Economía social y solidaria: ¿qué aportan el feminismo y la acción comunitaria?

No es fácil subsistir y conseguir todos los retos de la ESS formando parte de un modelo mundial en que la economía capitalista y el sistema patriarcal tienen un peso tan importante y en que las políticas neoliberales marcan unas pautas en que las personas somos sólo consumidoras pasivas y los recursos económicos tienen un peso tan central

Esther Ramos
 
 
 
Hands of unrecognizable senior couple with their grandaughter planting a seedling on the allotment. Man, woman and a small girl gardening.

Hands of unrecognizable senior couple with their grandaughter planting a seedling on the allotment. Man, woman and a small girl gardening.

Cuando hablamos de economía social y solidaria (ESS) estamos hablando de un abanico de iniciativas socioeconómicas, que pueden ser formales o informales, individuales o colectivas, pero que tienen en común el hecho de anteponer la satisfacción de las necesidades de las personas a la generación de un mayor lucro. Son iniciativas independientes de los poderes públicos y que entre sus valores destacan la equidad, la solidaridad, la participación, la inclusión, la sostenibilidad, el compromiso con la comunidad y promover el cambio social.

Estas iniciativas pueden adoptar diversas formas según su formalización legal y los objetivos finalistas de su actuación. Así podemos encontrar: cooperativas, asociaciones y fundaciones del Tercer Sector Social, sociedades laborales, empresas de inserción, centros especiales de trabajo, mutualidades de previsión social; hasta otras formas de cooperación social emergentes como: los huertos comunitarios, la microfinanciación … los mercados y redes de intercambio de bienes y servicios, las monedas sociales, los equipamientos de gestión comunitaria y autogestionados … los nodos de apoyo mutuo y cuidado, las experiencias de vivienda … siguiendo Fernández y Miró (2016).

A pesar de la diversidad de iniciativas, encontramos aspectos comunes en todas ellas, que son los que definen los rasgos transformadores de la ESS y que podríamos agrupar en estos tres: 
-Un modelo organizativo que contempla la democracia y la participación como aspectos claves. La decisión sobre los recursos y el patrimonio, la información clara y transparente.

-Una orientación común que sitúa las necesidades de las personas en el centro, gestionando los recursos de manera equitativa, desde una explotación sostenible y definiendo un modelo de producción que tenga en cuenta las necesidades de las personas.

-Un compromiso de los proyectos con la comunidad, desde la proximidad, contribuyendo a la mejora de los territorios, generando trabajo y ofreciendo servicios desde la vinculación y el compromiso con las causas sociales existentes.

Si bien todas estas iniciativas coinciden en estos rasgos, en la cotidianidad de cada una de ellas se presentan muchas dificultades para hacerlas posible. Y una de las razones principales, es que no es fácil subsistir y conseguir todos los retos que queremos conseguir desde la ESS, formando parte de un modelo mundial donde la economía capitalista y el sistema patriarcal tienen un peso tan importante, y en que las políticas neoliberales marcan unas pautas donde las personas somos sólo consumidoras pasivas, y donde los recursos económicos tienen un peso tan central.
Esta realidad dispar de pautas y valores se traduce dentro del día a día de las iniciativas de la ESS en una serie de tensiones. Tensiones que como analiza Georgina Rosell en el trabajo de máster «Cooperativismo. Luces, cámaras … .y ¿acción? Las tensiones ideológicas en la práctica del cooperativismo», tienen que ver con la necesidad de conseguir ser eficientes económicamente, al tiempo que se consolida y se fomenta una cultura cooperativa económica y social; también con la necesidad de garantizar la democracia con la participación interna en la toma de decisiones a la vez que se deben buscar mecanismos que la hagan real; conseguir poner realmente a las personas participantes en el centro desde un espacio de cuidado, buscando el equilibrio entre las necesidades individuales y colectivas; abordar temas complejos como la autoexplotación y caminar hacia un modelo que incorpore criterios de bienestar laboral; incorporar en el seno de las cooperativas la promoción del feminismo y abordar las desigualdad de género internas, desde la interseccionalidad y favoreciendo la incorporación de todas las realidades; ampliar el trabajo en red, favoreciendo el trabajo de intercooperación entre proyectos y el arraigo dentro del territorio.
Identificar las dificultades y abordar los obstáculos es fundamental para mejorar nuestra práctica, pero no sólo eso, generar procesos que nos ayuden a aprender de estas dificultades y también de los errores, nos ayudará a crecer. Y aunque las tensiones aún continúen, el propio proceso iniciado, será un gran crecimiento para nuestros equipos.

Desde SURT, como agentes activas de la ESS, hace tiempo que estamos promoviendo iniciativas para generar actuaciones de mejora desde el modelo de emprendimiento feminista, propuestas que van encaminadas a fomentar la colaboración entre empresas de mujeres; generar espacios de participación conjunta, de reflexión, así como espacios formativos y productivos (espacios de trabajo conjunto, de coworking efectivo, de mentoría) los proyectos de las emprendedoras trabajan también toda la vertiente comunitaria favoreciendo la incorporación de los proyectos dentro de los espacios territoriales donde están presentes.

En esta línea, recientemente, en el Ateneo Cooperativo del Barcelonès Nord, promovimos un encuentro entre personas del territorio y de diferentes proyectos comunitarios. El eje común de estos proyectos es que ponen las personas y sus valores en el centro, manteniendo el objetivo de sostenimiento económico necesario para la viabilidad del proyecto, pero su interés no radica sólo en conseguir recursos económicos, sino que promueven generar recursos para cubrir las necesidades básicas de todos sus miembros, desde el empoderamiento y defendiendo sus soberanías vitales (alimentación, salud, economía, vivienda, educación, trabajo y cuidados) por encima de otros beneficios económicos individuales. Desde esta visión compartimos las experiencias y las necesidades de proyectos diversos en sus fórmulas jurídicas y legales, pero muy comunes y comprometidas con los rasgos transformadores de la ESS.

Esther Ramos
Sobre Esther Ramos

Cap de l’Àrea d’Empoderament Econòmic de la Fundació Surt Contacto: Twitter | Más artículos

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