El aborto en Andorra, un derecho prohibido por la iglesia

En el día por la despenalización del aborto, diversos colectivos internacionales se han dado cita en Andorra, país en el que interrumpir el embarazo es delito en cualquier supuesto, para exigir a Iglesia y administración el derecho a abortar para acabar con las prácticas clandestinas

Victòria Oliveres i Sandra Vicente
 
 
Manifestació a Andorra la Vella per la despenalització de l'avortament | Sandra Vicente

Manifestació a Andorra la Vella per la despenalització de l'avortament | Sandra Vicente

«¡No queremos ir, a Barna a abortar!». Era uno de los gritos que se oía el sábado por las carreteras de Andorra. Coincidiendo con el día internacional por la despenalización del aborto, al rededor de ciento cincuenta mujeres se manifestaron en este pequeño país de los Pirineos para exigir el derecho al aborto.

Y es que en Andorra todavía está prohibido abortar. Bajo ningún supuesto: ni por violación, ni por malformación del feto, ni por riesgo para la vida de la persona gestante – los tres motivos por los que reclaman hoy en día desde la Asociación Stop Violències que se legalice la interrupción voluntaria del embarazo. «Evidentemente estamos a favor del aborto libre, pero vamos por pasos», decía Vanessa M. Cortés, presidenta de la asociación, en las ponencias que precedieron la manifestación del sábado.

El aborto como práctica punible se estableció en la Constitución de 1993 del Principado, y así lo ratifica el código penal, que considera que interrumpir un embarazo es un «delito contra la vida prenatal». Tanto es así, que el profesional médico que practique un aborto con el consentimiento de la persona gestante será castigado con una pena de prisión de tres meses a tres años e inhabilitación para ejercer cualquier profesión sanitaria hasta cinco años. Incluso está regulada la imprudencia profesional de los facultativos que causen un aborto, suponiendo una multa de hasta 30.000 euros e inhabilitación de hasta tres años.

En cuanto a la mujer o persona gestante, el código penal no es tan claro. «Debido a la ambigüedad, aplican la pena que les da la gana, dependiendo de la persona y las circunstancias, que puede ser desde un arresto domiciliario, hasta la cárcel o incluso la expulsión del país», explica M. Cortés, quien tiene claro que su tarea y la de Stop Violències es peligrosa: «yo podría entrar en prisión mañana mismo», afirma. Y es que la pena para quien ayuda a abortar también puede ser de hasta tres años de prisión.

«Nuestra desobediencia La Meri», dice M. Cortés, en referencia a una red binacional entre Andorra y Catalunya, formada por Stop Violències por un lado, y la Asociación Drets Sexuals i Reproductius y la plataforma Dret al Propi Cos de la otra. Ante la prohibición de interrumpir el embarazo en el principado, las mujeres andorranas deciden bajar hasta Catalunya para abortar. El año pasado lo hicieron unas 170 a través de esta red.

La manifestación abortista por Andorra | Victoria Oliveres

Andorra, un «bastión feudal» en Europa

La manifestación del sábado hizo parada en la iglesia de San Pere Màrtir, en Escaldes-Engordany. Ante sus puertas, las mujeres feministas lanzaron perchas – símbolos del aborto clandestino – e hicieron cánticos como «fuera los rosarios de nuestros ovarios». Y es que la religión católica tiene mucho peso en el hecho de que no se pueda abortar en este Estado europeo.

Andorra es un principado que funciona como una democracia parlamentaria pero con dos jefes de Estado. Desde hace 700 años, estas figuras, que se llaman coprínceps, son, por un lado, el presidente de Francia – Emmanuel Macron en estos momentos – y, por otro, el obispo de la Seu d’Urgell – en la actualidad, Josep-Enric Vives. Todas las leyes que aprueba el Parlamento andorrano deben ser firmadas por los dos jefes de Estado, y aquí es donde radica el principal problema de la despenalización del aborto.

Macron dijo hace unas semanas de vista en Andorra que «como hombre y ciudadano» ha «defendido los derechos de las mujeres». A continuación, sin embargo, agregó que su figura sirve para garantizar la estabilidad y la independencia del país, haciendo claras alusiones a la crisis política que se podría abrir en el país pirenaico. Y es que meses antes, el Vaticano advirtió que, si Andorra legaliza el aborto, el obispo de Urgell deberá renunciar al cargo de copríncipe.

La policía, hablando con las organizadoras de la manifestación | Sandra Vicente

Un alto coste para decidir

Para las mujeres andorranas que deciden interrumpir el embarazo los costos son altos. En primer lugar, tienen que pagar el 25% del precio de la consulta ginecológica y la ecografía, que suman 25 y 185 € respectivamente, según los cálculos de la asociación Stop Violències, ya que la seguridad social andorrana sólo reembolsa tres cuartos del precio de las visitas médicas.

Si deciden ir a Barcelona, ​​primero tienen que cruzar la frontera y recorrer 200 km, lo que les puede costar unos 50€. Una vez en la capital catalana, el costo de un aborto quirúrgico va de los 300 a los 1.000 €. En total, entre 400 y 1.100 euros, dependiendo de la clínica. Además, es recomendable que una mujer esté de baja tres días en total para someterse a una intervención de estas características, una baja que en Andorra no se remunera.

