Dieciocho jóvenes subsaharianos reconstruyen sus rutas migratorias en el Arts Santa Mònica

La exposición es el resultado de un taller hecho con la voluntad que los menores que han migrado solos hasta Barcelona - los llamados MENA - expresen sus experiencias vitales a través de las herramientas de Google

Victòria Oliveres
 
 
 
L'Eric davant d'una de les obres de l'exposició

L'Eric davant d'una de les obres de l'exposició "Reconstrucció 60.989 km" | Foto: Victòria Oliveres

Eric señala una foto enmarcada encima de una mesa en el Arts Santa Mónica. «He elegido la foto de un elefante porque es el símbolo de mi país, Costa de Marfil, y estoy muy orgulloso», explica. Está a punto de llegar a la mayoría de edad y es uno de los dieciocho jóvenes menores migrantes no acompañados, llamados MENA, que ha participado en la exposición «Reconstrucción 60.989 km».

Esta muestra es el fruto de un taller de cinco sesiones organizado por el Arts Santa Mònica y el Institut de Estudis Fotogràfics de Catalunya (IEFC), en colaboración con el centro SPE Kirikú, donde viven los jóvenes. El proyecto deriva de la exposición «Un mundo paralelo», comisariada por Joan Fontcuberta, donde se busca experimentar con las herramientas digitales de Google para proyectos artísticos. «Pensamos que las historias de los jóvenes migrantes no acompañados podían transmitirse con estas herramientas», explica Àngel Montlleó, uno de los comisarios del Arts Santa Mònica, y por eso les enseñaron a usarlas y los dejaron espacio para expresarse.

La fotografía del elefante de Eric forma parte de la primera obra de la exposición, donde los participantes muestran sus raíces a través de fotografías que han buscado en Google Imágenes. Al lado, encontramos un conjunto de fotomontajes, formados por textos, imágenes y mapas, que expresan cómo se sienten y cómo viven en una sociedad de acogida aún racista.

«Durante el taller encontré mi pueblo en Google Street View y ahora, cuando me añoro, entro y me paseo», explica Eric. Otros compañeros, sin embargo, no tuvieron tanta suerte. «Google no es tan accesible como creemos, el robot que hace las fotografías no ha ido a todas partes», recordaba Laia Moretó, otra de las comisarías de la exposición. Por eso, la tercera obra se llama «la voz escrita» y muestra que algunos espacios sólo los podemos transmitir convirtiendo en palabras nuestros recuerdos.

L’Eric va escollir la foto de l’elefant a Google Imatges com a símbol dels seus orígens | Foto: Victòria Oliveres

La última obra es la que ocupa más espacio en la exposición. Son las rutas migratorias que cada uno de ellos hizo hasta llegar a Barcelona desde doce países diferentes de África subsahariana, trayectos que en algunos de los casos duraron hasta tres años. Para muchos, era la primera vez que veían representado sobre un mapa cuantos kilómetros habían llegado a recorrer y que suman, entre todas las rutas, 60.989 km.

No todos los jóvenes, sin embargo, se han sentido con fuerza para hacerlo. A Eric, por ejemplo, no le gusta recordar este periplo vital tanto complejo. Se fue de casa cuando tenía apenas 11 años, y unos años más tarde salió de su país, pasó por Marruecos y cruzó el estrecho en un peligroso viaje en patera. «Prefiero pensar en el presente y el futuro, en mi vida aquí», explica, «quiero terminar de formarme y ser informático».

Sin embargo, es consciente de la importancia de no olvidar y de transmitir a sus conocidos las dificultades que vivió durante la ruta migratoria y las que vive actualmente. «Cuando era pequeño, pensaba que Europa era un lugar idílico, donde todo era muy fácil. Pero conocí gente que había vuelto y me explicaron que no todo era como creíamos. Sin embargo, decidí marchar y probar suerte, porque era la única alternativa. Ahora, a un joven de mi país que quisiera emprender el mismo camino que yo le explicaría la verdad, que no es nada fácil llegar ni tampoco la vida aquí, donde sufrimos el racismo casi cada día. Pero no le diría que viniera ni que no viniera. Al final, Europa es para todos, por lo tanto si quiere venir debe poder hacerlo».

Dar voz a los menores que han migrado sin su familia

«En un primer momento nos habíamos centrado mucho en el viaje, pero poco a poco el proyecto ha ido mutando porque ellos así lo han pedido y nosotros lo hemos respetado», dice Montlleó. Para el comisario, la flexibilidad ha sido clave para alcanzar el objetivo del proyecto que, más allá de crear una exposición más o menos bonita, era «intentar no poner palabras en la boca de los chicos e intervenir lo menos posible en su discurso».

Los jóvenes reconocen la utilidad del taller en este sentido y agradecen la libertad que les han dado. «Tenemos mucha suerte ahora de estar hablando con vosotros, es la primera vez que cuento mi vida ante tanta gente», decía uno de ellos durante la presentación de la muestra. Y es que los menores migrantes tienen mucho que decir, y no dejaron escapar la oportunidad de hacerse oír.

«Es difícil llegar a un país donde no conoces a nadie», explicaba uno de los jóvenes, de 17 años. «Queríamos venir a Europa para buscar una vida mejor, pero aquí notamos como la gente nos mira mal», decía otro joven, proveniente de Guinea Conakry. «Debe conocer a las personas antes de juzgarlas», pedía otro chico, de Costa de Marfil, «nos hemos llenado de coraje para venir hasta aquí y nos sentimos mal cuando nos vea así». «Nos queremos buscar la vida y vivir juntos, con ustedes, pero necesitamos tu ayuda», añadía un joven de Gambia.

La exposición se podrá ver hasta este domingo día 15 y se puede visitar de martes a domingo de 12 a 14h y de 17 a 20h en el espacio residencia del Arts Santa Mònica de Barcelona.

1 Comentario en Dieciocho jóvenes subsaharianos reconstruyen sus rutas migratorias en el Arts Santa Mònica

  1. Me parece una idea fantàstica

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