad física pudieran ir a centros escolares ordinarios, una lucha a la cual más adelante se añadirían el resto de colectivos de la discapacidad. En los setenta la mayoría de centros educativos no estaban preparados desde el punto de vista pedagógico, pero tampoco arquitectónico.

La poliomelitis de los años cincuenta

Guillén tuvo una vida escolar muy accidentada, consecuencia de su condición física. A los nueve meses se infectó del virus de la polio, que en aquel momento recorría España con gran virulencia, y de resultas de aquello la mitad de su cuerpo quedó paralizado. Posiblemente haber nacido en el barrio de Can Tunis le proporcionó muchos números de aquella lotería. Hasta los 8 años sus padres no pudieron encontrar una escuela que le aceptara. La primaria la hizo en centros que no estaban del todo homologados, mientras que la secundaria, con los dos años de atraso, ya la cursó en un instituto público y ordinario, el Narcís Monturiol. Después todavía cursaría dos años de derecho en la UB, pero estos estudios no los acabó porque entró a trabajar en el Ayuntamiento de L’Hospitalet, donde sería asesor de educación y delegado sindical de CCOO.

Eran los inicios de la lucha por la accesibilidad más primitiva, la de supresión de las barreras arquitectónicas, la de la erradicación de los bordillos en los pasos peatonales, y sobre todo la de la demanda de unas normativas que obligaran a las administraciones públicas y a los promotores privados a respetar unas normas de accesibilidad elementales en toda nueva construcción. La primera ordenanza municipal del Ayuntamiento de Barcelona «sobre supresión de barreras arquitectónicas en la vía pública» data de 27 de marzo de 1979.

Foto dels tancats al SEREM. Guillén és el primer per la dreta a la fila del mig

Dues notícies de la tancada al SEREM aparegudes a Mundo Diario i La Vanguardia

«Todo esto lo logramos a partir de nosotros mismos», recuerda orgulloso, si bien a continuación le sale más la vena pragmática que la revolucionaria: «Se ha demostrado que con un debate tranquilo y buscando el objetivo de mejora se pueden conseguir muchas cosas. El político o el técnico tienen que bajar del pedestal y no creer que poseen toda la verdad, y aquellos quienes quieren cambiar cosas tienen que dejar de echar piedras sobre el tejado de la administración y hacer propuestas factibles». Hay una figura que Guillén recuerda con emoción: su amiga y compañera de fatigas María José Vázquez, presidenta de ECOM hasta su muerte repentina en 2011, y otra de los 45 activistas del SEREM: «Fue una líder nata y la responsable de todo el cambio de la ciudad en transporte, accesibilidad y educación». Los dos fueron miembros durante muchos años del Instituto Municipal de Personas con Discapacidad de Barcelona (IMD).

«Hoy Barcelona es una de las ciudades europeas con mejor accesibilidad –continúa Guillén–, pero obviamente no podemos decir que sea 100% accesible aún. Faltan estaciones y líneas de metro, y sobre todo vemos que cuando se hacen obras públicas de una cierta dimensión no se tiene lo bastante en cuenta las dificultades de movilidad que generan». Los Juegos Paralímpicos fueron otra efeméride importante para la ciudad, puesto que «la transformación del transporte público en un servicio accesible empieza entonces».

Ley de accesibilidad y Codiscat, en vía lenta

La accesibilidad, sin embargo, es una tarea bastante más complicada que poner rampas en lugar de escaleras. Cada colectivo tiene sus barreras y por eso “la accesibilidad no es sólo una cuestión física, también es comunicativa o visual, tiene que ser aplicable a todos los elementos de la vida cotidiana”. La Ley de accesibilidad que aprobó el Parlament en octubre de 2014 tiene ese carácter integral, comenta Guillén, el problema es que tres años y medio después esta ley todavía no ha sido desplegada.

Velar por este despliegue es uno de los retos del Cocarmi para los próximos años, junto con el decreto de escuela inclusiva aprobado por el Gobierno catalán en octubre del año pasado, y la puesta en marcha del Codiscat, el Consejo de la Discapacidad de Cataluña, un organismo creado tras muchos avatares en mayo de 2016 en el que están representados a partes iguales (o casi) la administración y las entidades del sector, y que dos años después a la práctica aún no ha echado a andar. «Pasamos por un momento complicado, en los últimos años sólo se ha conseguido el Codiscat y esto aún hay que ver si funcionará bien», admite Guillén.

Otra norma empantanada es la Ley de autonomía personal, que tiene que facilitar la autonomía de las personas con limitaciones funcionales, es decir, facilitar los apoyos personales, materiales y tecnológicos. Las bases de esta ley se presentaron hace un año en el Parlamento de Catalunya. Después de esto poco o nada se ha avanzado.