Pero más allá del precio, cabe destacar el coste emocional que emprender esta acción supone. «Primero de todo, el miedo a perder el trabajo si explicas por qué has estado de baja, las repercusiones sociales y, por supuesto, legales», argumenta M. Cortés. Estos precios afectan mucho más a las mujeres precarizadas y migradas -en su gran mayoría, portuguesas-, «pero a éstas no las verás por las calles de Andorra. No las verás en general: las escondemos porque vivimos del turismo. Os engañamos», dice la presidenta de Stop Violències.

Por ello cobra tanta importancia la red de apoyo La Meri, que sufraga gastos médicos y de dietas en la medida de lo posible y también ofrece alojamiento a las mujeres que no quieran volver a Andorra inmediatamente después de someterse a la intervención. Asimismo, también proporcionan asesoramiento sobre clínicas barcelonesas fiables y seguras.

Y es que una de las consecuencias de que abortar esté prohibido es la clandestinidad. Aunque no hay datos de los abortos clandestinos que se realizan en el Principado, desde Stop Violències afirman creer que esta práctica se está instaurando en el sistema público de salud, que es «el peor escenario», afirman. M. Cortés menciona el caso de una joven que consiguió los medicamentos -misoprostol y mifepristona- a través de una ginecóloga que no le explicó bien la pauta. «No murió de milagro y sacó el feto en tres pedazos», afirma M. Cortés.

Asimismo, también afirman estar detectando circuitos, «en beneficio de profesionales sanitarios, que recomiendan clínicas abortivas en Barcelona y que organizan traslados clandestinos». Pero la situación no es mejor para las que deciden no interrumpir su embarazo: «tenemos mucha maternidad obligatoria e infantil. Mucha violencia adolescente que, en Andorra, como todo, se soluciona con sobremedicalización», denuncia M. Cortés, que de formación es psicóloga especializada en violencias.

Jornadas internacionales previas a la manifestación | victoria Olivos

Internacionalizar el conflicto

«Nos dijeron que en Andorra no se podía hablar de aborto porque no y punto, y nosotros hablaremos, porque sí y punto», ironiza M. Cortés, que destaca el desconocimiento que hay en el propio país sobre esta prohibición. Stop Violències comenzó su labor en 2014, primero de manera muy tímida pero destacan la «publicidad involuntaria que nos hicieron las personas conservadoras, que se justificaban diciendo que no se podía abortar porque el obispo no quería». Y aquí, explica, es cuando muchas mujeres se dieron cuenta que interrumpir el embarazo está prohibido.

Y es que el miedo a la protesta es algo que varias militantes de Stop Violències destacan: «hay mucho miedo a poner la cara, porque este es un país pequeño [sólo tiene 80.000 habitantes] y el qué dirán puede afectarte en casa, en el trabajo… «, explica una joven militante. El riesgo es alto, confirma la presidenta de la asociación, que es quien recurrentemente pone la voz, la cara y el nombre, «pero como yo no tengo nada, más que mi feminismo, no me pueden quitar nada».

Poco a poco las concentraciones en Andorra se han ido haciendo más frecuentes -la Policía no contaba con cuerpo antidisturbios hasta el año pasado, aunque todavía no han llegado a actuar nunca- pero todavía no se han normalizado. A esto, hay que sumar «la presión del gobierno y la policía», explican desde Stop Violències. Tanto es así, que la manifestación del pasado sábado fue desautorizada en el último momento, de tal manera que la policía instó a las manifestantes a ir de Encamp en Andorra la Vella (unos 8 km) por una acera de un metro de ancho, en lugar de ir por la carretera, tal como se había planteado en un inicio.

La red de Stop Violències decidió «desobedecer» a los agentes y finalmente inundó los pasos de montaña con gritos feministas y abortistas. «Es muy frecuente que nos intenten desautorizar y anular», dice M. Cortés, pero «el problema del poder es que no cree en la organización popular y, por lo tanto, cuando nos reunimos, se lo encuentran en la cara», explica la andorrana, acompañada de una red formada por personas de hasta siete países diferentes que acudieron al Principado a manifestarse.

Lo hicieron las feministas de Ca la Dona, de Catalunya; del Joven Movimiento Feminista de Perpignan, Catalunya Nord; de la asociación Umar, unión de mujeres de Portugal; de Non Una di Meno, movimiento feminista de Italia; de Marea Verde Barcelona, ​​representando la campaña por la despenalización del aborto en Argentina; de MALI, asociación por los derechos y las libertades en Marruecos; y del movimiento feminista del Uruguay.

Todas ellas participaron también el sábado por la mañana en unas jornadas para hablar de las luchas por conseguir el derecho al aborto y de los problemas que se encuentran con el acceso a los países donde este derecho ya ha sido alcanzado, como por ejemplo la objeción de conciencia de los profesionales médicos o el cierre de centros.

Entre ellas compartieron herramientas para continuar la lucha, como por ejemplo las campañas creativas. La recomendación con la que todas coincidieron fue que siguieran con las movilizaciones, asegurando que siempre contarán con la sororidad del movimiento feminista de alrededor del mundo.

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