Guillén es padre y abuelo. Y ejemplo de persona autónoma. Además de presidir la Federación ECOM y el Cocarmi, y como tal ser también miembro de la junta directiva de la Mesa del Tercer Sector, Guillén es el presidente de la Federación de Entidades del Barrio de Marina, ubicado en el regazo menos glamuroso de la montaña de Montjuic. Y es ahí donde le hemos ido a encontrar. ¿Cómo puede con tanta actividad? «Los seres vivos actúan, y a las personas con discapacidad nos ha costado mucho convertirnos en personas activas», afirma.

Suspenso en inserción laboral

A la hora de hacer balance el suspenso se lo lleva la inserción laboral. «Cuando éramos jóvenes ya nos decíamos a nosotros mismos que la accesibilidad la cambiaríamos, pero el trabajo no», recuerda. Una ley de referencia como la Lismi (Ley de Integración Social del Minusválido, de 1982), en su opinión ha sido burlada por la poca vigilancia de la administración a la hora de forzar su cumplimiento. “Se han hecho muchas trampas, como hacer que trabajadores de una empresa que no habrían pedido nunca el certificado de discapacidad lo hicieran para así cumplir con la cuota marcada por la ley”, anota.

Según un reciente informe de la Fundación ONCE, la tasa de ocupación estatal de las personas con discapacidad es sólo de un 15,5%, mientras que la tasa de paro se sitúa en un 44,7%. «Entre todas las entidades es cierto que se han hecho muchas inserciones, y sobre todo se ha hecho una gran tarea de divulgación para que los empresarios contribuyan a un modelo social justo, pero aun así la realidad es que el 70% del colectivo no trabaja», sostiene Guillén. Su receta: “La responsabilidad social corporativa que tanto predican las empresas tiene que ser menos un tema de marketing y más una apuesta real”.

Pero hay un riesgo. “En tiempos de crisis la solidaridad se debilita, los grupos de personas vulnerables entran en competencia por los recursos escasos y la sociedad se pone a la defensiva”. Reflejo de ello serían algunos de los casos de discriminación a personas con discapacidad que se han conocido en los últimos tiempos. Para el presidente del Cocarmi, “el grado de apoyo social hacia la discapacidad se ha diluido con la crisis”, y esto se nota especialmente en el hecho de que nadie ponga el grito en el cielo ante este elevadísimo porcentaje de paro.

Le han llegado noticias de agresiones a personas con discapacidad en los siempre civilizados y modélicos países nórdicos. Y lo entiende como un aviso. «En estos países donde se han hecho muchos esfuerzos para hacer una sociedad del bienestar al llegar la crisis hay gente que se ha sentido desplazada y ha cargado contra los más débiles; por ejemplo los refugiados tienen una parte de la sociedad muy a favor, pero después hay otra que piensa que les está robando sus puestos de trabajo o el acceso a una sanidad de calidad». El riesgo es que «se extienda la idea de que quien no es como yo no tiene los mismos derechos que yo, y que si es vulnerable no es culpa mía».

El reto en clave interna

Dicen las estadísticas que alrededor del 9% de la población tiene algún tipo de discapacidad, eso equivaldría a alrededor de 675.000 catalanes. Si a estos se le añaden sus familiares directos quiere decir que aproximadamente tres millones y medio de catalanes, casi la mitad de la población, de una manera u otra conviven con la discapacidad.

Y en cambio el Cocarmi es una entidad reconocida como interlocutora por la administración, pero socialmente poco conocida. «Nuestra estructura profesional es muy limitada, si bien dentro del Cocarmi tenemos unas federaciones muy fuertes y por lo tanto mucho más visibles; en el resto de España es a la inversa, los Cermi autonómicos suelen ser más fuertes que sus federaciones», explica Guillén, para quien uno de los retos futuros de la confederación es en clave interna: consolidación de la estructura y ampliación de la base «posiblemente dando entrada a algunas entidades pequeñas que todavía están fuera pero que existen y hacen un buen trabajo».

El Cocarmi es cualquier cosa menos presidencialista; “cuando nos tenemos que reunir con algún líder político va toda la ejecutiva”, subraya Guillén, y por lo tanto su fortalecimiento futuro dependerá mucho del papel que jueguen las federaciones, es decir, de su voluntad de caminar juntos o de que cada uno haga la guerra por su cuenta. “La Unión Europea está formada por un conjunto de países a los que les cuesta mucho ceder una parte de su sobirarnia –dice–, pues a nosotros nos pasa un poco el mismo”.

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*